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3 de octubre de 2026

🌍 Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra

Resumen ejecutivo. El comienzo de octubre encuentra al sistema climático bajo una combinación particularmente relevante: un El Niño fuerte modifica la circulación tropical, Europa acaba de cerrar un verano marcado por calor, sequedad y caudales reducidos, y el Pacífico mantiene una actividad ciclónica elevada. Estas señales no representan un único fenómeno global, pero muestran cómo océano, atmósfera y disponibilidad de agua están interactuando simultáneamente en distintas regiones.
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Temperatura global

El trasfondo térmico del planeta continúa elevado. Europa ofrece una de las señales regionales más claras: el verano de 2026 terminó con extensas áreas sometidas a calor intenso y con temperaturas excepcionalmente altas en sectores occidentales. La vigilancia de octubre se centra ahora en la transición estacional y en la redistribución del calor asociada al Pacífico tropical.

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Océanos

El Pacífico ecuatorial permanece como uno de los principales centros de atención climática. Las aguas anormalmente cálidas asociadas a El Niño influyen sobre la circulación atmosférica y favorecen cambios en patrones de precipitación, tormentas y temperatura a gran distancia del océano tropical.

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CO₂ atmosférico

La concentración atmosférica de dióxido de carbono permanece en niveles históricamente elevados y mantiene el forzamiento de fondo que impulsa el calentamiento de largo plazo. Las oscilaciones naturales como El Niño modifican temporalmente temperaturas y flujos de carbono, pero se superponen a esa tendencia estructural.

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Hielo polar

El Ártico inicia su fase otoñal de recuperación del hielo marino después del mínimo estacional. La extensión, concentración y velocidad de recongelación seguirán siendo indicadores relevantes durante las próximas semanas para evaluar las condiciones del sistema polar tras el verano boreal.

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Incendios

La temporada boreal dejó episodios importantes de incendios y transporte de humo en Norteamérica, Eurasia y el Ártico. En Indonesia continúa siendo relevante la vigilancia de los fuegos estacionales, especialmente por la presencia de turberas capaces de mantener combustión persistente y producir contaminación regional.

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Sequías y agua

Europa entra en otoño después de registrar durante el verano caudales fluviales excepcionalmente bajos. La combinación de calor, elevada evaporación y déficit hídrico deja una señal acumulada que puede prolongar efectos sobre ecosistemas, humedad del suelo y gestión del agua aun cuando regresen las precipitaciones.

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Tormentas y extremos

La actividad reciente del Pacífico nororiental y central ha sido elevada. A finales de septiembre la región acumulaba más tormentas nombradas y huracanes que su promedio climatológico para esa fecha, coherente con un entorno oceánico y atmosférico favorable durante el actual episodio de El Niño.

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Ciclo hidrológico

Las lluvias torrenciales sobre la cuenca del Gandak elevaron el río hasta niveles récord en sectores de Nepal e India. El episodio vuelve a mostrar la importancia de observar conjuntamente precipitación, cuencas hidrográficas, ocupación territorial y capacidad de respuesta frente a inundaciones.

📡 Señal planetaria destacada — El Niño.
El calentamiento del Pacífico tropical se consolida como una de las principales variables que vigilar durante el último trimestre de 2026. Sus teleconexiones pueden reorganizar corredores de tormentas, distribución de lluvias, actividad ciclónica y condiciones agrícolas en distintas partes del mundo. El impacto concreto, sin embargo, dependerá de cada región y de la interacción con otros patrones atmosféricos.
🔭 Perspectiva de 7–14 días. Durante la primera mitad de octubre conviene seguir especialmente la evolución del Pacífico tropical, los sistemas ciclónicos de ese océano, la recuperación hídrica de Europa después del verano seco y las zonas del sur y sudeste asiático todavía expuestas a lluvias intensas. En latitudes altas del hemisferio norte avanzará además la transición hacia condiciones otoñales, mientras el hielo marino ártico entra en su período estacional de expansión.
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Los hábitos de consumo de carne de la antigüedad podrían ser clave para combatir el cambio climático

Un estudio del CSIC relaciona el tamaño de los animales domésticos y los hábitos de la ingesta de carne con los cambios socio-económicos entre la Edad del Bronce y la Antigüedad tardía


CSIC/DICYT Un proyecto de la Institución Milá y Fontanals (IMF) del CSIC ha analizado más de 200.000 restos animales en más de un centenar de yacimientos entre la Edad de Bronce (siglo XII a.C) y la Antigüedad tardía (siglo VI d.C). En este periodo, los cambios políticos y económicos determinaron la evolución del consumo de carne y, por tanto, la elección de las especies domésticas y su tamaño, llegando a aumentar un 30% en época romana. Este trabajo podría ser clave en el desarrollo de políticas más sostenibles que ayuden a combatir el cambio climático mediante una mejor integración de la ganadería extensiva, respetuosa con los recursos locales y con razas adaptadas a cada región.

“Los huesos enterrados bajo nuestros pies nos muestran cómo la ganadería se ha ido adaptando a los cambios políticos, económicos, ambientales y tecnológicos a lo largo de la historia”, explica Silvia Valenzuela Lamas, científica titular de la IMF-CSIC.

El proyecto ZooMWest, financiado con más de un millón de euros por el Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés), detalla la evolución de la ganadería de la península Ibérica y el norte-centro de Italia a lo largo de 1.700 años. Sólo en el noreste, se han analizado más de 90.000 restos animales pertenecientes a 101 yacimientos ubicados en las regiones de Girona, Tarragona, Lleida y Barcelona. Este recorrido ganadero entre los siglos XIII a.C y VII d.C, es decir, entre la Edad del Bronce y la Antigüedad tardía, refleja el predomino de dos modelos productivos determinados por el contexto político y económico de cada época.

“En sistemas económicos más locales, la ganadería se ajusta a las condiciones ecológicas de cada zona y los animales son más pequeños. En cambio, en sistemas económicos más grandes, como en época romana, se prioriza la producción de cerdo y vacuno, y los animales son más grandes”, detalla la investigadora.

El estudio, publicado en varios artículos de acceso abierto, relaciona este último modelo con las políticas ganaderas actuales. El resultado es un sistema intensivo donde prima el número y el tamaño de las reses sobre su impacto en la biodiversidad y sobre su dependencia del comercio internacional. Por ejemplo, Europa importa cada año 27 millones de toneladas de productos de soja de todo el mundo para alimentación animal.

La utilización de técnicas innovadoras de computación y meta-análisis han permitido comprobar que las vacas actuales son aún mayores que en época romana, y que estas ya eran un 30% más grandes respecto a las de Edad del Hierro. Este tamaño permite obtener un mayor rendimiento de cada animal, pero también incrementa las exigencias de agua y comida para alimentarlo. “Actualmente, la producción de cereal en España no cubre las necesidades internas, en particular para alimentación animal, y por ello hay que importar millones de toneladas de soja y cereales cada año. La ganadería intensiva es muy dependiente del comercio a larga distancia y, si la cadena de suministro cae, se cae todo”, destaca la investigadora.

La información aportada por la arqueología podrá ser utilizada para encontrar métodos ganaderos que sean más sostenibles a largo plazo. Las claves se encuentran en modificar los hábitos de consumo de carne y en la promoción de granjas que hagan uso de recursos locales y renovables para mantener su producción. Estás prácticas podrían tener un impacto positivo en el cambio climático mediante el desarrollo de una ganadería más respetuosa con el entorno.