Un estudio en los valles secos de McMurdo detectó partículas plásticas diminutas y apunta al transporte atmosférico de larga distancia como una vía clave de contaminación
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La contaminación por nanoplásticos llegó a uno de los ambientes terrestres más remotos del planeta. Un estudio publicado en Scientific Reports detectó por primera vez estas partículas en suelos de los valles secos del interior de la Antártida.
Los nanoplásticos son partículas de menos de un micrómetro de diámetro. Por su tamaño extremadamente reducido, pueden desplazarse con facilidad, atravesar membranas celulares y adsorber otros contaminantes, lo que eleva su posible riesgo ecológico.
El hallazgo amplía la preocupación por la contaminación plástica en la atmósfera, porque sugiere que incluso los suelos antárticos alejados del océano no están completamente aislados de las partículas transportadas por el aire.
Un contaminante difícil de medir
La Antártida suele considerarse un ambiente relativamente prístino por la ausencia de población permanente, asentamientos urbanos e industrialización histórica. Sin embargo, los plásticos ya habían sido documentados en agua de mar, sedimentos, costas, glaciares, hielo marino y nieve.
La presencia de nanoplásticos en suelos interiores seguía poco estudiada por las dificultades técnicas para detectar concentraciones extremadamente bajas en materiales complejos como el suelo.
Para superar ese obstáculo, el equipo utilizó desorción térmica acoplada a espectrometría de masas por reacción de transferencia de protones, una técnica sensible capaz de identificar nanoplásticos en niveles muy bajos.
Muestras en los valles Taylor y Wright
Los investigadores tomaron muestras en enero de 2023 en los valles Taylor y Wright, dentro de los valles secos de McMurdo. Analizaron 13 muestras superficiales de suelo y cuatro muestras más profundas, tomadas a más de 20 centímetros.
Los nanoplásticos fueron detectados por encima del límite de detección en el 54% de los sitios superficiales, con concentraciones de hasta 295 nanogramos por gramo de suelo.
También aparecieron en la mitad de las capas más profundas, aunque en niveles menores. Ese resultado sugiere posible movimiento vertical o enterramiento parcial dentro del perfil del suelo.
La contaminación plástica antártica ya había sido observada en otros compartimentos ambientales, incluyendo aire, agua de mar, sedimentos y hielo marino, pero el nuevo trabajo incorpora el suelo interior al mapa de exposición.
Qué tipos de plástico aparecieron
El estudio identificó seis tipos de plástico de uso común: polietileno, polipropileno, tereftalato de polietileno, poliestireno, cloruro de polivinilo y partículas derivadas del desgaste de neumáticos.
El polipropileno dominó por masa, con el 41,9% del total. Le siguieron las partículas de desgaste de neumáticos, con el 29,6%, y el polietileno, con el 14,6%.
Los autores advirtieron que las concentraciones probablemente están subestimadas, porque el método de recuperación no extrae ni mide el 100% de las partículas presentes. También señalaron que el tamaño reducido de la muestra y la distribución irregular dificultan generalizar los resultados a todos los suelos de los valles secos.
Transporte atmosférico y fuentes locales
Para investigar el origen de las partículas, el equipo aplicó modelado atmosférico inverso. Los resultados apuntan a una combinación de fuentes locales y transporte de larga distancia.
Entre las fuentes locales figuran estaciones de investigación, pequeños puestos operativos y turismo limitado. En el verano antártico, la actividad humana regional podría explicar parte de la deposición de plásticos dentro del continente.
Los investigadores mencionan instalaciones como Ross Island, Scott Base, McMurdo Station y Marble Point Weather Station, ubicadas aproximadamente entre 100 y 120 kilómetros de los sitios de muestreo.
Durante el invierno, en cambio, el modelado sugiere una mayor contribución del transporte atmosférico de larga distancia. Partículas de entre 100 y 1.000 nanómetros pueden viajar por la atmósfera a grandes distancias, incluso desde regiones muy alejadas.
Una señal global desde el extremo sur
La investigación refuerza la idea de que los micro y nanoplásticos no se limitan a mares, ríos o ciudades. También pueden circular por el aire, depositarse en regiones polares y quedar incorporados a suelos, nieve o hielo.
Ese comportamiento coincide con estudios recientes sobre microplásticos suspendidos en la atmósfera, que analizan su transporte, permanencia y posible influencia climática.
Los autores consideran que estos datos pueden servir como línea base para futuras evaluaciones ambientales y discusiones de política pública. También recomiendan identificar rutas probables de entrada para mejorar la gestión de residuos y las normas operativas de las estaciones científicas.
Qué falta por saber
El estudio no permite estimar todavía la magnitud total de la contaminación por nanoplásticos en toda la Antártida. La distribución observada fue muy irregular y las mediciones dependen de técnicas analíticas aún en desarrollo.
Aun así, el hallazgo confirma que las partículas plásticas más pequeñas ya están presentes en suelos interiores antárticos. La evidencia obliga a mirar la contaminación plástica como un fenómeno atmosférico y planetario, no solo marino o urbano.
La presencia de nanoplásticos en un ambiente tan remoto plantea una advertencia: los residuos plásticos fragmentados pueden atravesar fronteras geográficas, climáticas y ecológicas que antes parecían ofrecer protección natural.
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