Miles de pequeños terremotos permitieron trazar con detalle el borde de la microplaca Yakutat bajo la placa Norteamericana
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Un proceso de aprendizaje automático permitió detectar miles de pequeños terremotos que hasta ahora no habían sido identificados en el centro-sur de Alaska, en Estados Unidos. El resultado ofrece una imagen mucho más precisa del borde de la microplaca Yakutat, una estructura oceánica que se introduce bajo la placa Norteamericana en una zona tectónica especialmente compleja.
La investigación, publicada en The Seismic Record y difundida por la Seismological Society of America, fue liderada por Meghan S. Miller, de la Australian National University, junto con otros colegas. El equipo logró construir un catálogo sísmico ampliado a partir de datos recogidos por estaciones sísmicas permanentes y temporales, incluida una red temporal desplegada entre 2018 y 2021.
El hallazgo central es una alineación de aproximadamente 1.750 terremotos pequeños a lo largo de 250 kilómetros. Esa cadena sísmica, orientada de noroeste a sureste, no había sido reconocida en estudios anteriores y ahora aparece como una especie de límite fino, casi cortante, que marca el borde de la microplaca Yakutat mientras se hunde bajo América del Norte.
Una microplaca atrapada en un cruce tectónico
La meseta oceánica de Yakutat se encuentra atrapada en una zona de alta congestión tectónica junto con la placa del Pacífico y la placa Norteamericana. Esta interacción influye directamente en el paisaje sísmico y volcánico del centro-sur de Alaska, una región donde la deformación de la corteza terrestre puede acumular tensiones importantes.
El nuevo mapa sísmico permite observar con más detalle cómo esta microplaca se introduce de forma somera y directa bajo la placa Norteamericana. La investigación señala que, en esta zona, no aparece una cuña de manto intermedia como suele observarse en muchas zonas de subducción. Esa ausencia hace que la geometría del contacto entre placas sea especialmente relevante para comprender la distribución de los terremotos.
Este tipo de trabajo se conecta con otros avances recientes en detección sísmica mediante inteligencia artificial, donde grandes volúmenes de datos permiten identificar señales que antes quedaban ocultas para los métodos tradicionales.
El aprendizaje automático cambió el mapa sísmico
El equipo utilizó un flujo de trabajo basado en aprendizaje automático para revisar datos sísmicos de la región. La herramienta permitió reconocer eventos de baja magnitud que no habían sido incorporados a los catálogos previos. Al agruparlos espacialmente, los investigadores detectaron una línea sísmica clara de 250 kilómetros que define el borde de la microplaca.
La importancia del método está en su capacidad para extraer información escondida dentro de registros sísmicos complejos. Meghan Miller destacó que muchos datos permanecían ocultos y que ahora pueden ser recuperados con herramientas computacionales más sensibles. En este caso, el aprendizaje automático no reemplazó la interpretación geológica, sino que ofreció una base más densa para reconstruir la estructura profunda de la zona.
Además de los terremotos detectados, los investigadores usaron ruido sísmico ambiental para mapear la región en profundidad. Esa combinación permitió relacionar la alineación de los sismos con el borde real de la microplaca Yakutat, y no solo con una acumulación casual de eventos.
Una línea de terremotos que marca el borde de Yakutat
La cadena de pequeños terremotos aparece como un rasgo lineal muy definido. Para los investigadores, esa distribución revela dónde termina la microplaca Yakutat y cómo se desliza bajo la placa Norteamericana. El límite coincide con señales de temblor tectónico identificadas en estudios anteriores, lo que refuerza la interpretación de que se trata de una frontera estructural real.
Al oeste de ese borde, las señales de temblor sugieren una composición rocosa que permite un deslizamiento lento y continuo, donde la tensión no se acumula de la misma manera que en una falla capaz de generar terremotos. En cambio, el sector definido por los pequeños sismos indicaría una composición diferente, más propensa a una falla frágil.
La diferencia entre deslizamiento lento y ruptura frágil es clave para entender la amenaza sísmica. En las zonas donde las rocas se deforman lentamente, la energía puede liberarse de forma gradual. En las zonas de ruptura frágil, la tensión puede acumularse y liberarse bruscamente, produciendo terremotos. Ese contraste también aparece en estudios sobre actividad tectónica entre terremotos, donde la estructura y composición de las rocas ayudan a explicar cómo se acumula o se libera la energía.
Relación con la falla Denali
El nuevo trazado de la microplaca Yakutat la ubica directamente bajo el ápice de curvatura de la cordillera de Alaska y de la falla Denali, uno de los principales sistemas de falla continental del centro-sur del estado. Esta relación es importante porque vincula la geometría profunda de la subducción con fallas activas en la corteza superior.
Miller y sus colegas proponen que la tensión sísmica causada por la colisión de placas podría propagarse a través de la placa Norteamericana superior hasta alcanzar la falla Denali. Esa transferencia de esfuerzo pudo haber sido una causa inicial del terremoto de magnitud 7,9 ocurrido en la falla Denali en 2002.
La interpretación no convierte a los pequeños terremotos detectados en una señal de predicción inmediata, pero sí mejora la comprensión de cómo se organiza la deformación tectónica en Alaska. En una región donde interactúan placas, fallas y volcanismo, conocer con mayor precisión los límites estructurales ayuda a entender por qué algunos sectores concentran más actividad que otros.
Alaska y el papel de las zonas de subducción
Las zonas de subducción son regiones donde una placa se introduce bajo otra. En ellas se generan algunos de los terremotos más potentes del planeta, además de volcanes y deformaciones profundas de la corteza. Alaska forma parte de este sistema tectónico activo del Pacífico norte, donde la placa del Pacífico, la microplaca Yakutat y la placa Norteamericana interactúan de manera compleja.
La relevancia global de estas zonas queda clara al observar el papel de las fallas tectónicas activas en la generación de terremotos. En el caso de Yakutat, la novedad es que el borde de la microplaca pudo ser trazado con una precisión mucho mayor gracias a miles de sismos pequeños que antes pasaban inadvertidos.
La investigación también coincide con esfuerzos científicos orientados a mejorar la vigilancia sísmica en Alaska. La región cuenta con un historial de grandes eventos y sistemas de monitoreo diseñados para reducir riesgos, como ocurre con los estudios sobre alerta temprana sísmica en Alaska.
Volcanes, manto y una historia de un millón de años
El nuevo límite de la microplaca también coincide con la alineación de pequeños conos volcánicos alrededor de sus márgenes norte y noreste. Para los investigadores, esa coincidencia sugiere que la cuña de manto ausente entre Yakutat y la placa Norteamericana pudo haber comenzado a restablecerse hace aproximadamente un millón de años.
Este dato conecta el mapa de pequeños terremotos con procesos geológicos más amplios. No se trata solo de localizar sismos, sino de reconstruir cómo ha evolucionado una zona donde la subducción, la deformación cortical y el volcanismo interactúan durante largos períodos.
La relación entre terremotos, manto y estructura profunda también se observa en otras investigaciones geológicas recientes, como los análisis de terremotos profundos y dinámica del manto, que muestran cómo los eventos sísmicos pueden revelar partes del planeta que no son accesibles por observación directa.
Qué sigue para los investigadores
El siguiente paso del equipo será buscar terremotos anteriores a 2018 para ampliar el catálogo y comprobar si la línea del borde Yakutat se mantiene en períodos más largos. También planean examinar la configuración de la zona tectónica congestionada más al sur, cerca de la costa de Alaska.
La investigación muestra que los terremotos pequeños pueden ser una herramienta decisiva para leer estructuras profundas. Aunque muchas veces no son percibidos por la población, su distribución permite reconstruir límites de placas, zonas de contacto y posibles rutas de transferencia de tensión hacia fallas mayores.
En Alaska, esos pequeños eventos han revelado una frontera tectónica de 250 kilómetros que no había sido descrita con esa claridad. El hallazgo mejora la comprensión del sistema Yakutat-Norteamérica y aporta una nueva pieza para interpretar la actividad sísmica y volcánica del centro-sur de Alaska.
Fuente(s) referenciales
Phys.org. Machine learning uncovers 1,750 quakes tracing 250-kilometer edge of Alaska microplate.
