El mayor análisis realizado hasta ahora de restos antiguos de animales domésticos vincula su rápida expansión hace unos 1.200 años con cambios en la vegetación y el declive de grandes herbívoros nativos
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación internacional ha reconstruido cómo la expansión del ganado introducido en Madagascar coincidió hace aproximadamente 1.200 años con una profunda transformación de sus ecosistemas: los pastizales aumentaron, los bosques comenzaron a fragmentarse y grandes herbívoros endémicos, entre ellos aves elefante e hipopótamos pigmeos, avanzaron hacia su desaparición. El trabajo aporta nuevas evidencias de que las extinciones de la megafauna malgache difícilmente pueden explicarse únicamente por la caza humana.
El estudio, publicado el 23 de septiembre de 2026 en Proceedings of the Royal Society B, fue desarrollado por un equipo internacional encabezado por investigadores vinculados al Max Planck Institute of Geoanthropology, Oregon State University y Columbia Climate School. Durante cinco años, los científicos reunieron la mayor colección analizada hasta ahora de huesos antiguos de ganado introducido procedentes de diferentes zonas de Madagascar y combinaron datación por radiocarbono con análisis de isótopos estables.
Los resultados muestran que vacas, ovejas y cabras se extendieron rápidamente por la isla después de su introducción y que ese proceso ocurrió aproximadamente durante el mismo periodo en que cambiaron extensamente la vegetación y las poblaciones de grandes animales nativos comenzaron a desaparecer. La investigación ofrece así una nueva perspectiva sobre cómo el uso humano del territorio puede reorganizar ecosistemas completos, una cuestión que sigue siendo central en momentos en que la planificación del uso del suelo se considera decisiva para conciliar biodiversidad y acción climática.
Los huesos antiguos reconstruyen la expansión del ganado
Los investigadores analizaron restos arqueológicos de bóvidos mediante datación por radiocarbono para establecer cuándo comenzaron a aparecer animales domésticos en distintas partes de Madagascar. Los datos indican que el ganado se dispersó con rapidez por la isla hace aproximadamente 1.200 años, alcanzando también zonas interiores.
Esta cronología resulta especialmente importante porque los seres humanos probablemente habían llegado a Madagascar mucho antes. Si las poblaciones humanas estuvieron presentes durante un periodo considerable antes de la expansión generalizada del ganado y las grandes extinciones ocurrieron posteriormente, la caza por sí sola no explica adecuadamente la desaparición de la megafauna.
Sean Hixon, coautor principal de la investigación, señaló que los datos confirman una rápida expansión de los animales domésticos aproximadamente durante el mismo periodo en que desaparecieron especies emblemáticas como las aves elefante y los hipopótamos pigmeos.
Madagascar constituye un laboratorio natural excepcional para estudiar estos procesos. Su prolongado aislamiento geográfico permitió que plantas y animales evolucionaran independientemente durante decenas de millones de años y generó un extraordinario nivel de endemismo: se estima que hasta el 90 % de sus especies no se encuentran de forma natural en ningún otro lugar del planeta.
La dieta del ganado registró el cambio del paisaje
Los huesos conservaron además información química sobre lo que comían los animales. Mediante el análisis de isótopos estables presentes en las proteínas óseas, los investigadores reconstruyeron cambios en la alimentación del ganado y, de manera indirecta, en la vegetación disponible a su alrededor.
Los resultados muestran que durante los últimos mil años el ganado pasó a depender en mayor medida de plantas C4, principalmente gramíneas adaptadas a condiciones cálidas, abiertas y relativamente secas. Este cambio coincide con reconstrucciones de vegetación realizadas mediante polen conservado en sedimentos, que indican una expansión de los pastizales en amplias regiones de Madagascar.
La coincidencia entre ambas señales es relevante porque permite observar la transformación ambiental desde dos registros independientes: los restos de los animales domésticos y los sedimentos que preservaron el polen de las antiguas comunidades vegetales.
Los investigadores consideran que estos datos son compatibles con una expansión de espacios abiertos utilizados para el pastoreo y con procesos de eliminación o fragmentación de vegetación. La transformación de ecosistemas naturales en paisajes productivos continúa siendo un problema ambiental global; incluso cuando se incrementa la cobertura arbórea, reemplazar ecosistemas diversos por formaciones homogéneas puede provocar pérdidas de biodiversidad, suelo y resiliencia ecológica.
Aves elefante e hipopótamos pigmeos desaparecieron en el mismo periodo
Antes de estas transformaciones, Madagascar albergaba una fauna muy diferente de la actual. Entre sus grandes animales se encontraban las aves elefante, gigantes incapaces de volar; varias especies de hipopótamos endémicos; tortugas gigantes y grandes lémures hoy extintos.
La desaparición de estos animales se había relacionado durante mucho tiempo con la llegada de los seres humanos y la presión de caza. Sin embargo, la cronología reconstruida por el nuevo estudio apunta hacia una combinación más compleja de factores.
La propagación del ganado coincidió con cambios de vegetación, expansión de pastizales y la presencia de otros animales introducidos, incluidos perros. Estos procesos pudieron alterar los hábitats, incrementar la competencia por determinados recursos y modificar las relaciones ecológicas que habían funcionado durante miles de años.
Los autores no afirman que el ganado sea por sí solo la causa demostrada de las extinciones. La investigación identifica asociaciones temporales y ambientales que deberán seguir analizándose para establecer las relaciones causales entre pastoralismo, transformación de la vegetación, clima, caza y pérdida de especies.
El clima tampoco explica por sí solo las extinciones
Otro elemento importante procede de las reconstrucciones paleoclimáticas. Madagascar atravesó periodos de mayor aridez durante los últimos milenios, pero esos cambios no ocurrieron simultáneamente ni con la misma intensidad en toda la isla.
Esta falta de sincronía dificulta atribuir las extinciones únicamente a una gran transición climática. Los grandes herbívoros endémicos desaparecieron aproximadamente durante el periodo en que el ganado y otros animales introducidos se expandieron, a pesar de que las condiciones climáticas variaban regionalmente.
La evidencia apunta por tanto hacia una interacción entre múltiples presiones: variabilidad climática, transformación del territorio, expansión de animales domésticos, cambios en la vegetación y actividades humanas.
Esta interpretación encaja con una visión más amplia de la conservación actual, en la que los ecosistemas no responden a una sola presión de manera aislada. Estudios recientes han advertido que los bosques tropicales pueden aproximarse a límites ecológicos cuando distintas presiones climáticas y humanas actúan simultáneamente, haciendo necesario evaluar las interacciones y no únicamente cada amenaza por separado.
El pastoreo pudo favorecer una expansión de los paisajes abiertos
La mayor dependencia del ganado de gramíneas C4 aporta pistas sobre la progresiva utilización de ambientes abiertos. Aunque los bovinos probablemente preferían inicialmente zonas más húmedas, los análisis muestran que fueron capaces de aprovechar también hábitats relativamente secos durante su expansión temprana por Madagascar.
Los registros de polen indican paralelamente que las gramíneas se hicieron más abundantes en buena parte de la isla durante el último milenio. Para los investigadores, la combinación de estas evidencias sugiere una relación histórica entre expansión pastoral, eliminación de vegetación y utilización más extensa de terrenos para el pastoreo.
La transformación no necesariamente ocurrió de forma idéntica en todas las regiones. Madagascar contiene desde bosques húmedos tropicales hasta formaciones secas, matorrales espinosos y pastizales, por lo que las interacciones entre clima, ganado, vegetación y poblaciones humanas pudieron adoptar formas diferentes según el territorio.
Precisamente por esa diversidad, los autores consideran necesario reconstruir los cambios a escalas regionales más detalladas. La historia ecológica de Madagascar muestra que proteger la biodiversidad no depende únicamente de conservar superficies aisladas, sino también de mantener la funcionalidad y conectividad de los paisajes, un principio que actualmente guía iniciativas para integrar conservación, restauración y conectividad ecológica a escala territorial.
El pasado aporta información para conservar la biodiversidad actual
La investigación tiene implicaciones que van más allá de explicar extinciones ocurridas hace siglos. La ganadería continúa siendo una actividad fundamental para numerosas comunidades de Madagascar, mientras el país conserva una biodiversidad excepcional sometida a presiones derivadas de la pérdida y degradación de hábitats.
Leanne Phelps, coautora principal e investigadora vinculada al Olo Be Taloha Lab de Lamont-Doherty Earth Observatory, destacó que comprender estas relaciones históricas puede ayudar a diseñar formas de gestión territorial capaces de mantener los medios de vida sin continuar degradando ecosistemas de elevada diversidad.
Una de las posibilidades señaladas por los investigadores consiste en mejorar la disponibilidad de forraje dentro de terrenos abiertos que ya existen, reduciendo así la presión para convertir los bosques y otros ecosistemas naturales restantes en nuevas áreas de pastoreo.
El problema forma parte de un desafío internacional más amplio. Los esfuerzos de conservación y restauración todavía avanzan por debajo de numerosos objetivos acordados y el mundo continúa alejado de varias de sus metas de protección y recuperación de los bosques, lo que incrementa la importancia de identificar qué formas de uso del territorio permiten conservar biodiversidad sin ignorar las necesidades de las poblaciones locales.
Diecinueve instituciones reconstruyeron una transformación de mil años
El estudio reunió especialistas de 19 instituciones y combinó arqueología, ecología, geoquímica, paleoclima y reconstrucción ambiental. Entre las organizaciones participantes se encuentran Oregon State University, Columbia University, Max Planck Institute of Geoanthropology, Princeton University, Rice University, University of Michigan, Pennsylvania State University y University of Tennessee.
La investigación recibió apoyo de la Max Planck Society y la National Science Foundation. La amplitud de la base de datos permitió comparar restos procedentes de diferentes zonas de Madagascar y reconstruir tanto la cronología de expansión del ganado como los cambios de su alimentación.
Los investigadores pretenden ahora precisar las relaciones causales entre las transformaciones humanas y ambientales detectadas. Para ello será necesario determinar cómo variaron los procesos entre las distintas regiones ecológicas de la isla y hasta qué punto la expansión pastoral interactuó con sequías, incendios, caza y otros cambios en el uso del suelo.
La nueva evidencia no sustituye una explicación simple por otra. En lugar de atribuir la desaparición de la megafauna exclusivamente a cazadores, clima o ganado, muestra que la transformación de Madagascar probablemente surgió de la interacción entre sociedades humanas, animales introducidos, vegetación y variabilidad ambiental.
Los huesos conservados durante más de un milenio permiten así reconstruir una etapa decisiva en la historia ambiental de la isla: el momento en que nuevos animales domésticos se propagaron rápidamente por el territorio mientras algunos de los grandes habitantes nativos de Madagascar desaparecían y sus antiguos paisajes comenzaban a cambiar.
Fuentes referenciales:
Max Planck Institute of Geoanthropology
Columbia Climate School
Oregon State University / EurekAlert




