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Panorama Planetario · 25 de agosto de 2026

El sistema Tierra entra en una fase de alta tensión climática

El calor persistente de la atmósfera y los océanos, la sequedad acumulada en varios territorios y el fortalecimiento de El Niño configuran un cierre de agosto especialmente sensible. La señal global no depende de un solo fenómeno: combina temperaturas elevadas, disponibilidad desigual de agua, incendios intensos y ecosistemas sometidos a presiones simultáneas.

🌡️ Temperatura global

El calor permanece muy por encima de los niveles históricos

Julio de 2026 registró una temperatura media mundial de 16,90 °C, unos 0,67 °C por encima del promedio de 1991–2020 y 1,47 °C sobre la referencia preindustrial estimada. El resultado mantiene al planeta cerca de los máximos observados y confirma que el calentamiento acumulado continúa condicionando los extremos regionales.

🌊 Océanos

La superficie marina conserva una cantidad excepcional de calor

Las temperaturas superficiales oceánicas siguen elevadas para la época del año. El exceso térmico aumenta la evaporación, modifica los patrones de lluvia y aporta energía a tormentas intensas. También prolonga el estrés sobre arrecifes, praderas marinas y especies sensibles a cambios rápidos de temperatura y oxígeno.

☁️ CO₂ atmosférico

La concentración diaria ronda las 427 partes por millón

La lectura media diaria disponible para Mauna Loa el 23 de agosto fue de 426,88 ppm. Aunque el ciclo estacional puede producir descensos temporales durante el verano boreal, la tendencia de largo plazo continúa al alza y mantiene reforzado el efecto invernadero que altera el balance energético del planeta.

🧊 Hielo polar

El Ártico se aproxima al mínimo estacional bajo vigilancia

La cobertura de hielo marino del Ártico continúa su contracción estacional hacia el mínimo de septiembre. En la Antártida, las anomalías de extensión registradas durante 2026 mantienen la atención científica. Menos hielo expone superficies oscuras que absorben más radiación solar y amplifican el calentamiento regional.

🔥 Incendios

La vegetación seca eleva la facilidad de propagación

El calor prolongado y la escasez de humedad favorecieron incendios extremos en Europa occidental durante julio. El riesgo permanece alto allí donde los suelos y combustibles vegetales no se han recuperado. Viento, baja humedad y olas de calor pueden transformar rápidamente focos pequeños en emergencias territoriales.

🏜️ Sequías

Los déficits de humedad afectan ríos, suelos y agricultura

Amplias zonas de Europa occidental, central y oriental presentaron condiciones más secas de lo habitual en julio. En sectores de la península ibérica, Francia, Alemania, Austria y Hungría, la humedad superficial del suelo llegó a valores excepcionalmente bajos, con efectos sobre cultivos, ecosistemas, navegación y disponibilidad de agua.

🌀 Fenómenos extremos

El Niño se fortalece y reorganiza el riesgo mundial

La NOAA señala una probabilidad superior al 90 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreales de 2026–2027. Sus efectos no son idénticos en todas las regiones, pero puede redistribuir lluvias, sequías, calor y actividad ciclónica durante los próximos meses.

⛈️ Próximos 7–14 días

Vigilancia sobre calor duradero y contrastes de precipitación

La señal inmediata aconseja seguir los avisos meteorológicos regionales, especialmente por episodios de calor prolongado, tormentas severas y lluvias concentradas. En territorios secos, una precipitación intensa no siempre corrige el déficit hídrico y puede generar escorrentías rápidas, erosión e inundaciones repentinas.

🔎 Señal planetaria destacada El fortalecimiento de El Niño sobre un océano global ya muy cálido constituye la señal dominante de este 25 de agosto. La combinación puede amplificar anomalías de temperatura y precipitación durante el último trimestre de 2026. La prioridad debe ser traducir los pronósticos estacionales en preparación local: reservas de agua, vigilancia sanitaria, prevención de incendios y protección de infraestructuras críticas.
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Cómo un traslado a aguas poco profundas hace 300.000 años provocó una floración de fitoplancton

Los cocolitóforos construyen conchas blindadas de carbonato de calcio, lo que influye en la química del océano. Crédito: Cortesía de la Dra. Alison Taylor; Mejía, 2011, https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1001087, CC BY 4.0

Las algas unicelulares del océano, conocidas como cocolitóforos, desempeñan un papel importante en el ciclo del carbono marino al absorber bicarbonato del agua de mar para construir sus conchas. El número de cocolitóforos ha aumentado a nivel mundial en los últimos años, lo que significa que su influencia es cada vez mayor, incluso cuando los científicos aún no comprenden completamente los factores que impulsan su crecimiento explosivo. Una explicación podría ser los cambios en la alcalinidad del agua del océano, en concreto, una mayor cantidad de bicarbonato disponible para que estas diminutas criaturas la utilicen.


por Nathaniel Scharping, Unión Geofísica Americana


Para obtener más información sobre el crecimiento y la proliferación de los cocolitóforos, Hongrui Zhang y sus colegas analizaron la última vez que el fitoplancton aumentó en número, hace entre 300.000 y 500.000 años. Utilizando la morfología fosilizada de los cocolitóforos y examinando las proporciones de isótopos de carbono, los autores construyeron modelos que les permitieron identificar los factores que contribuyen al éxito de los cocolitóforos. Su investigación se publicó en la revista AGU Advances .

Las comparaciones de las proporciones de carbono inorgánico y orgánico en las conchas, así como las comparaciones de las tasas de fotosíntesis y calcificación reveladas por las proporciones de isótopos de carbono, mostraron un gran aumento en la calcificación relacionado con una mayor absorción de bicarbonato. Si bien el aumento de la alcalinidad probablemente influyó en el mayor crecimiento de los cocolitóforos, no lo explica por completo, afirman los autores. En cambio, la mayor disponibilidad de nutrientes permitió que las poblaciones de cocolitóforos aumentaran, tanto al proporcionarles más alimento como al permitirles desplazarse a profundidades menores, donde había más luz solar para la fotosíntesis.

Los hallazgos tienen implicaciones para la actualidad, ya que observamos cambios en las cantidades de fitoplancton marino junto con los cambios en la química oceánica. Estudios previos se centraron en el cambio en la alcalinidad y el pH del agua de mar. Sin embargo, los autores concluyen que se necesita más información sobre cómo la disponibilidad de nutrientes influye en el crecimiento de los cocolitóforos, especialmente a la luz de los esquemas de geoingeniería propuestos que podrían modificar los tipos de nutrientes disponibles.

Más información: Hongrui Zhang et al., Una menor profundidad vital en lugar de una mayor alcalinidad del agua de mar mejoró la calcificación en cocolitóforos formadores de floraciones durante su evento culminante en el Pleistoceno, AGU Advances (2025). DOI: 10.1029/2024av001609