Una investigación de la Universidad de St Andrews, publicada el 22 de octubre de 2026, identifica mediante simulaciones oceánicas un mecanismo que conecta el crecimiento de las capas de hielo del hemisferio norte con el almacenamiento de carbono en las aguas que rodean la Antártida.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Las grandes glaciaciones que transformaron el planeta durante el pasado pudieron depender de una conexión entre los océanos de ambos hemisferios más estrecha de lo que se había demostrado hasta ahora. Una investigación dirigida por científicos de la Universidad de St Andrews, en Escocia, encontró que el enfriamiento de las aguas del Atlántico Norte puede modificar la circulación del océano Austral y favorecer el almacenamiento de dióxido de carbono en las profundidades marinas.
El estudio, publicado el 22 de octubre de 2026 en la revista científica Journal of Climate, aporta una posible explicación a una de las grandes preguntas de la paleoclimatología: cómo el crecimiento de las enormes capas de hielo del hemisferio norte pudo contribuir a reducir el CO₂ atmosférico mediante procesos que ocurrían a miles de kilómetros de distancia, alrededor de la Antártida.
Mediante experimentos con un modelo oceánico, los investigadores comprobaron que enfriar únicamente las latitudes más septentrionales podía producir una respuesta de almacenamiento de carbono equivalente al 74 % de la obtenida cuando el enfriamiento se aplicaba a todo el planeta.
El resultado no significa que los científicos hayan reproducido completamente una glaciación histórica. Demuestra que existe un mecanismo físicamente plausible capaz de conectar las condiciones del Atlántico Norte con cambios en la circulación y el carbono del océano Austral.
El enigma de las grandes edades de hielo
Durante el Pleistoceno, la Tierra experimentó sucesivas glaciaciones caracterizadas por la expansión de enormes capas de hielo sobre amplias regiones de América del Norte, Europa y Asia.
Estos periodos estuvieron relacionados con variaciones naturales de la órbita terrestre, que modifican la distribución estacional y geográfica de la radiación solar recibida por el planeta.
Sin embargo, los cambios orbitales no explican por sí solos toda la magnitud de las variaciones climáticas registradas. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono también disminuyeron durante las glaciaciones, reforzando el enfriamiento global.
Los científicos consideran que una parte importante de esa reducción estuvo relacionada con el almacenamiento de carbono en los océanos, especialmente mediante procesos que afectaron a las aguas profundas del hemisferio sur.
Las investigaciones sobre los cambios de circulación oceánica al finalizar las edades de hielo han mostrado que el transporte de calor y las transformaciones de las masas de agua desempeñaron funciones decisivas durante las transiciones entre periodos glaciares e interglaciares.
La dificultad consistía en explicar cómo el crecimiento de los hielos continentales del norte podía provocar cambios suficientemente importantes en el océano Austral para favorecer una disminución del carbono atmosférico.
El enfriamiento del Atlántico Norte llega hasta la Antártida
El equipo encabezado por Madison Shankle, investigadora de la Escuela de Ciencias de la Tierra y del Medioambiente de la Universidad de St Andrews, examinó una posible conexión a través de la circulación oceánica.
Cuando las capas de hielo del hemisferio norte aumentan su extensión, pueden enfriar las aguas próximas del Atlántico Norte. Esas modificaciones térmicas no permanecen necesariamente confinadas a las regiones donde se originan.
Las corrientes oceánicas transportan agua, calor y otras propiedades físicas entre distintas cuencas y profundidades. A través de esa circulación, las perturbaciones generadas en latitudes septentrionales pueden propagarse hacia el hemisferio sur.
Los investigadores propusieron que un enfriamiento suficientemente intenso en el norte podría alterar la circulación del océano Austral y modificar las condiciones que regulan el intercambio de dióxido de carbono entre el océano profundo y la atmósfera.
Esta hipótesis conecta dos procesos que tradicionalmente se estudiaban por separado: la expansión de los grandes mantos de hielo continentales y los cambios en el almacenamiento oceánico de carbono.
Un experimento revela una respuesta equivalente al 74 %
Para comprobar el mecanismo, los científicos realizaron simulaciones con un modelo oceánico idealizado. En lugar de enfriar simultáneamente todo el planeta, aplicaron el descenso térmico únicamente a las latitudes más septentrionales.
El objetivo era aislar el efecto del enfriamiento del norte y determinar si podía provocar cambios en la circulación del océano Austral y en el almacenamiento de carbono.
Los resultados mostraron que esta perturbación localizada generaba una respuesta equivalente al 74 % de la reducción del CO₂ atmosférico simulada cuando se enfriaba el conjunto del planeta.
La comparación es importante porque indica que el enfriamiento de una región relativamente limitada puede desencadenar respuestas oceánicas de alcance mucho mayor.
El porcentaje corresponde a los experimentos realizados y no debe interpretarse como una estimación de que el hemisferio norte haya causado exactamente el 74 % de la disminución real del CO₂ durante todas las glaciaciones.
El estudio identifica un mecanismo potencialmente importante, pero su contribución histórica precisa necesita evaluarse mediante modelos adicionales y comparaciones con registros paleoclimáticos.
El océano Austral como gran depósito de carbono
El océano Austral ocupa una posición fundamental en la circulación oceánica global porque conecta las aguas de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico alrededor de la Antártida.
Sus corrientes, procesos de mezcla y movimientos verticales de agua influyen en la cantidad de carbono que permanece almacenada en las profundidades y en la que puede regresar hacia la superficie.
Cuando las condiciones oceánicas favorecen un mayor aislamiento de las aguas profundas, el carbono disuelto puede permanecer fuera de contacto directo con la atmósfera durante periodos prolongados.
Este comportamiento ayuda a comprender por qué el océano Austral aparece repetidamente como una región decisiva en las reconstrucciones de los antiguos ciclos climáticos.
Una investigación anterior sobre la circulación del Pacífico durante las edades de hielo también identificó mecanismos mediante los cuales cambios originados lejos de la Antártida podían reducir la liberación de carbono desde el océano Austral.
El nuevo estudio examina una conexión diferente: el efecto del enfriamiento de las latitudes del hemisferio norte sobre la circulación oceánica meridional y el almacenamiento de carbono.
Ambos trabajos refuerzan la necesidad de estudiar las cuencas oceánicas como partes de un sistema interconectado y no como regiones independientes.
Las corrientes oceánicas conectan procesos climáticos distantes
La circulación oceánica transporta energía y sustancias disueltas a través de rutas que pueden extenderse entre hemisferios. Los cambios de temperatura, salinidad y densidad influyen en la formación y el desplazamiento de las masas de agua.
En el Atlántico, una parte importante de ese intercambio está relacionada con la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC.
Este sistema redistribuye calor entre regiones oceánicas y participa en los intercambios entre aguas superficiales y profundas.
Investigaciones sobre el papel de la AMOC en la regulación del calor oceánico han mostrado que las variaciones de su intensidad pueden modificar el contenido térmico de los océanos durante las transiciones climáticas del Pleistoceno.
El nuevo trabajo añade otra dimensión a estas conexiones: el enfriamiento septentrional puede alterar las condiciones del océano Austral de una manera que favorezca la retención de carbono.
Esto no implica que todas las modificaciones de la circulación atlántica produzcan necesariamente el mismo resultado. La respuesta depende de la intensidad del enfriamiento, de las condiciones iniciales del océano y de los procesos físicos representados en cada simulación.
Una pieza para explicar la disminución del CO₂ glacial
Uno de los problemas centrales de la investigación paleoclimática consiste en explicar por qué las concentraciones de CO₂ atmosférico fueron considerablemente menores durante las grandes glaciaciones que durante los periodos interglaciares.
La disminución del carbono atmosférico amplificó el enfriamiento asociado con los cambios orbitales y contribuyó a mantener condiciones favorables para la expansión de las capas de hielo.
Los océanos desempeñaron una función esencial en ese proceso porque contienen una reserva de carbono mucho mayor que la atmósfera.
Las variaciones en su circulación, ventilación y actividad biogeoquímica pueden modificar el intercambio de carbono entre ambos sistemas.
Estudios sobre el almacenamiento de carbono y los cambios de oxígeno oceánico durante la última glaciación han proporcionado evidencias de que las transformaciones del océano Austral estuvieron estrechamente relacionadas con la evolución del CO₂ atmosférico.
La aportación de la Universidad de St Andrews consiste en proponer y probar mediante simulaciones una posible vía física que conecta el crecimiento del hielo septentrional con esa respuesta oceánica austral.
Qué demuestra el estudio y cuáles son sus límites
Los autores destacan que sus experimentos proporcionan evidencia de un mecanismo plausible, pero no constituyen una reconstrucción definitiva de todos los procesos responsables de las glaciaciones.
El modelo utilizado es idealizado y permite aislar determinadas relaciones físicas. Esta característica facilita comprender el funcionamiento del mecanismo, aunque limita la representación de la complejidad completa del sistema climático terrestre.
Las glaciaciones reales estuvieron condicionadas por múltiples factores, entre ellos las variaciones orbitales, la extensión de los hielos continentales, los cambios de circulación oceánica y las interacciones entre el carbono, la atmósfera y los ecosistemas.
Por ello, la magnitud de la respuesta obtenida en las simulaciones no puede trasladarse automáticamente a todas las edades de hielo del pasado.
También será necesario determinar cómo cambia el resultado cuando se incorporan condiciones geográficas, oceánicas y climáticas más realistas.
Una conexión entre hemisferios que ayuda a comprender el clima terrestre
La investigación publicada en Journal of Climate amplía el conocimiento sobre los mecanismos que permitieron al planeta alternar entre periodos glaciares e interglaciares.
Su principal contribución es mostrar que el crecimiento de las capas de hielo del hemisferio norte puede influir sobre el almacenamiento de carbono en el océano Austral mediante una cadena de cambios en la temperatura y la circulación oceánica.
Esta conexión permite comprender mejor cómo perturbaciones originadas en una región pueden propagarse por el sistema climático y generar respuestas en lugares muy alejados.
Los resultados también aportan información sobre el funcionamiento natural del ciclo del carbono, aunque no deben interpretarse como una predicción directa de la respuesta del océano al calentamiento provocado por las emisiones humanas actuales.
El mecanismo identificado ofrece una nueva hipótesis cuantitativamente respaldada para investigar las grandes glaciaciones y comparar las simulaciones climáticas con los registros conservados en sedimentos marinos y núcleos de hielo.
Fuentes referenciales:
Journal of Climate — Isolated Northern Hemisphere Cooling in an Idealized Model Promotes Ocean Carbon Storage and Glacial-like Ocean Features
Universidad de St Andrews — Earth’s hemispheres may have worked together to drive past ice ages, 22 de octubre de 2026




