El proyecto Donlin Gold enfrenta a comunidades nativas con una decisión compleja entre ingresos, empleo, subsistencia, salmones y riesgos ambientales
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
En el suroeste de Alaska, dentro de la cuenca del río Kuskokwim, el depósito Donlin Gold concentra una de las mayores reservas de oro no desarrolladas del mundo. Sus 39 millones de onzas estimadas representan más de 170.000 millones de dólares a precios actuales, una cifra capaz de transformar la economía regional, pero también de profundizar tensiones ambientales, culturales y territoriales entre comunidades nativas.
Un estudio publicado en Journal of Anthropological Research analiza cómo las comunidades nativas de Alaska enfrentan el debate alrededor de este proyecto minero. La investigación fue liderada por Hiroko Ikuta, profesora asociada del International Student Center de Kyushu University, y plantea que las posiciones locales no pueden reducirse a una división simple entre apoyo y oposición.
Una mina en territorio de subsistencia
El proyecto Donlin Gold se ubica en una región donde la economía monetaria convive con una economía de subsistencia profundamente arraigada. En el oeste de Alaska, la caza, la pesca y la recolección no son actividades recreativas, sino parte esencial de la alimentación, la cultura y la vida comunitaria.
Ikuta, que ha vivido dos décadas en Alaska, subraya que en esta zona las cosechas anuales de alimentos silvestres superan los 172 kilos por persona. Esa cifra equivale aproximadamente a tres veces el consumo anual promedio de carne y productos del mar en Japón. Para muchas familias, el salmón, el alce y otros alimentos silvestres tienen una importancia comparable a la del arroz en Asia oriental.
Por eso, el debate minero no se limita al valor del oro. También gira alrededor del agua, los peces, los territorios de caza y la continuidad de prácticas alimentarias que han sostenido a generaciones. La tensión recuerda otros conflictos extractivos en los que la minería de minerales críticos promete beneficios económicos, pero abre interrogantes sobre justicia ambiental y protección de comunidades locales.
La herencia legal de 1971
Para comprender el escenario actual, la investigación retrocede hasta 1971. Ese año, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Alaska Native Claims Settlement Act, conocida como ANCSA. La ley transfirió a los pueblos nativos de Alaska el 11% de las tierras y derechos sobre recursos, pero les exigió organizarse como corporaciones con fines de lucro.
Ese diseño jurídico convirtió a personas indígenas en accionistas de corporaciones nativas. En el caso de Donlin Gold, esa estructura genera una situación compleja: algunas comunidades y accionistas podrían recibir miles de millones de dólares en ingresos si el proyecto avanza, mientras residentes locales obtendrían acceso prioritario a empleos.
La misma persona puede ser accionista de una corporación, recolector o pescador de subsistencia, padre preocupado por sus hijos y miembro de una comunidad que teme por el río. Ikuta resume esa superposición al señalar que esas identidades no se cancelan entre sí, sino que chocan y coexisten.
Salmones, barcazas y relaves tóxicos
Una de las principales preocupaciones gira alrededor del río Kuskokwim y sus salmones. Debido al limitado acceso por carretera, el transporte asociado al proyecto dependería de barcazas a lo largo del río, con el posible riesgo de alterar zonas de desove y rutas ecológicas importantes.
El método de extracción añade otro foco de inquietud. La lixiviación con cianuro, utilizada para separar el oro de la roca, genera residuos tóxicos que deben almacenarse en grandes presas de relaves. En otras minas del mundo, este tipo de estructuras ha fallado, y algunos residentes temen que los riesgos ambientales estén siendo subestimados.
Varias comunidades locales han presentado demandas para exigir revisiones adicionales. El temor central es que una falla, contaminación o alteración del sistema fluvial afecte el salmón, un recurso alimentario y cultural clave. En regiones árticas, donde muchas comunidades dependen de la pesca y la caza, la vulnerabilidad territorial también se cruza con amenazas climáticas sobre infraestructuras y asentamientos del Ártico.
No todas las comunidades enfrentan el mismo riesgo
El estudio destaca que las comunidades nativas no viven el proyecto de la misma manera. Las comunidades yup’ik situadas río abajo, muy dependientes del salmón para almacenar alimento de invierno, se concentran especialmente en el riesgo de contaminación del agua. Para ellas, cualquier alteración del río puede traducirse en inseguridad alimentaria.
Las comunidades northern dene ubicadas río arriba observan el problema desde otro ángulo. Sus preocupaciones se orientan más hacia impactos ecológicos terrestres, cambios en el territorio y efectos sobre la caza y los ecosistemas continentales.
Mientras tanto, accionistas que viven en ciudades como Anchorage podrían beneficiarse de dividendos corporativos sin depender de forma directa de la subsistencia. Esa diferencia geográfica y económica explica por qué el debate no puede leerse como una sola voz indígena frente a una empresa minera, sino como una red de posiciones atravesadas por residencia, cultura, ingresos, alimentación y futuro comunitario.
Oro, soberanía y responsabilidad
El caso Donlin Gold muestra cómo el desarrollo de recursos puede mezclarse con soberanía indígena, supervivencia cultural y responsabilidad ambiental. La posibilidad de ingresos millonarios y empleo local convive con el temor a perder sistemas alimentarios que no pueden reemplazarse fácilmente con dinero.
La investigación no plantea una respuesta única sobre qué debe considerarse desarrollo sostenible para los pueblos indígenas. Ikuta advierte que cualquier enfoque debe reconocer la diversidad interna de las comunidades, sus distintas ideas de bienestar y la manera en que marcos externos, como las corporaciones creadas por ley, condicionan los resultados.
Este dilema también aparece en otros territorios donde los recursos naturales se concentran bajo ecosistemas sensibles. La discusión sobre recursos naturales bajo el hielo muestra que la riqueza geológica puede convertirse al mismo tiempo en promesa económica, disputa política y presión ambiental.
Datos para decidir el futuro
Ikuta continúa investigando cómo los relaves mineros pueden afectar la caza y la pesca de subsistencia. Su objetivo es aportar datos más objetivos para que las comunidades puedan tomar decisiones futuras con mejor información.
El proyecto Donlin Gold se encuentra más cerca que nunca de una decisión final, con la mayoría de permisos aprobados y precios del oro en niveles elevados. Sin embargo, el avance técnico y financiero no resuelve el dilema central: cómo equilibrar oportunidad económica, protección del salmón, seguridad alimentaria, derechos indígenas y responsabilidad ambiental en un territorio donde el oro bajo la superficie convive con culturas que dependen del río y de la tierra.
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