Un estudio liderado por Tulane concluye que eventos antes esperados cada 100 años son ahora 12 veces más probables
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El aumento del nivel del mar causado por la actividad humana ha incrementado de forma significativa la frecuencia de las inundaciones costeras extremas en el mundo. Una investigación liderada por un científico de la Universidad de Tulane y publicada en Nature Climate Change concluye que los eventos de inundación que antes se esperaban una vez cada 100 años son ahora, en promedio, unas 12 veces más probables.
El estudio muestra que la subida del mar ya no es solo una proyección de largo plazo, sino un factor que está modificando el riesgo costero actual. A medida que el nivel medio del océano se eleva, marejadas, tormentas y episodios de agua extrema parten desde una línea de base más alta, por lo que alcanzan con mayor facilidad zonas habitadas, infraestructuras y ecosistemas costeros.
La investigación se suma a una serie de advertencias recientes sobre el aumento del nivel del mar y sus nuevos riesgos, un proceso impulsado por el calentamiento del océano, la expansión térmica del agua y la pérdida de hielo terrestre.
Eventos raros que dejan de ser raros
Uno de los hallazgos centrales es que las inundaciones costeras extremas se están volviendo mucho más frecuentes. Un evento que históricamente podía clasificarse como una inundación de “una vez cada 100 años” ya no mantiene esa misma rareza bajo las condiciones actuales de nivel del mar.
Esta transformación es clave para la planificación costera. Muchas defensas, normas de construcción, mapas de riesgo y seguros se diseñaron con estadísticas históricas que asumían una frecuencia menor de eventos extremos. Si esa frecuencia cambia, también cambia la seguridad real de puertos, carreteras, viviendas, redes eléctricas, plantas de tratamiento y barrios costeros.
El problema no depende únicamente de tormentas más intensas. Incluso sin cambios en la fuerza de cada temporal, un océano más alto permite que el agua penetre más tierra adentro durante marejadas y pleamares extremas. Ese desplazamiento convierte episodios antes excepcionales en amenazas más recurrentes.
La huella humana en el riesgo costero
El trabajo atribuye el aumento del riesgo a la elevación del nivel del mar provocada por el calentamiento global de origen humano. Desde mediados del siglo XX, las emisiones de gases de efecto invernadero han contribuido de manera creciente al calentamiento del sistema climático, al derretimiento de glaciares y capas de hielo, y a la expansión térmica de los océanos.
La consecuencia directa es que las costas enfrentan una amenaza acumulativa. Cada centímetro adicional de nivel del mar puede ampliar el alcance de las inundaciones, agravar la erosión y reducir el margen de seguridad frente a tormentas. Por eso, el estudio refuerza la necesidad de revisar mapas de amenaza y modelos de protección costera.
La advertencia coincide con análisis previos que muestran cómo el mar puede estar afectando a más población de la prevista, incluso por errores en la estimación de elevación costera y exposición territorial. En ese contexto, el riesgo para comunidades bajas se conecta con estudios sobre cómo millones de personas pueden estar más expuestas al avance del mar.
Infraestructura y comunidades bajo presión
Las inundaciones costeras extremas afectan de forma directa a ciudades, zonas portuarias, carreteras litorales, sistemas de drenaje, áreas turísticas y ecosistemas como humedales, manglares y marismas. Cuando estos eventos se vuelven más frecuentes, los daños dejan de ser excepcionales y pasan a formar parte de un riesgo recurrente.
La adaptación debe considerar tanto defensas grises, como diques o barreras, como soluciones basadas en la naturaleza. La restauración de humedales, dunas, arrecifes de ostras y vegetación costera puede ayudar a amortiguar el oleaje y reducir la energía de marejadas, aunque su eficacia depende de las condiciones locales y del ritmo de subida del mar.
El desafío es especialmente complejo en asentamientos donde la retirada hacia zonas más altas es difícil por razones sociales, económicas o culturales. En muchas costas, el crecimiento urbano ha ocupado áreas bajas que ahora reciben una presión creciente por marejadas, erosión y salinización.
Cuando el agua también llega desde abajo
El aumento del nivel del mar no solo incrementa el riesgo de inundación visible desde el océano. También puede elevar el nivel freático y provocar problemas subterráneos antes de que una zona quede cubierta por el agua. La saturación del suelo puede afectar drenajes, cimientos, sótanos, redes sanitarias y sistemas de aguas residuales.
Este riesgo invisible obliga a mirar más allá de la línea de costa. Una comunidad puede enfrentar problemas de infraestructura incluso antes de sufrir una gran inundación superficial, especialmente si el agua subterránea sube en combinación con lluvias intensas o mareas altas.
Las advertencias sobre inundaciones desde abajo por aumento del nivel del mar muestran que la adaptación costera necesita integrar océano, suelo, drenaje urbano y planificación territorial en una misma estrategia.
Deltas, playas e islas en primera línea
Los territorios más bajos enfrentan riesgos adicionales. En los deltas, la subsidencia o hundimiento del terreno puede aumentar la exposición incluso más rápido que la subida local del mar. En playas e islas, la erosión puede reducir barreras naturales que antes amortiguaban el impacto de marejadas.
La combinación de hundimiento del suelo, pérdida de sedimentos, urbanización y ascenso del mar puede multiplicar el riesgo en regiones densamente pobladas. En varios deltas del mundo, la tierra se hunde mientras el océano sube, lo que reduce el margen de protección natural y aumenta la frecuencia de inundaciones.
Este patrón ya ha sido señalado en estudios sobre deltas que se hunden más rápido que el nivel del mar, una condición que agrava el futuro de millones de personas asentadas en zonas costeras y fluviales bajas.
Planificar con un océano distinto
El estudio liderado por Tulane subraya que la planificación costera no puede seguir basada únicamente en el pasado. Si un evento extremo se vuelve 12 veces más probable, la infraestructura diseñada para condiciones históricas puede quedar rápidamente desactualizada.
La gestión del riesgo debe actualizar mapas, revisar normas de construcción, proteger ecosistemas amortiguadores, reforzar sistemas de alerta y considerar escenarios de retirada planificada en zonas donde la defensa permanente sea inviable. La reducción de emisiones también sigue siendo decisiva, porque cada fracción adicional de calentamiento aumenta el riesgo futuro de subida del mar.
Las inundaciones costeras extremas ya no son una amenaza distante. El aumento del nivel del mar está convirtiendo episodios antes raros en eventos mucho más frecuentes, con consecuencias directas para comunidades, economías y ecosistemas de todo el planeta.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: Extreme coastal flooding surges worldwide as rising seas raise the stakes
