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OBSERVATORIO PLANETARIO | 7 DE NOVIEMBRE DE 2026

Panorama Planetario

El sistema Tierra presenta una combinación de procesos de largo recorrido y variabilidad meteorológica de corto plazo. El calentamiento acumulado del océano, la concentración de gases de efecto invernadero y la evolución de las masas de hielo constituyen indicadores estructurales. En cambio, los incendios, las tormentas y las sequías requieren observaciones regionales actualizadas para determinar su situación diaria.

Este panel distingue las tendencias científicas consolidadas de los fenómenos que necesitan vigilancia en tiempo real. No atribuye valores globales diarios que no hayan sido contrastados con una fuente instrumental específica.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL

El balance térmico del planeta

La temperatura media superficial es uno de los indicadores fundamentales del cambio climático. Su evolución debe evaluarse mediante series temporales y anomalías respecto de períodos de referencia, no a partir de una sola jornada meteorológica.

Los registros instrumentales permiten diferenciar las fluctuaciones naturales de una tendencia persistente de calentamiento. La comparación entre distintos conjuntos de datos también ayuda a identificar incertidumbres y diferencias metodológicas.

La señal relevante para el seguimiento planetario es la persistencia del calentamiento a escala plurianual, especialmente cuando se examina junto con el contenido de calor oceánico.

🌊 OCÉANOS

El almacenamiento de calor continúa siendo decisivo

Los océanos absorben la mayor parte del exceso de energía retenida por el sistema climático. Este almacenamiento modifica la temperatura de las aguas, contribuye a la expansión térmica y repercute en los ecosistemas marinos.

Las observaciones de temperatura superficial deben complementarse con mediciones del interior oceánico. Las boyas del programa Argo, los satélites y las campañas oceanográficas permiten estudiar distintas profundidades y escalas temporales.

Una superficie marina temporalmente más fría no implica necesariamente que haya disminuido el calor acumulado en el conjunto del océano.

🏭 CO₂ ATMOSFÉRICO

La concentración importa más que una oscilación diaria

El dióxido de carbono atmosférico se mide en estaciones de referencia y mediante sistemas de observación especializados. Su concentración presenta variaciones estacionales relacionadas, entre otros factores, con la actividad de la vegetación terrestre.

El aumento sostenido de largo plazo refleja principalmente la acumulación de emisiones antropogénicas que no han sido absorbidas por los sumideros naturales.

Para interpretar una cifra concreta deben identificarse la estación, la fecha, el método y si corresponde a una medición diaria, mensual o anual. Una lectura aislada no describe por sí sola la evolución planetaria.

🧊 HIELO POLAR

Dos hemisferios con ciclos diferentes

Durante noviembre, el hielo marino del Ártico se encuentra normalmente en fase de expansión estacional, mientras que el de la Antártida atraviesa su ciclo de retroceso hacia el verano austral.

La extensión del hielo, su concentración y su espesor son variables diferentes. Los satélites permiten observar amplias superficies, pero la interpretación científica exige considerar también la variabilidad atmosférica y oceánica.

La pérdida de hielo terrestre, por su parte, tiene consecuencias directas para el nivel del mar y no debe confundirse con los cambios estacionales del hielo marino flotante.

🔥 INCENDIOS

Combustible, sequedad y meteorología

El riesgo de incendio depende de la humedad de la vegetación, el viento, la temperatura, la topografía y las fuentes de ignición. Los satélites detectan anomalías térmicas, pero estas no equivalen automáticamente a incendios forestales confirmados.

La vigilancia combina detecciones activas, mapas de superficie quemada y observaciones terrestres. Una misma anomalía puede representar situaciones distintas según el tipo de cobertura y las condiciones locales.

La prioridad operativa es distinguir entre condiciones favorables para la propagación y emergencias verificadas por los organismos responsables.

💧 SEQUÍAS

La escasez de lluvia no explica todo el problema

La sequía meteorológica describe déficits de precipitación, mientras que la agrícola considera la humedad disponible para los cultivos y la hidrológica examina caudales, embalses y aguas subterráneas.

Estas manifestaciones pueden aparecer en momentos diferentes. Incluso después de lluvias importantes, los acuíferos o los embalses pueden necesitar más tiempo para recuperarse.

La evaluación planetaria requiere integrar observaciones de precipitación, humedad del suelo, evapotranspiración y almacenamiento de agua, evitando extrapolar una situación regional al conjunto del planeta.

🌀 FENÓMENOS EXTREMOS

Vigilancia de tormentas y precipitaciones intensas

Los sistemas atmosféricos intensos pueden generar inundaciones, oleaje peligroso, vientos destructivos y deslizamientos. Su seguimiento depende de modelos numéricos, radares, satélites y avisos meteorológicos oficiales.

En noviembre, las distintas cuencas oceánicas se encuentran en fases diferentes de sus temporadas ciclónicas. Por ello, no existe un único indicador mundial que represente adecuadamente todos los riesgos.

Las previsiones deben revisarse a medida que se actualizan las trayectorias, la intensidad y la exposición de las poblaciones.

🌍 INTERACCIÓN PLANETARIA

Un sistema de procesos conectados

La circulación atmosférica, el intercambio de calor con el océano, la disponibilidad de agua continental y la cobertura vegetal forman parte de un sistema interdependiente.

Una anomalía de temperatura marina puede modificar los intercambios de humedad y energía; una sequía prolongada puede alterar la vegetación y aumentar la vulnerabilidad frente a incendios.

Sin embargo, cada conexión debe examinarse con datos específicos antes de establecer una relación causal para un episodio determinado.

🔎 Señal planetaria destacada

La observación simultánea de la atmósfera y del océano resulta esencial para interpretar la evolución del sistema Tierra. Los cambios en el contenido de calor oceánico, la distribución de humedad y la circulación atmosférica pueden interactuar durante semanas o meses, mientras que las tendencias climáticas requieren análisis de períodos mucho más prolongados.

Perspectiva del 7 al 21 de noviembre de 2026

Durante los próximos 7 a 14 días, la vigilancia científica debe concentrarse en la evolución de los patrones de precipitación, las anomalías térmicas, las condiciones favorables a incendios y los cambios de circulación atmosférica. Los pronósticos subestacionales ofrecen orientación probabilística, no certezas sobre fenómenos concretos.

Para decisiones operativas, las alertas de los servicios meteorológicos nacionales deben prevalecer sobre los análisis globales. La actualización periódica de los modelos es indispensable para evaluar cambios en intensidad, ubicación y duración de posibles episodios extremos.

Fuentes científicas de referencia: Organización Meteorológica Mundial (wmo.int), Copernicus Climate Change Service (climate.copernicus.eu), NOAA (noaa.gov), NASA Earth Observatory (earthobservatory.nasa.gov) y NSIDC (nsidc.org). Panel de contexto científico; no constituye un boletín de observaciones instrumentales verificadas en tiempo real.
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Evaluación de los cambios en el carbono inorgánico disuelto en el mar de Groenlandia

EFE/Sara Giansiracusa

Para saber si estamos cumpliendo con los tratados de emisiones, todo el CO2 debe ser rastreable. Una contabilidad incompleta ha llevado recientemente a unos científicos a una búsqueda en el mar de Groenlandia. Su investigación se ha publicado en el Journal of Geophysical Research: Oceans .


por Ellen Viste, Centro Bjerknes para la Investigación del Clima


Jugando al escondite con dióxido de carbono
Los mares nórdicos con topografía, corrientes superficiales principales (azul: Corriente de Groenlandia Oriental—EGC; rojo: Corriente del Atlántico Noruego—NwAC) y nombre de las áreas terrestres y oceánicas limítrofes, así como sus tres mares constituyentes. La línea amarilla marca la parte de la sección de 75°N que se trata aquí, desde 12°O hasta 6°E. Crédito: Journal of Geophysical Research: Oceans (2024). DOI: 10.1029/2023JC020462

«Pensábamos que teníamos el control», dice el profesor Are Olsen, «pero lo hemos perdido».

Como ya ha sucedido en otras ocasiones, el responsable de la investigación del Centro Bjerknes y del Instituto Geofísico de la Universidad de Bergen habla del CO2 . Pero esta vez no son las emisiones incontroladas las que nos preocupan. Su desánimo se debe a que no estamos muy bien vigilados , un gas etéreo como un fantasma.

«Nosotros» somos la población de la Tierra, y hemos perdido la cuenta de dónde termina el CO2 que emitimos .

Cuando liberamos CO2 a la atmósfera al quemar petróleo y carbón, una parte del CO2 permanece en el aire, mientras que el resto es absorbido por el océano y la vegetación terrestre. Es importante hacer un seguimiento de la distribución entre los receptores.

«A menos que podamos contabilizar todo el CO2 , no sabremos si los recortes de emisiones ayudan», explica Olsen.

Tampoco podemos saber si alguien hace trampa al no declarar sus emisiones.

Cada otoño se actualiza el presupuesto global de carbono. En sentido estricto, se trata de una contabilidad con cuatro entradas. Las emisiones de gases de efecto invernadero se equilibran con la cantidad absorbida por el océano y la vegetación terrestre, junto con la cantidad que permanece en la atmósfera:

Emisiones = absorción por los océanos + absorción por los bosques + cambio en el aire.

Durante las últimas décadas, el signo igual ha estado ausente. Hemos emitido más CO2 del que podemos registrar:

Emisiones = absorción por el océano + absorción por los bosques + cambio en el aire + algo fantasmal, oculto y escapado.

La desviación representa entre el 2,5 y el 3% de las emisiones globales. ¿Es una contribución ínfima?

«Casi mil millones de toneladas», dice Olsen.

Después de todo, la misión de búsqueda que inició ha dado resultados.

Evaluación de los cambios en el carbono inorgánico disuelto en el mar de Groenlandia
Las muestras de agua del mar de Groenlandia indican un aumento de la absorción de CO2 en las últimas décadas. Crédito: Are Olsen

Junto con colegas de la Universidad de Bergen, NORCE y el Centro Bjerknes, encontró algunas de las toneladas que faltaban. Se encuentran en el mar de Groenlandia, a una profundidad de entre 1.500 y 2.000 metros. Hasta ahora, el océano ha absorbido una cuarta parte de todo el CO2 emitido por los seres humanos. El agua que se hunde es la causa de esta importante absorción.

Mientras el agua esté expuesta al aire que la cubre, se saturará rápidamente y no podrá absorber más CO2 . Si las aguas superficiales no se hubieran hundido, la absorción habría sido limitada.

El hundimiento de las aguas se produce en el océano Austral y en algunas partes del océano Atlántico Norte, incluidos los mares nórdicos. En estas regiones, el agua superficial se enfría y se hunde hasta el fondo del océano. Con el hundimiento del agua se va carbono, antropogénico y natural. Este mecanismo permite que el océano elimine más CO2 de la atmósfera de lo que lo haría de otro modo.

Esta absorción no es nueva y se puede estimar, pero los cambios en la circulación alteran la ecuación. Durante las últimas décadas, el hundimiento en el mar de Groenlandia ha sido más vigoroso que antes.

Una revolución en aguas profundas

«En 2002, el mar de Groenlandia ya había cambiado», afirma Olsen.

En un crucero de investigación de ese año, él y sus colegas tomaron muestras de un transecto a 75 grados al norte desde la isla Bear hasta Groenlandia. A intervalos específicos, bajaron dispositivos para recolectar muestras de agua y midieron la cantidad de carbono en el agua, desde la superficie hasta el fondo, a casi 4.000 metros por debajo de su barco como máximo.

Al ser absorbido por el agua del mar, el gas CO2 forma otras sustancias químicas que contienen carbono. Lo que se mide no es el gas, sino la cantidad total de carbono disuelto en el agua.

Los datos de 2002 documentaron un cambio claro.

Normalmente, el agua cercana al fondo del océano es la más rica en carbono. Esto se debe a que las algas muertas y otras criaturas se descomponen en carbono y se hunden. Cuanto más «vieja» es el agua (cuanto más tiempo ha estado expuesta a la atmósfera), más carbono contiene.

Esta vez los investigadores encontraron carbono distribuido uniformemente en toda la columna de agua.

Al regresar en 2016, descubrieron que la distribución era aún más extraña. La mayor concentración de carbono se encontró en el agua más joven, no solo cerca de la superficie, sino hasta profundidades de entre 1.500 y 2.000 metros. La distribución era la opuesta a lo que se considera normal.

Estos hallazgos indican que el mar de Groenlandia absorbe más CO2 del aire que antes y que este carbono se transporta de forma más eficiente a las profundidades.

Se localizaron toneladas de CO2 , pero el juego del escondite no había terminado.

Evaluación de los cambios en el carbono inorgánico disuelto en el mar de Groenlandia
El agua superficial fluye desde el Atlántico Norte hacia los mares nórdicos, donde se hunde y fluye hacia el sur en las profundidades. Un crucero de investigación en 2002 reveló que el agua a 75 grados norte (naranja) había cambiado significativamente. Crédito: Ellen Viste

El carbono presente en el mar puede proceder de algas muertas, algas marinas, focas o bacalao. ¿Cómo podían saber los investigadores que el carbono que encontraron en el mar de Groenlandia, procedente del carbón y el petróleo, eran las toneladas fantasmales necesarias para que los cálculos funcionaran?

Los organismos vivos están compuestos de algo más que carbono. Cuando el material biológico se descompone, el contenido de nitrógeno del agua aumenta, mientras que el de oxígeno disminuye. Si los cambios se debieron a la descomposición de las criaturas marinas, esto debería haberse notado en los niveles de nitrógeno y oxígeno. No fue así.

Esto permite a Olsen estar seguro de que el carbono adicional proviene del CO2 antropogénico .

El carbono antropogénico llega más profundamente

Más CO2 en el aire hace que las aguas superficiales absorban más CO2 y , en las últimas décadas, el aumento de las corrientes descendentes en el mar de Groenlandia ha transportado más agua y más carbono lejos de la superficie.

En 2002, habían pasado más de cincuenta años desde que el agua a 1.500 metros de profundidad estuvo en la superficie. En 2016, el agua a la misma profundidad había pasado en algunos lugares menos de diez años en el mismo recorrido.

«No es probable que mil millones de toneladas de CO2 se encuentren ocultas en el mar de Groenlandia», afirma Olsen. «Pero no es impensable que el resto se encuentre en los océanos del mundo».

Es posible que los cambios en el hundimiento de otras regiones oceánicas hayan arrastrado cantidades comparables.

Se han vertido toneladas de carbono antropogénico en el océano. ¿Tendremos alguna posibilidad de absorberlo de nuevo? ¿Podríamos sacar la mancha fantasma y otros fantasmas del mar de Groenlandia y encerrarlos en un lugar seguro?

«No», responde Olsen de inmediato. «Y no tendría sentido hacerlo. Es una tontería. El carbono se queda en el océano».

Las aguas profundas que se forman al hundirse en el mar de Groenlandia son tan pesadas que caen a 6.000 metros de profundidad cuando fluyen hacia el Atlántico Norte. En esas aguas se encuentra carbono cuyo origen se puede rastrear hasta nuestras emisiones de CO2 : fuera de la vista, fuera del alcance, fuera de la atmósfera y sin contribuir al efecto invernadero.

Solo dentro de mil años el agua y el carbono volverán a llegar a la superficie. Para entonces, es posible que hayamos encontrado una solución mejor.

Más información: Are Olsen et al, In the Wake of Deeper Convection: Nonsteady State Anthropogenic Carbon in the Greenland Sea, Revista de investigación geofísica: océanos (2024). DOI: 10.1029/2023JC020462