Un estudio publicado en Nature proyecta más daños por granizo grande hacia finales de siglo, especialmente en Norteamérica, Europa y Asia
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las tormentas de granizo podrían volverse más destructivas en un planeta más cálido. Un estudio publicado en Nature proyecta que el cambio climático puede favorecer piedras de granizo de mayor tamaño en varias regiones del mundo, con impactos más severos sobre viviendas, vehículos, cultivos e infraestructura.
La investigación, firmada por Shiyi Zhang y otros autores, analiza un problema meteorológico que ya causa daños económicos importantes y que puede representar un riesgo directo para la vida humana. El granizo no solo golpea con fuerza desde la atmósfera: cuando alcanza tamaños grandes, puede romper techos, destruir cosechas, dañar automóviles y agravar los costos asociados a las tormentas severas.
El trabajo parte de una preocupación concreta: en los últimos años, varias tormentas de granizo récord han llamado la atención en diferentes partes del mundo. Sin embargo, el conocimiento sobre el riesgo futuro todavía estaba concentrado en pocas regiones bien estudiadas. Faltaba una mirada global que permitiera estimar cómo podrían cambiar el tamaño de las piedras de granizo y su capacidad de daño bajo distintos escenarios climáticos.
Cómo se simuló el riesgo futuro de granizo
Para reducir esa brecha, investigadores de China y Estados Unidos utilizaron un modelo computacional especializado capaz de seguir la vida de las piedras de granizo dentro de una tormenta. El modelo simula las trayectorias que siguen mientras crecen, caen y se derriten, un detalle clave porque el tamaño final depende de las condiciones atmosféricas que atraviesan antes de llegar al suelo.
Los científicos alimentaron ese modelo con datos atmosféricos de tormentas pasadas, incluidos perfiles verticales de temperatura, humedad y viento. En total, realizaron simulaciones con más de 14.000 tormentas de granizo históricas en todo el planeta. Esa primera etapa permitió evaluar si el sistema podía reproducir patrones reales antes de proyectar escenarios futuros.
Luego, el equipo aplicó los mismos casos de tormentas a tres escenarios climáticos, desde emisiones moderadas hasta emisiones altas de gases de efecto invernadero. El objetivo fue estimar qué podría ocurrir durante las tres últimas décadas del siglo XXI si la atmósfera continúa calentándose.
Menos granizo pequeño, pero más piedras grandes
El resultado central es claro: el daño inducido por tormentas de granizo a escala mundial podría aumentar entre 36,5 % y 42,1 % hacia finales del siglo XXI, según el escenario climático analizado. El cambio no se explica por una simple multiplicación de tormentas, sino por una transformación en el tamaño de las piedras de hielo que logran tocar tierra.
El estudio proyecta que la frecuencia de piedras de granizo de 30 milímetros o más podría aumentar entre 37,9 % y 51,8 %. Al mismo tiempo, la frecuencia de granizo pequeño, por debajo de los 30 milímetros, bajaría entre 4,2 % y 12,3 %. En otras palabras, el calentamiento no produciría necesariamente más granizo en todas partes, pero sí podría favorecer eventos con piedras más grandes y dañinas.
Los investigadores vinculan ese cambio con el aumento de la temperatura en niveles bajos de la atmósfera y con una mayor humedad específica. Esas condiciones pueden modificar el desarrollo interno de las tormentas y desplazar el riesgo hacia piedras capaces de causar más destrucción cuando impactan sobre superficies expuestas.
Norteamérica, Europa y Asia concentran el mayor riesgo
Las regiones más expuestas al aumento del daño serían Norteamérica, Europa y Asia. En estas zonas, las proyecciones muestran un potencial mayor de impacto asociado al granizo grande, lo que puede afectar tanto a áreas urbanas como rurales. Para la agricultura, el riesgo es especialmente relevante porque una tormenta intensa puede destruir cultivos en pocos minutos.
En cambio, los trópicos y subtrópicos podrían registrar una reducción en la frecuencia total de granizo. La explicación es física: en una atmósfera más cálida, las piedras pequeñas tienden a derretirse por completo antes de llegar al suelo. Eso reduce la ocurrencia de granizo menor, aunque no elimina el peligro de eventos extremos en regiones donde las condiciones permitan que las piedras grandes sobrevivan al descenso.
El hallazgo encaja con otras señales climáticas observadas en el comportamiento de los fenómenos meteorológicos extremos. El cambio climático no actúa siempre aumentando todos los eventos de la misma manera; muchas veces modifica su intensidad, distribución regional, duración o capacidad de daño.
Por qué importa para ciudades, agricultura e infraestructura
El granizo grande representa un riesgo transversal. En las ciudades, puede romper vidrios, techos, paneles solares y vehículos. En las zonas rurales, puede arruinar cultivos, dañar invernaderos y afectar instalaciones agropecuarias. En carreteras, redes eléctricas y edificios públicos, los impactos pueden traducirse en reparaciones costosas y cortes de servicios.
Por eso, la investigación no solo tiene valor científico. También aporta información para aseguradoras, servicios meteorológicos, autoridades locales, agricultores y planificadores urbanos. Si el daño potencial aumenta, las medidas de adaptación deben considerar materiales más resistentes, mejores sistemas de alerta, evaluación de riesgo regional y protección de infraestructuras críticas.
El trabajo también refuerza la necesidad de mejorar la predicción de tormentas intensas. Noticias de la Tierra ha abordado previamente cómo la mejora en la predicción de tormentas eléctricas extremas puede reducir impactos mortales y económicos. En el caso del granizo, anticipar no solo la tormenta, sino el tamaño probable de las piedras, puede marcar una diferencia práctica.
Adaptarse antes de que el daño aumente
El estudio publicado en Nature no plantea que todas las regiones vayan a experimentar el mismo tipo de cambio. La señal global apunta a un aumento del potencial destructivo, pero con diferencias importantes entre zonas templadas, tropicales y subtropicales. Esa variabilidad regional obliga a adaptar las respuestas al territorio y no tratar el granizo como un riesgo uniforme.
La investigación deja un mensaje operativo: el peligro no está solo en que haya tormentas, sino en que algunas produzcan piedras más grandes bajo una atmósfera más cálida y húmeda. Prepararse para ese escenario implica actualizar mapas de riesgo, reforzar alertas tempranas y revisar estándares de protección para viviendas, cultivos, vehículos e infraestructura esencial.
En un siglo marcado por el calentamiento global, las tormentas de granizo pueden convertirse en un recordatorio visible de cómo pequeños cambios atmosféricos terminan generando daños materiales concretos. La ciencia ya ofrece una señal de advertencia; la reducción del riesgo dependerá de cuánto se incorpore esa información en la planificación climática.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: Hailstorms could grow more dangerous and damaging with climate change
