Lectura global 🌍 Panorama Planetario + Evolución ambiental 📈 Tendencias de la Tierra +
×

🌍 Panorama Planetario

22 de septiembre de 2026

El sistema climático mundial entra en el equinoccio de septiembre bajo una combinación especialmente significativa: temperaturas globales muy elevadas, océanos excepcionalmente cálidos y un episodio de El Niño ya consolidado que continúa intensificándose. La señal dominante para las próximas semanas es una redistribución creciente de lluvias, calor y extremos hidrológicos entre regiones.

🌡️

Temperatura global

El último balance mensual disponible de Copernicus sitúa agosto de 2026 como el agosto más cálido registrado globalmente y, además, empatado con julio de 2023 como el mes más cálido del registro para cualquier mes del calendario. Junio-agosto de 2026 también quedó empatado como el trimestre boreal de verano más cálido observado globalmente.

🌊

Océanos

La temperatura media de la superficie del océano extrapolar alcanzó en agosto un máximo récord. A esta acumulación de calor oceánico se suma el rápido calentamiento del Pacífico ecuatorial asociado a El Niño. La OMM también observa aguas más cálidas de lo normal en sectores tropicales del Atlántico y prevé el desarrollo de un dipolo positivo del océano Índico.

☁️

CO₂ atmosférico

La concentración de dióxido de carbono continúa dentro de la tendencia ascendente de largo plazo que impulsa el desequilibrio energético del planeta. La señal climática actual no depende únicamente de El Niño: el calentamiento antropogénico de fondo continúa elevando la temperatura de la atmósfera y los océanos y amplificando determinados extremos.

🧊

Hielo polar

El hielo marino del Ártico atraviesa el período de su mínimo estacional. Copernicus informó que al finalizar agosto la extensión diaria se situaba alrededor del decimotercer valor más bajo observado para esa época del año. La vigilancia satelital de septiembre resulta esencial para establecer finalmente la magnitud del mínimo anual.

🔥

Incendios

El riesgo de incendios sigue estrechamente relacionado con la combinación de calor, sequedad de la vegetación, viento y déficit de humedad. Durante septiembre, Copernicus Emergency Management Service ha seguido episodios de incendios en el sur de Europa, incluidos eventos recientes en España, Croacia y Grecia.

🏜️

Sequías

La escasez hídrica continúa siendo una señal ambiental relevante. El Observatorio Europeo de la Sequía indicó que las condiciones mejoraron ligeramente a comienzos de septiembre, pero permanecían críticas en buena parte de Europa. Agosto también estuvo marcado por precipitaciones escasas, baja humedad del suelo y caudales fluviales excepcionalmente reducidos en amplias zonas europeas.

⛈️

Tormentas y extremos

El fortalecimiento de El Niño aumenta la probabilidad de reorganizaciones importantes de las precipitaciones y las temperaturas. Esto no significa que cada tormenta, inundación o sequía pueda atribuirse directamente al fenómeno, pero sí que cambia el contexto climático en el que se desarrollan los eventos extremos durante los próximos meses.

🌐

Estado del sistema Tierra

La combinación de un Pacífico tropical excepcionalmente cálido, temperaturas oceánicas globales elevadas y un posible dipolo positivo del Índico aumenta la complejidad del patrón climático mundial. La vigilancia debe centrarse ahora en cómo interactúan estas señales con condiciones regionales de humedad, circulación atmosférica y disponibilidad de agua.

📡 Señal planetaria destacada — El Niño:

La Organización Meteorológica Mundial considera que El Niño está firmemente establecido y prevé que siga fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Sus centros mundiales de predicción sitúan cerca del 100 % la probabilidad de que persista durante septiembre-noviembre de 2026 y diciembre de 2026-febrero de 2027.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días:

La prioridad será observar la respuesta atmosférica al fortalecimiento del Pacífico tropical. No existe una única consecuencia mundial: algunas regiones pueden experimentar lluvias superiores a lo habitual mientras otras enfrentan mayor déficit hídrico y calor. El seguimiento de alertas meteorológicas nacionales, caudales, humedad del suelo, incendios y temperaturas marinas será decisivo durante la transición hacia octubre.

×

Talar a tiempo los árboles para garantizar la seguridad de las ciudades y evitar accidentes

Como todo ser vivo, los árboles tienen un ciclo vital limitado con fases de juventud, madurez y senescencia. En sus primeras etapas aportan sombra, frescor, calidad ambiental y un valor estético indiscutible al espacio urbano. Sin embargo, al envejecer sufren procesos de debilitamiento que afectan a su estabilidad. La vejez conlleva pudriciones internas, huecos en el tronco, invasiones de hongos y bacterias, y un riesgo creciente de rotura o caída.


Enrique Baquero, Universidad de Navarra


En el medio natural, los ejemplares muertos se integran en el ciclo ecológico y ofrecen refugio a fauna especializada. En las ciudades, no obstante, donde la seguridad de las personas es prioritaria, estos mismos procesos suponen un peligro que no puede pasarse por alto.

Grandes daños que el ojo humano no puede apreciar

La gestión del arbolado urbano exige responsabilidad y previsión. Uno de los principales problemas es que la degradación no siempre se aprecia a simple vista. Un árbol puede mostrar una copa verde y frondosa mientras su interior está hueco o debilitado.

Los hongos xilófagos, por ejemplo, aquellos que atacan la madera para alimentarse, descomponen la celulosa o lignina que la conforman, volviendo frágil la estructura.

Entre los tipos más comunes de este proceso de pudrición se pueden distinguir dos. Por un lado, la parda, cuando organismos como Paenibacillus glucanolyticus o Serpula lacrymans degradan celulosa y hemicelulosa. Por otro lado, la blanca, en la que que la lignina es degradada por el hongo Trametes versicolor.

En ambos casos el desenlace es el mismo: el árbol pierde resistencia de manera irreversible. A pesar de la gravedad que conlleva, a menudo solo es posible comprobar la magnitud del daño causado tras la tala, confirmando (o no) si la retirada del árbol era necesaria. Otras veces se puede identificar si hay desfase entre la apariencia externa y el estado real recurriendo a resistógrafos, equipos que evalúan la integridad y la densidad de la madera mediante una mínima perforación.

Los tiempos de tala según la especie

No todas las especies de árboles tienen el mismo ciclo vital. Los árboles de crecimiento rápido, como chopos y álamos, viven menos tiempo que otros. Al llegar a unos cincuenta años suelen entrar en senescencia acelerada: sus troncos se ahuecan, las raíces pierden firmeza y el riesgo de desplome se multiplica.

Aunque han cumplido una función valiosa durante décadas, llega un punto en que deben ser sustituidos por ejemplares más jóvenes y seguros. Mantenerlos más allá de su límite vital expone innecesariamente a los usuarios de los parques al peligro de caídas inesperadas.

Es comprensible que la tala de un árbol cause pesar entre los vecinos, pues muchos ejemplares están ligados a recuerdos y forman parte de la identidad del lugar. Sin embargo, la gestión no puede guiarse solo por la nostalgia, sino por la seguridad de todos y la visión de futuro.

Retrasar el apeo (es decir, la tala de un árbol por su base para derribarlo) cuando un árbol ya está en la fase final de su vida compromete la seguridad. Y las consecuencias pueden ser graves, desde ramas pesadas que caen hasta desplomes completos de ejemplares, con riesgo de accidentes personales y daños materiales.

Conservar troncos huecos como refugio de aves y murciélagos

La retirada de árboles envejecidos debe acompañarse de nuevas plantaciones, preferentemente de especies autóctonas o adaptadas. Así, el patrimonio verde no disminuye, sino que se renueva e incluso crece, al tiempo que se enriquece la biodiversidad. De este modo, las generaciones futuras heredarán parques más sanos y seguros.

La gestión responsable del arbolado incluye también podas sanitarias, rebajes de altura en ejemplares en riesgo y, en algunos casos, la conservación temporal de troncos huecos como refugio para aves, murciélagos e insectos. Allí donde no haya peligro directo, la madera vieja puede seguir siendo útil para la fauna. Pero en espacios de uso intensivo debe primar la seguridad de las personas.

Explicar a la ciudadanía la función de los árboles

Los árboles urbanos no son simples adornos. Regulan la temperatura, filtran contaminantes, amortiguan ruidos y embellecen el paisaje. Son un factor esencial del bienestar ciudadano. Renunciar a ellos no es una opción, pero tampoco lo es mantener ejemplares que ya han superado su vida útil y representan un riesgo inaceptable. De ahí la importancia de una adecuada gestión del arbolado.

En este contexto, la transparencia resulta fundamental. Explicar a la ciudadanía por qué se talan determinados ejemplares y qué criterios se han aplicado reduce la desconfianza. Cuando se explica que un árbol aparentemente sano está en realidad muy deteriorado y supone un peligro, la necesidad de actuar se comprende mejor. Y si la decisión se acompaña de una política de reposición con mayor número de árboles y mayor diversidad de especies, el apoyo social se refuerza.

Ciudadanos y naturaleza en armonía

El ciclo vital de los árboles obliga a reconocer que no son eternos. Nacen, crecen, envejecen y mueren. Y en ese proceso, se plantean retos particulares en los espacios públicos urbanos.

Una gestión seria debe adelantarse a la decrepitud, evaluar los riesgos ocultos, planificar los apeos cuando sea necesario y garantizar la reposición con nuevas plantaciones. Solo así los parques de las ciudades seguirán siendo lugares seguros, bellos y llenos de vida, donde naturaleza y ciudadanía convivan en equilibrio.

Enrique Baquero, Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (BIOMA) y profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.