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Actualización planetaria

Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra · 28 de agosto de 2026

Resumen ejecutivo. El sistema climático entra en una fase especialmente sensible por la combinación de temperaturas terrestres y oceánicas muy elevadas, el fortalecimiento de El Niño y la persistencia de extremos regionales. El calor acumulado en los mares favorece noches más cálidas, lluvias intensas y mayor estrés sobre arrecifes y pesquerías. En tierra, la sequedad de los combustibles vegetales mantiene el riesgo de incendios, mientras otras regiones afrontan tormentas e inundaciones. La prioridad inmediata es convertir los pronósticos estacionales en alertas tempranas y medidas de prevención.
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Temperatura global

Calor generalizado y persistente

Julio de 2026 se situó entre los julios más cálidos observados globalmente, mientras Europa occidental completó un periodo junio-julio excepcionalmente cálido. La señal no responde a un único episodio meteorológico: refleja un planeta calentado a largo plazo sobre el cual actúan variaciones regionales y oceánicas.

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Océanos

Temperatura superficial récord: 21,1 °C

La superficie media de los océanos no polares alcanzó un nuevo máximo diario durante agosto. El calor marino intensifica la evaporación, incrementa la energía disponible para tormentas y agrava la pérdida de oxígeno, el blanqueamiento coralino y las alteraciones de las cadenas alimentarias.

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CO₂ atmosférico

La acumulación mantiene su trayectoria ascendente

Las concentraciones de dióxido de carbono continúan muy por encima del rango preindustrial. Cada fracción adicional permanece durante largos periodos en el sistema climático y refuerza la retención de calor. La protección de bosques y humedales ayuda, pero no sustituye la reducción rápida de emisiones fósiles.

🧊

Hielo polar

Vigilancia reforzada en el final del verano boreal

La extensión del hielo marino del Ártico se mantuvo baja durante julio, con déficits destacados al norte del mar de Barents. La pérdida de superficies reflectantes facilita una mayor absorción de radiación solar y repercute en ecosistemas, navegación y comunidades dependientes del hielo.

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Incendios

Combustibles secos y temporadas más prolongadas

El calor y la sequedad han favorecido incendios intensos y elevadas emisiones de humo en varias regiones del hemisferio norte. La amenaza no termina al contener las llamas: la contaminación puede viajar cientos de kilómetros, mientras los suelos quemados quedan expuestos a erosión y escorrentías.

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Sequías

El déficit hídrico exige preparación anticipada

El fortalecimiento de El Niño puede reducir las lluvias en zonas del sur y sudeste de Asia, Oceanía, África austral y otros territorios vulnerables. Reservas de agua, calendarios agrícolas y planes contra incendios necesitan ajustarse antes de que el déficit se transforme en una emergencia alimentaria.

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Tormentas y extremos

Más energía y humedad disponibles

Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, elevando el potencial de precipitaciones torrenciales cuando coinciden los mecanismos adecuados. Las costas y cuencas urbanizadas deben vigilar inundaciones repentinas, deslizamientos, marejadas y fallos encadenados de servicios básicos.

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Circulación planetaria

El Niño gana influencia

El calentamiento del Pacífico ecuatorial modifica la distribución de lluvias, vientos y temperaturas a escala mundial. No determina por sí solo cada evento, pero desplaza probabilidades y puede amplificar riesgos preexistentes. La vigilancia climática estacional ofrece una ventana decisiva para actuar.

🔎 Señal planetaria destacada

La combinación de un océano global excepcionalmente cálido y un El Niño con posibilidades superiores al 90 % de alcanzar gran intensidad durante el otoño e invierno boreales constituye la señal dominante del 28 de agosto. Su relevancia reside en los efectos compuestos: calor marino, alteraciones de las lluvias, presión agrícola, incendios, inundaciones y mayor demanda energética pueden coincidir en distintos territorios.

🛰️ Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se recomienda mantener vigilancia sobre el calor persistente en regiones continentales del hemisferio norte, la evolución de ciclones tropicales y las zonas con vegetación extremadamente seca. En el Pacífico, el calentamiento ecuatorial continuará condicionando las previsiones. Los servicios meteorológicos nacionales deberán concretar el riesgo local, porque una señal planetaria no implica los mismos impactos en todos los países. La prevención más eficaz combina pronóstico actualizado, alertas comprensibles, protección de personas vulnerables, gestión del agua y preparación de los servicios de emergencia.

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Drones y láseres buscan anticipar erupciones volcánicas en Sicilia


Equipos científicos alemanes prueban sistemas capaces de medir gases volcánicos desde el aire y elaborar mapas de concentración sin exponer directamente a investigadores e instrumentos a las columnas corrosivas.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


Un dron se mantiene suspendido sobre el cráter mientras se coloca frente a un haz láser instalado en el borde del volcán. La maniobra forma parte de una serie de pruebas científicas destinadas a determinar si estos dispositivos pueden medir con precisión los gases emitidos por un volcán y contribuir a anticipar una posible erupción.

Los ensayos se desarrollan en Vulcano, una de las islas Eolias situadas frente a la costa de Sicilia, en Italia. En este paisaje marcado por fumarolas, vapores calientes y un intenso olor a azufre, investigadores alemanes están probando dos sistemas distintos de observación mediante drones.

El trabajo busca mejorar el monitoreo de volcanes activos, especialmente en lugares donde acercarse a los respiraderos o alcanzar la cumbre puede resultar peligroso o directamente imposible.

Un láser mide los gases sin entrar en la columna volcánica

Marius Schaab, investigador de la Universidad Técnica de Múnich, trabaja junto a un sensor de gases instalado sobre un trípode. Frente a él, un dron equipado con un reflector se desplaza hasta alinearse con un haz láser invisible.

El láser atraviesa las emisiones volcánicas, alcanza el reflector instalado en el dron y regresa al sensor terrestre. La intensidad de la luz recibida permite obtener información sobre la concentración de los gases situados entre ambos puntos.

La movilidad del dron permite cambiar rápidamente de posición y modificar el ángulo de medición. De esta manera, el sistema puede observar diferentes sectores de la columna y obtener una representación más completa de su estructura.

Una ventaja esencial consiste en que ni el dron ni la unidad terrestre necesitan permanecer dentro de la nube de gases. Las emisiones volcánicas pueden ser altamente corrosivas y obligarían a recalibrar continuamente cualquier instrumento colocado directamente en su interior.

Los avances en la medición de las emisiones volcánicas permiten detectar componentes que antes podían pasar inadvertidos y mejorar la comprensión de los procesos que ocurren bajo la superficie.

Mapas de concentración en pocos minutos

Las señales devueltas al sensor son procesadas mediante un algoritmo que calcula un mapa de concentración de gases. El dron sigue una trayectoria previamente programada durante aproximadamente 10 o 15 minutos y puede operar a una distancia máxima de 60 metros del equipo terrestre.

El sistema desarrollado por la Universidad Técnica de Múnich puede funcionar a altitudes de hasta 3.000 metros. La campaña en Vulcano representa la primera ocasión en que el equipo prueba esta tecnología directamente sobre un volcán.

Los drones se utilizan en el seguimiento volcánico desde hace alrededor de 15 años. La nueva generación de instrumentos busca aumentar la precisión de las mediciones y reducir los riesgos asociados con el trabajo de campo en ambientes extremos.

El seguimiento de gases es una herramienta relevante porque la presión ejercida por el magma ascendente favorece la liberación de mayores cantidades de compuestos volátiles. Los cambios en la composición o en el volumen de esas emisiones pueden ofrecer señales sobre la evolución de la actividad interna.

Otros métodos, como las alertas tempranas mediante imágenes satelitales, también buscan identificar variaciones relacionadas con las emisiones de dióxido de carbono y otros indicadores de actividad volcánica.

Un segundo dron entra en las fumarolas

En otra zona del cráter, un equipo de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia emplea sensores transportados directamente por un dron para medir las concentraciones de sustancias químicas presentes en el aire.

La aeronave, bautizada como “Tina”, pesa 2,5 kilogramos y está equipada con instrumentos destinados a registrar gases, partículas y halógenos, incluidos elementos como cloro y bromo.

El dron sigue una ruta de vuelo programada que puede durar hasta 40 minutos. A diferencia del sistema láser, esta aeronave entra en el corazón de las fumarolas, las aberturas por las que escapan gases y vapor a temperaturas comprendidas entre 100 y 140 grados Celsius.

Jonas Krajewski, estudiante de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, destacó que Vulcano mantiene una emisión de gases muy constante. Esa estabilidad permite obtener datos fiables para comprobar el funcionamiento de los sensores y comparar las mediciones realizadas durante los vuelos.

Tjarda Roberts, investigadora del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia y colaboradora del equipo de Maguncia, explicó que la medición de gases y partículas ayuda a comprender mejor el efecto de las emisiones volcánicas sobre la atmósfera.

El análisis también puede contribuir a anticipar erupciones, ya que la composición de los gases puede cambiar antes de que se produzca un episodio eruptivo. Esta relación convierte a las emisiones en uno de los indicadores utilizados para evaluar la evolución de un sistema volcánico.

Investigaciones recientes han identificado a los gases como un factor clave en las erupciones volcánicas, debido a su influencia sobre la presión del magma y el comportamiento de los sistemas ricos en sílice.

Flexibilidad para seguir una columna cambiante

La capacidad de movimiento constituye una de las principales ventajas de los drones. Las aeronaves pueden atravesar zonas donde la columna de gases está más diluida, cambiar de dirección con rapidez y adaptarse cuando el viento modifica repentinamente el ángulo de las emisiones.

La tecnología también reduce la necesidad de que los investigadores entren en áreas peligrosas utilizando máscaras, ropa protectora y otros equipos de seguridad. En volcanes con accesos difíciles, los drones pueden recopilar información sin poner a las personas en contacto directo con gases tóxicos, altas temperaturas o terreno inestable.

Vulcano no presenta actualmente un riesgo elevado de erupción inminente, pero mantiene una intensa actividad de desgasificación. La última erupción del Gran Cráter ocurrió a finales del siglo XIX, aunque las emisiones calientes continúan saliendo de la superficie y son visibles para quienes recorren el borde autorizado del cráter.

El próximo desafío será el monte Etna

Tras las pruebas realizadas en Vulcano, los investigadores preparan una nueva etapa en el monte Etna, situado en el este de Sicilia. El volcán activo, de unos 3.000 metros de altitud, acababa de registrar una nueva erupción cuando se desarrollaron los ensayos en las islas Eolias.

El traslado permitirá comprobar el desempeño de los drones en un escenario de mayor actividad y con condiciones operativas diferentes. La combinación de sensores transportados por aeronaves y mediciones láser remotas podría ampliar la cantidad de datos disponibles durante episodios eruptivos sin obligar a los equipos científicos a acercarse a las zonas de mayor peligro.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / AFP: In Sicily, drones at work to predict volcanic eruptions