Un estudio liderado por Timothy Chapman, de la University of New England, vincula estos eventos con la liberación cíclica de agua desde minerales sólidos.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación liderada por Timothy Chapman, de la University of New England, identificó un posible detonante de los terremotos lentos, eventos sísmicos que no producen el movimiento brusco de un terremoto convencional, pero que pueden desarrollarse durante días o incluso meses.
El estudio, publicado en Geology, aporta nuevas pistas para comprender por qué estos terremotos ocurren de forma repetida y con ciclos relativamente predecibles. La clave estaría en la disponibilidad rápida de agua dentro de los poros de las rocas, a partir de minerales que normalmente se comportan como sólidos.
Qué son los terremotos lentos
A diferencia de los terremotos regulares, que liberan energía de manera súbita y pueden sentirse en segundos, los terremotos lentos ocurren de forma gradual. Su actividad sísmica puede prolongarse durante varios días y, en algunos casos, durante meses.
Estos eventos rara vez son percibidos por la población, pero son importantes para la evaluación del peligro geológico. Pueden ocurrir en zonas tectónicamente activas y formar parte de procesos más amplios de deformación de placas, acumulación de tensión y liberación de energía.
La comprensión de estos procesos complementa investigaciones sobre energía liberada durante terremotos, un aspecto central para entender cómo se comportan las fallas en distintas escalas de tiempo.
El papel del agua en la roca
Chapman explicó que estos terremotos siguen un ciclo rítmico y predecible, y que necesitan una fuerza muy pequeña para romper, equivalente al peso de una bañera llena. La pregunta era qué permite que esa ruptura ocurra con una fuerza tan reducida.
El equipo investigó cómo el agua puede quedar disponible rápidamente desde minerales sólidos en ciclos que se desarrollan durante miles o millones de años. Cuando esa agua aparece en los poros de la roca, reduce las fuerzas necesarias para inducir un terremoto lento y ayuda a explicar su actividad repetida.
El mecanismo se relaciona con procesos de deshidratación mineral, en los que ciertos minerales liberan agua bajo condiciones de presión y temperatura. Esa agua modifica la fricción, la presión de poros y la facilidad con la que una zona de falla puede deslizarse.
Rocas de Nueva Caledonia como archivo geológico
Para buscar evidencias, el equipo viajó a Nueva Caledonia, donde estudió posibles ejemplos “fósiles” de terremotos lentos registrados en rocas hoy expuestas en la superficie terrestre.
Las muestras fueron analizadas al microscopio para identificar rasgos diminutos que indicaran la presencia pasada de agua. Entre las evidencias observadas figuran estructuras asociadas a rocas de alta presión, como esquistos azules con lawsonita, glaucófano, epidota y granate.
Estos registros geológicos permiten reconstruir procesos que ocurrieron en profundidad y que hoy no pueden observarse directamente. En sismología, estas pistas son valiosas porque muchas fallas activas se encuentran a kilómetros bajo la superficie.
Por qué importa para zonas de riesgo
Chapman señaló que miles de millones de personas viven en regiones expuestas a terremotos. Muchas más, incluidos habitantes de Australia y otras costas, residen en áreas que pueden ser afectadas por tsunamis generados por sismos.
Comprender cómo y por qué ocurren los terremotos lentos es parte de cualquier evaluación de amenaza. Aunque estos eventos no siempre causan daños directos, pueden influir en el estado de tensión de fallas mayores o en la dinámica de zonas de subducción.
El hallazgo se conecta con investigaciones sobre zonas de subducción, donde una placa se introduce bajo otra y donde pueden coexistir terremotos lentos, rupturas rápidas y eventos de gran magnitud.
Un fenómeno difícil de encontrar
El equipo reconoce que todavía queda mucho trabajo por hacer. Uno de los próximos pasos será evaluar la escala del movimiento experimentado por las rocas durante estos episodios de terremoto lento.
El desafío es considerable. Buscar rasgos fósiles de actividad que duró días o meses dentro de rocas formadas durante millones de años equivale, en palabras de Chapman, a encontrar una aguja en un pajar.
Una vez identificadas, esas señales deben conectarse con fuerzas mucho mayores: desde secuencias completas de rocas hasta el movimiento de una placa tectónica entera.
De la roca microscópica al peligro sísmico
El valor del estudio está en vincular observaciones microscópicas con procesos tectónicos de gran escala. La presencia de agua en los poros de la roca puede parecer un detalle pequeño, pero puede modificar la forma en que una falla se desliza.
En zonas sísmicas, estos detalles importan porque la amenaza no depende solo de terremotos rápidos y destructivos. También depende de procesos lentos que redistribuyen tensión y pueden alterar la preparación de una falla para futuros eventos.
La mejora de los modelos de amenaza sísmica requiere integrar geología de campo, microscopía, análisis mineralógico, sismología y modelos tectónicos. Esa integración también aparece en estudios sobre modelos de placas tectónicas aplicados a la evaluación del riesgo.
Una pieza más para entender terremotos esquivos
Los terremotos lentos siguen siendo difíciles de detectar, interpretar y conectar con eventos más destructivos. La investigación de la University of New England ofrece una explicación física para su repetición: la liberación cíclica de agua desde minerales que modifica las condiciones de ruptura.
El hallazgo no permite predecir terremotos, pero sí mejora la comprensión de procesos ocultos bajo regiones tectónicamente activas. En áreas expuestas a sismos y tsunamis, entender esos procesos es una parte esencial de la preparación, la observación y la reducción del riesgo.
El nuevo trabajo muestra que incluso los movimientos más discretos de la Tierra pueden depender de señales microscópicas conservadas en las rocas. Descifrarlas ayuda a reconstruir cómo se acumula y libera energía en el interior del planeta.
Fuente(s) referenciales
Phys.org / University of New England
