Los pulsos oceánicos asociados a El Niño pueden elevar temporalmente entre 15 y 30 centímetros el nivel del mar y amplificar el efecto de mareas altas, tormentas y oleaje sobre una costa ya afectada por la erosión.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Una sucesión de enormes pulsos de agua cálida asociados al fortalecimiento de El Niño está avanzando por la costa del Pacífico de América del Norte y puede elevar temporalmente el nivel del mar entre 15 y 30 centímetros en sectores de California, Estados Unidos. El fenómeno, conocido como ondas Kelvin atrapadas en la costa, no provoca por sí solo una inundación ni se manifiesta como una gran ola visible, pero aumenta la altura de partida del océano y puede intensificar los efectos de mareas altas, tormentas y grandes oleajes.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya detecta señales de calentamiento vinculadas directamente con El Niño frente al sur de California. El proceso llega además cuando el Servicio Meteorológico Nacional mantiene avisos por condiciones costeras adversas en diferentes sectores del estado, donde las mareas elevadas y el oleaje pueden producir inundaciones menores y nueva erosión.
Una enorme onda viaja bajo la superficie del Pacífico
Las ondas Kelvin oceánicas son perturbaciones de gran escala capaces de transportar cambios en temperatura, presión y altura del océano a enormes distancias. No deben confundirse con las olas que rompen sobre una playa ni con un tsunami.
Durante El Niño, los vientos alisios que normalmente ayudan a acumular agua cálida en el Pacífico occidental se debilitan o cambian temporalmente. Parte de esa masa de agua se desplaza entonces hacia el este mediante ondas Kelvin ecuatoriales.
Cuando estos pulsos alcanzan las costas de Ecuador y Perú ya no pueden continuar hacia el este. Parte de su energía se propaga hacia el norte y otra hacia el sur siguiendo el margen continental. La rotación terrestre contribuye a mantener esas perturbaciones pegadas a la costa.
El mecanismo ya había sido observado meses antes desde el espacio. En mayo, los satélites mostraron que una gran onda Kelvin cálida atravesaba el Pacífico ecuatorial hacia Sudamérica, una de las señales precursoras del episodio de El Niño que posteriormente se consolidó durante 2026.
El nivel del mar puede subir entre 15 y 30 centímetros
Dillon Amaya, oceanógrafo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte que estudia estas perturbaciones, explica que las ondas Kelvin costeras pueden producir aumentos del nivel del mar del orden de 15 a 30 centímetros mientras se desplazan por el litoral.
La magnitud exacta no será idéntica en todos los puntos de la costa y depende de la evolución de cada pulso y de las condiciones oceánicas locales. La NOAA tampoco atribuye necesariamente a una única onda una elevación uniforme y sostenida de esa magnitud en todo el litoral occidental.
La importancia de unos pocos centímetros adicionales aparece cuando esa elevación coincide con otros procesos. Amaya estima como regla aproximada que cada cinco a diez centímetros adicionales en el nivel de fondo pueden duplicar el riesgo de inundación costera.
Esto no significa que cada incremento produzca automáticamente el doble de inundaciones en todas las playas. El efecto real depende de la topografía, la orientación de la costa, las mareas, el oleaje, las tormentas, las defensas existentes y el grado previo de erosión.
La sensibilidad de las costas a pequeñas modificaciones de la línea de base oceánica está bien documentada. Una investigación reciente mostró que el aumento del nivel del mar ya multiplicó la frecuencia de inundaciones costeras extremas en numerosas regiones del planeta.
El riesgo aparece cuando coinciden mareas, oleaje y tormentas
Michael Jacox, oceanógrafo investigador del Southwest Fisheries Science Center y del Physical Sciences Laboratory de la NOAA, subraya que la onda Kelvin no debe imaginarse como una pared de agua que llega repentinamente y anega la costa.
Su efecto consiste en elevar la línea de base. Si el océano se encuentra, por ejemplo, 15 centímetros por encima de lo habitual cuando llega una marea excepcionalmente alta, una gran marejada o una tormenta, todo el episodio comienza desde un nivel superior.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos mantiene para esta semana avisos por peligros costeros en partes del sur de California. En las costas de los condados de San Diego y Orange se esperan mareas de aproximadamente 6,5 a 7 pies, equivalentes a cerca de 2 a 2,1 metros, acompañadas por oleaje elevado.
El organismo advierte de posibles inundaciones costeras menores y erosión durante las mareas altas. Avisos similares afectan a sectores de Los Ángeles, Ventura, Malibu y las islas de Catalina y Santa Bárbara, donde también se esperan corrientes de resaca peligrosas.
Las ondas avanzan hacia Oregón y Washington
El pulso que afecta al litoral se desplaza hacia el norte siguiendo la costa a una velocidad aproximada de 10 kilómetros por hora, alrededor de 240 kilómetros diarios. Después de recorrer California, su influencia puede alcanzar Oregón y el estado de Washington.
Los especialistas prevén que nuevos pulsos puedan continuar propagándose entre octubre y febrero a medida que El Niño evoluciona. En una temporada típica del fenómeno pueden producirse varias ondas Kelvin sucesivas.
Una primera señal recorrió la costa durante mayo y junio y existen indicios de otros pulsos formándose en el Pacífico ecuatorial. Su sucesión puede mantener las condiciones oceánicas elevadas durante períodos mucho más prolongados que el paso de una sola perturbación.
La evolución está relacionada con un episodio climático que ya alcanzó una intensidad considerable. El Centro de Predicción Climática de la NOAA informó en septiembre que El Niño 2026-2027 presenta más de un 90 % de probabilidad de alcanzar una categoría muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales.
El Niño profundiza la capa de agua cálida junto a la costa
Las consecuencias de las ondas Kelvin no terminan en el nivel del mar. La NOAA vigila también su capacidad para modificar la estructura vertical del océano.
Cuando estas ondas avanzan hacia el norte, pueden profundizar la termoclina, la zona de transición entre las aguas superficiales cálidas y las aguas más frías situadas a mayor profundidad. El proceso dificulta que el agua fría y rica en nutrientes llegue a la superficie mediante el afloramiento costero.
Este mecanismo constituye una de las conexiones oceánicas mediante las cuales El Niño altera la Corriente de California. Paralelamente, el fenómeno puede modificar la circulación atmosférica del Pacífico Norte y debilitar los vientos que normalmente favorecen el afloramiento.
El resultado puede ser una franja de temperaturas excepcionalmente elevadas próxima a la costa desde Baja California hasta Alaska, aunque la intensidad y los mecanismos dominantes cambian según la región.
California ya arrastraba una ola de calor marina
La llegada de las señales de El Niño ocurre sobre un océano que ya se encontraba anormalmente cálido. El programa de evaluación de la Corriente de California de NOAA continúa siguiendo una ola de calor marina denominada NEP25A, presente cerca de California desde mayo de 2025.
La agencia recalca una distinción importante: gran parte de las anomalías térmicas observadas durante 2026 no fue causada directamente por El Niño. Hasta finales de septiembre, otros procesos atmosféricos y oceánicos explicaban buena parte del calentamiento.
Sin embargo, la actualización de NOAA del 30 de septiembre señala que una parte del calentamiento más reciente frente al sur de California probablemente ya está relacionada con forzamientos directos de El Niño, incluidas las ondas Kelvin oceánicas.
El contexto es relevante porque las olas de calor marinas pueden alterar profundamente los ecosistemas oceánicos, desde bosques de algas y comunidades bentónicas hasta peces y otros organismos cuya distribución depende de la temperatura.
El afloramiento de nutrientes también puede debilitarse
La costa occidental de América del Norte sostiene ecosistemas altamente productivos gracias en parte al afloramiento: los vientos desplazan las aguas superficiales y permiten que aguas profundas, frías y cargadas de nutrientes asciendan hacia zonas iluminadas donde alimentan al fitoplancton.
Las ondas Kelvin pueden profundizar esa reserva de agua fría. Si los nutrientes permanecen a mayor profundidad, disminuye temporalmente su disponibilidad en la superficie y pueden producirse cambios en la productividad marina y en la distribución de las especies.
NOAA Fisheries está siguiendo precisamente indicadores físicos y biológicos para determinar cómo responde el ecosistema de la Corriente de California a El Niño, incluidas la temperatura del agua, la profundidad de la termoclina y los desplazamientos de peces.
La importancia del afloramiento para la productividad marina se observa en otros grandes sistemas costeros. Investigaciones recientes muestran, por ejemplo, que cambios en la intensidad del afloramiento pueden modificar sustancialmente la productividad de los ecosistemas oceánicos.
Las playas erosionadas ofrecen menos protección
El riesgo para California aumenta porque algunas comunidades costeras llegan a esta fase de El Niño después de episodios recientes de fuerte oleaje y pérdida de arena. Sectores de Dana Point, Laguna Beach, Malibu, Long Beach y San Clemente han sufrido daños o erosión durante los últimos meses.
Las playas constituyen una barrera física que absorbe parte de la energía de las olas. Cuando pierden anchura, viviendas, carreteras, vías ferroviarias y otras infraestructuras quedan más expuestas a nuevos episodios de oleaje.
Los grandes El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 estuvieron asociados con algunos de los episodios de erosión más intensos observados en la costa oeste estadounidense. El efecto resulta de la combinación de niveles elevados del mar, oleaje, tormentas y cambios en el transporte de sedimentos, no de las ondas Kelvin actuando aisladamente.
La evolución de una playa tampoco puede reducirse a una tendencia única. Un estudio del Servicio Geológico de Estados Unidos publicado en 2026 encontró crecimiento neto del área de playas del sur de California entre 1984 y 2024, aunque identificó simultáneamente sectores sometidos a erosión severa y una distribución desigual de los sedimentos.
La observación a largo plazo resulta esencial para separar esas tendencias de los cambios producidos por tormentas concretas. En la costa atlántica estadounidense, seis décadas de mediciones en Rhode Island muestran cómo huracanes, tormentas y transporte de sedimentos pueden reorganizar continuamente las playas.
El cambio climático eleva la línea de partida
Las ondas Kelvin y El Niño son componentes naturales de la variabilidad del sistema climático. El aumento global del nivel del mar provocado por el calentamiento antropogénico es un proceso diferente, pero ambos pueden superponerse.
A medida que el océano medio asciende por la expansión térmica del agua y la pérdida de hielo continental, los pulsos naturales y las marejadas comienzan desde una cota más elevada. Una perturbación temporal que en el pasado permanecía por debajo de un umbral crítico puede superar actualmente defensas, dunas, carreteras o zonas bajas.
Ese efecto acumulativo explica por qué los científicos prestan atención a incrementos temporales de apenas centímetros. El riesgo de inundación no depende únicamente de la altura de una tormenta o de una marea, sino de la suma de todos los componentes que determinan el nivel final alcanzado por el agua.
Para California, los próximos meses representan precisamente una posible coincidencia de factores: un El Niño muy fuerte, ondas Kelvin costeras, temperaturas oceánicas elevadas, mareas estacionales y la posibilidad de tormentas durante el invierno boreal.
La vigilancia continuará durante el invierno 2026-2027
La NOAA prevé que las temperaturas superiores a lo habitual relacionadas con El Niño se extiendan por la costa oeste estadounidense durante el otoño y el invierno y posiblemente continúen hasta la primavera.
Los modelos de la agencia asignan una probabilidad de entre 80 % y 100 % de que persistan condiciones de ola de calor marina frente a California hasta finales de 2026. Más al norte, frente a Oregón y Washington, las probabilidades son menores pero continúan elevadas.
Los mareógrafos, satélites y sistemas oceanográficos permitirán determinar cuánto aumenta realmente el nivel del agua cuando cada onda recorra la costa. También ayudarán a separar la señal producida por El Niño de las mareas astronómicas, las tormentas y otras variaciones oceánicas.
Las ondas Kelvin no anuncian por sí mismas una inundación inevitable. Su importancia radica en que añaden agua a una costa donde unos pocos centímetros pueden decidir si una marea o una tormenta permanece dentro de los límites habituales o termina alcanzando carreteras, viviendas e infraestructuras situadas junto al Pacífico.
Fuentes referenciales:
NOAA – California-Current Ocean Assessment Status Takeaways
NOAA Fisheries – Ocean Indicators We’re Tracking for El Niño’s Arrival on the West Coast
NOAA Climate Prediction Center – ENSO Diagnostic Discussion
National Weather Service – Beach Hazards Statements
Infobae – Ondas Kelvin y riesgo de inundaciones en la costa del Pacífico




