Una revisión global de 411 estudios advierte que la minería de arena y grava profundiza cauces, debilita riberas y amenaza comunidades, ecosistemas e infraestructuras
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La arena utilizada para construir ciudades, carreteras, viviendas y otras infraestructuras está siendo extraída de numerosos ríos a una velocidad mayor que la capacidad natural de esos sistemas para reponerla. Una revisión internacional dirigida por investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, advierte que esta diferencia entre extracción y suministro sedimentario se ha convertido en un desafío global para la sostenibilidad.
El trabajo reunió los resultados de 411 estudios científicos revisados por pares y publicados desde 1974. La investigación abarcó evidencias procedentes del sudeste y el sur de Asia, China, África, Europa y América del Sur, con el objetivo de analizar los factores que impulsan la demanda, los impactos sobre los ríos y las posibles vías para mejorar su gestión.
Los autores determinaron que, allí donde existen mediciones fiables, la cantidad anual de arena y grava retirada suele superar varias veces el volumen de sedimentos que los ríos pueden transportar y reponer naturalmente. Esta extracción excesiva altera el equilibrio entre erosión, transporte y deposición que mantiene la forma y el funcionamiento de los cauces.
La revisión amplía las advertencias sobre la erosión de ríos y medios de vida causada por la extracción de arena, una actividad que afecta tanto a los ecosistemas fluviales como a las comunidades que dependen de ellos para obtener agua, alimentos, transporte e ingresos.
La minería puede profundizar cauces y desestabilizar riberas
Cuando la extracción supera la entrada natural de sedimentos, el lecho del río puede hundirse progresivamente. El dragado crea pozos y canales más profundos que modifican la velocidad del agua, la distribución de las corrientes y la forma en que el cauce responde durante crecidas y períodos de bajo caudal.
La pérdida de material también debilita las riberas. Sin suficiente arena y grava para mantener su estructura, los márgenes pueden erosionarse, retroceder o colapsar, poniendo en riesgo viviendas, caminos, terrenos agrícolas y otras instalaciones próximas al río.
Estos cambios forman parte de una transformación más amplia de los sistemas fluviales. Estudios anteriores han identificado alteraciones sin precedentes en el transporte de sedimentos de los ríos, impulsadas tanto por la extracción de materiales como por la construcción de presas y otras intervenciones humanas.
La minería también puede reducir los niveles de las aguas subterráneas conectadas con el río. Cuando el lecho se profundiza, desciende la superficie del agua y pueden verse afectados pozos, humedales, cultivos y ecosistemas que dependen de esa conexión hidráulica.
La calidad del agua y los hábitats también resultan afectados
La remoción de arena y grava levanta sedimentos finos y aumenta la turbidez. El agua cargada de partículas reduce la penetración de la luz, dificulta la fotosíntesis de las plantas acuáticas y puede cubrir áreas de alimentación, refugio o reproducción de peces y otros organismos.
Las operaciones de dragado destruyen directamente hábitats del fondo fluvial. Los pozos creados por la extracción modifican la profundidad y la velocidad de las corrientes, mientras que la eliminación de bancos de arena y grava reduce la diversidad física necesaria para muchas especies.
La pérdida de sedimentos puede propagarse aguas abajo. Los ríos transportan arena, limo y arcilla desde las cuencas interiores hasta llanuras aluviales, deltas y costas, donde esos materiales ayudan a compensar la erosión y mantener la elevación del terreno.
El papel de este flujo sedimentario ha sido documentado en investigaciones sobre los cambios globales en los ríos y su transporte de arena y limo. Cuando disminuye el suministro, los efectos pueden extenderse mucho más allá del punto exacto donde se realiza la extracción.
El agua salada puede avanzar hacia deltas y zonas agrícolas
En regiones costeras y deltaicas, la profundización de los cauces facilita que el agua del mar penetre más lejos hacia el interior durante las mareas o los períodos de bajo caudal. Esta intrusión salina puede deteriorar el agua potable, afectar los cultivos y alterar ecosistemas de agua dulce.
Los deltas son especialmente vulnerables porque dependen del aporte continuo de sedimentos para contrarrestar la erosión, el hundimiento natural del terreno y el aumento del nivel del mar. La extracción aguas arriba reduce los materiales disponibles para mantener esas superficies.
Las alteraciones pueden perjudicar la agricultura y la pesca, dos actividades esenciales para numerosas comunidades ribereñas. La salinización de los suelos reduce la productividad agrícola, mientras que la pérdida de hábitats y los cambios en la calidad del agua afectan a las poblaciones de peces.
La revisión también advierte sobre daños potenciales a puentes, carreteras y edificios. Cuando el lecho del río desciende o las riberas retroceden, los cimientos y pilares pueden quedar expuestos a una erosión mayor que la prevista durante el diseño de las obras.
Solo una parte de los estudios midió cuánto material se extrae
Una de las principales conclusiones del trabajo es la falta de información suficiente para gestionar el problema. Aunque la mayoría de los estudios examinó las consecuencias ambientales o sociales, pocos cuantificaron de manera precisa la escala de la extracción o las causas específicas de la demanda.
Solo el 27 % de los trabajos revisados calculó la magnitud de la extracción, mientras que el 24 % analizó los factores que impulsan el consumo. En contraste, el 69 % se concentró en los impactos generados sobre los ríos, los ecosistemas o las comunidades.
Edward Park, profesor asociado del Instituto Nacional de Educación e investigador principal del Observatorio de la Tierra de Singapur, afirmó que los gobiernos no pueden resolver un problema que no pueden observar. Cuando la minería de arena carece de seguimiento, las autoridades suelen reaccionar después de que el cauce ya ha cambiado y la población ha sufrido las consecuencias.
La ausencia de datos también dificulta distinguir entre la extracción autorizada y la ilegal. Sin registros de embarcaciones, volúmenes, lugares de dragado y transporte de materiales, resulta complejo comprobar si los operadores cumplen los permisos o sobrepasan los límites establecidos.
El Mekong muestra la magnitud de la extracción no autorizada
El río Mekong fue utilizado como ejemplo de las diferencias que pueden existir entre las cantidades permitidas y las realmente extraídas. Un método satelital desarrollado por el equipo permitió estimar que se habían retirado más de 50 millones de toneladas métricas de arena.
La cantidad autorizada era de aproximadamente 20 millones de toneladas métricas. Esto significa que la extracción real superó en más de un 150 % el límite permitido y que cerca del 60 % del volumen total habría sido retirado ilegalmente.
El Mekong atraviesa y sostiene algunas de las regiones agrícolas y pesqueras más importantes del sudeste asiático. Los cambios en su cauce pueden propagarse hacia zonas muy alejadas de los sitios de extracción, afectando riberas, islas, canales secundarios y el delta.
El ejemplo muestra por qué los permisos aislados no bastan cuando múltiples operaciones actúan sobre un mismo sistema fluvial. La suma de pequeñas y grandes extracciones puede superar el presupuesto sedimentario de toda la cuenca, aunque cada proyecto sea evaluado por separado.
La demanda global genera impactos principalmente locales
La arena es uno de los recursos naturales más utilizados del planeta. Constituye un componente fundamental del hormigón, las carreteras, la recuperación de terrenos costeros y numerosas obras de infraestructura.
Su demanda aumenta a medida que crecen las ciudades y los países construyen más viviendas, redes de transporte y defensas costeras. Sin embargo, los costos ambientales y sociales suelen concentrarse en los ríos y las comunidades donde se obtiene el material.
Los investigadores identificaron así un desajuste de escala: la demanda responde con frecuencia a mercados regionales o internacionales, mientras que la erosión, la pérdida de agua, el deterioro de la pesca y los daños a las riberas recaen sobre poblaciones locales.
En determinados casos, los efectos también avanzan aguas abajo y atraviesan fronteras administrativas o nacionales. Por esta razón, la revisión propone dejar de tratar la minería como una serie de explotaciones independientes y gestionarla como un problema de toda la cuenca.
Los límites deben basarse en el presupuesto de sedimentos
El equipo desarrolló un marco que conecta los impulsores de la demanda con las zonas de extracción, los efectos ambientales y las medidas disponibles para reducir los daños. La propuesta sitúa el presupuesto sedimentario como herramienta central para determinar cuánto material podría retirarse.
Un presupuesto de sedimentos calcula cuánta arena y grava entra, se almacena, se moviliza y sale de un sistema fluvial durante un período determinado. Si la extracción supera de manera continuada esa reposición, el río pierde material y comienza a ajustar su cauce mediante erosión.
Los límites deberían considerar la dinámica completa del sistema, no solo el volumen presente en un banco específico. Una acumulación visible puede parecer abundante, pero formar parte de una reserva necesaria para mantener las riberas, transportar sedimentos aguas abajo o recuperarse después de una crecida.
Las presas añaden otra presión al retener materiales que antes circulaban libremente. La eliminación de infraestructuras abandonadas puede favorecer la recuperación del transporte de sedimentos y de los hábitats fluviales, aunque cada cuenca requiere una evaluación específica.
Satélites, drones y sonar pueden mejorar la vigilancia
Los autores recomiendan combinar imágenes satelitales, vuelos con drones, levantamientos de campo, cartografía mediante sonar y modelos fluviales. Cada herramienta permite observar una parte diferente del proceso de extracción y de sus impactos.
Las imágenes satelitales pueden localizar embarcaciones de dragado, columnas de sedimentos y áreas activas en redes fluviales extensas o remotas. Su repetición periódica facilita detectar nuevos focos de actividad y comparar la evolución de los cauces.
Los drones y las fotografías aéreas de alta resolución permiten examinar lugares más pequeños o difíciles de distinguir desde el espacio. También pueden documentar la erosión de riberas, la expansión de pozos de extracción y los cambios en bancos e islas.
La cartografía batimétrica mide la forma y la profundidad del lecho. Los estudios repetidos con sonar pueden identificar las cicatrices dejadas por el dragado, calcular cuánto material se retiró y determinar si los pozos se rellenan naturalmente o siguen profundizándose.
Estos datos pueden incorporarse a modelos que simulen la respuesta del río ante distintos niveles de extracción. Las autoridades podrían así identificar zonas donde una retirada controlada resultaría menos perjudicial y establecer áreas de exclusión en tramos sensibles o propensos a la erosión.
El sudeste asiático afronta una presión especialmente alta
La revisión considera que los resultados son particularmente relevantes para el sudeste asiático, donde la rápida urbanización continúa impulsando la demanda de materiales de construcción. Las grandes ciudades dependen de cadenas regionales de suministro que trasladan arena desde ríos y deltas hacia zonas de desarrollo.
En el caso de Singapur, el problema no se limita a la demanda interna, sino que involucra los impactos generados en los países y cuencas que abastecen de materiales a sus proyectos urbanos y de infraestructura.
Los autores prevén que la arena seguirá siendo un material esencial durante los próximos años porque las alternativas requieren tiempo para alcanzar una escala suficiente. Por ello, proponen aumentar la transparencia de las cadenas de suministro y mejorar la eficiencia con la que se utiliza el recurso.
La responsabilidad no recae únicamente en los lugares de extracción. Empresas constructoras, gobiernos, compradores y ciudades consumidoras pueden influir sobre la presión ejercida en los ríos mediante estándares de abastecimiento, trazabilidad y requisitos ambientales.
Los residuos de construcción podrían reducir parte de la demanda
Entre las opciones planteadas se encuentran el uso más eficiente de la arena y el desarrollo de materiales alternativos adecuados. Los investigadores mencionan residuos de construcción procesados, vidrio reciclado y cenizas de fondo tratadas procedentes de la incineración de residuos.
Estas alternativas deben cumplir requisitos técnicos y de seguridad antes de sustituir materiales naturales en obras. Su expansión, sin embargo, podría reducir la cantidad de arena virgen necesaria y disminuir la presión sobre determinados sistemas fluviales.
Investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang estudian formas de convertir residuos en recursos para la construcción, incluidas cenizas tratadas y otros materiales reciclados. El equipo también desarrolló una tecnología de recolección sostenible destinada a identificar dónde y en qué cantidades podría extraerse arena con menores impactos.
La revisión concluye que una gestión sostenible requiere medir la extracción real, vigilar las actividades ilegales, establecer límites vinculados con la reposición natural y proteger los tramos más vulnerables. Sin estas medidas, numerosos ríos continuarán perdiendo arena y grava más rápido de lo que sus cuencas pueden reemplazarlas.
Fuente(s) referenciales
