Más de 390 personas murieron y otras 1.400 permanecen desaparecidas tras un torrente de agua, hielo, rocas y lodo que arrasó comunidades del Himalaya
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El desprendimiento de una enorme masa glaciar en la frontera entre Nepal y la región china del Tíbet desencadenó el 26 de agosto de 2026 una inundación catastrófica que dejó más de 390 muertos y alrededor de 1.400 desaparecidos. El flujo descendió por los valles del Himalaya cargado de agua, hielo, rocas, árboles y sedimentos, destruyendo pueblos, carreteras, puentes y otras infraestructuras.
La magnitud del desastre llevó a describir el fenómeno como un “tsunami desde el cielo”. Los expertos consideran que un bloque de hielo se desprendió a unos 5.200 metros de altitud, cayó aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo de un valle y se convirtió en una avalancha de escombros que aumentó de volumen y capacidad destructiva a medida que avanzaba.
Una masa de hielo inició la cadena del desastre
Las primeras observaciones satelitales apuntaron al colapso de la parte inferior de un glaciar como origen de la catástrofe. El desprendimiento arrastró nieve, roca y sedimentos antes de alcanzar el sistema fluvial formado por los ríos Lhende Khola, Bhote Koshi y Trishuli, que transportó la corriente hacia zonas habitadas de Nepal.
La caída desde gran altura generó calor por fricción y fragmentó el hielo, incorporando agua al flujo. Al mismo tiempo, la avalancha erosionó las laderas y el cauce, sumando toneladas de material. Esta combinación produjo una corriente densa y de enorme energía, capaz de enterrar vehículos, cubrir edificios con lodo y arrastrar estructuras situadas a kilómetros del lugar del colapso.
El episodio guarda relación con otros peligros asociados con las inundaciones repentinas de origen glaciar, aunque los científicos todavía investigan la secuencia exacta que produjo esta tragedia.
Qué es una inundación GLOF
GLOF es la sigla inglesa de Glacial Lake Outburst Flood, que significa inundación repentina por desbordamiento de un lago glaciar. El fenómeno ocurre cuando un lago alimentado por agua de deshielo libera de manera súbita una gran parte de su contenido tras la ruptura o el desbordamiento de la barrera natural que lo contiene.
Estas barreras pueden estar formadas por hielo, roca o morrenas, acumulaciones poco consolidadas de sedimentos transportados por antiguos glaciares. Un desprendimiento, una avalancha, el aumento del nivel del agua, la erosión interna o un terremoto pueden debilitar la presa y provocar una descarga violenta hacia los valles.
Sin embargo, una GLOF clásica no debe confundirse automáticamente con cualquier inundación relacionada con un glaciar. En el desastre de Nepal y el Tíbet, las evidencias iniciales señalan directamente a una avalancha de hielo y roca que generó un flujo de escombros. Los investigadores deberán establecer si también se produjo el desbordamiento de agua represada y qué papel desempeñó en la magnitud final del torrente.
La diferencia es relevante para reconstruir el episodio y mejorar las medidas preventivas. Un colapso de hielo, el desbordamiento de un lago y el desprendimiento de una ladera pueden generar inundaciones parecidas desde el punto de vista de las comunidades afectadas, pero requieren sistemas de vigilancia distintos.
Más de 390 muertos a ambos lados de la frontera
Las autoridades de Nepal informaron de al menos 389 fallecidos, más de 460 heridos y alrededor de 910 desaparecidos. En el Tíbet se confirmaron al menos tres muertes y 558 personas sin localizar. Entre los desaparecidos figuran cientos de ciudadanos extranjeros y peregrinos que viajaban por una ruta utilizada para llegar al monte Kailash.
Los daños en Nepal se extendieron por los distritos situados junto al río Trishuli. En el distrito de Nuwakot, el lodo alcanzó edificios, sepultó automóviles y dejó escombros suspendidos sobre árboles y cables. Los equipos de búsqueda localizaron cuerpos incluso en Chitwan, cientos de kilómetros río abajo de las áreas más afectadas.
En el paso fronterizo de Gyirong, en el Tíbet, el alud cubrió un edificio de varias plantas y una zona de estacionamiento de autobuses. La capa de lodo superó en algunos sectores un metro y medio de profundidad, mientras las vías de acceso quedaron inutilizadas.
Carreteras destruidas dificultan la búsqueda
La inundación dañó casi 40 kilómetros de carreteras y destruyó decenas de puentes en Nepal. La interrupción de los accesos terrestres obligó al ejército a emplear helicópteros para rescatar a personas aisladas y evacuar heridos hacia Katmandú.
Más de 1.200 habitantes de al menos tres comunidades tuvieron que abandonar sus hogares. Las operaciones continuaron bajo la amenaza de nuevos desprendimientos, mientras las autoridades vigilaban un lago formado por la acumulación de escombros cerca de la frontera. La ruptura de esa barrera podría producir una segunda inundación aguas abajo.
La destrucción también alcanzó instalaciones hidroeléctricas y líneas de transporte. Otros desastres ocurridos en la cordillera ya habían mostrado cómo una cascada de hielo, agua y sedimentos puede propagarse durante cientos de kilómetros. Una reconstrucción científica de la inundación de 2023 en el Himalaya destacó la necesidad de combinar imágenes satelitales, datos sísmicos y modelos físicos para reconocer estos riesgos.
El calentamiento aumenta la inestabilidad de la alta montaña
Los científicos aún no han establecido en qué medida el cambio climático intervino en este colapso concreto. Determinar la causa inmediata exige estudiar las temperaturas, las precipitaciones, la estructura del glaciar, el permafrost y las posibles alteraciones de la ladera durante los días previos.
La relación general entre el calentamiento global y el retroceso glaciar, en cambio, está ampliamente documentada. El Himalaya se calienta con rapidez y Nepal ha perdido cerca de un tercio de su volumen de hielo en aproximadamente tres décadas. Entre 2011 y 2020, la desaparición de los glaciares del Hindu Kush-Himalaya fue un 65 % más rápida que durante el decenio anterior.
El aumento de las temperaturas puede derretir el hielo que funciona como soporte dentro de las fracturas y degradar el permafrost que mantiene unidas las laderas. Cuando esa estructura pierde estabilidad, las masas de roca y hielo quedan más expuestas a colapsos. Este proceso forma parte de los mecanismos que desestabilizan las montañas del Himalaya.
El retroceso del hielo también favorece la aparición y expansión de lagos glaciares. Un informe regional advirtió que los glaciares del Himalaya podrían perder hasta el 80 % de su volumen durante este siglo bajo escenarios de emisiones elevadas, aumentando las amenazas para poblaciones, infraestructuras y fuentes de agua.
Vigilancia satelital y alertas para los valles
La prevención requiere identificar glaciares inestables, lagos en expansión, laderas debilitadas y cauces donde un flujo pueda propagarse rápidamente. Las imágenes satelitales permiten detectar cambios en la superficie, pero deben complementarse con sensores, estaciones meteorológicas, análisis del terreno y protocolos de evacuación.
Los sistemas de alerta temprana son especialmente importantes en valles estrechos, donde el torrente puede recorrer grandes distancias en pocos minutos. También resulta necesario limitar nuevas construcciones en corredores de inundación y mantener rutas alternativas para que los equipos de emergencia no queden bloqueados tras la destrucción de carreteras y puentes.
La investigación del colapso fronterizo deberá precisar si se trató de una inundación GLOF, de una avalancha de hielo y roca transformada en flujo de escombros o de una sucesión de ambos procesos. Esa reconstrucción será decisiva para reconocer señales previas y reducir la exposición de otras comunidades del Himalaya.
Fuentes referenciales:
Infobae
Associated Press
The Guardian




