Una revisión científica internacional propone utilizar las partículas plásticas conservadas en los sedimentos como indicadores de la transformación del planeta desde mediados del siglo XX. El método podría ayudar a reconstruir la historia de la contaminación y aportar nuevas evidencias al debate sobre el Antropoceno.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Los diminutos fragmentos de plástico que se acumulan en los fondos de lagos, ríos y océanos podrían convertirse en una herramienta para reconstruir décadas de actividad humana. Una investigación internacional publicada en octubre de 2026 plantea que la presencia, composición y distribución de microplásticos en las capas de sedimentos pueden conservar señales de los cambios industriales, comerciales y sociales que han transformado el planeta.
El trabajo fue desarrollado por investigadores del Instituto Leibniz de Investigación del Mar Báltico de Warnemünde (IOW), en Alemania, en colaboración con científicos de la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. Sus conclusiones aparecen en la revista científica Earth-Science Reviews.
La investigación, encabezada por la oceanógrafa Juliana A. Ivar do Sul, propone estudiar estas partículas como posibles marcadores geológicos del Antropoceno, término utilizado para describir la etapa de intensa transformación ambiental asociada con las actividades humanas.
La propuesta no significa que los microplásticos hayan sido reconocidos oficialmente como indicadores de una nueva época geológica. Los autores presentan un marco científico que todavía necesita comprobarse mediante investigaciones de campo y análisis comparativos de sedimentos procedentes de diferentes regiones del mundo.
Los sedimentos conservan señales de la contaminación plástica
Los sedimentos se forman mediante la acumulación progresiva de materiales transportados por el agua, el viento y otros procesos naturales. En ambientes donde estas capas permanecen relativamente poco alteradas, su composición puede proporcionar información sobre las condiciones ambientales existentes cuando fueron depositadas.
Los investigadores consideran que los microplásticos pueden incorporarse a este registro porque se encuentran ampliamente distribuidos en los ecosistemas terrestres, fluviales y marinos.
Estas partículas, cuyo tamaño generalmente oscila entre un micrómetro y cinco milímetros, proceden tanto de la fabricación directa de materiales diminutos como de la fragmentación de objetos plásticos de mayores dimensiones.
Entre sus fuentes se encuentran las fibras desprendidas de prendas sintéticas, los fragmentos de envases, las películas utilizadas en determinadas actividades agrícolas y diversos productos industriales.
Una vez liberadas, pueden ser transportadas por corrientes de agua o por el viento hasta depositarse en lugares alejados de sus puntos de origen.
La acumulación de estos materiales ya ha sido documentada en diferentes entornos. Por ejemplo, una investigación realizada en Alemania permitió estimar la cantidad de microplásticos enterrados en los sedimentos del estuario Schlei, mediante la combinación de muestras ambientales y modelos de aprendizaje automático.
El nuevo trabajo plantea una pregunta diferente: además de indicar la existencia de contaminación, ¿pueden esas partículas ayudar a identificar cuándo se produjeron determinados cambios en la actividad humana?
Cada tipo de plástico podría identificar una etapa histórica
Una de las principales ideas de la investigación es que los materiales sintéticos no comenzaron a utilizarse simultáneamente ni mantuvieron la misma importancia comercial a lo largo del tiempo.
La aparición de determinados polímeros, su expansión industrial y los cambios en los patrones de consumo podrían quedar reflejados en las capas sedimentarias.
Los autores mencionan el caso de la baquelita, uno de los primeros plásticos sintéticos utilizados comercialmente. Aunque actualmente tiene una presencia mucho menor en numerosos productos de consumo, podría encontrarse en sedimentos antiguos asociados con etapas anteriores de industrialización.
Otros materiales, como el polipropileno, el polietileno y el tereftalato de polietileno, conocido como PET, experimentaron una expansión comercial considerable durante la segunda mitad del siglo XX.
Si los sedimentos conservan una secuencia suficientemente estable, la presencia relativa de estos polímeros podría compararse con la historia de su producción y utilización.
Este enfoque permitiría estudiar la relación entre la fabricación de materiales sintéticos y su incorporación progresiva al ambiente.
Sin embargo, la cantidad de plástico encontrada en una capa no depende exclusivamente de cuánto se fabricaba en una época determinada. También influyen las condiciones de transporte, la gestión de residuos, la velocidad de sedimentación y los procesos que pueden desplazar partículas después de su depósito.
Por esa razón, los investigadores consideran indispensable comprobar que las diferencias observadas realmente reflejan cambios históricos y no alteraciones posteriores del registro sedimentario.
La pandemia podría haber dejado una señal reconocible
El estudio plantea que determinados acontecimientos recientes podrían haber generado patrones particulares de contaminación plástica.
Uno de los ejemplos examinados es la pandemia de COVID-19, especialmente durante el período comprendido entre 2020 y 2022.
Durante aquellos años aumentó la utilización de mascarillas, guantes, envases de productos desinfectantes y otros artículos relacionados con las medidas sanitarias.
Los investigadores proponen que una parte de estos materiales, después de convertirse en residuos y fragmentarse en el ambiente, podría haber terminado incorporándose a los sedimentos.
En determinadas condiciones, la composición de las partículas depositadas durante ese período podría constituir una señal asociada con un acontecimiento histórico identificable.
No obstante, se trata de una hipótesis que deberá verificarse. La investigación no demuestra que exista ya una capa sedimentaria mundial atribuible inequívocamente a la pandemia.
El ejemplo ilustra el potencial de los microplásticos para relacionar procesos ambientales con transformaciones sociales, siempre que puedan establecerse correspondencias temporales suficientemente precisas.
Por qué los microplásticos pueden permanecer enterrados durante décadas
Cuando los residuos plásticos permanecen expuestos en la superficie, la radiación solar, las variaciones de temperatura, el desgaste mecánico y otros procesos pueden modificar progresivamente sus características.
En cambio, las partículas enterradas en sedimentos pueden quedar protegidas de algunas de estas condiciones, especialmente de la exposición directa a la luz solar.
Esta protección podría favorecer su conservación durante períodos prolongados y permitir que determinados materiales funcionen como referencias dentro del registro geológico.
Sin embargo, la estabilidad de los microplásticos enterrados no debe darse por garantizada.
Los investigadores señalan que todavía es necesario comprobar cómo se comportan las partículas dentro de las capas sedimentarias y si pueden desplazarse verticalmente después de haber sido depositadas.
La cuestión es especialmente importante porque una partícula encontrada a cierta profundidad no necesariamente llegó al sedimento en el momento en que se formó esa capa.
El movimiento del agua intersticial, la actividad de organismos que remueven el fondo y otros procesos físicos pueden alterar la distribución original de los materiales.
Por ello, demostrar la estabilidad de los microplásticos constituye una condición esencial antes de utilizarlos como indicadores cronológicos fiables.
El Antropoceno sigue siendo una propuesta geológica en debate
La investigación también aborda una discusión científica más amplia: cómo identificar las transformaciones provocadas por la humanidad dentro de la historia geológica del planeta.
La escala del tiempo geológico divide la historia terrestre en unidades definidas a partir de evidencias conservadas en rocas y sedimentos.
El término Antropoceno se utiliza ampliamente en diferentes disciplinas para describir la influencia humana sobre los sistemas naturales, especialmente desde la industrialización y la expansión de las actividades económicas modernas.
Un grupo de especialistas propuso reconocer formalmente una nueva época geológica caracterizada por señales globales de intervención humana.
Sin embargo, esa propuesta fue rechazada en marzo de 2024 dentro del proceso internacional de clasificación estratigráfica. Por tanto, el Antropoceno no constituye actualmente una época formalmente incorporada a la escala geológica internacional.
Los autores de la nueva revisión consideran que los microplásticos podrían aportar evidencias adicionales a este debate debido a su distribución mundial y a su relación directa con actividades industriales recientes.
Su presencia no reemplazaría necesariamente otros indicadores estudiados por los geólogos, sino que podría complementar las señales químicas, físicas y biológicas utilizadas para reconstruir la transformación ambiental contemporánea.
La contaminación plástica alcanza ambientes muy diferentes
La posible utilidad de los microplásticos como indicadores planetarios está relacionada con su capacidad para desplazarse entre distintos compartimentos ambientales.
Una parte de los residuos generados en tierra firme permanece acumulada en los suelos, mientras que otra es transportada hacia sistemas acuáticos.
Las investigaciones sobre la acumulación de microplásticos en los ecosistemas terrestres muestran que los suelos agrícolas y otros ambientes continentales pueden funcionar como importantes reservorios de contaminación.
Los ríos también desempeñan un papel fundamental en la redistribución de estos materiales.
Durante episodios de precipitaciones intensas, el aumento de la escorrentía puede movilizar residuos desde áreas urbanas y rurales hacia los cauces.
Un estudio internacional publicado anteriormente estimó que las lluvias extremas intensifican el transporte fluvial de microplásticos hacia los océanos, demostrando la influencia de las condiciones hidrológicas sobre su distribución.
Una vez en el mar, las partículas pueden desplazarse por las corrientes, permanecer suspendidas en el agua o incorporarse a los depósitos del fondo.
La presencia de estos residuos incluso se ha documentado en ecosistemas hidrotermales situados a más de 2.000 metros de profundidad, lo que evidencia el alcance de la contaminación en ambientes marinos remotos.
Esta distribución geográfica constituye una de las razones por las que los investigadores consideran que los microplásticos podrían utilizarse para comparar registros sedimentarios de diferentes continentes y océanos.
Los científicos proponen comparar los sedimentos con la producción industrial
La revisión publicada en Earth-Science Reviews establece varias prioridades para futuras investigaciones.
Una de ellas consiste en analizar testigos de sedimentos obtenidos en distintas regiones del planeta y determinar si la presencia de determinados polímeros reproduce las tendencias históricas de su producción comercial.
Los investigadores mencionan específicamente el polipropileno (PP), el polietileno (PE) y el tereftalato de polietileno (PET).
El objetivo sería comprobar si los cambios en la abundancia relativa de estos materiales dentro de las capas sedimentarias coinciden con las etapas de expansión industrial registradas desde mediados del siglo XX.
Otra prioridad consiste en estudiar los procesos que controlan el movimiento de las partículas después de su depósito.
Para que los microplásticos puedan utilizarse como referencias geológicas, será necesario demostrar que las señales conservadas no han sido modificadas de manera significativa por desplazamientos posteriores.
Los científicos también deberán evaluar las diferencias entre ambientes terrestres, lacustres y marinos, porque las condiciones de sedimentación y conservación no son iguales en todos ellos.
La comparación internacional permitirá determinar si existen patrones suficientemente consistentes para establecer referencias comunes entre regiones geográficamente distantes.
Una nueva forma de interpretar la huella humana en el planeta
La investigación introduce una perspectiva distinta sobre los residuos plásticos: además de constituir un problema de contaminación, podrían convertirse en testimonios materiales de las transformaciones industriales y sociales recientes.
Los autores no proponen utilizar esta posible aplicación científica como argumento para minimizar sus efectos ambientales. La presencia de microplásticos en los ecosistemas continúa planteando desafíos relacionados con su dispersión, persistencia y exposición de los organismos.
El interés geológico reside en que determinados materiales sintéticos podrían conservar información sobre el momento y las condiciones en que fueron incorporados al ambiente.
Si futuras investigaciones confirman que las partículas permanecen estables y que su distribución corresponde con la evolución histórica de la producción industrial, los sedimentos podrían ofrecer una cronología complementaria de la actividad humana durante las últimas décadas.
La propuesta también demuestra que los registros geológicos no se limitan a procesos naturales antiguos. Los materiales fabricados por la sociedad moderna ya forman parte de los depósitos ambientales que los científicos estudian para comprender la evolución reciente de la Tierra.
Fuentes referenciales:
Earth-Science Reviews — Microplastics and the Anthropocene: Towards a new class of planetary markers (2026)
Instituto Leibniz de Investigación del Mar Báltico de Warnemünde — Información sobre el estudio (22 de octubre de 2026)




