Un informe de la Universidad de California en Davis identifica zonas expuestas a inundaciones durante el invierno de 2026-2027, desde la bahía de San Francisco hasta varios sectores del litoral central y meridional del estado.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La combinación de un episodio intenso de El Niño, mareas elevadas y posibles tormentas invernales podría provocar inundaciones importantes en distintas zonas costeras de California, Estados Unidos. Un nuevo informe de la Universidad de California en Davis (UC Davis), difundido el 20 de octubre de 2026, identifica carreteras, aeropuertos, barrios y humedales especialmente vulnerables a la entrada del agua marina durante los próximos meses.
El estudio, titulado Coastal Flooding Risks for California, advierte que algunas infraestructuras esenciales ya se encuentran expuestas a niveles de agua capaces de interrumpir la circulación y afectar extensas superficies de terreno. La preocupación es especialmente elevada en el entorno de la bahía de San Francisco, donde numerosas carreteras atraviesan marismas y áreas situadas a muy poca altura sobre el nivel del mar.
Fraser Shilling, director del Road Ecology Center de UC Davis y autor del informe, señala que existe riesgo de inundaciones catastróficas en diferentes localidades costeras durante el invierno. Sin embargo, aclara que se trata de una posibilidad y no de un resultado inevitable.
La investigación ofrece una evaluación territorial de los lugares que podrían quedar anegados si el nivel del agua aumenta temporalmente entre 60 y 90 centímetros. Su principal aportación consiste en identificar puntos concretos donde la coincidencia de distintos factores oceánicos y meteorológicos podría ocasionar daños.
La autopista 37 concentra uno de los mayores riesgos
Uno de los sectores más preocupantes es la autopista estatal 37, conocida como Highway 37, que conecta los condados de Marin, Sonoma, Napa y Solano, al norte de la bahía de San Francisco.
La carretera atraviesa extensos humedales y marismas donde habitan garzas, patos y diversas especies protegidas. Su trazado se encuentra muy próximo al nivel del agua, lo que la convierte en una infraestructura particularmente sensible a las inundaciones costeras.
La exposición de esta vía no es una sorpresa para los investigadores. En 2016, el mismo centro científico publicó una evaluación que advertía sobre las consecuencias del aumento del nivel del mar para la autopista y planteaba posibles soluciones, entre ellas trasladar determinados tramos hacia el interior o elevarlos sobre estructuras especiales.
Diez años después, el nuevo informe sostiene que buena parte de los problemas identificados entonces continúa sin resolverse.
Las autoridades de transporte de California, a través de Caltrans, ya realizan preparativos de emergencia en varios puntos de la autopista susceptibles de cierre durante episodios de inundación.
El informe también examina un escenario en el que falla un dique estatal situado junto al río Petaluma, al oeste de Lakeville Highway. Según los cálculos presentados, una rotura podría dejar aproximadamente 15,5 kilómetros cuadrados de terrenos agrícolas bajo una profundidad de agua de hasta 90 centímetros.
Esta posibilidad refleja cómo las inundaciones costeras pueden extenderse más allá de las playas y afectar tierras bajas situadas junto a ríos, estuarios y sistemas de protección artificial.
Los aeropuertos y barrios de la bahía también están expuestos
La investigación identifica otras zonas de riesgo elevado en el norte y centro de California. Entre ellas figuran sectores de la autopista 101 en Corte Madera y San Rafael, el distrito del Canal de San Rafael, el acceso oriental al puente de la bahía de San Francisco y áreas próximas a los aeropuertos internacionales de San Francisco y Oakland.
También aparecen en la evaluación sectores de Avila Beach, en el condado de San Luis Obispo; Moss Landing y la autopista 1, en el condado de Monterey; y zonas de playa de Santa Cruz.
Para analizar la exposición, Shilling utilizó Surging Seas—Risk Zone Map, una herramienta cartográfica pública desarrollada por Climate Central que permite visualizar qué terrenos podrían quedar cubiertos por el agua bajo diferentes niveles de inundación.
El análisis indica que un incremento temporal de unos 60 centímetros podría afectar playas bajas, marismas y determinados terrenos próximos al puente de la bahía.
Con aumentos de entre 60 y 90 centímetros, el agua podría alcanzar temporalmente sectores de los aeropuertos de San Francisco y Oakland, así como partes de Corte Madera, San Rafael y West Oakland.
Estas proyecciones no significan que todas las áreas identificadas vayan a inundarse simultáneamente. Representan escenarios de exposición que dependen de la altura alcanzada por el agua, la protección existente y las condiciones particulares de cada lugar.
El estudio se suma a las investigaciones que muestran cómo las inundaciones costeras extremas se están volviendo más frecuentes a medida que aumenta el nivel medio del océano.
El Niño puede amplificar el efecto de las mareas y el oleaje
El riesgo inmediato está relacionado con la evolución del fenómeno climático de El Niño, que modifica la circulación atmosférica y oceánica del Pacífico y puede favorecer condiciones de lluvias intensas en determinadas regiones de California.
Durante octubre, sectores del sur del estado ya experimentaron inundaciones y daños costeros asociados con la coincidencia de varios procesos: una onda oceánica de Kelvin, mareas altas y oleaje intenso.
En Long Beach y Newport Beach, esa combinación produjo elevaciones temporales del agua de aproximadamente 60 a 90 centímetros, según los antecedentes citados por el informe de UC Davis.
Las ondas Kelvin asociadas a El Niño pueden transportar perturbaciones de temperatura y altura del océano a grandes distancias. Cuando alcanzan las costas americanas, parte de su energía se propaga siguiendo el litoral.
Estas ondas no deben confundirse con tsunamis ni con grandes olas que rompen repentinamente sobre las playas. Su efecto consiste en modificar temporalmente el nivel del mar, creando condiciones que pueden intensificar las consecuencias de una marea alta o una tormenta.
La preocupación de los investigadores radica en que un episodio similar al observado recientemente en el sur de California podría producir efectos importantes si alcanzara las zonas bajas de la bahía de San Francisco.
La vulnerabilidad resulta mayor cuando las infraestructuras se encuentran sobre terrenos que también experimentan hundimiento, un proceso que incrementa el nivel relativo del agua respecto de la superficie terrestre.
Un cierre prolongado tendría importantes consecuencias económicas
Las inundaciones también podrían alterar considerablemente la movilidad regional. Según UC Davis, aproximadamente 40.000 automóviles utilizan diariamente la autopista 37.
El informe calcula que las demoras asociadas con una interrupción del tráfico representan un costo estimado de 40 dólares por hora y vehículo.
En un escenario de cierre, el impacto económico podría superar los 1,5 millones de dólares diarios únicamente por las alteraciones de circulación vinculadas con esta carretera.
Los investigadores advierten que una inundación grave o la rotura de un dique podría mantener determinados tramos cerrados durante meses, dependiendo de la magnitud de los daños y de las reparaciones necesarias.
Las consecuencias no se limitarían a los conductores. La interrupción de una conexión regional puede modificar rutas de transporte, prolongar desplazamientos y dificultar el acceso a determinadas comunidades.
Por ello, la evaluación plantea un problema de planificación territorial: algunas carreteras construidas en zonas bajas deben funcionar bajo condiciones oceánicas que ya no corresponden necesariamente a las existentes cuando fueron diseñadas.
Dos especies amenazadas podrían perder refugios durante las crecidas
El informe presta especial atención a los ecosistemas de marismas de la bahía de San Francisco, donde las inundaciones también pueden afectar a especies con poblaciones reducidas y hábitats limitados.
Una de ellas es el ratón de las marismas saladas, conocido como salt marsh harvest mouse, una especie endémica de los humedales de la región y protegida por las autoridades estatales y federales estadounidenses.
Otra es el rascón de Ridgway, un ave amenazada que vive entre la vegetación de las marismas. Arrowhead Marsh, en Oakland, alberga una de las poblaciones restantes más importantes de esta especie.
El rascón pasa buena parte de su tiempo entre la vegetación y vuela poco. Cuando el agua invade completamente las zonas donde se refugia, debe desplazarse hacia terrenos más elevados para evitar quedar atrapado.
El ratón de las marismas enfrenta una dificultad semejante. Las crecidas extraordinarias pueden reducir temporalmente los espacios disponibles para alimentarse y protegerse.
La situación es especialmente delicada porque ambos animales dependen de ecosistemas que ya han sufrido transformaciones por la urbanización, la construcción de infraestructuras y las modificaciones del litoral.
En California, investigaciones anteriores documentaron además la pérdida de una parte considerable de sus sistemas de dunas costeras, otra clase de hábitat que contribuye a amortiguar los efectos del océano sobre el territorio.
La protección de marismas y dunas resulta relevante tanto para la conservación de especies como para la capacidad de adaptación de las comunidades costeras.
La preparación del invierno exige revisar las zonas más vulnerables
El nuevo informe llega en un momento en que California se prepara para posibles episodios de lluvia intensa, oleaje elevado y erosión durante el invierno boreal de 2026-2027.
El análisis de UC Davis muestra que el peligro no depende exclusivamente de la intensidad de una tormenta. También intervienen la elevación inicial del océano, la altura de las mareas, el estado de los diques y la ubicación de las infraestructuras.
Una diferencia relativamente pequeña en el nivel del agua puede determinar si una carretera permanece operativa o queda temporalmente anegada.
El problema se agrava cuando los sistemas de protección fueron diseñados para condiciones históricas que no incorporaban plenamente las actuales tendencias de aumento del nivel del mar.
Shilling considera necesario que las autoridades y las comunidades dispongan de información precisa sobre los riesgos para tomar decisiones antes de que se produzcan episodios extremos.
El investigador insiste en que la advertencia no equivale a una predicción de daños inevitables. Su propósito es identificar lugares donde la exposición es suficientemente elevada como para justificar medidas preventivas.
El informe también pone de relieve la necesidad de coordinar la planificación de carreteras, aeropuertos, barrios y ecosistemas naturales. En una región donde las infraestructuras atraviesan humedales, una intervención destinada a proteger el transporte puede tener consecuencias sobre la circulación del agua y los hábitats circundantes.
La llegada del invierno permitirá observar hasta qué punto las condiciones asociadas con El Niño coinciden con episodios de marea y oleaje capaces de producir inundaciones. Mientras tanto, la investigación proporciona un mapa de vulnerabilidades que puede orientar las prioridades de vigilancia y preparación en el litoral californiano.
Fuente referencial:
Universidad de California en Davis — Where El Niño may impact California coastal areas this winter




