Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania identificó dos reservorios magmáticos a diferentes profundidades bajo el volcán Masaya. Las mediciones satelitales revelaron movimientos opuestos que ayudan a comprender su actividad y mejorar la vigilancia volcánica.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, ha identificado evidencias de dos reservorios de magma activos bajo el volcán Masaya, uno de los sistemas volcánicos más importantes de Nicaragua. El descubrimiento se obtuvo mediante el análisis de imágenes de radar satelital que permitieron detectar pequeños movimientos del terreno asociados con cambios de presión en el interior del volcán.
La investigación, publicada en la revista científica Geophysical Research Letters y difundida por la universidad estadounidense en octubre de 2026, muestra que los dos depósitos presentan comportamientos diferentes. Mientras una estructura profunda experimentó una fase de descompresión seguida de una recuperación de presión, otra situada mucho más cerca de la superficie continuó mostrando señales de contracción.
Los resultados aportan nuevos conocimientos sobre el funcionamiento interno del Masaya, localizado aproximadamente a 20 kilómetros al sureste de Managua, la capital nicaragüense. Su proximidad a una región donde viven alrededor de dos millones de personas convierte el seguimiento de sus procesos magmáticos en una cuestión importante para la evaluación de los peligros geológicos.
El estudio fue realizado por E. Johnson, Y. C. Kim y Christelle Wauthier, especialistas vinculados al Departamento de Geociencias de la Universidad Estatal de Pensilvania. Los investigadores utilizaron observaciones de la misión europea Sentinel-1 y modelos geodésicos para reconstruir los cambios ocurridos bajo el volcán durante varios años.
Dos reservorios de magma a profundidades muy diferentes
La principal novedad del estudio es la identificación de dos estructuras magmáticas con señales de deformación diferenciadas.
El primer reservorio se encuentra aproximadamente a 3.200 metros de profundidad, bajo la zona central de la caldera del Masaya. Los científicos lo identifican como el reservorio central del volcán, una estructura que ya había sido investigada anteriormente y cuya evolución ahora puede describirse con mayor detalle.
El segundo depósito estaría situado a unos 200 metros de profundidad, en las proximidades del cráter Santiago, considerado el principal centro de actividad reciente del sistema.
La diferencia entre ambas profundidades es relevante porque indica que el magma puede almacenarse y desplazarse entre estructuras situadas en distintos niveles de la corteza.
Los investigadores consideran que estos depósitos forman parte de un sistema de alimentación volcánica más complejo que una única cámara magmática.
La existencia de estructuras subterráneas diferenciadas también se ha observado en otras regiones volcánicas. En Alemania, por ejemplo, un experimento sismológico de alta resolución permitió estudiar depósitos magmáticos y anomalías profundas bajo los volcanes de Eifel, aportando información sobre la arquitectura interna de sistemas que permanecen sin erupciones recientes.
En Nicaragua, el nuevo trabajo demuestra que el comportamiento de un depósito profundo no necesariamente coincide con el de las estructuras más superficiales.
El terreno se hundió y después comenzó a elevarse
Para estudiar el reservorio central, los investigadores analizaron observaciones satelitales correspondientes al periodo comprendido entre enero de 2018 y febrero de 2024.
Durante la primera etapa, desde 2018 hasta mediados de 2022, los datos mostraron un desplazamiento de aproximadamente tres centímetros en la dirección de observación del radar, alejándose del satélite.
Los científicos interpretaron esta señal como parte de un proceso de deflación del reservorio profundo, compatible con una disminución de presión en su interior.
Sin embargo, a partir de mediados de 2022 se produjo un cambio significativo: el terreno comenzó a desplazarse en dirección contraria, acercándose al satélite.
Este comportamiento fue interpretado como una posible fase de inflación del reservorio central, relacionada con un nuevo aporte de magma procedente de zonas más profundas.
Los desplazamientos registrados fueron pequeños y no equivalen necesariamente a un ascenso vertical de exactamente tres centímetros. Los instrumentos miden el movimiento del terreno a lo largo de la línea de visión del satélite, por lo que la interpretación requiere modelos geodésicos.
La alternancia entre hundimiento e inflación resulta especialmente importante para comprender los cambios de presión que experimentan los sistemas volcánicos.
En determinadas condiciones, estas variaciones pueden estar relacionadas con movimientos de magma, modificaciones en el contenido de gases o cambios en la dinámica de los conductos internos.
Los modelos estiman importantes cambios de volumen
El equipo utilizó un modelo geodésico conocido como modelo de Mogi para estimar la profundidad y los cambios volumétricos asociados con las deformaciones observadas.
Este procedimiento representa de manera simplificada una fuente de presión situada bajo la superficie terrestre y permite calcular qué tipo de deformación podría producir.
Para el periodo comprendido entre 2018 y mediados de 2022, los resultados indicaron un cambio de volumen aproximado de menos 1,3 millones de metros cúbicos en la fuente modelada.
Durante la fase posterior, entre mediados de 2022 y febrero de 2024, los investigadores estimaron un incremento equivalente a unos 450.000 metros cúbicos.
Estas cantidades corresponden a cambios de volumen calculados mediante un modelo geodésico. No deben interpretarse automáticamente como volúmenes exactos de magma que entraron o salieron del reservorio.
La relación entre presión, deformación y volumen depende de las propiedades mecánicas de las rocas y de las características reales de la estructura magmática.
Los científicos utilizaron estas estimaciones para evaluar cómo evolucionó el sistema central durante el periodo de observación.
El cráter Santiago mantuvo un comportamiento diferente
Mientras el reservorio profundo mostró una transición hacia la inflación, las observaciones del entorno del cráter Santiago revelaron una tendencia distinta.
Los datos indicaron que esta zona continuó experimentando deformaciones compatibles con una pérdida de presión durante el periodo estudiado.
La persistencia de esa señal permitió proponer la existencia de un segundo reservorio situado aproximadamente a 200 metros de profundidad.
El hallazgo es relevante porque muestra que diferentes partes de un mismo volcán pueden evolucionar de manera simultánea, pero no necesariamente sincronizada.
Un depósito profundo puede aumentar su presión mientras otro más superficial continúa contrayéndose.
Este comportamiento obliga a interpretar las señales de deformación de manera espacialmente diferenciada, evitando considerar toda la caldera como una estructura homogénea.
Los investigadores compararon algunos aspectos de la arquitectura del Masaya con el sistema magmático del volcán Kīlauea, en Hawái, donde también se han identificado procesos de almacenamiento y transferencia de magma a diferentes profundidades.
La comparación no implica que ambos volcanes tengan el mismo nivel de peligro ni que deban experimentar erupciones semejantes. Se refiere principalmente a características de sus sistemas internos de alimentación.
Sentinel-1 permite detectar movimientos casi imperceptibles
La investigación se apoyó en la interferometría de radar de apertura sintética, conocida como InSAR.
Esta técnica utiliza imágenes obtenidas desde satélites en distintos momentos para medir cambios muy pequeños en la distancia entre la superficie terrestre y el instrumento.
Al comparar las señales de radar, los científicos pueden reconocer deformaciones que serían difíciles de identificar mediante observaciones visuales convencionales.
Los datos del Masaya procedieron de Sentinel-1, una misión de observación terrestre desarrollada dentro del programa europeo Copernicus.
Una de las ventajas del radar es su capacidad para obtener información tanto de día como de noche y bajo condiciones atmosféricas que dificultan la observación óptica.
Los investigadores procesaron series temporales de imágenes para separar las señales persistentes de otros factores que pueden afectar las mediciones.
El resultado fue una reconstrucción de las deformaciones registradas durante varios años alrededor de la caldera y del cráter Santiago.
Las aplicaciones de estas tecnologías no se limitan a Nicaragua. La combinación de instrumentos remotos y mediciones de gases volcánicos constituye otra línea de investigación utilizada para mejorar el conocimiento de los procesos que ocurren antes y durante los cambios de actividad.
La integración de diferentes métodos permite reducir las incertidumbres asociadas con una sola fuente de información.
El lago de lava del Masaya refleja una historia de actividad cambiante
El volcán Masaya forma parte del arco volcánico centroamericano, una región originada por procesos tectónicos relacionados con la subducción de la placa de Cocos bajo la placa del Caribe.
Su cráter Santiago ha sido conocido por la presencia intermitente de un lago de lava, una característica que lo convirtió en un importante destino turístico y en un laboratorio natural para estudiar sistemas volcánicos con conductos abiertos.
La actividad del lago de lava se intensificó durante 2015 y 2016, cuando se registraron cambios importantes en la emisión de gases y en las condiciones térmicas del cráter.
Posteriormente, su intensidad disminuyó. Los investigadores señalan que la actividad térmica del lago se redujo después de 2019 y permaneció limitada hasta marzo de 2024, cuando un deslizamiento cubrió la superficie de lava visible.
Estos antecedentes son importantes porque permiten relacionar la evolución superficial del volcán con las deformaciones detectadas mediante satélites.
Sin embargo, el estudio no demuestra que cada modificación del lago de lava haya sido causada directamente por los cambios volumétricos calculados en los reservorios.
La relación entre ambos procesos continúa siendo un tema de investigación.
La vigilancia volcánica requiere distinguir diferentes señales
La presencia de dos depósitos magmáticos con comportamientos distintos refuerza la importancia de utilizar múltiples indicadores para evaluar la evolución del Masaya.
Entre ellos se encuentran la deformación del terreno, la actividad sísmica, las emisiones de gases, la temperatura y las observaciones directas del cráter.
Cada variable proporciona información sobre procesos diferentes. La deformación puede indicar cambios de presión, mientras que los terremotos permiten reconocer fracturas o movimientos de materiales en profundidad.
Las emisiones gaseosas, por su parte, ofrecen indicios sobre la desgasificación del magma y las condiciones de los conductos volcánicos.
La interpretación conjunta de estas señales resulta esencial porque ninguna constituye por sí sola una predicción fiable de una erupción.
La necesidad de mejorar estas capacidades ha sido señalada también en evaluaciones regionales sobre los desafíos de vigilancia de los más de 300 volcanes activos de América Latina, donde existen diferencias importantes entre países y sistemas de observación.
En el caso del Masaya, la información satelital aporta una herramienta complementaria especialmente valiosa para estudiar procesos que no pueden observarse directamente desde la superficie.
El descubrimiento no significa que exista una erupción inminente
Los investigadores destacan la importancia del hallazgo para comprender el comportamiento del sistema magmático y mejorar las estrategias de vigilancia.
Sin embargo, las deformaciones identificadas no permiten establecer que el volcán esté a punto de entrar en erupción.
El estudio analiza principalmente procesos ocurridos entre 2018 y 2024 y no constituye una evaluación instrumental en tiempo real de las condiciones actuales del Masaya.
La inflación de un reservorio puede estar relacionada con una nueva entrada de magma, pero no necesariamente desemboca en una erupción.
Los sistemas volcánicos pueden acumular presión, redistribuir materiales y experimentar fases prolongadas de actividad interna sin producir expulsiones de lava o cenizas.
Por ello, las conclusiones científicas deben distinguirse de los avisos operativos que emiten las autoridades responsables de la vigilancia geológica y la protección civil.
En Nicaragua, el seguimiento de la actividad sísmica y volcánica corresponde al Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, INETER, cuyas observaciones son fundamentales para evaluar las condiciones presentes.
El nuevo trabajo aporta conocimiento sobre la estructura interna del volcán, pero no sustituye los informes oficiales de vigilancia.
Una nueva perspectiva sobre el funcionamiento interno del Masaya
Los resultados permiten reconstruir una evolución compleja del sistema magmático durante los años examinados.
Entre 2018 y mediados de 2022, el reservorio central mostró señales compatibles con una disminución de presión. Posteriormente, las observaciones indicaron una recuperación que podría estar relacionada con un nuevo suministro de magma desde profundidad.
Al mismo tiempo, el depósito más superficial del entorno del cráter Santiago mantuvo una tendencia de deflación.
Esta combinación demuestra que el comportamiento de un volcán no siempre puede explicarse mediante una sola fuente de presión.
Los investigadores consideran necesario continuar las mediciones geodésicas y desarrollar modelos que permitan representar con mayor precisión las conexiones entre reservorios, conductos y zonas de emisión.
También será importante relacionar las deformaciones con las observaciones sísmicas, térmicas y geoquímicas para comprender mejor las transiciones entre periodos de almacenamiento, movimiento y emisión de magma.
La investigación proporciona así una base científica para perfeccionar el seguimiento de uno de los volcanes más conocidos de Centroamérica y demuestra el valor de las observaciones satelitales prolongadas para estudiar procesos geológicos que ocurren a varios kilómetros bajo la superficie terrestre.
Fuentes referenciales:
Geophysical Research Letters – Double Trouble: Two Active Magma Reservoirs Identified at Masaya Volcano, Nicaragua, Using Satellite Geodesy (2026)
Universidad Estatal de Pensilvania – Double trouble: Two active magma reservoirs indicated at Masaya volcano




