Un estudio de la Universidad de Tulane revela que las pérdidas de manglares de las últimas décadas fueron compensadas en gran parte por regeneración, expansión natural y restauración
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los bosques de manglar, considerados durante años entre los ecosistemas costeros más amenazados del planeta, muestran señales de recuperación global. Una nueva investigación de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, indica que décadas de pérdidas por deforestación y desarrollo costero han sido compensadas en gran parte por procesos de regeneración, expansión natural y restauración.
El estudio, publicado en Science, se basa en cuatro décadas de datos satelitales y concluye que los manglares del mundo ya no se encuentran en declive neto. Después de haber perdido casi 2.900 kilómetros cuadrados entre la década de 1980 y 2010, estos ecosistemas comenzaron a recuperar superficie en varias regiones, hasta llegar a una pérdida neta aproximada de solo 1 % en todo el período analizado.
La investigación fue liderada por Zhen Zhang, investigador posdoctoral de la School of Science and Engineering de la Universidad de Tulane. También participó Daniel Friess, profesor de Ciencias de la Tierra y Ambientales en Tulane y director de The Mangrove Lab. El trabajo ofrece una lectura más esperanzadora sobre el futuro de estos ecosistemas, aunque advierte que la recuperación sigue siendo vulnerable.
Un giro después de décadas de pérdida
Durante buena parte del siglo XX, los manglares fueron eliminados por la expansión urbana, la acuicultura, la agricultura y la transformación de zonas costeras. Esa pérdida generó preocupación porque estos bosques actúan como barreras naturales frente a tormentas, sostienen pesquerías y almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa y en los sedimentos.
El nuevo análisis muestra que, durante los últimos 16 años, las ganancias de superficie han superado a las pérdidas. Esto no significa que todos los manglares estén seguros, ni que la deforestación haya desaparecido, pero sí marca un cambio de tendencia a escala global.
La recuperación confirma la importancia de los manglares como ecosistemas de carbono azul, capaces de almacenar carbono en ambientes costeros donde la vegetación, el agua salobre y los sedimentos funcionan como un sistema natural de captura climática.
Regeneración natural y restauración
El repunte de los manglares no responde a una sola causa. La investigación señala que la recuperación se debe a una combinación de restauración activa y procesos naturales. En muchas regiones, los manglares están recolonizando antiguos estanques de acuicultura abandonados y expandiéndose sobre nuevas llanuras fangosas costeras.
Estas llanuras se forman especialmente en deltas fluviales, donde los sedimentos transportados por los ríos crean superficies adecuadas para que los manglares se establezcan. Por eso, los investigadores subrayan que conservar los flujos de sedimentos es clave para permitir que estos bosques se expandan de forma natural.
La importancia de estos procesos también se observa en experiencias regionales de restauración, como el proyecto de carbono azul en los manglares de Tumbes, donde la protección costera, la captura de carbono y la recuperación de biodiversidad se integran en una misma estrategia ambiental.
El papel del calentamiento en nuevas zonas
En la costa del Golfo de Estados Unidos, la expansión de los manglares refleja un proceso diferente. En el delta del río Mississippi, la superficie de manglar disminuyó ligeramente desde la década de 1980 hasta finales de los años noventa, pero luego comenzó a crecer, con una expansión más marcada después de 2012.
Los investigadores atribuyen este crecimiento principalmente al aumento de las temperaturas. Al reducirse algunas limitaciones térmicas, los manglares, típicos de climas tropicales y subtropicales, pueden avanzar hacia latitudes más altas. Luisiana también ha registrado un incremento general de manglares durante las últimas cuatro décadas.
Este desplazamiento no debe interpretarse de forma simple. La expansión hacia nuevas zonas puede reforzar la protección costera en algunos lugares, pero también refleja cambios climáticos que alteran la distribución de ecosistemas. Los manglares se mueven, en parte, porque las condiciones ambientales de las costas también están cambiando.
Bosques más densos y saludables
Además del aumento de superficie, el estudio detectó otra señal positiva: muchos manglares existentes se han vuelto más densos y saludables. Los bosques de dosel cerrado, que almacenan más carbono y ofrecen mayor protección contra el oleaje y las tormentas, se han expandido globalmente durante las últimas cuatro décadas.
Las tasas de degradación también han disminuido de forma significativa desde la década de 1980. Esta mejora refleja el efecto acumulado de políticas de conservación, programas de restauración y mayor reconocimiento del valor climático y costero de los manglares.
Los beneficios de estos bosques no se limitan al carbono. Los manglares también reducen la erosión, amortiguan el impacto de olas y marejadas, sirven como hábitat para peces y crustáceos, y protegen a comunidades costeras. Su papel como cinturón verde que protege costas y captura carbono los convierte en una infraestructura natural de alto valor.
La recuperación sigue siendo frágil
Aunque el cambio de tendencia es alentador, los investigadores advierten que la recuperación no está garantizada. Algunos manglares continúan perdiéndose, especialmente donde el suelo costero se convierte para agricultura, urbanización o nuevos usos productivos.
Además, los manglares recién establecidos suelen ser jóvenes y todavía no ofrecen todos los beneficios ecológicos de los sistemas maduros. Un bosque nuevo puede capturar carbono y empezar a estabilizar sedimentos, pero necesita tiempo para desarrollar una estructura compleja, acumular biomasa y sostener comunidades biológicas más diversas.
La vulnerabilidad también quedó clara en Texas, donde los manglares se expandieron durante décadas, pero sufrieron una fuerte caída en 2021 por un evento extremo de congelación. Ese episodio muestra que los avances pueden revertirse rápidamente cuando ocurren extremos climáticos.
Detener la deforestación sigue siendo la prioridad
Zhen Zhang destacó que la forma más inmediata y efectiva de proteger los manglares es frenar la deforestación. Cuando estos bosques son eliminados, grandes cantidades de carbono almacenado durante largo tiempo pueden liberarse a la atmósfera. En cambio, si la deforestación se detiene, los manglares pueden seguir acumulando carbono de manera natural.
La investigación también insiste en que las estrategias de conservación no deben limitarse a medir superficie total. Importa saber si los manglares son jóvenes o maduros, si tienen dosel cerrado, si están degradados, si reciben sedimentos suficientes y si pueden adaptarse al aumento del nivel del mar.
La función protectora de estos ecosistemas ha sido evaluada en estudios sobre cómo los manglares reducen el impacto de las olas. Esa evidencia refuerza su valor como defensa natural frente a eventos costeros extremos y conecta con investigaciones sobre protección sostenible de costas mediante manglares.
Una solución natural que necesita espacio
Los manglares pueden expandirse cuando encuentran condiciones adecuadas: temperaturas suficientes, sedimentos disponibles, mareas compatibles y espacio costero donde establecerse. Si la costa está ocupada por infraestructura rígida o si los sedimentos quedan retenidos por presas y alteraciones fluviales, esa expansión natural se vuelve más difícil.
Por eso, la conservación de manglares no depende solo de proteger árboles existentes. También requiere mantener los procesos costeros que permiten su regeneración. Los nuevos manglares se forman en llanuras fangosas, deltas y zonas intermareales donde la dinámica natural del agua y los sedimentos sigue funcionando.
En este punto, el estudio subraya una idea clave: las soluciones basadas en la naturaleza requieren condiciones ecológicas reales. Plantar árboles no basta si el entorno físico no permite que el ecosistema sobreviva, crezca y mantenga sus funciones climáticas y costeras.
Un caso de esperanza climática con advertencias
Daniel Friess plantea que los manglares podrían convertirse en una rara historia de éxito para la conservación y en una fuente importante de optimismo para la acción climática. El motivo es claro: después de décadas de retroceso, las tendencias globales comienzan a moverse en la dirección correcta.
Sin embargo, esa recuperación no elimina las amenazas. El desarrollo costero, la deforestación, la contaminación, los eventos extremos y el aumento del nivel del mar siguen presionando a estos ecosistemas. La expansión observada debe interpretarse como una oportunidad para reforzar políticas, no como una señal para relajar la protección.
La conclusión práctica es que los manglares pueden recuperarse cuando se detienen las pérdidas, se restauran áreas degradadas y se mantienen los procesos naturales de sedimentación. Su resiliencia existe, pero necesita espacio, tiempo y políticas constantes.
Fuente(s) referenciales
Phys.org. Global mangrove forests rebound, offering hopeful sign for climate and coastal resilience.
