Una investigación de 34 años en Queensland revela que la vegetación submarina y la abundancia de peces pueden recuperarse después de fenómenos extremos sin que las comunidades animales recuperen su composición original.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Las praderas marinas de Trinity Inlet, en la costa de Cairns, al noreste de Australia, han mostrado una notable capacidad de recuperación después de sufrir graves daños provocados por inundaciones y ciclones tropicales. Sin embargo, una investigación científica revela que el regreso de la vegetación submarina no significó necesariamente la restauración de las comunidades de peces que habitaban originalmente estos ecosistemas.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad James Cook y publicado en la revista científica Estuarine, Coastal and Shelf Science, examinó registros ambientales y biológicos correspondientes a 34 años, entre 1991 y 2025. Sus resultados permiten comprender cómo los ecosistemas costeros responden a perturbaciones intensas y por qué la recuperación de un hábitat no garantiza que su biodiversidad vuelva exactamente a las condiciones anteriores.
La investigación adquiere especial relevancia para la conservación de los ambientes marinos tropicales, donde los episodios de estrés ambiental sobre los ecosistemas oceánicos pueden alterar simultáneamente la vegetación, la disponibilidad de refugio y las relaciones entre diferentes especies.
Las inundaciones y el ciclón Yasi provocaron una pérdida extrema de vegetación
Entre 2009 y 2011, las aguas costeras de Trinity Inlet experimentaron una sucesión de perturbaciones relacionadas con inundaciones y el paso del ciclón tropical Yasi. Estos acontecimientos deterioraron la calidad del agua y provocaron una reducción extraordinaria de las praderas de pastos marinos que cubrían determinadas zonas próximas a la costa.
De acuerdo con los resultados de la investigación, la superficie de estas praderas disminuyó aproximadamente un 98 %. La pérdida de vegetación estuvo acompañada por una reducción del 84 % en la abundancia de peces y del 73 % en la riqueza de especies registradas.
Una de las principales causas del deterioro fue el incremento de la turbidez del agua. Las inundaciones transportaron sedimentos y partículas en suspensión hacia el ambiente costero, reduciendo la penetración de la luz solar necesaria para que las plantas submarinas realizaran la fotosíntesis.
Cuando estas condiciones se prolongan, los pastos marinos pueden perder biomasa, disminuir su cobertura y desaparecer de extensas superficies. La transformación afecta también a numerosos organismos que dependen de esa vegetación para encontrar alimento y protección.
Las praderas marinas funcionan como refugios para peces juveniles
Las praderas marinas están formadas por plantas con flores adaptadas a desarrollarse en ambientes salinos. A diferencia de las algas, poseen estructuras vegetales especializadas que les permiten crecer sobre los sedimentos del fondo y formar comunidades submarinas relativamente densas.
Su importancia ecológica va mucho más allá de la cobertura vegetal. Entre sus hojas encuentran refugio peces juveniles, pequeños crustáceos y otros animales que utilizan estos ambientes durante etapas fundamentales de su desarrollo.
Darcy Philpott, investigadora doctoral de la Universidad James Cook y autora principal del estudio, destacó la función de las praderas de Cairns como zonas de crianza para peces y camarones jóvenes. La vegetación les proporciona lugares donde alimentarse y reducir su exposición a los depredadores.
Por ello, la desaparición de estas plantas representa también una pérdida de hábitat para las especies que dependen de ellas. El deterioro puede modificar las oportunidades de supervivencia de los organismos juveniles y alterar la estructura de las comunidades presentes en las aguas costeras.
La vegetación regresó y aumentó nuevamente la presencia de peces
Los registros posteriores a los fenómenos extremos mostraron una evolución favorable. Con el transcurso de los años, las praderas marinas recuperaron tanto su superficie como su biomasa hasta alcanzar valores comparables con los observados antes de las perturbaciones.
Los investigadores también identificaron una recuperación de la abundancia de peces y de la riqueza de especies. Esto significa que volvieron a registrarse cantidades importantes de individuos y una diversidad de especies semejante a la existente antes del colapso del hábitat.
Sin embargo, el análisis detallado reveló una diferencia fundamental: aunque los indicadores generales mejoraron, la composición de las comunidades animales había cambiado.
Este resultado demuestra que la recuperación ecológica puede seguir trayectorias distintas. Un ambiente puede recuperar su cobertura vegetal y su capacidad para albergar fauna sin reproducir exactamente las relaciones biológicas que existían antes de una perturbación.
Dos especies muestran cómo cambió la comunidad marina
Para identificar las transformaciones, los científicos analizaron los organismos registrados durante las campañas de seguimiento. En conjunto, los muestreos reunieron más de 11.000 individuos pertenecientes a 190 especies, una base de información especialmente valiosa por su extensión temporal.
Los resultados revelaron que el pez conocido como jabalí plateado (Pomadasys argenteus) adquirió una mayor presencia en las praderas recuperadas. En cambio, la especie Acanthopagrus berda, perteneciente al grupo de los espáridos, había sido más abundante antes de las grandes inundaciones.
Estas diferencias muestran que las especies no necesariamente responden de la misma manera a la pérdida y posterior recuperación de su hábitat. Algunas pueden aprovechar las condiciones del ambiente regenerado, mientras que otras no recuperan su importancia relativa dentro de la comunidad.
El investigador Robert Coles, coautor del estudio y participante en los trabajos de seguimiento iniciados durante la década de 1990, destacó la importancia de disponer de registros prolongados para interpretar correctamente estos procesos.
La comparación entre diferentes etapas permitió distinguir dos fenómenos que podrían confundirse si únicamente se examinara el número total de peces: la recuperación de la abundancia y la reorganización de las especies presentes.
Treinta y cuatro años de observaciones revelan cambios difíciles de detectar
Una de las principales fortalezas de la investigación es la disponibilidad de datos obtenidos antes, durante y después de las perturbaciones ambientales. Esta continuidad permitió evaluar la evolución de las praderas y de sus comunidades animales con una perspectiva que difícilmente podría alcanzarse mediante campañas de corta duración.
Los investigadores compararon las condiciones anteriores al deterioro con las registradas durante la pérdida de vegetación y las observadas posteriormente, cuando el hábitat comenzó a recuperarse.
El seguimiento permitió reconocer que la recuperación de la superficie vegetal, la biomasa y la riqueza de especies no ocurrió necesariamente acompañada del restablecimiento de la estructura original de la comunidad.
Este tipo de observaciones también ayuda a interpretar los efectos acumulados de otras presiones ambientales. Por ejemplo, el calentamiento de las praderas marinas puede modificar procesos ecológicos relacionados con el funcionamiento de la vegetación y el carbono que circula por los ecosistemas costeros.
Sin embargo, el estudio australiano se centró en las consecuencias de las perturbaciones y la recuperación del hábitat, por lo que sus resultados no deben interpretarse como una demostración de que el cambio climático haya causado directamente todas las variaciones observadas en las comunidades de peces.
La restauración marina necesita evaluar más que la cobertura vegetal
Los hallazgos plantean una cuestión importante para los programas de conservación: determinar cuándo puede considerarse recuperado un ecosistema después de una perturbación intensa.
Si la evaluación se limita a medir la superficie ocupada por las plantas o la cantidad de organismos presentes, podrían pasar inadvertidos cambios relevantes en la composición de las comunidades biológicas.
La experiencia de Trinity Inlet sugiere que los programas de seguimiento deberían considerar tanto las características físicas del hábitat como la identidad y abundancia relativa de las especies que lo utilizan.
Este enfoque resulta especialmente pertinente para los ambientes costeros que sostienen poblaciones juveniles de peces. La relación entre vegetación y fauna también aparece en otros sistemas, como los arrecifes y sus conexiones con los hábitats costeros, donde diferentes especies dependen de varios ambientes durante su ciclo de vida.
Además de proporcionar refugio y alimento, las praderas marinas contribuyen a estabilizar sedimentos y participan en el ciclo del carbono. Su importancia como ecosistemas de carbono azul ha impulsado investigaciones sobre la capacidad de la vegetación submarina para almacenar materia orgánica.
La recuperación de los manglares y otros ecosistemas costeros también demuestra la importancia de examinar conjuntamente la restauración física del hábitat y la conservación de sus funciones ecológicas.
La biodiversidad puede recuperarse siguiendo una trayectoria diferente
El caso australiano muestra que los ecosistemas marinos poseen capacidad de regeneración después de sufrir daños severos, pero también evidencia que esa recuperación puede producir nuevas configuraciones biológicas.
En Trinity Inlet, el retorno de los pastos marinos permitió recuperar condiciones favorables para numerosos peces juveniles. No obstante, las especies predominantes en las praderas regeneradas no fueron exactamente las mismas que antes de las inundaciones y el ciclón.
La investigación no demuestra que todas las transformaciones observadas sean permanentes. Sí confirma que, incluso después de recuperar indicadores ecológicos importantes, las comunidades pueden mantener diferencias detectables respecto de su estado anterior.
Para los científicos, disponer de series de observación prolongadas constituye una herramienta fundamental para distinguir entre la regeneración de la vegetación, la recuperación de las poblaciones animales y el restablecimiento de la composición biológica original.
Los resultados aportan una referencia para mejorar la vigilancia ambiental de praderas marinas sometidas a ciclones, inundaciones y otras perturbaciones, especialmente en regiones tropicales donde estos hábitats desempeñan funciones esenciales para la biodiversidad y la vida marina costera.
Fuente referencial:
Infobae — Investigación sobre la recuperación de las praderas marinas de Australia




