Lectura global 🌍 Panorama Planetario + Evolución ambiental 📈 Tendencias de la Tierra +
×
Panorama Planetario · 26 de septiembre de 2026

El sistema Tierra entra en el último trimestre bajo múltiples presiones ambientales

La fotografía planetaria combina océanos excepcionalmente cálidos, concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero, estrés hídrico regional, incendios de vegetación y una atmósfera capaz de alimentar episodios meteorológicos intensos. Al mismo tiempo, la vigilancia satelital y los sistemas de alerta temprana ganan protagonismo como herramientas para reducir impactos.
🌡️

Temperatura global

El planeta continúa dentro de un período caracterizado por temperaturas globales muy elevadas en comparación con los registros históricos. La señal de calentamiento de fondo permanece claramente activa, aunque las anomalías concretas varían entre continentes, océanos y estaciones. El seguimiento del cierre de 2026 será clave para evaluar la persistencia del calor acumulado.

🌊

Océanos

El almacenamiento de calor en los océanos continúa siendo uno de los indicadores más importantes del desequilibrio energético terrestre. Las temperaturas marinas elevadas pueden alterar ecosistemas, favorecer olas de calor marinas y aportar humedad adicional a determinadas tormentas. Costas y mares regionales requieren vigilancia sostenida.

☁️

CO₂ atmosférico

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono continúan en niveles históricamente elevados. La acumulación de CO₂ mantiene la presión radiativa sobre el sistema climático durante períodos muy prolongados. Reducir nuevas emisiones y reforzar sumideros naturales siguen siendo dos componentes complementarios de la respuesta climática.

🧊

Hielo polar

El final del verano boreal mantiene la atención científica sobre el hielo marino del Ártico y la evolución de glaciares y mantos de hielo. En ambos polos, las observaciones satelitales permiten comparar extensión, concentración y variabilidad interanual. Los cambios criosféricos repercuten mucho más allá de las regiones polares.

🔥

Incendios

Los incendios continúan dejando señales ambientales importantes en diferentes regiones. En septiembre, el fuego afectó incluso ecosistemas de alta montaña y turberas de Mount Kenya. Los incendios severos pueden degradar suelos, liberar carbono, deteriorar la calidad del aire y modificar la regulación hídrica de las cuencas.

🏜️

Sequías

La sequía sigue siendo un riesgo ambiental de desarrollo lento pero de grandes consecuencias. La combinación de déficit de lluvia, temperaturas altas, evaporación y demanda creciente de agua puede afectar simultáneamente agricultura, ecosistemas y abastecimiento. La gestión anticipada de cuencas resulta cada vez más importante.

⛈️

Tormentas y extremos

El tránsito estacional hacia octubre mantiene activos distintos regímenes de tormentas tropicales y extratropicales. No existe una única señal mundial, pero mares cálidos y atmósferas húmedas pueden incrementar el potencial de precipitaciones intensas. La vulnerabilidad local continúa determinando cuánto daño produce finalmente cada fenómeno.

🛰️

Vigilancia planetaria

Satélites meteorológicos y de observación terrestre siguen integrando información sobre nubes, temperatura superficial, vegetación, incendios, humedad, hielo y océanos. La tendencia apunta hacia sistemas de alerta más rápidos e integrados, capaces de transformar observaciones ambientales en decisiones preventivas.

🌍 Señal planetaria destacada

La señal dominante del 26 de septiembre no procede de un único evento, sino de la superposición de riesgos. Calor oceánico, sequías, incendios, pérdida de biodiversidad y extremos meteorológicos interactúan con ciudades, sistemas alimentarios y recursos hídricos. La prioridad internacional está desplazándose cada vez más desde la observación aislada de amenazas hacia la gestión conjunta de riesgos climáticos y ambientales.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Entre finales de septiembre y comienzos de octubre será especialmente importante seguir la evolución de ciclones tropicales en las cuencas todavía activas del hemisferio norte, las anomalías térmicas marinas, los focos de incendios y las regiones sometidas a déficit hídrico. También crecerá la atención internacional sobre conservación y biodiversidad ante la proximidad de nuevas reuniones globales. Las alertas meteorológicas nacionales deben seguir siendo la referencia para cualquier riesgo inmediato.

×

El agua como arma de guerra.

Países del golfo Pérsico como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Catar dependen en gran medida de la desalación para obtener recursos hídricos. Stanislav71/Shutterstock

Javier Lillo Ramos, Universidad Rey Juan Carlos


En el conflicto entre Israel-Estados Unidos (EE. UU.) e Irán parece que se han atacado infraestructuras de suministro de agua por los dos bandos. Mientras Irán denuncia el bombardeo estadounidense de la planta desalinizadora de la isla de Qeshm, el mismo Irán parece haber atacado la planta desalinizadora de Bahréin, un pequeño país del golfo Pérsico.

Las fuentes de agua dulce en el golfo Pérsico

El agua es un recurso crítico en los países del Golfo y, en muchos de ellos, son las plantas desalinizadoras las que proveen la mayor parte del suministro de agua potable (el 93 % en Kuwait, 86 % en Oman, 70 % en Arabia Saudi, 48 % en Qatar, 42 % en Emiratos Árabes Unidos).

Las desalinizadoras de Irán, en contraste, solo aportan el 3 % del suministro de agua potable, que se basa fundamentalmente –los embalses están muy por debajo de su capacidad tras cinco años de sequía– en el aprovechamiento de las aguas subterráneas, que ya ha sobrepasado el umbral de sobreexplotación.

En Israel, con más recursos de aguas superficiales, el suministro del 50 % de agua potable es proporcionado por cinco grandes desalinizadoras.

Un recurso bélico en conflictos armados

El uso del agua como arma no es nuevo. Hay numerosos ejemplos que han ocurrido desde la antigüedad en diferentes zonas del globo. Muchos de ellos implican la destrucción de infraestructuras de captación y distribución.

Los ataques más recientes se registraron en los conflictos de Gaza, Siria y Ucrania. Entre ellos se incluyen la supuesta destrucción intencionada de la presa de Kakhovka en Ucrania, de la que se acusan mutuamente Rusia y Ucrania, así como la destrucción y daños de presas en el río Irpin y en Oskil por el ejército ucraniano y de una presa en el río Inhulets por las tropas rusas.

Otros actos relativamente cercanos en el tiempo han sido aquellos perpetrados por el Estado Islámico en Irak y Siria. También en la I Guerra Mundial y en la II Guerra Mundial ocurrieron casos similares en Europa y Asia. Las inundaciones provocadas han sido utilizadas de manera recurrente en los últimos siglos como estrategia ofensiva o defensiva en conflictos en algunas áreas de los Países Bajos.

Implicaciones del uso del agua como arma

El agua empleada como recurso estratégico con fines bélicos tiene diferentes implicaciones que conviene considerar. Una de ellas está relacionada con la rapidez de los efectos generados cuando se produce una intervención (por ejemplo, la destrucción de una instalación). Otra, más importante, tiene que ver con los graves daños extensivos a la población –a corto y largo plazo– que esa intervención puede ocasionar.

Si bien estos daños pueden permanecer y prolongarse en el tiempo –lo cual puede ser contraproducente para quien los ha provocado en el caso de una invasión–, tienen un impacto poco decisivo en el curso del conflicto, incluso en el control de la población a escala local.

Aunque el objetivo sea infligir un grave daño al oponente, hay varias formas de hacerlo, dependiendo de si el propósito es estratégico, táctico, represivo, terrorista o extorsionador. Una de ellas consiste en provocar un corte en el suministro de agua, que a su vez puede estar causado por daños en instalaciones de captación y potabilización –sean presas, pozos, plantas de potabilización, o desalinizadoras–, por daños en infraestructuras de distribución –canales, conducciones, depósitos, etc.– o simplemente por una contención de caudales en cauces de cuencas transfronterizas.

Otra modalidad de ataque consiste en utilizar el agua como un factor de riesgo directo. Por ejemplo, por inundaciones provocadas, contaminación inducida, etc.

Hay que destacar que tanto las intervenciones en el corte de suministro como las inundaciones provocadas pueden causar impactos negativos en infraestructuras de generación de energía y centros de operaciones informáticas, como objetivos adicionales.

La destrucción de infraestructuras de saneamiento –plantas de tratamiento de aguas residuales, alcantarillado, etc.– puede tener impactos muy negativos. No solo afecta al suministro de agua potable, que puede contaminarse, sino que también genera un entorno propicio para el desarrollo de enfermedades que van a tener un mayor impacto en los sectores de la población más vulnerables, especialmente en la infancia.

Todos estos efectos (estén relacionados con cortes en el suministro, con daños en los sistemas de saneamiento, con inundaciones provocadas o con contaminación inducida) van a tener una mayor incidencia en la población en aquellas regiones donde el agua es más escasa. Y donde, además, a la afección directa a la población se añaden otros graves impactos acumulativos en áreas cultivables, con implicaciones en el suministro alimentario, y en ecosistemas.

A la destrucción física de infraestructuras hídricas causada por bombardeos se le suman otro tipo de ataques que están adquiriendo mayor relevancia en los últimos conflictos: aquellos que pueden determinar la parada y bloqueo de tales instalaciones –causados por cortes en el suministro energético y ataques a los sistemas informáticos que controlan las infraestructuras hidrológicas– y aquellos basados en la desinformación a través de medios y redes sociales. Estos últimos tienen como objetivo sembrar el pánico en la población a través de la la diseminación de noticias falsas como, por ejemplo, la posible contaminación biológica del agua potable.

La necesidad de abandonar el campo de batalla hídrico

Así, considerando los graves impactos que causa emplear el agua como un arma contra la población civil, es crítico que no se utilice como tal. Pero también es esencial proteger los recursos hídricos –incluyendo instalaciones e infraestructuras– y ecosistemas asociados. Por ello, se hace necesaria la aplicación de las normas del derecho internacional humanitario y del derecho internacional sobre medio ambiente con el fin de limitar y mitigar tales impactos en conflictos armados.

Aunque tal y como señalaba al comienzo de este texto, el agua se sigue utilizando como arma, también se está produciendo una mayor reacción internacional ante ello. Así, en 2019 se presentó la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hidráulicas como documento de referencia para su uso por las partes en conflictos armados, con recomendaciones que van más allá de la legislación vigente. Pero es imprescindible que los países apoyen y sigan estas iniciativas a escala global. Si no es así, todos perderemos en las guerras.

Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.