Una investigación internacional volvió a estudiar comunidades marinas del sur de Chile después de más de medio siglo y encontró una fuerte expansión de una anémona invasora, junto con descensos importantes de erizos de mar nativos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Los bosques submarinos de algas gigantes de la Patagonia chilena, considerados entre los ecosistemas marinos más extensos y remotos del planeta, están experimentando transformaciones importantes en su biodiversidad. Un equipo internacional de investigadores, encabezado por científicos de la Universidad de Australia Occidental, ha documentado la expansión de especies invasoras y una disminución considerable de determinadas poblaciones de invertebrados marinos tras comparar las condiciones actuales con registros obtenidos hace más de cincuenta años.
La investigación, difundida el 20 de octubre de 2026 y publicada en la revista científica Regional Environmental Change, aporta nuevas evidencias sobre la influencia de las actividades humanas en ecosistemas que durante décadas fueron considerados relativamente protegidos por su aislamiento geográfico.
Entre los resultados más destacados figura la expansión de la anémona invasora Metridium senile, que actualmente puede cubrir hasta el 88 % del fondo marino en determinados sectores resguardados de los fiordos patagónicos. Paralelamente, los científicos encontraron disminuciones de entre el 59 % y el 90 % en la abundancia del erizo rojo de mar, Loxechinus albus, una especie sometida a una intensa explotación pesquera.
El estudio fue dirigido por Albert Pessarrodona, investigador del Oceans Institute y de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Australia Occidental, en colaboración con especialistas internacionales dedicados al estudio de los ecosistemas costeros.
Los resultados indican que la distancia respecto de los grandes centros urbanos no garantiza que los ecosistemas marinos permanezcan libres de alteraciones. La expansión de organismos introducidos y las actividades extractivas pueden modificar profundamente las comunidades submarinas incluso en territorios de difícil acceso.
Un ecosistema que permaneció décadas sin ser estudiado nuevamente
Los bosques de algas gigantes forman extensas estructuras vegetales submarinas que proporcionan alimento, refugio y superficies de asentamiento para numerosas especies marinas.
Estas comunidades pueden extenderse desde el fondo oceánico hasta las capas próximas a la superficie, creando ambientes tridimensionales donde conviven peces, moluscos, crustáceos, equinodermos y otros organismos.
La Patagonia chilena reúne condiciones especialmente favorables para su desarrollo. Sus aguas frías, extensos sistemas de fiordos y costas accidentadas albergan grandes concentraciones de macroalgas que sostienen comunidades biológicas diversas.
La importancia ecológica de estos ambientes trasciende la protección de especies individuales. Los bosques oceánicos constituyen ecosistemas de gran productividad y participan en procesos esenciales para el funcionamiento de los mares.
Sin embargo, la extensión de los bosques submarinos patagónicos y la dificultad de realizar expediciones científicas prolongadas habían limitado la información disponible sobre su evolución.
Para reducir esa incertidumbre, el equipo realizó una nueva evaluación de comunidades que no habían sido examinadas de manera comparable durante más de medio siglo.
La investigación permitió reconocer cambios en la composición de especies y detectar procesos que no necesariamente resultan visibles desde la superficie del océano.
Una anémona invasora ocupa hasta el 88 % del fondo marino
Uno de los hallazgos más importantes fue la presencia extendida de Metridium senile, una anémona marina invasora que ha colonizado numerosos ambientes submarinos de la Patagonia.
Los investigadores encontraron que este organismo puede ocupar hasta el 88 % de la superficie del fondo marino en determinados sectores protegidos de los fiordos.
La especie se fija sobre superficies duras y puede formar concentraciones muy densas. Su presencia no se limita necesariamente a rocas: también puede establecerse sobre otros organismos y estructuras biológicas.
Según los investigadores, la anémona fue detectada por primera vez en la Patagonia chilena en 2005 y desde entonces ha ampliado su distribución hacia numerosas localidades.
Esta expansión resulta preocupante porque podría modificar la disponibilidad de espacio para especies nativas que también necesitan superficies donde establecerse.
Entre los organismos potencialmente afectados se encuentran los filtradores autóctonos, que obtienen alimento mediante la captura de partículas suspendidas en el agua.
La ocupación masiva del sustrato puede alterar las relaciones de competencia y transformar la estructura de las comunidades que habitan el fondo marino.
Los científicos consideran probable que la expansión de la anémona esté ocurriendo a expensas de algunos filtradores nativos, aunque determinar la magnitud exacta de esos desplazamientos requiere investigaciones específicas.
El caso demuestra cómo una especie introducida puede adquirir una presencia dominante en ambientes que anteriormente estaban ocupados por comunidades biológicas diferentes.
El erizo rojo de mar registra descensos de hasta el 90 %
La investigación también documentó una reducción importante de las poblaciones de erizo rojo de mar, identificado científicamente como Loxechinus albus.
Las comparaciones realizadas por el equipo indican que su abundancia disminuyó entre un 59 % y un 90 % en las áreas evaluadas.
El descenso se produjo en un contexto de expansión de la actividad pesquera dirigida a esta especie, que constituye un recurso comercial importante en el sur de Chile.
Los investigadores relacionan la transformación de estas poblaciones con el desarrollo de una actividad extractiva de gran escala, considerada entre las mayores pesquerías de erizos del mundo.
Los erizos forman parte de las comunidades que viven asociadas con los bosques submarinos. Su alimentación y sus interacciones con otros organismos contribuyen a regular distintos componentes del ecosistema.
Por esta razón, una reducción considerable de su abundancia puede tener consecuencias que van más allá de la disponibilidad del recurso para la pesca.
La intensidad de esos efectos depende de las relaciones ecológicas locales, de las especies presentes y de las condiciones ambientales de cada sector.
Los resultados muestran la necesidad de considerar las consecuencias ecológicas de la explotación pesquera, además de los indicadores tradicionales relacionados con las capturas comerciales.
Un segundo erizo desapareció de las aguas someras examinadas
Otra modificación destacada afecta al erizo enano Pseudechinus magellanicus, una especie que históricamente era muy abundante en determinados ambientes submarinos de la región.
Durante las nuevas observaciones, los investigadores no encontraron ejemplares de esta especie en las aguas poco profundas examinadas.
El resultado representa una diferencia importante respecto de las descripciones históricas, aunque no significa necesariamente que el organismo se haya extinguido en toda la Patagonia.
La ausencia registrada corresponde a los ambientes y profundidades incluidos en la investigación.
Para determinar si la especie persiste en otras localidades o en aguas más profundas serán necesarios estudios adicionales.
La desaparición local de organismos anteriormente abundantes puede indicar transformaciones en las condiciones del hábitat, las interacciones ecológicas o las presiones que afectan a las comunidades marinas.
Los científicos destacan que las evaluaciones realizadas a intervalos prolongados permiten reconocer cambios que podrían pasar inadvertidos en campañas de observación aisladas.
Los bosques de algas también participan en el ciclo del carbono
Además de albergar biodiversidad, las macroalgas gigantes intervienen en el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera.
Mediante la fotosíntesis, estos organismos utilizan carbono inorgánico disuelto en el agua para producir materia orgánica y desarrollar sus estructuras.
Una parte de esa biomasa es consumida por organismos marinos, mientras que otra puede desprenderse y desplazarse mediante las corrientes hacia zonas alejadas de los bosques submarinos.
Investigaciones anteriores han demostrado que los bosques de algas pueden contribuir al transporte de carbono hacia las profundidades oceánicas, donde una fracción de la materia orgánica podría permanecer almacenada durante periodos prolongados.
Este proceso depende de numerosos factores, entre ellos la productividad de las algas, las corrientes, la degradación de la biomasa y las condiciones del fondo marino.
La pérdida de biodiversidad o las modificaciones en la estructura de estos ecosistemas podrían alterar algunas de esas funciones, aunque el nuevo estudio sobre la Patagonia no establece una cuantificación directa de los cambios en el almacenamiento de carbono.
Los investigadores consideran importante estudiar conjuntamente la composición de las comunidades y su contribución a los ciclos biogeoquímicos.
Una expedición científica examina más de 1.200 kilómetros de costa
El trabajo forma parte de un esfuerzo de investigación más amplio denominado Megatransect, que busca evaluar la biodiversidad y el potencial de almacenamiento de carbono de los bosques submarinos patagónicos.
El programa contempla un recorrido científico de más de 1.200 kilómetros de costa, desde el golfo de Corcovado hasta el cabo de Hornos.
Esta extensa franja litoral incluye fiordos, canales y ambientes costeros con diferentes condiciones oceanográficas y grados de exposición a las actividades humanas.
La amplitud del recorrido permitirá comparar comunidades sometidas a distintas presiones y establecer una visión más completa del estado ecológico de los bosques de algas gigantes.
La investigación también puede contribuir a identificar sectores donde las especies invasoras presentan mayor expansión y localidades donde las comunidades nativas conservan una estructura relativamente estable.
La necesidad de evaluar las condiciones del lecho oceánico ha cobrado importancia en los últimos años. Los estudios sobre la integridad ecológica del fondo marino destacan que sus comunidades cumplen funciones relacionadas con el reciclaje de nutrientes, las redes alimentarias y los procesos de almacenamiento de carbono.
En la Patagonia, estas funciones se desarrollan en un paisaje submarino donde interactúan grandes algas, organismos filtradores, invertebrados y especies móviles.
Comprender cómo cambian esas relaciones constituye una de las prioridades del programa científico.
La distancia geográfica no impide los efectos de las actividades humanas
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que las alteraciones detectadas aparecen en una región considerada durante mucho tiempo relativamente estable por su aislamiento.
La expansión de una anémona invasora y los descensos de erizos nativos muestran que las presiones humanas pueden alcanzar ecosistemas alejados de las grandes concentraciones urbanas.
Los resultados también recuerdan que las transformaciones marinas no responden necesariamente a una sola causa.
Las especies introducidas, la explotación de recursos y las modificaciones ambientales pueden actuar simultáneamente y producir efectos diferentes según las características de cada comunidad.
En otros ecosistemas oceánicos, las olas de calor marinas representan una presión adicional sobre la biodiversidad, especialmente para organismos que permanecen fijados al fondo o tienen una capacidad limitada para desplazarse hacia aguas más frías.
El nuevo trabajo patagónico se concentra principalmente en los cambios observados en las comunidades biológicas y en su relación con actividades humanas. No atribuye todos los resultados a un aumento de temperatura ni demuestra que cada transformación identificada tenga un origen exclusivamente climático.
Esta distinción es importante para diseñar medidas de conservación adecuadas, porque la respuesta necesaria puede variar según se trate de una especie invasora, una presión pesquera o un cambio en las condiciones ambientales.
La conservación necesita recuperar las referencias históricas
La comparación con registros de hace más de medio siglo constituye una de las principales fortalezas de la investigación.
Los estudios realizados únicamente sobre las condiciones actuales pueden ofrecer una imagen incompleta del estado de un ecosistema si no se conoce cómo estaba organizado anteriormente.
Una comunidad dominada hoy por una especie determinada podría parecer estable durante una observación breve, aunque represente el resultado de una transformación ecológica ocurrida durante varias décadas.
La recuperación de información histórica permite reconocer esos cambios y establecer referencias más útiles para evaluar las necesidades de conservación.
En la Patagonia chilena, los investigadores han identificado diferencias importantes en la abundancia de especies y en la ocupación del fondo marino.
La expansión de Metridium senile, la reducción del erizo rojo y la ausencia del erizo enano en los sectores someros examinados ofrecen indicadores concretos de que las comunidades actuales no son equivalentes a las registradas décadas atrás.
Estos hallazgos pueden orientar nuevas investigaciones sobre los efectos de la pesca, las rutas de expansión de organismos introducidos y la capacidad de recuperación de los ecosistemas submarinos.
También proporcionan información para establecer prioridades de vigilancia y conservación en un territorio donde la extensión de la costa dificulta mantener observaciones continuas.
La Patagonia ofrece nuevas evidencias sobre el cambio ecológico en los océanos
Los resultados de la investigación muestran que incluso los bosques submarinos situados en regiones remotas pueden experimentar transformaciones considerables cuando se combinan diferentes presiones humanas.
La presencia dominante de una anémona invasora en determinados fondos marinos y las fuertes disminuciones de erizos nativos reflejan modificaciones concretas en la composición de las comunidades.
Los investigadores consideran que estos cambios deben examinarse dentro de una perspectiva más amplia que incluya biodiversidad, funcionamiento ecológico y conservación de los hábitats costeros.
El programa Megatransect permitirá ampliar las observaciones hacia otras áreas de la Patagonia y evaluar si los patrones identificados en el norte también aparecen en regiones más australes.
La información obtenida será relevante para comprender la evolución de los bosques de algas gigantes, ecosistemas que proporcionan refugio a numerosas especies y participan en procesos importantes del ciclo oceánico del carbono.
La principal advertencia científica es que la lejanía de estos ambientes no constituye una protección suficiente frente a las actividades humanas. Reconocer las transformaciones existentes y documentar su evolución resulta esencial para evaluar qué comunidades necesitan mayor atención y qué procesos están modificando su funcionamiento.
Fuentes referenciales:
Regional Environmental Change – Footprints of global change in Patagonian kelp forests after half a century (2026)
Universidad de Australia Occidental – Human activity threatens biodiversity in remote Patagonian kelp forests (20 de octubre de 2026)




