Un estudio de la Universidad de Texas en Austin identificó 160 millones de humedales pequeños en regiones no boscosas y calculó que aportan una fracción relevante de las emisiones naturales de metano
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Los humedales pequeños, muchas veces invisibles para los mapas globales, están ganando peso en la comprensión del clima. Una investigación publicada en Nature Climate Change y encabezada por el equipo de la Universidad de Texas en Austin identificó 160 millones de estos ecosistemas en regiones abiertas y no boscosas del planeta, con tamaños que van de 0,001 a 1 kilómetro cuadrado.
El hallazgo es relevante porque estos espacios, aunque reducidos y dispersos, representan el 24% de las emisiones de metano originadas en humedales. El dato reconfigura la mirada sobre una fuente natural que suele quedar fuera de los inventarios convencionales, pero que puede influir en el balance global de gases de efecto invernadero y, por extensión, en los escenarios de cambio climático y salud humana.
Una fuente pequeña con impacto climático amplio
El metano es uno de los gases de efecto invernadero más importantes por su capacidad para retener calor. El estudio recuerda que cerca de dos tercios del metano atmosférico proceden de actividades humanas, como los combustibles fósiles, la agricultura y la gestión de residuos. Sin embargo, comprender las fuentes naturales resulta clave para anticipar cómo responderán los ecosistemas ante futuros cambios de temperatura y precipitaciones.
Fa Li, docente del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Texas en Austin y responsable del trabajo, subrayó que los humedales pequeños pueden pasar desapercibidos en un mapa, pero no dentro del presupuesto global de metano. La investigación calculó además que las emisiones procedentes de estos ambientes aumentaron un 9,9% entre 2003 y 2022.
Las áreas menores de 0,1 kilómetros cuadrados fueron las que más contribuyeron a ese crecimiento. Esto significa que los cuerpos de agua más reducidos, comparables en algunos casos con una piscina olímpica o con superficies del tamaño de un parque, pueden tener una influencia climática mayor de la que se les atribuía hasta ahora.
Satélites, inteligencia artificial y mediciones de campo
El avance fue posible por la combinación de imágenes satelitales de alta resolución, algoritmos de aprendizaje automático y datos de campo sobre emisiones de metano. Las tecnologías tradicionales suelen detectar grandes masas de agua, pero fallan al registrar cuerpos pequeños o zonas parcialmente ocultas, lo que dejaba fuera una parte importante del fenómeno.
El análisis se concentró en regiones no forestadas porque los sensores actuales aún tienen limitaciones para identificar humedales bajo copas arbóreas densas. Por esa razón, los 160 millones de humedales detectados podrían ser una estimación conservadora. El número real puede ser mayor si se consideran cuerpos de agua todavía más pequeños o ubicados en áreas boscosas.
La investigación plantea que el monitoreo climático necesita integrar observaciones satelitales, registros aéreos, torres de concentración atmosférica y mediciones directas de flujo. Esa combinación permitiría captar mejor la variabilidad real del metano, un gas cuya dinámica natural sigue siendo compleja y sensible a los cambios ambientales.
Por qué importa para la salud pública
Aunque el estudio se centra en el clima, sus implicaciones alcanzan a la salud pública. El calentamiento global actúa como un multiplicador de riesgos: intensifica olas de calor, modifica patrones de lluvia, altera ecosistemas y puede aumentar la exposición de la población a enfermedades, contaminación y eventos extremos.
El vínculo entre clima y salud se observa en varias áreas. El aumento de temperaturas puede agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, afectar la disponibilidad de agua segura y modificar la distribución de vectores. Por eso, el seguimiento de fuentes naturales de metano también contribuye a entender los factores que amplifican escenarios de enfermedades zoonóticas asociadas al cambio climático.
El metano producido por microbios en suelos saturados de agua tiene un potencial de calentamiento muy superior al dióxido de carbono durante los primeros 20 años posteriores a su liberación. Esa característica vuelve especialmente importante conocer dónde se emite, cuánto se libera y cómo evoluciona su presencia en la atmósfera.
Un mapa climático que todavía está incompleto
El equipo dirigido por Fa Li desarrolla actualmente una red internacional de torres de medición llamada FLUXNET-CH4. Estas estructuras permiten registrar de manera directa la cantidad de metano que se libera en distintos ecosistemas, aunque su alcance espacial todavía es limitado.
La propuesta de los investigadores es ampliar el registro mediante una estrategia combinada: satélites, aviones, torres de medición y datos de campo. Solo así sería posible construir un mapa más preciso de las emisiones, especialmente en ecosistemas pequeños, dispersos o difíciles de detectar.
El estudio concluye que, ante la falta de consenso sobre las causas del aumento reciente de metano en la atmósfera, mejorar el monitoreo de humedales pequeños será decisivo para ajustar modelos climáticos y estrategias de adaptación. Esta necesidad se conecta con el debate sanitario más amplio sobre si la crisis climática debe abordarse como una emergencia de salud pública internacional.
En ese contexto, los humedales pequeños dejan de ser una categoría secundaria. Su presencia masiva, su aporte al metano y su sensibilidad al clima los convierten en piezas relevantes para comprender cómo se transforman los sistemas naturales y qué consecuencias pueden tener esos cambios sobre la estabilidad ambiental y la salud humana.
Fuente(s) referenciales
Infobae — Estudian una fuente inesperada de metano que reconfigura el mapa climático
