Un análisis estima que el 43 % de los sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO en Europa está muy expuesto a fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones y aumento del nivel del mar
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El cambio climático no solo transforma ecosistemas, costas y disponibilidad de agua: también está aumentando los riesgos para edificios históricos, obras de arte, yacimientos arqueológicos, museos y otros bienes culturales. Un análisis elaborado con metodologías de evaluación de riesgo climático del EDHEC Climate Institute estima que el 43 % de los sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO en Europa presenta actualmente una elevada exposición a fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones y aumento del nivel del mar.
El problema supera a lugares emblemáticos como Venecia y alcanza una infraestructura cultural mucho más extensa, formada por iglesias, bibliotecas, museos, colecciones locales y edificios históricos. El calentamiento global introduce presiones que pueden actuar simultáneamente sobre estos bienes: temperaturas extremas, variaciones de humedad, inundaciones, incendios, deslizamientos y cambios en las condiciones ambientales necesarias para conservar materiales antiguos.
La vulnerabilidad de los espacios costeros resulta particularmente relevante. El avance del océano ya afecta directamente a asentamientos humanos en diferentes regiones y puede extenderse hacia infraestructuras y bienes históricos. Un análisis reciente sobre el riesgo para millones de edificios ante el aumento del nivel del mar señaló que incluso incrementos relativamente moderados pueden ampliar considerablemente la exposición de construcciones e infraestructura crítica en zonas bajas.
Inundaciones, calor y humedad deterioran bienes irreemplazables
Los efectos físicos varían según el material y la ubicación. Un incremento persistente de la humedad puede favorecer el desarrollo de moho sobre pinturas y frescos, mientras que las oscilaciones de temperatura contribuyen al deterioro de diferentes materiales. A ello se suman inundaciones, incendios y deslizamientos capaces de provocar daños súbitos en edificios, archivos y colecciones.
El análisis cita además una encuesta realizada entre museos de arte estadounidenses en la que el 35 % de sus directores declaró haber experimentado daños relacionados con el clima, mientras que la mitad indicó contar con planes específicos para responder a esos riesgos.
En Francia, el Museo del Louvre ha trasladado alrededor de 250.000 obras a su Centro de Conservación de Liévin, en Pas-de-Calais. La instalación permite mantener una parte sustancial de las colecciones nacionales protegida frente al riesgo de inundación al que están expuestas las reservas situadas en París.
La amenaza costera no es hipotética. En lugares donde la elevación del mar ya modifica la línea litoral, las consecuencias alcanzan viviendas, instalaciones públicas y formas tradicionales de ocupación del territorio. En Honduras, por ejemplo, el avance del mar ha destruido parte del pueblo pesquero de Cedeño, una muestra de cómo la transformación física de las costas puede eliminar elementos construidos y paisajes vinculados con la memoria de las comunidades.
El patrimonio musical también enfrenta riesgos climáticos
La exposición no termina en monumentos o museos. La fabricación y conservación de instrumentos musicales dependen de recursos naturales cuya disponibilidad puede cambiar con el calentamiento. Uno de los ejemplos analizados es el abeto utilizado tradicionalmente como madera de resonancia en el valle de Fiemme, en los Dolomitas italianos, asociado históricamente con la fabricación de violines Stradivarius.
El aumento de las temperaturas y la expansión de plagas amenazan estos árboles, mientras que otras maderas empleadas para arcos e instrumentos de cuerda están sometidas a presiones derivadas del estrés hídrico y la deforestación. La pérdida o reducción de determinadas materias primas puede afectar así conocimientos artesanales desarrollados durante generaciones.
También existen riesgos para los propios espacios donde se desarrolla la actividad musical. En Venecia, las proyecciones climáticas plantean que un incremento de los episodios de acqua alta podría dificultar hacia finales de siglo el funcionamiento normal del teatro La Fenice. Otros recintos culturales situados cerca de costas o masas de agua comparten diferentes grados de exposición.
El aumento del nivel del mar amplía la presión sobre las ciudades
El nivel del mar constituye uno de los factores de riesgo de largo plazo para el patrimonio costero. Una investigación publicada en 2026 advirtió que algunas evaluaciones anteriores pueden haber partido de referencias inexactas sobre la altura inicial de las aguas costeras. Ese problema podría traducirse en una subestimación del número de personas, edificios y bienes expuestos. El estudio sobre las diferencias entre las mediciones del nivel del mar y la elevación del terreno encontró discrepancias especialmente importantes en determinadas regiones del Sur Global, el Pacífico y el sudeste asiático.
Además, la magnitud local del aumento del mar no depende únicamente de una cifra promedio mundial. La redistribución de las masas oceánicas, las variaciones gravitacionales y la deformación de la corteza pueden alterar regionalmente las condiciones. Un estudio sobre los factores físicos que pueden incrementar el riesgo costero mostró la importancia de incorporar esas dinámicas al planificar la adaptación de ciudades e infraestructuras.
Esta combinación resulta especialmente delicada para el patrimonio porque muchos centros históricos se desarrollaron junto a costas, ríos y puertos. Las medidas de adaptación deben considerar no solo la protección de la población y de las actividades económicas, sino también estructuras y objetos cuyo valor histórico no puede recuperarse simplemente mediante una reconstrucción posterior.
Glaciares y paisajes culturales también pueden desaparecer
El patrimonio cultural no se limita a edificios y objetos. Determinados paisajes naturales mantienen relaciones espirituales, históricas y sociales con las comunidades que los habitan. El retroceso de los glaciares constituye un ejemplo especialmente visible de esa conexión entre cambio ambiental y pérdida cultural.
En Indonesia, la reducción del hielo de Puncak Jaya amenaza con eliminar los últimos glaciares tropicales del país antes de terminar la década. Para comunidades indígenas papúas, esas montañas poseen además un significado espiritual relacionado con sus ancestros. La posible desaparición de los últimos glaciares de Indonesia representa por ello tanto una transformación física como una pérdida asociada con identidad, memoria y territorio.
Situaciones similares se registran en otras regiones donde montañas, bosques, costas o cuerpos de agua forman parte de prácticas culturales. Cuando cambia el paisaje que sostiene esas relaciones, la adaptación no consiste únicamente en proteger una estructura física: puede requerir preservar conocimientos, archivos, tradiciones y vínculos comunitarios asociados con lugares que están transformándose.
La capacidad económica para proteger el patrimonio puede reducirse
El análisis del EDHEC Climate Institute plantea además una dificultad financiera. Las mismas regiones que necesitarán aumentar la inversión para proteger bienes culturales podrían sufrir pérdidas económicas significativas como consecuencia de los riesgos físicos asociados al cambio climático.
Sus proyecciones macroeconómicas estiman que, hacia 2100, los impactos podrían representar pérdidas del producto regional bruto de hasta el 32 % en Madrid y el 41 % en Roma bajo los supuestos considerados en el análisis. Para Viena la estimación alcanza el 13 % y para Berlín el 18 %. Estas cifras son proyecciones de escenarios económicos y climáticos, no pérdidas actualmente registradas ni resultados inevitables.
La situación crea una dificultad adicional para la adaptación: preservar monumentos, museos, archivos y colecciones exige inversiones en drenaje, control ambiental, prevención de incendios, almacenamiento seguro, mantenimiento estructural y sistemas de respuesta ante emergencias precisamente cuando otros sectores también competirán por recursos destinados a enfrentar los impactos climáticos.
Proteger el patrimonio exige anticipar riesgos locales
La adaptación dependerá del tipo de patrimonio y de la amenaza dominante en cada territorio. Un museo situado junto a un río requiere medidas diferentes de las necesarias para un yacimiento arqueológico costero, un edificio histórico sometido a olas de calor o una colección almacenada en un área con riesgo creciente de inundación.
Las soluciones basadas en la naturaleza pueden formar parte de algunas estrategias costeras. La recuperación de humedales y marismas, por ejemplo, puede reducir parcialmente la energía del oleaje y aportar protección adicional frente a inundaciones. Experiencias destinadas a utilizar ecosistemas como defensa frente al aumento del nivel del mar muestran que la planificación urbana y la conservación ambiental pueden complementarse en determinados entornos.
La particularidad del patrimonio cultural reside en que una parte importante de las pérdidas puede ser irreversible. Un fresco destruido por la humedad, un mosaico antiguo deteriorado o un yacimiento arqueológico sumergido no son equivalentes a otros activos económicos que pueden sustituirse mediante nuevas inversiones. Incorporar esa condición a las evaluaciones climáticas permite ampliar la planificación más allá de las pérdidas materiales convencionales y considerar también la conservación de la memoria histórica y cultural.
Fuentes referenciales:
Phys.org
EDHEC Climate Institute




