Un estudio en Nature Sustainability estima que los reservorios del mundo pierden capacidad a un ritmo medio de 7,3% por década
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Los embalses del mundo están perdiendo capacidad de almacenamiento más rápido de lo esperado por la acumulación de sedimentos. Un estudio publicado en Nature Sustainability estima que la capacidad útil de estos reservorios disminuye a un ritmo medio de 7,3% por década, con un impacto desproporcionado sobre los embalses pequeños, que en conjunto abastecen de agua a miles de millones de personas.
La investigación fue liderada por el profesor Song Chunqiao, del Nanjing Institute of Geography and Limnology, perteneciente a la Chinese Academy of Sciences. El equipo desarrolló el Global Reservoir Inventory, una base global que combina teledetección, datos geoespaciales y registros de ingeniería para identificar más de 550.000 embalses en todo el planeta.
El dato central cambia la escala del problema. Más del 95% de los embalses identificados tiene menos de un kilómetro cuadrado de superficie, una categoría que había quedado poco representada en evaluaciones anteriores. Estos reservorios pequeños son esenciales para riego, abastecimiento de agua, control de inundaciones y usos locales, pero también son los más vulnerables a la pérdida rápida de capacidad.
La sedimentación reduce la vida útil de los embalses
La sedimentación ocurre cuando el material arrastrado por ríos y escorrentías queda atrapado detrás de las presas. Con el tiempo, esa acumulación ocupa volumen que antes servía para almacenar agua. El resultado es una infraestructura que conserva su estructura visible, pero pierde capacidad funcional.
El problema no afecta solo al embalse. Cuando los sedimentos quedan retenidos, también se reduce el transporte aguas abajo, lo que puede alterar la forma de los ríos, favorecer la subsidencia de deltas, acelerar la erosión costera y degradar ecosistemas. En Noticias de la Tierra ya se ha explicado cómo los embalses y presas abandonadas pueden modificar la dinámica de sedimentos y afectar a los ríos.
La investigación aporta la evaluación global más clara hasta ahora sobre sedimentación en reservorios. Para lograrlo, el equipo integró observaciones de campo de más de 6.000 embalses con un modelo de aprendizaje automático guiado por principios físicos.
Uno de cada cinco ya enfrenta pérdida rápida
Los resultados indican que casi uno de cada cinco embalses del mundo ya enfrenta una pérdida rápida de almacenamiento. La vulnerabilidad es mayor en reservorios pequeños, especialmente en regiones secas como el suroeste de Estados Unidos, Medio Oriente y Australia occidental.
Estas regiones dependen de sistemas de almacenamiento para sostener agricultura, consumo humano y actividad económica en condiciones de escasez. Cuando el sedimento reduce la capacidad, el margen de seguridad frente a sequías, lluvias irregulares o picos de demanda se estrecha.
La situación se relaciona directamente con la seguridad hídrica del siglo XXI, porque la disponibilidad de agua ya no depende solo de cuánto llueve, sino también de cuánta agua puede almacenarse, distribuirse y conservarse en buenas condiciones.
Riesgo para tierras irrigadas y alimentos
El estudio identifica 16 puntos críticos globales de sedimentación. Muchos de ellos se superponen con grandes regiones de agricultura irrigada y zonas áridas con escasez de agua. Esta coincidencia agrava el riesgo, porque une pérdida de capacidad hidráulica con dependencia agrícola del riego.
Los investigadores estiman que alrededor de una cuarta parte de las tierras irrigadas del mundo, que afectan a más de 2.000 millones de personas, está expuesta a un riesgo elevado de sedimentación en embalses. El dato convierte el problema en una amenaza directa para la seguridad alimentaria y no solo para la ingeniería hidráulica.
Cuando un embalse pierde capacidad, puede entregar menos agua en los momentos críticos de la campaña agrícola. Esto afecta siembras, rendimientos, planificación de riego y disponibilidad para otros usos. En zonas secas, esa reducción puede coincidir con sequías más intensas o prolongadas, como ocurre en regiones donde la presión hídrica por sequías ya condiciona ecosistemas, producción y vida cotidiana.
Más de la mitad podría degradarse hacia 2060
Sin intervención efectiva, la investigación estima que más de la mitad de los embalses del mundo podría experimentar degradación funcional hacia 2060. Esto significa que muchas infraestructuras seguirán existiendo físicamente, pero con menor capacidad para cumplir las funciones para las que fueron construidas.
El riesgo es especialmente serio porque construir nuevos embalses no siempre es viable. Los costos económicos, ambientales y sociales son altos, y muchas cuencas ya están bajo presión. Por eso, el mantenimiento de la capacidad existente se vuelve tan importante como la construcción de nuevas obras.
La gestión de sedimentos puede incluir monitoreo, dragado, descarga controlada, diseño de obras de paso, restauración de cuencas y reducción de erosión aguas arriba. Cada solución depende del tipo de embalse, del volumen de sedimentos, del uso del agua y de las condiciones ambientales de la cuenca.
Un problema invisible hasta que falta agua
La pérdida por sedimentación suele avanzar lentamente y puede pasar inadvertida durante años. A diferencia de una sequía visible o una inundación repentina, el llenado progresivo del fondo de un embalse no siempre aparece como una emergencia inmediata. Sin embargo, reduce la capacidad real de respuesta cuando llega un periodo seco o aumenta la demanda.
El problema se agrava porque muchos embalses pequeños no cuentan con monitoreo regular. En comunidades rurales o zonas agrícolas, estos reservorios pueden ser fundamentales para sostener riego y abastecimiento, pero carecer de mediciones continuas sobre volumen útil, entrada de sedimentos o pérdida de almacenamiento.
La experiencia de otras crisis hídricas muestra que confiar solo en embalses llenos puede ser insuficiente si no se analiza la capacidad real del sistema. La sequía puede gestarse incluso en años lluviosos cuando la gestión no anticipa consumo, almacenamiento, infraestructura y pérdidas ocultas.
Agua, energía y ecosistemas bajo presión
Los embalses cumplen varias funciones al mismo tiempo: controlan inundaciones, almacenan agua para consumo, sostienen riego, generan energía hidroeléctrica y regulan caudales. Cuando pierden capacidad, todas esas funciones pueden debilitarse.
La reducción del almacenamiento también puede tener impactos aguas abajo. Menos transporte de sedimentos puede modificar cauces, afectar deltas y alterar hábitats fluviales. El estrechamiento de ríos, la incisión de cauces y la pérdida de conectividad con llanuras de inundación son algunos de los procesos asociados a la retención de sedimentos en obras hidráulicas.
Estos cambios forman parte de un problema mayor de deterioro fluvial. En distintos sistemas, los ríos en crisis muestran cómo la intervención humana puede transformar cauces, reducir funciones ecológicas y aumentar riesgos para infraestructuras cercanas.
La gestión debe empezar antes del colapso
El profesor Song Chunqiao advirtió que la sedimentación de embalses merece mayor atención como desafío creciente para la seguridad del agua, los alimentos y la energía. La recomendación central no es esperar a que los reservorios fallen, sino incorporar la pérdida de capacidad en la planificación de largo plazo.
La base global creada por el equipo permite observar un problema antes disperso en estudios locales. Al incluir embalses pequeños, la investigación muestra que el riesgo no está concentrado solo en grandes presas, sino en miles de infraestructuras menores que sostienen necesidades cotidianas de comunidades, agricultores y ciudades.
Para los países, el mensaje es operativo: medir sedimentos, actualizar capacidades reales, proteger cuencas, reducir erosión y planificar mantenimiento. Sin esa gestión, el almacenamiento mundial de agua puede seguir reduciéndose justo cuando el cambio climático, la agricultura irrigada y el crecimiento de la demanda vuelven más valioso cada metro cúbico disponible.
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