Lectura global 🌍 Panorama Planetario + Evolución ambiental 📈 Tendencias de la Tierra +
×
🌍 Sistema Tierra en observación

Panorama Planetario

Lunes, 13 de julio de 2026

Resumen ejecutivo. El sistema climático entra en la mitad de julio bajo una combinación de calor continental intenso, océanos excepcionalmente cálidos y señales de creciente variabilidad atmosférica. Europa occidental viene de registrar su junio más cálido, mientras el océano global alcanzó temperaturas superficiales sin precedentes para ese mes. La aparición de condiciones de El Niño en el Pacífico tropical aumenta la vigilancia sobre lluvias, sequías y ciclones durante el segundo semestre. Al mismo tiempo, el hielo marino continúa por debajo de sus promedios históricos en sectores sensibles del Ártico y la Antártida. El cuadro general no implica que todas las regiones experimenten el mismo fenómeno, pero sí indica una atmósfera con más energía, suelos secos en varias zonas y mares capaces de amplificar extremos meteorológicos.
🌡️
Temperatura global

El calor continúa desplazando los límites estacionales

Junio de 2026 se ubicó entre los meses de junio más cálidos observados globalmente. Europa occidental registró su junio más cálido, con una temperatura media regional de 20,74 °C, más de 3 °C sobre el promedio 1991–2020. La señal más relevante no es un récord aislado, sino la persistencia de anomalías elevadas durante meses consecutivos. En julio, las masas de aire cálido siguen afectando a Europa y otras áreas del hemisferio norte, elevando los riesgos sanitarios, forestales, agrícolas y energéticos.

Estado: calor global elevado
🌊
Océanos

Récord térmico de junio y nuevas olas de calor marinas

La temperatura media de la superficie oceánica extrapolar alcanzó niveles récord para junio. En aguas próximas al Reino Unido se observaron anomalías cercanas a 2 °C, con sectores localmente hasta 5 °C más cálidos de lo habitual. El calentamiento marino prolongado puede reducir el oxígeno disponible, modificar la distribución de peces, afectar bosques de algas y corales, y aportar más humedad a sistemas de tormentas. La vigilancia es especialmente intensa en el Atlántico nororiental, el Mediterráneo y el Pacífico ecuatorial.

Estado: estrés térmico marino
🏭
CO₂ atmosférico

La concentración de fondo mantiene su trayectoria ascendente

El dióxido de carbono atmosférico continúa en niveles históricamente altos y conserva una tendencia de crecimiento interanual. El ciclo estacional del hemisferio norte puede provocar descensos temporales durante el verano boreal debido a la absorción vegetal, pero esa oscilación no altera la trayectoria de largo plazo. El CO₂ acumulado intensifica la retención de calor en la atmósfera y el océano, condicionando la frecuencia de episodios cálidos, el balance hídrico y la acidificación oceánica durante décadas.

Estado: presión climática persistente
🧊
Hielo polar

Cobertura inferior al promedio en ambos hemisferios

La extensión media del hielo marino ártico fue la sexta más baja registrada para un mes de junio. Las mayores anomalías negativas se concentraron en el norte del mar de Barents, alrededor de Svalbard y Tierra de Francisco José. En la Antártida, la extensión también ocupó el sexto lugar entre las más bajas para junio, con déficit destacado en el mar de Bellingshausen. La distribución regional del hielo es importante porque modifica el intercambio de calor, el albedo y los hábitats costeros.

Estado: vigilancia polar reforzada
🔥
Incendios

Calor, vegetación seca y viento elevan el peligro

El riesgo de incendios permanece elevado en la península ibérica, sectores de Francia, el Mediterráneo y otras regiones con déficit hídrico superficial. La combinación de temperaturas extremas, humedad relativa baja, combustibles finos secos y rachas de viento puede transformar igniciones pequeñas en incendios de rápida propagación. Además del daño directo, el humo deteriora la calidad del aire a cientos de kilómetros y aumenta la deposición de carbono negro sobre nieve y hielo.

Estado: peligro alto en focos regionales
🏜️
Sequías

Los suelos secos amplifican el calor continental

Partes de Iberia, Francia y la cuenca mediterránea mantienen señales de estrés hídrico después de semanas cálidas y precipitaciones insuficientes. Cuando el suelo pierde humedad, una proporción mayor de la energía solar calienta directamente el aire, reforzando las máximas diurnas. En otras regiones, la situación es distinta y las lluvias intensas pueden aliviar temporalmente déficits, aunque sin recuperar de inmediato acuíferos, embalses o humedad profunda. La gestión debe diferenciar sequía meteorológica, agrícola e hidrológica.

Estado: déficits desiguales y acumulativos
🌀
Tormentas y extremos

Una atmósfera húmeda y cálida favorece episodios intensos

El calor oceánico aumenta la cantidad potencial de vapor de agua disponible para sistemas convectivos y ciclónicos. Esto no determina por sí solo dónde ocurrirá una tormenta, pero puede intensificar precipitaciones cuando coinciden inestabilidad, humedad y mecanismos de ascenso. Durante las próximas semanas deben vigilarse inundaciones repentinas, granizo, ráfagas severas y ciclones tropicales. Las ciudades con superficies impermeables y drenajes limitados continúan entre los territorios más vulnerables.

Estado: alta variabilidad regional
🌬️
Pacífico tropical

El Niño incorpora una nueva variable al segundo semestre

Las observaciones oceánicas indican el establecimiento de condiciones de El Niño en el Pacífico ecuatorial. Su intensidad final todavía presenta incertidumbre, pero el calentamiento de las aguas tropicales puede reorganizar la circulación atmosférica y modificar patrones de lluvia en distintas regiones. Sus efectos no son automáticos ni idénticos en cada episodio. La señal debe combinarse con pronósticos regionales, estado de los suelos, temperatura oceánica local y otros modos de variabilidad climática.

Estado: fase cálida en desarrollo

🔎 Señal planetaria destacada

El océano global se ha convertido en el principal foco de atención. El récord térmico superficial de junio, las olas de calor marinas del Atlántico nororiental y el calentamiento del Pacífico ecuatorial muestran que una parte considerable del exceso de energía del sistema climático permanece almacenada en el mar. Esa energía puede persistir más que una ola de calor atmosférica y repercutir posteriormente en lluvias, humedad costera, ecosistemas, pesca y ciclones. La convergencia entre calentamiento antropogénico y El Niño aumenta la posibilidad de nuevos máximos térmicos durante el segundo semestre de 2026, aunque la distribución exacta de los impactos dependerá de la circulación regional.

🗓️

Perspectiva de 7–14 días

Entre el 13 y el 27 de julio, la prioridad será seguir la persistencia del calor y del riesgo de incendios en Europa meridional y occidental; la evolución de las temperaturas marinas del Atlántico nororiental y el Mediterráneo; y las zonas con lluvias convectivas capaces de producir inundaciones repentinas. También debe observarse el avance estacional del deshielo ártico y la respuesta atmosférica al calentamiento del Pacífico tropical. Los pronósticos subestacionales ofrecen orientación probabilística, no certezas locales: para decisiones operativas deben consultarse alertas meteorológicas nacionales, mapas de peligro de incendios y servicios hidrológicos. La señal dominante continúa siendo una elevada energía térmica en el sistema Tierra, con impactos diferentes según la humedad disponible, la topografía y la exposición humana.

Fuentes de observación y contexto: Copernicus Climate Change Service y Copernicus Marine Service, boletines climáticos; seguimiento de temperatura oceánica; NOAA, estado de ENSO; NASA, indicadores climáticos globales. Los valores pueden actualizarse a medida que los organismos consolidan nuevos datos.
×

Granizo más peligroso por el cambio climático


Un estudio publicado en Nature proyecta más daños por granizo grande hacia finales de siglo, especialmente en Norteamérica, Europa y Asia


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Las tormentas de granizo podrían volverse más destructivas en un planeta más cálido. Un estudio publicado en Nature proyecta que el cambio climático puede favorecer piedras de granizo de mayor tamaño en varias regiones del mundo, con impactos más severos sobre viviendas, vehículos, cultivos e infraestructura.

La investigación, firmada por Shiyi Zhang y otros autores, analiza un problema meteorológico que ya causa daños económicos importantes y que puede representar un riesgo directo para la vida humana. El granizo no solo golpea con fuerza desde la atmósfera: cuando alcanza tamaños grandes, puede romper techos, destruir cosechas, dañar automóviles y agravar los costos asociados a las tormentas severas.

El trabajo parte de una preocupación concreta: en los últimos años, varias tormentas de granizo récord han llamado la atención en diferentes partes del mundo. Sin embargo, el conocimiento sobre el riesgo futuro todavía estaba concentrado en pocas regiones bien estudiadas. Faltaba una mirada global que permitiera estimar cómo podrían cambiar el tamaño de las piedras de granizo y su capacidad de daño bajo distintos escenarios climáticos.

Cómo se simuló el riesgo futuro de granizo

Para reducir esa brecha, investigadores de China y Estados Unidos utilizaron un modelo computacional especializado capaz de seguir la vida de las piedras de granizo dentro de una tormenta. El modelo simula las trayectorias que siguen mientras crecen, caen y se derriten, un detalle clave porque el tamaño final depende de las condiciones atmosféricas que atraviesan antes de llegar al suelo.

Los científicos alimentaron ese modelo con datos atmosféricos de tormentas pasadas, incluidos perfiles verticales de temperatura, humedad y viento. En total, realizaron simulaciones con más de 14.000 tormentas de granizo históricas en todo el planeta. Esa primera etapa permitió evaluar si el sistema podía reproducir patrones reales antes de proyectar escenarios futuros.

Luego, el equipo aplicó los mismos casos de tormentas a tres escenarios climáticos, desde emisiones moderadas hasta emisiones altas de gases de efecto invernadero. El objetivo fue estimar qué podría ocurrir durante las tres últimas décadas del siglo XXI si la atmósfera continúa calentándose.

Menos granizo pequeño, pero más piedras grandes

El resultado central es claro: el daño inducido por tormentas de granizo a escala mundial podría aumentar entre 36,5 % y 42,1 % hacia finales del siglo XXI, según el escenario climático analizado. El cambio no se explica por una simple multiplicación de tormentas, sino por una transformación en el tamaño de las piedras de hielo que logran tocar tierra.

El estudio proyecta que la frecuencia de piedras de granizo de 30 milímetros o más podría aumentar entre 37,9 % y 51,8 %. Al mismo tiempo, la frecuencia de granizo pequeño, por debajo de los 30 milímetros, bajaría entre 4,2 % y 12,3 %. En otras palabras, el calentamiento no produciría necesariamente más granizo en todas partes, pero sí podría favorecer eventos con piedras más grandes y dañinas.

Los investigadores vinculan ese cambio con el aumento de la temperatura en niveles bajos de la atmósfera y con una mayor humedad específica. Esas condiciones pueden modificar el desarrollo interno de las tormentas y desplazar el riesgo hacia piedras capaces de causar más destrucción cuando impactan sobre superficies expuestas.

Norteamérica, Europa y Asia concentran el mayor riesgo

Las regiones más expuestas al aumento del daño serían Norteamérica, Europa y Asia. En estas zonas, las proyecciones muestran un potencial mayor de impacto asociado al granizo grande, lo que puede afectar tanto a áreas urbanas como rurales. Para la agricultura, el riesgo es especialmente relevante porque una tormenta intensa puede destruir cultivos en pocos minutos.

En cambio, los trópicos y subtrópicos podrían registrar una reducción en la frecuencia total de granizo. La explicación es física: en una atmósfera más cálida, las piedras pequeñas tienden a derretirse por completo antes de llegar al suelo. Eso reduce la ocurrencia de granizo menor, aunque no elimina el peligro de eventos extremos en regiones donde las condiciones permitan que las piedras grandes sobrevivan al descenso.

El hallazgo encaja con otras señales climáticas observadas en el comportamiento de los fenómenos meteorológicos extremos. El cambio climático no actúa siempre aumentando todos los eventos de la misma manera; muchas veces modifica su intensidad, distribución regional, duración o capacidad de daño.

Por qué importa para ciudades, agricultura e infraestructura

El granizo grande representa un riesgo transversal. En las ciudades, puede romper vidrios, techos, paneles solares y vehículos. En las zonas rurales, puede arruinar cultivos, dañar invernaderos y afectar instalaciones agropecuarias. En carreteras, redes eléctricas y edificios públicos, los impactos pueden traducirse en reparaciones costosas y cortes de servicios.

Por eso, la investigación no solo tiene valor científico. También aporta información para aseguradoras, servicios meteorológicos, autoridades locales, agricultores y planificadores urbanos. Si el daño potencial aumenta, las medidas de adaptación deben considerar materiales más resistentes, mejores sistemas de alerta, evaluación de riesgo regional y protección de infraestructuras críticas.

El trabajo también refuerza la necesidad de mejorar la predicción de tormentas intensas. Noticias de la Tierra ha abordado previamente cómo la mejora en la predicción de tormentas eléctricas extremas puede reducir impactos mortales y económicos. En el caso del granizo, anticipar no solo la tormenta, sino el tamaño probable de las piedras, puede marcar una diferencia práctica.

Adaptarse antes de que el daño aumente

El estudio publicado en Nature no plantea que todas las regiones vayan a experimentar el mismo tipo de cambio. La señal global apunta a un aumento del potencial destructivo, pero con diferencias importantes entre zonas templadas, tropicales y subtropicales. Esa variabilidad regional obliga a adaptar las respuestas al territorio y no tratar el granizo como un riesgo uniforme.

La investigación deja un mensaje operativo: el peligro no está solo en que haya tormentas, sino en que algunas produzcan piedras más grandes bajo una atmósfera más cálida y húmeda. Prepararse para ese escenario implica actualizar mapas de riesgo, reforzar alertas tempranas y revisar estándares de protección para viviendas, cultivos, vehículos e infraestructura esencial.

En un siglo marcado por el calentamiento global, las tormentas de granizo pueden convertirse en un recordatorio visible de cómo pequeños cambios atmosféricos terminan generando daños materiales concretos. La ciencia ya ofrece una señal de advertencia; la reducción del riesgo dependerá de cuánto se incorpore esa información en la planificación climática.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Hailstorms could grow more dangerous and damaging with climate change