IA abierta puede ayudar al clima, pero ampliar desigualdades


Un comentario publicado en Nature Communications advierte que la inteligencia artificial de código abierto avanza más rápido que la gobernanza mundial y exige reglas para reducir riesgos ambientales, sociales y políticos


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz


La inteligencia artificial de código abierto avanza a una velocidad mayor que la capacidad del mundo para gobernarla. Esa aceleración puede convertirla en una herramienta poderosa para enfrentar problemas globales, pero también en un factor de presión ambiental, desigualdad tecnológica y desinformación si no se establecen reglas coordinadas.

Un equipo internacional de más de 20 investigadores plantea esta advertencia en un comentario publicado en Nature Communications. El trabajo, liderado por Min Chen, profesor de la Universidad Normal de Nanjing, analiza cómo la IA abierta podría apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero también generar daños no previstos si se expande sin evaluación, transparencia ni cooperación global.

La discusión llega en un momento en que la inteligencia artificial se presenta como una solución para múltiples desafíos, desde el cambio climático hasta la seguridad alimentaria, el acceso a la energía y el desarrollo sostenible. Sin embargo, el propio desarrollo de estos sistemas depende de centros de datos, capacidad de cómputo, materiales escasos y consumo energético.

Una herramienta útil, pero no neutral

La IA de código abierto permite que investigadores, gobiernos y comunidades adapten modelos a necesidades locales. Esa apertura puede facilitar soluciones más inclusivas, especialmente en regiones con menos acceso a herramientas comerciales avanzadas. Prajal Pradhan, coautor del comentario y profesor asociado de la Universidad de Groningen, destaca precisamente ese potencial para acelerar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Pero el acceso abierto no elimina los riesgos. Si la infraestructura, los datos y el conocimiento técnico siguen concentrados en unos pocos países o empresas, la IA abierta puede reproducir o incluso profundizar desigualdades. Esa tensión ya aparece en debates sobre cómo la IA revela desigualdades en los planes climáticos y muestra brechas entre capacidades institucionales, territorios y recursos disponibles.

Los autores insisten en que la apertura debe ir acompañada de gobernanza. Sin criterios claros, una herramienta diseñada para democratizar el acceso puede terminar beneficiando más a quienes ya cuentan con infraestructura, energía, datos y especialistas.

El costo ambiental de la inteligencia artificial

Uno de los cuatro ejes propuestos por los investigadores es integrar la sostenibilidad en todo el ciclo de vida de la IA. Eso implica evaluar no solo el beneficio de una aplicación, sino también el costo de fabricar chips, operar centros de datos, entrenar modelos y ejecutar sistemas a gran escala.

La advertencia coincide con una preocupación creciente sobre el costo ambiental del progreso digital. Una aplicación puede ayudar a una ciudad a reducir consumo energético o mejorar su planificación climática, pero esos beneficios deben compararse con la electricidad, el agua, los materiales y la infraestructura necesarios para sostenerla.

El comentario propone que la IA abierta no sea evaluada únicamente por su precisión técnica o su capacidad de expansión. También debe medirse por su huella ambiental completa y por su contribución real a metas climáticas, sociales y económicas verificables.

Medir si realmente ayuda al desarrollo sostenible

El segundo eje plantea crear marcos de evaluación centrados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Muchas aplicaciones de IA afirman contribuir a la acción climática, la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria o la gestión de recursos, pero todavía existen pocos sistemas comparables para comprobar esos impactos.

Los investigadores piden mejores herramientas, datos y criterios para diferenciar usos realmente beneficiosos de aquellos que pueden generar daños indirectos. En el campo climático, esa necesidad es especialmente importante porque las tecnologías digitales ya se usan para predicción meteorológica, gestión de riesgos y evaluación ambiental.

Algunos avances muestran oportunidades concretas, como el uso de IA para mejorar proyecciones de inundaciones. Pero incluso esas aplicaciones deben ser revisadas con rigor: una predicción más rápida o más barata no basta si el sistema no es transparente, si excluye regiones con pocos datos o si sus resultados no pueden ser auditados.

Desinformación, deepfakes y responsabilidad compartida

El tercer eje del comentario se centra en la rendición de cuentas. A medida que el contenido generado por IA se vuelve más difícil de distinguir de imágenes, textos o audios reales, aumentan los riesgos de manipulación, desinformación y pérdida de confianza pública.

Los investigadores señalan la necesidad de etiquetar con claridad el contenido sintético, reforzar la responsabilidad de desarrolladores y usuarios, y establecer salvaguardas para evitar usos dañinos. En temas ambientales, la desinformación puede distorsionar el debate público y debilitar decisiones basadas en evidencia.

Ese problema ya se observa en el campo climático, donde los verificadores han tenido que evaluar afirmaciones sobre existencia, causas e impactos del calentamiento global. Estudios sobre verificación de datos y cambio climático muestran que la disputa informativa sigue siendo una parte central de la crisis ambiental.

Cooperación global para evitar nuevas brechas

El cuarto eje propuesto es ampliar la cooperación internacional y el intercambio de conocimiento. Los autores advierten que el acceso desigual a infraestructura de cómputo, datos y experiencia técnica puede dejar atrás a comunidades, gobiernos locales y centros de investigación con menos recursos.

Para reducir ese riesgo, proponen plataformas abiertas alineadas con los principios FAIR: datos localizables, accesibles, interoperables y reutilizables. La idea es que usuarios de distintas regiones puedan cargar información local, aplicar modelos compartidos o preentrenados y analizar desafíos específicos vinculados al desarrollo sostenible.

La cooperación también debe conectar iniciativas globales de IA con centros regionales de investigación. Sin ese puente, la IA abierta podría parecer universal en teoría, pero quedar limitada en la práctica a quienes pueden financiar la infraestructura necesaria.

La gobernanza que se decida hoy marcará el rumbo

El comentario sitúa el debate más allá de 2030, año de referencia para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los autores plantean que la IA abierta podría convertirse en una fuerza transformadora para una agenda posterior a 2030, con decisiones más localizadas, participativas y basadas en evidencia.

Klaus Hubacek, coautor y profesor de la Universidad de Groningen, resume el dilema central: las decisiones de gobernanza tomadas ahora determinarán si la IA de código abierto se convierte en motor de desarrollo sostenible y equitativo o en una fuente de nuevas desigualdades y presiones ambientales.

La advertencia no rechaza la inteligencia artificial abierta. La ubica dentro de una pregunta más concreta: quién la controla, con qué energía funciona, qué impactos mide, qué daños evita y quién puede beneficiarse realmente de sus resultados.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / University of Groningen: Open-source AI may aid climate and development but deepen inequality, experts warn