Una nueva base de datos de la Universidad de Washington localizó la exposición edificio por edificio y reveló una mayor vulnerabilidad social en comunidades rurales de los Apalaches
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Alrededor de 6,5 millones de personas viven en edificios situados sobre terrenos propensos a deslizamientos o en sus inmediaciones en Estados Unidos, según el primer análisis nacional que combina el peligro geológico con la ubicación de las construcciones y las condiciones socioeconómicas de sus habitantes.
La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Washington, permitió elaborar la Landslide Exposure Database, una base de datos que clasifica 128 millones de edificios de todo el país de acuerdo con su exposición a laderas susceptibles de sufrir movimientos de tierra.
Los resultados fueron publicados el 29 de julio de 2026 en la revista Earth’s Future. El estudio ofrece a autoridades, servicios de emergencia, planificadores urbanos y residentes una herramienta para identificar dónde se concentra el riesgo y qué comunidades disponen de menos recursos para afrontar un desastre.
El 20% del territorio presenta susceptibilidad a deslizamientos
El análisis determinó que casi una quinta parte de la superficie terrestre de Estados Unidos se encuentra en áreas consideradas propensas a deslizamientos. Sin embargo, esas zonas albergan aproximadamente al 2% de la población nacional.
La distribución no es uniforme. Cerca del 80% de los residentes con mayor exposición vive en la costa occidental o en la región de los Apalaches. Virginia Occidental apareció como el estado con la mayor proporción de habitantes situados en zonas de riesgo.
La concentración territorial indica que los deslizamientos constituyen un peligro localizado, aunque potencialmente grave para las comunidades asentadas en pendientes inestables. Esta característica puede facilitar la asignación focalizada de recursos para prevención, educación y sistemas de alerta.
Los procesos que desencadenan estos movimientos pueden variar ampliamente. Un estudio anterior identificó que las lluvias intensas, los suelos previamente saturados y el deshielo pueden activar deslizamientos mediante mecanismos hidrológicos diferentes.
La base de datos evaluó 128 millones de edificios
Para construir el nuevo mapa nacional, el equipo integró varios conjuntos de información de gran escala. Entre ellos se encuentra el mapa de susceptibilidad a deslizamientos elaborado por el Servicio Geológico de Estados Unidos, que identifica terrenos cuyas características favorecen la inestabilidad.
Los investigadores añadieron las huellas digitales de los edificios proporcionadas por Overture Maps Foundation y estimaciones de ocupación del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos. Esta combinación permitió calcular cuántas personas podrían encontrarse dentro de las zonas peligrosas.
El análisis incorporó también datos de la Oficina del Censo sobre ingresos, discapacidad, acceso a vehículos, estado de las viviendas y otros factores que influyen en la capacidad de una población para prepararse, evacuar y recuperarse después de un desastre.
Daniel Acosta-Reyes, autor principal y estudiante de doctorado en ingeniería civil y ambiental de la Universidad de Washington, explicó que el proceso requirió una cuidadosa revisión y armonización de grandes cantidades de información para convertirlas en una herramienta accesible.
Las comunidades rurales enfrentan una vulnerabilidad mayor
Uno de los principales hallazgos fue la diferencia entre la exposición urbana y rural. En el campo, las comunidades situadas en terrenos susceptibles suelen presentar mayores limitaciones económicas y menor capacidad de recuperación que el promedio nacional.
Los residentes rurales pueden encontrarse lejos de hospitales, bomberos, carreteras principales y otros servicios de emergencia. También pueden disponer de menos recursos para reforzar una vivienda, contratar seguros, evacuar temporalmente o reconstruir después de un deslizamiento.
La dispersión geográfica plantea dificultades adicionales para instalar sistemas de monitoreo y comunicar las alertas. En los Apalaches, por ejemplo, las medidas de reducción de riesgos deberán considerar poblaciones distribuidas entre valles, montañas y carreteras secundarias.
La experiencia internacional muestra que la ocupación de terrenos inestables puede tener consecuencias severas. La tragedia registrada en Nueva Zelanda volvió a situar a los deslizamientos entre los peligros geológicos más mortíferos para las comunidades asentadas al pie de laderas.
En las ciudades, la exposición se concentra en barrios de alto valor
La relación entre peligro y vulnerabilidad cambia dentro de las áreas urbanas. Las viviendas situadas en laderas suelen pertenecer a vecindarios con vistas panorámicas y elevados valores inmobiliarios, cuyos residentes cuentan en promedio con mayor capacidad financiera.
Estas familias permanecen expuestas al daño físico, pero suelen disponer de más recursos para contratar servicios especializados, trasladarse temporalmente o financiar reparaciones. Por esa razón, dos viviendas con un nivel geológico similar pueden representar riesgos sociales muy diferentes.
Los autores consideran que esta divergencia impide aplicar una política idéntica para todas las regiones. En ciudades como Seattle o San Francisco podrían resultar prioritarias las normas que limitan la construcción en pendientes inseguras, mientras que las comunidades rurales necesitarían mejores alertas y acceso a servicios de emergencia.
El estudio no determina la probabilidad exacta de que un edificio individual resulte destruido. La base de datos identifica exposición y susceptibilidad territorial, información que debe complementarse con evaluaciones geotécnicas detalladas cuando se analiza una propiedad concreta.
Los deslizamientos causan daños multimillonarios cada año
Los movimientos de tierra ocasionan anualmente en Estados Unidos daños estimados entre 3.000 y 6.000 millones de dólares y múltiples víctimas mortales. Las pérdidas incluyen viviendas, carreteras, redes eléctricas, tuberías y otras infraestructuras.
El caso de la Highway 1 en California muestra la dimensión de estos impactos. Dos grandes desprendimientos mantuvieron interrumpido durante tres años un tramo de la carretera costera de Big Sur antes de que las autoridades lograran reabrir completamente la vía.
Los deslizamientos pueden producirse lentamente o movilizar tierra, rocas, vegetación y agua en pocos minutos. Los flujos de escombros más rápidos pueden descender por barrancos y cauces con escaso margen para la evacuación.
Entre las medidas preventivas se incluyen el mapeo de laderas, drenajes, estabilización de taludes, restricciones de construcción, redes de contención y cuencas destinadas a retener rocas y sedimentos. Cada solución requiere adaptarse a las condiciones geológicas y ambientales locales.
Las lluvias intensas pueden elevar el peligro
La infiltración de agua incrementa el peso del terreno y puede reducir la resistencia que mantiene unidos los materiales de una pendiente. El riesgo aumenta cuando las precipitaciones caen sobre suelos previamente saturados o sobre laderas cuya vegetación fue eliminada por incendios.
El cambio climático no significa que todos los lugares sufrirán necesariamente más deslizamientos, pero una atmósfera más cálida puede favorecer episodios de lluvia intensa en distintas regiones. Cuando esas precipitaciones coinciden con pendientes vulnerables, pueden aumentar la probabilidad de fallas del terreno.
El crecimiento de la población añade otra presión. La demanda de viviendas puede extender la construcción hacia colinas y montañas donde el terreno presenta una susceptibilidad elevada, aumentando el número de personas y estructuras expuestas.
Comprender las causas de los deslizamientos y las medidas disponibles para reducir el peligro resulta fundamental antes de autorizar nuevos desarrollos en pendientes o reconstruir después de un evento.
Los incendios pueden dejar laderas inestables durante años
En el oeste estadounidense, los incendios forestales constituyen un factor adicional. La pérdida de raíces y cobertura vegetal reduce la protección del suelo, mientras algunos terrenos quemados repelen temporalmente el agua y generan una escorrentía más rápida.
La vulnerabilidad cambia a medida que la vegetación regresa. Investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos desarrollaron un método que incorpora esa recuperación para mejorar las alertas y evitar mantener indefinidamente el nivel de peligro correspondiente a los primeros meses posteriores al incendio.
Ese trabajo mostró que el seguimiento de la regeneración vegetal puede precisar las predicciones de flujos de escombros sin dejar de advertir sobre las tormentas capaces de producir movimientos peligrosos.
La nueva base nacional complementa estas herramientas al mostrar dónde coinciden el terreno susceptible, las construcciones y las poblaciones con menor capacidad de respuesta.
Una herramienta para orientar prevención y planificación
La Landslide Exposure Database fue publicada con recursos de consulta diseñados para usuarios no especializados. Las agencias pueden utilizarla para priorizar programas educativos, sistemas de alerta, estudios geotécnicos y obras de mitigación.
También puede apoyar decisiones sobre uso del suelo. Cuando un municipio conoce la ubicación de las zonas susceptibles y la cantidad de personas expuestas, puede revisar permisos, códigos de construcción y planes de evacuación antes de que ocurra una emergencia.
Joseph Wartman, profesor de ingeniería civil y ambiental de la Universidad de Washington y cocreador de la base de datos, señaló que hasta ahora la investigación se había concentrado principalmente en la geografía física de los deslizamientos. El nuevo enfoque añade la dimensión humana y permite identificar quiénes viven en las áreas de peligro.
Los autores recomiendan evitar estrategias uniformes. Las políticas deberán responder a la densidad de población, los recursos económicos, el acceso a transporte, la distancia respecto de los servicios de emergencia y las características del terreno de cada comunidad.
El mapa nacional no reemplaza los estudios locales
La base de datos representa un avance para comparar la exposición a escala nacional, pero no sustituye las inspecciones sobre el terreno. La estabilidad de una ladera puede depender de la geología, la pendiente, el drenaje, las obras cercanas y antecedentes de movimientos que requieren análisis específicos.
Un edificio incluido en una zona susceptible no necesariamente sufrirá un deslizamiento. Del mismo modo, una clasificación de menor susceptibilidad no elimina por completo la posibilidad de movimientos localizados que no estén reflejados en los datos generales.
La principal utilidad del sistema consiste en localizar concentraciones de exposición y vulnerabilidad. A partir de esa información, las autoridades pueden decidir dónde realizar evaluaciones más detalladas y dónde una inversión preventiva podría proteger a un mayor número de personas.
El acceso público también permitirá a los residentes formular preguntas sobre su entorno, consultar a las autoridades locales y solicitar evaluaciones profesionales antes de construir, comprar o modificar una propiedad ubicada cerca de una pendiente.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Earth’s Future
