Una investigación internacional identifica un sistema subterráneo de baja salinidad que podría haberse formado durante las glaciaciones y permanecer protegido bajo los sedimentos marinos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional de investigadores ha identificado un extenso cuerpo de agua subterránea de baja salinidad bajo el fondo del sector sudoriental del mar del Norte, en Europa. El descubrimiento, presentado en un estudio publicado el 17 de octubre de 2026 en la revista científica Communications Earth & Environment, aporta nuevas evidencias sobre la influencia que tuvieron las antiguas capas de hielo en la formación de reservas de agua ocultas bajo los océanos.
La investigación, encabezada por Arne Lohrberg y desarrollada junto con especialistas en geofísica, hidrogeología y ciencias marinas, combina mediciones electromagnéticas y estudios sísmicos de alta resolución para reconstruir las características del subsuelo marino.
Los resultados indican que el agua de baja salinidad no se limita a pequeñas acumulaciones aisladas. Los investigadores encontraron señales compatibles con un sistema que se extiende lateralmente a través de diferentes unidades geológicas y supera los límites de antiguas estructuras excavadas por el hielo.
Este hallazgo modifica la manera de interpretar la distribución del agua subterránea bajo los márgenes continentales que estuvieron cubiertos por grandes glaciares durante el Pleistoceno.
Un depósito oculto bajo los sedimentos marinos
El fondo del mar del Norte conserva numerosas huellas de las glaciaciones que transformaron el paisaje del norte de Europa. Entre ellas destacan los valles subglaciares, grandes depresiones excavadas por el agua que circulaba bajo las antiguas masas de hielo.
Estas estructuras, hoy enterradas bajo sedimentos marinos, constituyen un archivo geológico de los procesos que ocurrieron cuando extensas regiones europeas permanecían cubiertas por hielo.
El nuevo estudio examinó la relación entre esos valles y la presencia de agua subterránea relativamente dulce, conocida científicamente como agua subterránea marina de baja salinidad.
Los investigadores identificaron un cuerpo subterráneo continuo cuyas resistividades eléctricas se sitúan aproximadamente entre 8 y 14 ohmios metro. Estas mediciones son compatibles con la presencia de agua menos salina que el agua marina circundante, aunque su interpretación depende también de las propiedades de los sedimentos.
La distribución de las anomalías muestra que el sistema atraviesa varias unidades estratigráficas. Esto indica que el agua no está confinada exclusivamente dentro de los antiguos valles excavados por los glaciares.
El resultado amplía el conocimiento sobre las aguas subterráneas antiguas conservadas bajo el fondo oceánico y su relación con las capas de hielo del pasado.
Las glaciaciones pudieron introducir agua dulce en el subsuelo
La explicación propuesta por el equipo científico se remonta al Pleistoceno, período durante el cual grandes capas de hielo avanzaron y retrocedieron repetidamente sobre el norte de Europa.
Cuando el hielo se fundía en su base, el agua podía circular bajo una presión considerable. Parte de ese flujo penetraba en los sedimentos, desplazando el agua salina que ocupaba sus poros.
Este mecanismo habría permitido introducir grandes cantidades de agua de deshielo en formaciones geológicas situadas bajo lo que actualmente es el mar del Norte.
La investigación plantea que el agua subterránea conservada en la región constituye una herencia de esos antiguos procesos glaciares.
Los investigadores no atribuyen el sistema a una única fase de deshielo. La interpretación geológica considera que la infiltración y el desplazamiento del agua pudieron producirse durante distintos episodios de glaciación.
El trabajo también demuestra que las formas del relieve subglacial pueden ayudar a localizar otros sistemas semejantes, incluso cuando el agua se encuentra distribuida más allá de los propios valles.
Por qué el agua no desapareció al avanzar el océano
Una de las preguntas centrales de la investigación es cómo pudo conservarse agua de baja salinidad bajo un ambiente marino durante un período prolongado.
En condiciones normales, el contacto entre aguas de diferente salinidad favorece procesos de mezcla y desplazamiento. Sin embargo, la estructura geológica puede limitar considerablemente estos intercambios.
Los investigadores identifican dos mecanismos que habrían contribuido a preservar el sistema.
El primero es la diferencia de densidad entre el agua relativamente dulce y el agua marina, que puede restringir determinados movimientos verticales y favorecer la persistencia de una distribución estratificada.
El segundo es la presencia de depósitos glaciomarinos de grano fino que actúan como una cubierta de baja permeabilidad. Estas capas dificultan la circulación del agua y reducen el intercambio con el ambiente marino situado por encima.
La combinación de ambos factores ayuda a explicar por qué el sistema pudo mantenerse después de que el nivel del mar aumentara y cubriera las antiguas superficies continentales.
Este comportamiento contrasta con los procesos de intrusión de agua salada que amenazan numerosos acuíferos costeros, donde los cambios de presión y la elevación del nivel del mar pueden favorecer la penetración de agua marina.
La geofísica permite investigar el agua sin perforar el fondo marino
Para estudiar el sistema, los científicos utilizaron un método electromagnético de fuente controlada en el dominio del tiempo. Esta técnica permite obtener información sobre las propiedades eléctricas de los materiales situados bajo el lecho marino.
La conductividad eléctrica depende de distintos factores, entre ellos la salinidad del agua contenida en los poros de los sedimentos.
En términos generales, el agua marina conduce mejor la electricidad que el agua dulce. Por eso, los contrastes de resistividad pueden aportar indicios sobre la distribución de fluidos con diferentes concentraciones de sales.
El equipo combinó estos registros con perfiles de reflexión sísmica de alta resolución, que permiten reconocer capas sedimentarias, discontinuidades y antiguas estructuras geológicas.
La integración de ambos métodos permitió relacionar las anomalías eléctricas con la arquitectura del subsuelo y con las formas heredadas de la actividad glaciar.
Esta aproximación resulta especialmente importante porque la presencia de agua relativamente dulce bajo el fondo marino no puede determinarse únicamente observando la superficie del océano.
Los resultados representan una interpretación geofísica sustentada por diferentes conjuntos de datos. No equivalen a una medición directa de la calidad química de toda el agua identificada ni demuestran que pueda utilizarse inmediatamente para consumo humano.
Los antiguos valles glaciares pueden orientar nuevas búsquedas
Uno de los aportes principales del estudio es la posibilidad de utilizar el relieve formado bajo los glaciares como indicador de dónde podrían encontrarse depósitos semejantes.
Los investigadores sostienen que las redes de valles subglaciares pueden servir como referencias para seleccionar áreas de exploración en otros márgenes continentales que estuvieron cubiertos por hielo.
Esto no significa que todos los antiguos valles glaciares contengan agua dulce. La presencia y conservación de estos sistemas dependen de la historia geológica, la permeabilidad de los sedimentos, las condiciones de presión y los cambios del nivel del mar.
La nueva evidencia permite, sin embargo, formular hipótesis más precisas y orientar campañas geofísicas hacia zonas con características favorables.
El descubrimiento también se relaciona con investigaciones sobre la circulación de aguas subterráneas bajo los ambientes marinos del Ártico, aunque en ese caso el interés científico se centra especialmente en el transporte de carbono y nutrientes hacia el océano.
Una nueva perspectiva sobre el ciclo del agua
El agua subterránea situada bajo los océanos constituye una parte poco conocida del ciclo hidrológico terrestre.
Tradicionalmente, las investigaciones sobre recursos hídricos han prestado mayor atención a los acuíferos continentales, los ríos, los lagos y las aguas subterráneas próximas a las costas.
Sin embargo, los sistemas enterrados bajo el fondo marino pueden conservar información sobre antiguos paisajes, cambios del nivel del mar y procesos de circulación del agua que ocurrieron hace miles de años.
El nuevo estudio muestra que la historia de las glaciaciones puede seguir condicionando la distribución de los fluidos en el subsuelo oceánico mucho después de la desaparición del hielo.
También subraya que la extensión de estos depósitos podría estar infravalorada cuando las investigaciones se concentran únicamente en anomalías geofísicas aisladas.
Desde el punto de vista ambiental, comprender estos sistemas resulta relevante para estudiar los intercambios entre sedimentos, acuíferos y océanos, así como la evolución de los ambientes costeros.
La relación entre las aguas superficiales y subterráneas también es fundamental en tierra firme, como muestran las investigaciones sobre la recarga de acuíferos y el almacenamiento de agua en cuencas naturales.
El descubrimiento no implica una nueva reserva de agua potable disponible
Aunque la presencia de agua subterránea de baja salinidad bajo el mar puede despertar interés por sus posibles aplicaciones, los autores se concentran en explicar su distribución y origen geológico.
El estudio no establece que el agua identificada sea potable, que pueda extraerse de manera sostenible ni que exista un volumen económicamente aprovechable.
Antes de considerar cualquier utilización sería necesario conocer con mayor precisión su composición química, extensión, profundidad, conectividad hidráulica y capacidad de recuperación.
También deberían evaluarse los posibles efectos ambientales de una extracción, incluidos los cambios de presión y el riesgo de entrada de agua marina.
Por el momento, el principal valor del descubrimiento es científico: proporciona una explicación para la presencia de agua relativamente dulce bajo una región oceánica y propone una nueva estrategia para investigar depósitos semejantes en otras partes del mundo.
La investigación publicada el 17 de octubre de 2026 ofrece así una evidencia adicional de que los paisajes creados por las glaciaciones siguen influyendo en la estructura del subsuelo marino actual.
Fuente referencial:
Communications Earth & Environment — Subglacial landforms as proxy for offshore freshened groundwater in formerly glaciated margins (17 de octubre de 2026)




