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OBSERVATORIO PLANETARIO | 18 DE OCTUBRE DE 2026

Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra

El planeta atraviesa una etapa de transformación ambiental caracterizada por el calentamiento acumulado, los cambios en el ciclo del agua y la creciente exposición de ecosistemas y sociedades a fenómenos extremos. El seguimiento de estas variables exige distinguir las tendencias climáticas de largo plazo de las fluctuaciones meteorológicas que ocurren cada día.

Este panel reúne ocho dimensiones esenciales para interpretar la evolución del sistema terrestre. Su propósito es proporcionar contexto científico, identificar mecanismos de riesgo y explicar qué indicadores deben observarse durante las próximas dos semanas, sin sustituir los registros instrumentales actualizados de los organismos especializados.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL

El calor acumulado sigue siendo la señal dominante

El calentamiento de la superficie terrestre constituye uno de los indicadores más claros del cambio climático. Su evolución se estudia mediante conjuntos de observaciones independientes, estaciones meteorológicas, mediciones oceánicas y reconstrucciones de temperatura.

Una anomalía diaria no determina por sí sola una tendencia climática. Para interpretar correctamente la situación de octubre es necesario comparar las temperaturas con un período de referencia homogéneo y considerar tanto los océanos como los continentes.

La señal fundamental es la persistencia de un sistema energético desequilibrado, en el que la Tierra continúa acumulando calor. Este proceso afecta la circulación atmosférica, la evaporación y la frecuencia de determinadas condiciones térmicas extremas.

🌊 OCÉANOS

El reservorio principal del exceso de energía

Los océanos absorben la mayor parte del exceso de calor retenido por el sistema climático. Esta acumulación modifica la temperatura de las capas superficiales y profundas, influye en la estratificación y puede alterar la distribución de oxígeno y nutrientes.

El seguimiento del contenido térmico oceánico resulta especialmente importante porque permite identificar transformaciones que no siempre se manifiestan inmediatamente en la temperatura del aire. Las olas de calor marinas también pueden intensificar el estrés ecológico en arrecifes, praderas submarinas y comunidades costeras.

La interpretación del estado actual requiere datos recientes de boyas, satélites y perfiles oceanográficos.

🏭 CO₂ ATMOSFÉRICO

Una concentración que debe leerse en perspectiva

El dióxido de carbono es un componente esencial del forzamiento climático de origen humano. Su concentración atmosférica responde a las emisiones, a la absorción por océanos y ecosistemas terrestres y a variaciones estacionales del ciclo del carbono.

Las mediciones de observatorios como Mauna Loa permiten examinar la evolución de largo plazo, pero una lectura puntual no representa automáticamente la concentración media de todo el planeta.

La señal relevante es la acumulación sostenida de gases de efecto invernadero y su contribución al desequilibrio energético global. Las comparaciones deben emplear observaciones fechadas y metodologías consistentes.

🧊 HIELO POLAR

Dos hemisferios con ciclos diferentes

El hielo marino del Ártico y de la Antártida presenta comportamientos estacionales distintos. En octubre, el Ártico normalmente se encuentra en una fase de recuperación de su extensión tras el mínimo estival, mientras la Antártida atraviesa la etapa posterior a su máximo invernal.

La extensión, el espesor y la edad del hielo aportan información complementaria. Una expansión estacional no implica necesariamente recuperación climática, del mismo modo que una variación de pocos días no establece un récord.

La vigilancia polar también incluye glaciares continentales y plataformas de hielo, fundamentales para comprender los cambios del nivel del mar.

🔥 INCENDIOS

Combustible, sequedad y condiciones atmosféricas

El riesgo de incendios depende de la combinación de vegetación disponible, humedad del combustible, viento, temperatura y fuentes de ignición. No puede deducirse exclusivamente de las anomalías térmicas.

Los sistemas de observación mediante satélites permiten localizar focos de calor y estimar áreas afectadas, aunque una detección térmica requiere interpretación y no equivale siempre a un incendio forestal confirmado.

La vigilancia preventiva debe prestar atención a los períodos de viento intenso y humedad relativa baja, especialmente cuando coinciden con una prolongada ausencia de precipitaciones.

🏜️ SEQUÍAS

Una presión que puede persistir después de la lluvia

La sequía meteorológica aparece cuando las precipitaciones resultan insuficientes durante un período determinado. Sus consecuencias pueden prolongarse en forma de déficit de humedad del suelo, reducción de caudales o agotamiento de reservas subterráneas.

Una lluvia intensa puede aliviar temporalmente algunas condiciones sin recuperar completamente los acuíferos o los embalses. Por eso resulta necesario combinar indicadores de precipitación, evapotranspiración, humedad edáfica y disponibilidad hídrica.

El estado de sequía debe evaluarse mediante información regional actualizada, no mediante una clasificación planetaria única.

⛈️ TORMENTAS Y FENÓMENOS EXTREMOS

Una vigilancia basada en múltiples peligros

Las tormentas intensas pueden producir lluvias torrenciales, inundaciones repentinas, vientos destructivos, granizo y deslizamientos. La magnitud del impacto depende tanto de la intensidad meteorológica como de las condiciones del territorio expuesto.

Durante octubre, la vigilancia tropical sigue siendo relevante en determinadas cuencas, pero la existencia de actividad ciclónica concreta debe confirmarse mediante avisos oficiales. En otras zonas, los frentes atmosféricos y los sistemas de baja presión pueden originar riesgos diferentes.

La señal planetaria destacada es la interacción entre una atmósfera más cálida, mayor capacidad potencial de retención de vapor de agua y sistemas de drenaje o protección territorial que no siempre están preparados para episodios intensos.

🔭 Perspectiva de vigilancia: 18–31 de octubre de 2026

Durante los próximos 7 a 14 días conviene seguir los boletines de ciclones tropicales, las anomalías de temperatura superficial del mar, la evolución del hielo marino, los episodios de lluvia intensa y los indicadores regionales de sequía. Estas son prioridades de observación, no pronósticos de ocurrencia confirmada.

La lectura integrada del planeta requiere datos de distintas escalas temporales. Los cambios de horas o días describen el tiempo atmosférico; las tendencias de años y décadas permiten estudiar el clima. Mantener esta distinción evita atribuciones precipitadas y mejora la comprensión de los riesgos.

Referencias científicas: Copernicus Climate Change Service · NOAA GML · NSIDC.

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Terremotos profundos revelan el manto de Utah


La Universidad de Utah confirmó una clase rara de sismos continentales que ocurren muy por debajo de la corteza terrestre


Mapa de la región del cratón de Wyoming. Las estrellas amarillas representan terremotos del manto continental (CME) ocurridos entre 1979 y 2023. Las estrellas naranjas indican seis CME recientemente identificados, ocurridos entre 2007 y 2010. Las estrellas blancas representan cuatro CME sospechosos, localizados por las estaciones sismográficas de la Universidad de Utah en 2025, y la estrella roja señala la ubicación del terremoto de Maeser de 2025. La línea negra gruesa indica el límite aproximado de la quilla litosférica del cratón de Wyoming. Crédito: Estaciones Sismográficas de la Universidad de Utah.

Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


Un terremoto registrado hace casi 50 años bajo el norte de Utah acaba de recuperar importancia científica. Durante décadas, aquel evento fue visto como una anomalía difícil de aceptar: un sismo demasiado profundo para el tipo de región donde ocurrió. Ahora, nuevas investigaciones de la Universidad de Utah confirman que el terremoto fue real y que forma parte de una clase poco común de eventos sísmicos que nacen en el manto superior, por debajo de la corteza continental.

El caso original ocurrió en la madrugada del 24 de febrero de 1979, bajo Randolph, una localidad de Utah cercana a las fronteras con Idaho y Wyoming. Las estaciones sismográficas de la Universidad de Utah registraron un terremoto de magnitud 3,8. Nadie informó haberlo sentido en superficie, pero los datos sísmicos mostraban algo desconcertante: el foco parecía estar a unos 90 kilómetros bajo el nivel del mar, una profundidad que lo ubicaba muy por debajo de la corteza terrestre.

George Zandt, entonces investigador posdoctoral en sismología en la Universidad de Utah, revisó los registros y concluyó que la profundidad era real. La explicación de por qué no fue percibido por la población estaba justamente en esa profundidad extrema. El problema era que, en aquella época, un sismo continental a esa distancia bajo la superficie no encajaba con la comprensión dominante de cómo se comporta la Tierra.

Un sismo bajo la corteza continental

Los terremotos que la población conoce suelen producirse en fallas ubicadas en la corteza, donde las rocas se rompen de manera frágil por acumulación de esfuerzos. En cambio, el evento de Randolph parecía haberse generado en el manto superior, en condiciones de alta presión y alta temperatura, donde se esperaba que las rocas fluyeran lentamente en lugar de fracturarse de forma súbita.

La nueva revisión fue dirigida por Keith Koper, profesor de geología y director de las University of Utah Seismograph Stations. Su equipo volvió a analizar los datos de onda del terremoto de 1979 y de otros ocho sismos profundos sospechosos registrados después en el norte de Utah y el suroeste de Wyoming. El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, confirmó que los nueve eventos se ubicaban por debajo de la corteza.

Estos eventos reciben el nombre de terremotos de manto continental. Su existencia obliga a mirar con más detalle la relación entre la corteza, el manto y las estructuras antiguas de la litosfera. En Noticias de la Tierra ya se ha abordado cómo el manto terrestre bajo Norteamérica puede influir en procesos geológicos profundos y difíciles de observar directamente.

El terremoto de Maeser confirmó el patrón

La confirmación no quedó limitada al archivo histórico. El 10 de septiembre de 2025, alrededor de las 6 de la tarde, otro terremoto profundo sacudió la zona cercana a Maeser, en la cuenca de Uinta, en Utah. El evento tuvo magnitud 4,1 y una profundidad focal de 68 kilómetros.

Esa profundidad lo situó más de 20 kilómetros por debajo de la discontinuidad de Mohorovičić, conocida como Moho, que marca el límite entre la corteza terrestre y el manto. En un estudio posterior publicado en The Seismic Record, el equipo de Koper describió el terremoto de Maeser como un evento arquetípico de manto continental.

El hallazgo es importante porque no se trata de una sola anomalía antigua. La secuencia revisada muestra que este tipo de terremotos aparece repetidamente en una zona específica, cerca del borde del cratón de Wyoming. Eso sugiere que existe un mecanismo geológico persistente capaz de producir sismos en condiciones que antes se consideraban poco probables para el interior continental.

Rocas calientes que aun así pueden romperse

Una de las claves del fenómeno está en las condiciones físicas del manto superior. Koper explicó que estos terremotos se originan en un ambiente de temperaturas muy altas, presiones elevadas y materiales que, a esas profundidades, deberían comportarse de forma dúctil. Los estudios mencionan temperaturas que a menudo superan los 700 °C.

En esas condiciones, las rocas no se comportan como las fallas superficiales que se rompen de manera visible. A escalas de millones de años, pueden fluir como un material muy viscoso. Sin embargo, los registros sísmicos muestran que bajo ciertas condiciones también pueden liberar energía de forma repentina.

Esta diferencia complica la evaluación del riesgo sísmico. En terremotos corticales, los científicos pueden estudiar fallas cercanas a la superficie, medir su longitud y estimar magnitudes máximas aproximadas. En los eventos de manto continental, el origen está oculto a gran profundidad y no existe una falla superficial fácil de cartografiar. Por eso, la investigación conecta directamente con la necesidad de mejorar los modelos de riesgo sísmico y de propagación de ondas.

El borde del cratón de Wyoming

Los terremotos profundos identificados comparten una ubicación geológica: se concentran cerca del borde del cratón de Wyoming. Los cratones son bloques antiguos y relativamente estables de la litosfera terrestre. Koper los compara con icebergs, pero en lugar de flotar en el océano, reposan en el manto como una quilla profunda.

El cratón de Wyoming se sitúa en una zona de transición entre el oeste tectónicamente activo de Estados Unidos y el interior más estable de la placa norteamericana. Su estructura ha sido erosionada y modificada durante largos periodos geológicos, con un adelgazamiento general de la litosfera hacia Idaho y Utah.

La hipótesis del equipo es que el flujo del manto se desvía alrededor de la raíz rígida del cratón. Esa interacción aumenta la deformación y genera esfuerzos adicionales en el borde de la estructura. En ese contexto, incluso materiales profundos y calientes pueden producir terremotos aislados.

Eventos aislados y sin réplicas

Los estudios de la Universidad de Utah identificaron rasgos que diferencian estos sismos de los terremotos superficiales más comunes. Los eventos ocurren de manera aislada, sin secuencias claras de precursores ni réplicas. Además, se ubican a profundidades que los separan del comportamiento típico de fallas corticales.

Para localizar el origen de los sismos, los sismólogos analizan los tiempos de llegada de distintos tipos de ondas sísmicas a los instrumentos de superficie. Las diferencias entre esas llegadas permiten estimar la posición y la profundidad del hipocentro. En este caso, los archivos conservados por las estaciones sismográficas de Utah fueron decisivos para reinterpretar eventos que habían sido clasificados de forma incorrecta como terremotos corticales.

Sean Hutchings, estudiante de posgrado vinculado al equipo, utilizó ese archivo para analizar sismos profundos conocidos y detectar otros que habían pasado desapercibidos. Este tipo de revisión muestra el valor de los registros históricos en sismología: datos antiguos pueden ofrecer respuestas nuevas cuando se aplican herramientas de análisis más modernas.

Una pregunta abierta para la seguridad sísmica

La existencia de terremotos de manto continental no significa que Utah enfrente de inmediato un nuevo escenario catastrófico. Lo relevante es que los científicos aún no saben cuál puede ser el tamaño máximo de estos eventos. Esa incertidumbre obliga a incorporar este tipo de sismo en las preguntas sobre amenaza sísmica regional.

El trabajo también recuerda que los terremotos no terminan en la corteza. La dinámica profunda de la Tierra puede producir señales sísmicas inesperadas, especialmente en zonas donde estructuras antiguas interactúan con el flujo del manto. Ese enfoque complementa estudios sobre cómo se propagan y se detienen las rupturas, un tema clave para entender la física de los terremotos.

El caso de Randolph, el terremoto de Maeser y los otros eventos confirmados bajo Utah y Wyoming dejan una imagen más compleja del planeta. Bajo regiones que parecen geológicamente estables pueden existir procesos profundos capaces de generar sismos raros, aislados y difíciles de anticipar. La respuesta no está solo en mirar las fallas visibles, sino también en interpretar la arquitectura profunda de la litosfera y el manto.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – Deep beneath Utah, rare mantle earthquakes reshape seismic hazard questions