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Martes, 1 de septiembre de 2026

Panorama Planetario

El sistema Tierra comienza septiembre bajo una combinación especialmente sensible: calor persistente en continentes y océanos, desarrollo de un episodio fuerte de El Niño, sequías regionales y una atmósfera con concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero. Estas señales no actúan de manera aislada. Su interacción modifica las lluvias, aumenta la evaporación, favorece incendios y amplifica algunos fenómenos extremos.

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Temperatura global

Los indicadores disponibles mantienen al planeta dentro de un periodo excepcionalmente cálido. Julio de 2026 fue clasificado por Copernicus como el segundo julio más cálido registrado, empatado con 2024. La señal térmica continúa extendiéndose sobre amplias áreas terrestres y marítimas.

La Organización Meteorológica Mundial anticipa temperaturas superiores a lo normal en buena parte del mundo durante agosto, septiembre y octubre, aunque la intensidad variará entre regiones.

Señal: calor global persistente
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Océanos

La temperatura media diaria de la superficie oceánica mundial alcanzó 21,1 °C el 22 de agosto, según Copernicus, por encima del máximo diario observado en 2024. El dato confirma que el exceso de calor marino sigue siendo uno de los indicadores más importantes del desequilibrio climático actual.

Las aguas cálidas aumentan la evaporación, afectan ecosistemas y pueden suministrar más energía y humedad a tormentas intensas cuando coinciden otras condiciones atmosféricas favorables.

Máximo diario: 21,1 °C
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CO₂ atmosférico

La concentración de dióxido de carbono continúa muy por encima de los niveles preindustriales. Aunque el ciclo estacional del hemisferio norte puede producir descensos temporales durante el verano, la tendencia de fondo permanece ascendente por las emisiones derivadas de combustibles fósiles, industria y cambios de uso del suelo.

El CO₂ acumulado retiene energía durante décadas o siglos, por lo que una variación mensual no altera la trayectoria climática de largo plazo.

Tendencia: acumulación sostenida
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Hielo polar

El hielo marino del Ártico atraviesa la fase final de su temporada anual de deshielo, normalmente próxima al mínimo de septiembre. Copernicus situó la extensión de julio como la sexta más baja observada para ese mes, con una cobertura particularmente reducida en sectores del mar de Barents.

En la Antártida continúa siendo esencial vigilar la evolución del hielo invernal y distinguir entre variabilidad regional, dinámica oceánica y tendencia climática de largo plazo.

Vigilancia: mínimo ártico próximo
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Incendios

El calor, la baja humedad y la vegetación seca mantienen condiciones favorables para incendios en zonas vulnerables. El riesgo no depende únicamente de la temperatura: también intervienen el viento, la continuidad del combustible vegetal, las igniciones humanas y la capacidad local de prevención.

El humo puede viajar cientos o miles de kilómetros, deteriorar la calidad del aire y añadir carbono a la atmósfera, incluso lejos de los frentes activos.

Riesgo: focos rápidos y humo regional
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Sequías

Persisten déficits de humedad en distintas zonas agrícolas y forestales. En Estados Unidos, cerca del 48,5 % del territorio continental se encontraba bajo alguna categoría de sequía a comienzos de agosto. Otras regiones también enfrentan suelos secos o reservas hídricas bajo presión.

La sequía es acumulativa: sus efectos pueden continuar aunque se produzcan lluvias puntuales, especialmente cuando acuíferos, embalses y capas profundas del suelo no logran recuperarse.

Impacto: agua, cultivos y ecosistemas
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Tormentas y fenómenos extremos

El inicio de septiembre coincide con una etapa activa de la temporada de ciclones del Atlántico y con sistemas monzónicos capaces de producir lluvias intensas en Asia. También pueden registrarse tormentas severas, crecidas repentinas y episodios de calor fuera de temporada en distintas latitudes.

Un océano más cálido no determina por sí solo dónde aparecerá un ciclón, pero puede elevar el potencial de intensificación cuando la circulación atmosférica resulta favorable.

Prioridad: alertas meteorológicas locales
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El Niño reorganiza el mapa climático

La OMM prevé que El Niño continúe fortaleciéndose durante agosto–octubre de 2026. Sus efectos no son idénticos en todos los países, pero suelen reorganizar las probabilidades de lluvia y temperatura a escala mundial.

El patrón puede favorecer excesos de precipitación en unas regiones y elevar el riesgo de sequía en otras. Por ello, los pronósticos estacionales deben traducirse en decisiones específicas para agricultura, agua, salud y protección civil.

Estado: episodio fuerte en desarrollo

Señal planetaria destacada

La coincidencia entre temperaturas oceánicas récord y el fortalecimiento de El Niño constituye la señal central de este 1 de septiembre. El calor almacenado en el océano puede modificar la circulación atmosférica y aumentar los contrastes hidroclimáticos. Esto no significa que todos los episodios extremos tengan una causa única, pero sí eleva la necesidad de vigilancia integrada y preparación temprana.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La primera mitad de septiembre requerirá atención sobre ciclones tropicales, lluvias monzónicas, calor regional, incendios y disponibilidad de agua. Los patrones asociados con El Niño pueden comenzar a hacerse más visibles, aunque sus manifestaciones concretas dependerán de la circulación atmosférica diaria. La recomendación científica es consultar alertas nacionales, evitar interpretar un pronóstico estacional como una predicción local exacta y activar medidas preventivas antes de que aparezcan impactos graves.

Fuentes de referencia: OMM, Copernicus Climate Change Service y NOAA–NCEI.

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Granizo extremo: tormentas más destructivas


El calentamiento global está modificando las condiciones que favorecen piedras de hielo más grandes, costosas y peligrosas


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

El granizo extremo preocupa cada vez más a meteorólogos y científicos del clima. Las tormentas capaces de producir piedras de hielo grandes no son nuevas, pero el calentamiento global está modificando las condiciones atmosféricas que favorecen algunos de los eventos meteorológicos más destructivos y costosos.

El caso ocurrido el 10 de marzo de 2026 en Kankakee, Illinois, dejó una señal contundente. Una tormenta eléctrica produjo granizos de más de 16 centímetros de diámetro, aproximadamente del tamaño de un pomelo, y con un peso superior a medio kilo. El meteorólogo Victor Gensini, de la Universidad del Norte de Illinois, describió el episodio como un récord sin precedentes desde que comenzaron los registros de granizo a mediados de la década de 1950.

Por qué el granizo puede crecer más

El granizo se forma cuando las corrientes ascendentes dentro de una tormenta elevan humedad hacia zonas frías de la atmósfera. Allí, el vapor de agua se congela y las partículas de hielo crecen mientras permanecen suspendidas. Cuando el peso del granizo supera la fuerza del viento ascendente, cae hacia la superficie.

El calentamiento global altera ese equilibrio. Un aire más cálido puede retener más humedad, alrededor de un 4 % adicional por cada grado Celsius. Esa humedad disponible alimenta tormentas más vigorosas, con corrientes ascendentes capaces de sostener durante más tiempo las piedras de hielo y permitir que aumenten de tamaño.

Al mismo tiempo, una atmósfera más cálida favorece que los granizos pequeños se derritan antes de llegar al suelo. El resultado no es necesariamente más granizo en todos los lugares, sino una selección distinta: menos piedras pequeñas en algunas regiones y mayor capacidad de las tormentas intensas para producir granizo grande y destructivo.

Un modelo probado con tormentas reales

Un estudio internacional publicado en la revista Nature proyecta que los episodios de granizo de gran tamaño serán más frecuentes durante las próximas décadas. La investigación estima que los eventos con piedras de hielo de más de 30 milímetros podrían aumentar entre un 38 % y un 47 % hacia 2100, según el nivel global de emisiones de carbono.

Para construir esas proyecciones, el equipo investigador desarrolló simulaciones computarizadas del crecimiento del granizo dentro de las nubes, incorporando variables como temperatura, viento y humedad. El modelo fue validado con datos de 14.000 tormentas de granizo reales ocurridas entre 2014 y 2021.

Una vez confirmada su precisión frente a registros históricos, el modelo se aplicó a escenarios climáticos futuros. Los resultados indican que el daño potencial global por granizo podría aumentar entre un 36,5 % y un 42,1 % hacia finales del siglo XXI. Las regiones más expuestas serían América del Norte, Europa y Asia.

Este tipo de resultados encaja con otras investigaciones recientes sobre granizo más peligroso por el cambio climático, que advierten sobre daños crecientes a viviendas, vehículos, cultivos e infraestructura.

Europa ya muestra una señal climática

La relación entre calentamiento y granizo extremo ya tiene evidencia regional. Después de una serie de granizadas registradas en Francia y Alemania en 2025, científicos franceses concluyeron que ese tipo de tormentas severas tiene hoy un 30 % más de probabilidades de ocurrir que antes del inicio del uso masivo de combustibles fósiles.

El climatólogo Davide Faranda, del Centro Nacional Francés de Investigación Científica, explicó que cuando se producen tormentas, una atmósfera más cálida puede hacerlas más intensas y capaces de generar granizo de mayor tamaño.

El comportamiento no será igual en todas las regiones. En trópicos y zonas subtropicales, la frecuencia total de granizo podría disminuir porque las piedras pequeñas se fundirían antes de tocar tierra. Sin embargo, donde las tormentas logren mantener corrientes ascendentes potentes, el riesgo principal será el granizo grande que conserva suficiente masa para impactar como bloque de hielo.

Un riesgo para ciudades, cultivos e infraestructura

Las granizadas ya generan pérdidas de alrededor de 10.000 millones de dólares anuales solo en Estados Unidos, de acuerdo con datos compartidos por Associated Press. El problema no se limita al clima: muchas normas de construcción no exigen diseños suficientemente resistentes al impacto del granizo.

Walker Ashley, científico atmosférico, advierte que el impacto futuro dependerá también de la ubicación de las construcciones, la resistencia de techos y materiales, y los cambios en el uso del suelo. En otras palabras, el daño no depende únicamente del tamaño de las piedras de hielo, sino de la exposición humana y económica.

Las tormentas con granizo grande forman parte de un conjunto más amplio de tormentas extremas vinculadas al cambio climático. El aumento de energía y humedad en la atmósfera puede intensificar fenómenos breves, localizados y difíciles de anticipar, pero con alto potencial destructivo.

Predicción y adaptación ante eventos más costosos

La dificultad para anticipar tormentas severas sigue siendo uno de los grandes retos meteorológicos. Los eventos de granizo pueden formarse con rapidez, afectar áreas concretas y causar daños elevados en cuestión de minutos. Mejorar los sistemas de predicción es clave para reducir pérdidas humanas, materiales y económicas.

En ese sentido, investigaciones sobre predicción de tormentas eléctricas extremas apuntan a la necesidad de modelos más finos, mejor vigilancia atmosférica y alertas capaces de llegar a tiempo a la población.

El aumento del granizo extremo obliga a mirar el clima desde dos frentes: reducir las emisiones que alimentan el calentamiento global y adaptar ciudades, viviendas, cultivos e infraestructura a eventos más agresivos. La señal científica ya no se limita a temperaturas más altas; también aparece en tormentas capaces de transformar la humedad atmosférica en bloques de hielo cada vez más dañinos.

Fuente(s) referenciales

Infobae – El aumento del granizo extremo preocupa a los científicos