Una investigación publicada en Nature Geoscience identifica una enorme provincia de cuencas subglaciales en la Antártida Oriental
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
La Antártida Oriental acaba de mostrar una parte profunda de su historia geológica. Bajo kilómetros de hielo, un equipo internacional de científicos identificó una gran provincia de cuencas subglaciales con forma de abanico, una estructura hasta ahora desconocida que ayuda a explicar cómo se organizó una parte clave del continente blanco antes de la fragmentación de Gondwana.
El estudio, publicado en Nature Geoscience, fue liderado por Egidio Armadillo y contó con investigadores de la Universidad de Génova, Durham University, ETH Zurich, el National Institute of Oceanography and Applied Geophysics, el British Antarctic Survey, el Federal Institute for Geosciences and Natural Resources, la Universidad de Bremen y la Universidad de Exeter.
La estructura fue denominada Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental. Su importancia no se limita al pasado tectónico: también influye en el relieve que hoy permanece oculto bajo la capa de hielo y en la forma en que grandes glaciares se desplazan desde el interior del continente hacia la costa. Este nuevo hallazgo se suma a otras investigaciones recientes sobre el relieve oculto bajo el hielo de la Antártida, una zona decisiva para comprender la dinámica polar.
Más de 30 cuencas bajo la capa de hielo oriental
La provincia identificada está formada por más de 30 cuencas subglaciales, muchas de ellas con morfología en V y alineadas aproximadamente en dirección norte-sur. Estas cuencas se extienden desde la Bahía Prydz hasta las Montañas Transantárticas y convergen hacia un punto cercano al Polo Sur.
La dimensión del hallazgo es notable: la provincia abarca aproximadamente la mitad de la base de la capa de hielo de la Antártida Oriental. Las cuencas Wilkes y Aurora aparecen como dos de los componentes principales del sistema, con extensiones que superan los 1.500 kilómetros hacia el sur desde la costa.
Para reconstruir esta arquitectura oculta, el equipo combinó topografía subglacial y datos geofísicos. La lectura conjunta de esas señales permitió reconocer no solo la forma general del abanico, sino también fallas, desplazamientos y cinturones de cizalla que ayudan a explicar cómo se organizó el subsuelo antártico.
Una estructura heredada de la ruptura de Gondwana
El modelo tectónico propuesto plantea que el abanico se formó por una extensión rotacional dentro de la placa continental antes de la separación definitiva de Gondwana. Ese antiguo proceso habría actuado como una apertura progresiva, comparable al despliegue de un abanico de mano, con un punto de pivote y un brazo central desde el cual los lados se separaron.
Esta dinámica tuvo consecuencias a escala continental. Hacia el oeste, habría generado compresión y levantamiento de las Montañas Gamburtsev. Hacia el este, habría contribuido a la rotación y segmentación de las Montañas Transantárticas. Hacia el norte, el borde del abanico habría creado una zona de debilidad litosférica que facilitó la separación entre la Antártida y Australia.
El estudio también describe evidencias geofísicas que respaldan esta interpretación, como anomalías de espesor cortical, zonas de baja velocidad sísmica bajo las cuencas Wilkes y Aurora y coincidencias entre discontinuidades continentales y zonas de fractura oceánicas frente a la costa antártica.
El hielo actual sigue condicionado por esa geología antigua
La investigación no se queda en la reconstrucción del pasado. La provincia en abanico ayuda a entender por qué el hielo actual de la Antártida Oriental se mueve como lo hace. Las depresiones, fallas y relieves formados por procesos tectónicos antiguos funcionan como guías para glaciares de gran escala, entre ellos Lambert, Totten, Denman y Amery.
En la zona del abanico, la masa de hielo equivale a unos 28 metros de nivel global del mar. Esto no significa que ese hielo vaya a perderse de forma inmediata, pero sí muestra la relevancia climática de comprender con precisión la base sobre la que descansa. La estabilidad de la capa de hielo depende, en parte, de la geometría del terreno que permanece sepultado bajo ella.
La Antártida ha sido observada en los últimos años con creciente atención científica, tanto por los cambios en sus plataformas como por la evolución de su hielo marino. Estudios recientes sobre la zona marginal de hielo antártico y sobre la aceleración del derretimiento del hielo muestran que el continente blanco no puede entenderse solo desde la superficie visible.
Por qué importa conocer el subsuelo antártico
El hallazgo refuerza una idea central para la glaciología moderna: bajo la capa de hielo existe un paisaje complejo que condiciona el comportamiento del sistema polar. Valles, cuencas, montañas enterradas y fallas antiguas influyen en la dirección del flujo glaciar, en la formación de canales profundos y en la vulnerabilidad de ciertas regiones ante cambios oceánicos y climáticos.
En este caso, la Provincia de Cuencas en Abanico permite conectar tres escalas distintas: la historia tectónica del supercontinente Gondwana, la formación del relieve subglacial antártico y la dinámica actual de la capa de hielo oriental. Esa conexión es clave para mejorar los modelos que proyectan la evolución futura del continente.
La investigación también dialoga con otros trabajos sobre paisajes fluviales antiguos bajo la Antártida Oriental, que apuntan a un mismo problema científico: muchas respuestas sobre el futuro del hielo dependen de estructuras creadas millones de años antes de que el continente adoptara su forma helada actual.
Una nueva pieza para leer el continente blanco
El descubrimiento de esta provincia subglacial cambia la forma de mirar la Antártida Oriental. Lo que aparece en la superficie como una vasta extensión blanca esconde un sistema geológico de escala casi subcontinental, organizado por procesos tectónicos antiguos y todavía activo como condicionante del hielo moderno.
La fecha exacta de la extensión rotacional sigue abierta a estudio, aunque los autores la vinculan con episodios asociados al desmembramiento de Gondwana durante el Jurásico-Cretácico, con posibles reactivaciones locales posteriores. Ese marco temporal permite interpretar el abanico no como una forma aislada, sino como una huella duradera de la reorganización continental que separó a la Antártida de Australia.
El valor del trabajo está en mostrar que el pasado profundo del planeta sigue influyendo en procesos climáticos actuales. La estructura bajo el hielo no solo explica cómo se formó parte del continente blanco; también ayuda a entender por dónde fluye el hielo, qué zonas pueden ser más sensibles y por qué la Antártida Oriental sigue siendo una pieza decisiva del sistema terrestre.
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