Un estudio global revela que una previsión a siete días en un país de ingresos altos puede ser más precisa que la del día siguiente en una nación de bajos ingresos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La precisión de los pronósticos meteorológicos ha mejorado en todo el mundo desde mediados de la década de 1980, pero continúa distribuida de manera profundamente desigual. Una investigación de la Universidad Goethe de Fráncfort y la Universidad de Columbia encontró que los países de menores ingresos reciben, en promedio, previsiones considerablemente menos exactas que las naciones económicamente más desarrolladas.
El estudio fue realizado por Manuel Linsenmeier, profesor de Economía Ambiental de la Universidad Goethe, y Jeffrey Shrader, de la Universidad de Columbia. Los investigadores analizaron pronósticos globales elaborados por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio entre 1985 y 2020 y los compararon con las condiciones finalmente observadas.
El resultado más destacado indica que una previsión con siete días de anticipación en un país de ingresos altos puede ser, en promedio, más precisa que el pronóstico para el día siguiente en un país de bajos ingresos. La diferencia aparece en las predicciones de temperatura con plazos de uno a siete días y tiene implicaciones para la agricultura, la energía, la salud pública y la gestión de emergencias.
Cuatro décadas de avances no cerraron la desigualdad
Los modelos meteorológicos mejoraron sustancialmente en todos los grupos de ingresos durante el periodo examinado, con progresos especialmente importantes en la década de 1990. Sin embargo, la distancia entre los países más ricos y los más pobres solo se redujo de forma modesta.
El análisis se concentró principalmente en las previsiones de temperatura a corto plazo, aunque también examinó la precipitación y la presión superficial. Los autores no sostienen que el nivel de ingresos explique por sí solo las diferencias: la localización geográfica y el funcionamiento de la atmósfera también influyen considerablemente.
Buena parte de los países de menores ingresos se encuentra en los trópicos, donde la convección, la humedad y los sistemas atmosféricos de menor escala dificultan la representación del tiempo. Los investigadores estimaron que la geografía explica aproximadamente dos tercios de la variación mundial en la precisión de los pronósticos.
Esta limitación natural no elimina la importancia de la infraestructura. La utilidad de los modelos depende de observaciones suficientes y oportunas, un principio que también aparece en los sistemas que combinan datos meteorológicos, satélites y modelos para anticipar incendios.
Faltan estaciones, radiosondas y observaciones frecuentes
Los países de bajos ingresos suelen contar con menos estaciones meteorológicas terrestres y menos radiosondas, instrumentos transportados por globos que miden temperatura, humedad, presión y viento en diferentes niveles de la atmósfera. Incluso cuando esos equipos existen, pueden transmitir información con menor frecuencia.
Estas lagunas reducen la cantidad de observaciones disponibles para representar el estado inicial de la atmósfera, un paso decisivo en la predicción numérica. Los errores presentes al comenzar una simulación pueden aumentar a medida que se amplía el horizonte del pronóstico.
Las observaciones poseen además un valor que supera las fronteras nacionales. Los modelos globales incorporan información procedente de numerosos territorios, por lo que reforzar una red meteorológica insuficiente puede mejorar previsiones tanto en el país donde se instala como en regiones situadas a gran distancia.
La desigualdad no se limita al número de instrumentos. Refinar un pronóstico global mediante modelos regionales y conocimiento local requiere personal especializado, sistemas de comunicación confiables, capacidad informática y recursos para mantener operativas las redes de medición.
Los servicios meteorológicos también muestran capacidades desiguales
Solo un grupo reducido de países opera modelos propios de predicción meteorológica global. La mayoría de los servicios nacionales utiliza productos generados por grandes centros internacionales y posteriormente los adapta mediante información regional, observaciones locales y la experiencia de sus pronosticadores.
Como indicador aproximado de esa capacidad institucional, los autores revisaron qué países envían a la Organización Meteorológica Mundial previsiones oficiales para sus ciudades capitales. Lo hace alrededor del 76 % de las naciones de ingresos altos, frente a solo el 19 % de los países de bajos ingresos.
La comparación no significa que las naciones que no remiten esos datos carezcan completamente de pronósticos. El indicador muestra, más bien, diferencias en la capacidad de producir, revisar y distribuir información oficial dentro de un sistema meteorológico internacional.
Convertir los datos en decisiones operativas representa otro desafío. Una herramienta que conecta riesgos y medidas de adaptación climática puede facilitar el acceso a la evidencia, pero su utilidad depende de disponer de información regional precisa sobre exposición, vulnerabilidad e infraestructura.
La brecha afecta cultivos, energía y prevención sanitaria
Para los agricultores, un pronóstico inexacto puede dificultar la elección de las fechas de siembra, riego, aplicación de insumos o cosecha. El impacto puede ser mayor entre pequeños productores que dependen de la lluvia y cuentan con poco margen financiero para recuperarse de una decisión fallida.
Las empresas eléctricas necesitan anticipar periodos de calor o frío que modifican la demanda, mientras los operadores hidroeléctricos dependen de previsiones de lluvia. Las autoridades, por su parte, utilizan los avisos para preparar refugios térmicos, gestionar inundaciones y movilizar servicios de emergencia.
La importancia práctica se observa en regiones donde una anomalía climática puede presionar simultáneamente varios sectores. Las proyecciones sobre los efectos de El Niño en el agua, los alimentos y la energía de Centroamérica muestran por qué una previsión oportuna puede orientar decisiones sobre cultivos, embalses, electricidad y transporte.
La investigación se vincula con otro trabajo publicado en 2026 que concluyó que una mayor precisión en las previsiones de temperatura, especialmente durante jornadas calurosas, puede reducir la mortalidad. A medida que el cambio climático intensifica la exposición al calor extremo, la calidad de los pronósticos adquiere una relevancia sanitaria y económica creciente.
Invertir en observaciones puede mejorar el sistema mundial
Los autores señalan tres vías para reducir la desigualdad: ampliar las redes de observación, mejorar los modelos y fortalecer la capacidad de los servicios meteorológicos nacionales. Estas medidas requieren cooperación internacional, formación técnica, mantenimiento de los instrumentos y acceso estable a los datos.
La expansión de estaciones terrestres y radiosondas no resolverá todas las diferencias, porque la predictibilidad atmosférica continuará variando entre regiones. No obstante, puede reducir las deficiencias evitables y permitir que los modelos representen mejor territorios actualmente observados de forma insuficiente.
Los pronósticos deben llegar además a la población en formatos comprensibles y por canales adecuados. Una predicción técnicamente correcta pierde utilidad si no alcanza a agricultores, autoridades locales o comunidades expuestas, o si llega cuando ya no existe tiempo suficiente para actuar.
El trabajo plantea así la meteorología como una infraestructura global: mejorar las observaciones en regiones desatendidas genera beneficios locales, pero también fortalece modelos alimentados por datos procedentes de todo el planeta.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Goethe de Fráncfort
Nature Communications




