Un estudio dirigido por científicos vinculados a la NASA identifica cientos de valles antes desconocidos y amplía el trazado de otros hacia el interior de la isla
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores ha cartografiado 1.943 valles bajo la capa de hielo de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca. Cerca de un tercio no había sido identificado previamente y otros se extienden más hacia el interior de lo que indicaban los mapas existentes. El trabajo, publicado en Geophysical Research Letters y presentado por el Observatorio de la Tierra de la NASA el 28 de septiembre de 2026, aporta nuevos datos sobre el relieve que influye en el movimiento del hielo.
La capa helada cubre aproximadamente 1,7 millones de kilómetros cuadrados y supera los tres kilómetros de espesor en sus zonas más gruesas. Medir directamente el terreno enterrado bajo ella resulta difícil, especialmente lejos de los márgenes. Los investigadores recurrieron por ello a pequeñas variaciones de la superficie y la velocidad del hielo para inferir la forma del lecho rocoso.
Las señales del relieve aparecen en la superficie helada
El método se denomina análisis de perturbaciones del flujo de hielo. Cuando el hielo avanza sobre una elevación o un valle, el terreno puede dejar una señal tenue en su superficie. Al estudiar esas diferencias con observaciones satelitales y modelos del movimiento glaciar, el equipo reconstruyó corredores del paisaje que antes aparecían incompletos.
Los autores encontraron que aproximadamente la mitad de los valles recogidos en BedMachine Greenland, una base cartográfica del terreno subglacial, continúa más hacia el interior de lo representado hasta ahora. En algunos casos, la extensión adicional alcanza cientos de kilómetros. El resultado amplía el conocimiento del paisaje oculto y plantea una mejora para futuras versiones de ese mapa.
La importancia de conocer el terreno bajo una masa de hielo también se observa en los estudios del relieve subglacial de la Antártida: los valles y las elevaciones condicionan las rutas por las que se desplaza el hielo. El nuevo trabajo aporta una reconstrucción específica y más extensa de esas formas en Groenlandia.
Valles rectos y antiguos cursos de agua
En el centro-oeste de Groenlandia, el mapa muestra numerosos valles largos y rectos orientados de suroeste a noreste. Los investigadores consideran que esa disposición podría reflejar la influencia de estructuras tectónicas anteriores a la formación de la capa de hielo. Se trata de una interpretación geológica, no de una demostración definitiva del origen de cada valle.
Los ángulos con los que se ramifican algunos corredores ofrecen otra pista: el equipo propone que, antes de la expansión del hielo, una red de aguas subterráneas pudo contribuir a erosionarlos junto con el agua que circulaba por la superficie. La relación entre el hielo y el sustrato rocoso sigue siendo un campo de estudio activo, como ilustra otra investigación sobre los movimientos del terreno de Groenlandia.
En el sur y el este, muchos valles parecen partir de las tierras altas. Cerca de la costa oriental se distingue además un relieve montañoso con valles conectados. Según los autores, algunas de esas formas podrían haber permanecido bajo el hielo desde al menos el Plioceno, aunque reconstruir su historia requiere combinar estas observaciones con otras pruebas geológicas.
Por qué el mapa importa para estudiar el deshielo
Los valles pueden concentrar el flujo del hielo y encauzarlo hacia glaciares que desembocan en fiordos. Conocer mejor sus recorridos ayuda a estudiar cómo podría desplazarse la masa helada si sus márgenes retroceden. Esa relación entre topografía y movimiento complementa la vigilancia directa de glaciares, incluidos los estudios sobre el adelgazamiento de la lengua flotante del glaciar Nioghalvfjerdsbrae.
El nuevo mapa no establece por sí solo cuánto hielo perderá Groenlandia ni una cifra de aumento futuro del nivel del mar. Su aporte es describir con mayor continuidad el terreno que deben representar los modelos glaciológicos. Incorporar esos valles y contrastar las inferencias con nuevas mediciones permitirá evaluar mejor su influencia en el flujo del hielo.
Fuentes referenciales:
Chartrand y colaboradores, Geophysical Research Letters
Observatorio de la Tierra de la NASA




