Un informe encargado por Rainforest Foundation Norway advierte que la minería, los biocombustibles, la ganadería y la demanda global presionan a la Amazonía, la cuenca del Congo y el sudeste asiático
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las principales selvas tropicales del planeta están acumulando presiones simultáneas que podrían llevarlas a un punto de no retorno ecológico. Un informe encargado por Rainforest Foundation Norway y elaborado por la organización holandesa Profundo advierte que la demanda global de materias primas está empujando al límite a la Amazonía, la cuenca del Congo y los bosques del sudeste asiático.
El documento señala que la extracción de minerales críticos, la expansión de los biocombustibles, la producción de pulpa, la ganadería, la agricultura intensiva, el petróleo y la tala están debilitando la capacidad de estos ecosistemas para regular la temperatura, almacenar carbono y sostener biodiversidad.
La alerta no se limita a la pérdida de árboles. El deterioro de los grandes bosques tropicales afecta el clima regional, altera los ciclos del agua y reduce la resiliencia de ecosistemas que funcionan como piezas centrales del equilibrio climático global. En el caso de la Amazonía, esta presión se vincula con advertencias recientes sobre un posible punto de no retorno ecológico.
Minería, ganadería y deforestación acumulada
El informe destaca que la minería tiene un impacto ambiental mayor al calculado previamente. Entre el 10% y un tercio de los bosques del mundo ya mostrarían señales de degradación asociadas a actividades mineras, con efectos que incluyen contaminación del agua, apertura de rutas, expansión de asentamientos y fragmentación del bosque.
En el bioma amazónico, las minas de oro a cielo abierto cubren 1,9 millones de hectáreas. Además, la demanda internacional de oro, usado en joyería, tecnología y reservas de valor, estaría relacionada con 375 kilómetros cuadrados adicionales de deforestación proyectados hasta 2028.
La ganadería también aparece como una de las grandes presiones históricas. La producción de carne bovina en Brasil, impulsada por la demanda internacional, podría causar la deforestación de al menos 57.000 kilómetros cuadrados de la Amazonía para 2034. Este avance desplaza comunidades, reduce hábitats y contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero.
La Amazonía bajo presión energética
El documento también advierte que la extracción de petróleo, gas y carbón no disminuye. Brasil, Surinam, Ecuador, Colombia y Perú concentran nuevos emprendimientos, mientras que entre 2022 y 2024 casi una quinta parte de las reservas mundiales recién descubiertas de petróleo y gas se localizaron en la Amazonía o en zonas marinas cercanas.
La paradoja ambiental se vuelve más compleja con la transición energética. Minerales como litio, níquel y cobalto, necesarios para baterías y vehículos eléctricos, también generan presión sobre territorios forestales. El informe estima que la deforestación vinculada a la flota global de vehículos eléctricos podría alcanzar entre 1.500 y 4.700 kilómetros cuadrados para 2050.
Aunque esa cifra representa cerca del 1% del total estimado de deforestación para entonces, los efectos indirectos pueden ser amplios. La contaminación del aire y del agua puede extenderse hasta 50 kilómetros alrededor de las áreas mineras, ampliando el daño más allá del punto exacto de extracción.
Biocombustibles y palma aceitera
La expansión de los biocombustibles suma otra presión sobre los bosques tropicales. El informe advierte que satisfacer la demanda global de estos combustibles requerirá 52 millones de hectáreas adicionales de tierras agrícolas para 2030.
En la Amazonía, la expansión de la soja destinada a biocombustibles podría convertir hasta 35.000 kilómetros cuadrados de vegetación amazónica en cultivos para 2035. Mientras tanto, la palma aceitera, tradicionalmente asociada al sudeste asiático, comienza a desplazar bosques en la cuenca del Congo.
El problema no es solo la sustitución de bosque por plantaciones. La conversión de grandes superficies altera la biodiversidad, modifica el ciclo del agua y reduce la capacidad de los bosques para actuar como reguladores climáticos. Estudios previos ya han mostrado que la deforestación del Amazonas reduce las precipitaciones en América del Sur, un efecto que afecta tanto a ecosistemas como a actividades productivas.
Productos verdes con huella forestal
El informe también cuestiona la imagen ambiental de algunos productos presentados como “ecológicos”. Entre ellos aparecen la viscosa usada por la moda rápida y las bolsas de papel, cuya fabricación puede depender de pulpa de madera obtenida de bosques sin certificación adecuada.
La aceleración del comercio electrónico agrava esta presión por el aumento de embalajes y envases. Aunque muchos consumidores asocian el papel con una alternativa más sostenible frente al plástico, el impacto real depende del origen de la madera, la trazabilidad y la gestión forestal.
Rainforest Foundation Norway y Profundo advierten que los mecanismos actuales de certificación, trazabilidad y monitoreo no siempre son suficientes. La falta de controles integrales permite que la huella ambiental de muchos productos siga creciendo lejos de la mirada de los consumidores.
Amazonía, Congo y sudeste asiático
La advertencia central del informe es que las presiones ya no actúan de forma aislada. La Amazonía, la cuenca del Congo y los bosques del sudeste asiático enfrentan al mismo tiempo minería, agricultura industrial, tala, expansión energética, demanda de pulpa, biocombustibles y consumo global.
En la Amazonía brasileña, la preocupación por la pérdida de vegetación ya venía siendo documentada por plataformas de monitoreo. Datos recientes han mostrado que la Amazonia brasileña perdió una superficie equivalente al tamaño de España en cuatro décadas, acercándose a umbrales peligrosos de transformación ecológica.
El riesgo de punto de no retorno aparece cuando el bosque pierde capacidad de sostener sus propias condiciones de humedad, regeneración y estabilidad. Una vez debilitado ese sistema, la recuperación se vuelve más difícil incluso si se reduce la deforestación directa.
Menos consumo y más transparencia
Ingrid Turgen, referente de Rainforest Foundation Norway, advirtió que la acumulación de amenazas afecta simultáneamente a las tres grandes regiones tropicales. Sin una intervención coordinada a nivel global, zonas enteras podrían enfrentar un futuro incierto.
Barbara Kuepper, autora principal e investigadora de Profundo, señaló que el reciclaje y la transparencia en las cadenas de valor son herramientas necesarias, pero insuficientes si no se reduce el consumo total de recursos. Su advertencia apunta al centro del problema: no basta con cambiar etiquetas o mejorar certificaciones si la demanda global sigue creciendo.
La protección de los bosques tropicales depende de decisiones que van más allá de los países donde se encuentran. La demanda de carne, oro, petróleo, biocombustibles, minerales, pulpa, envases y moda rápida conecta directamente a consumidores, empresas y gobiernos con la presión sobre los ecosistemas más biodiversos del planeta.
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