Un análisis registró 1.399 terremotos locales entre 2008 y 2025 cerca del monte Mantap, donde seis explosiones subterráneas alteraron las tensiones de la corteza
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Las seis pruebas nucleares subterráneas realizadas por Corea del Norte entre 2006 y 2017 habrían dejado una huella geológica mucho más prolongada de lo previsto bajo el monte Mantap, en la provincia de Hamgyong del Norte. Un nuevo análisis identificó 1.399 terremotos locales entre 2008 y 2025, con un aumento marcado de la actividad después de la última y más potente detonación.
Las explosiones subterráneas suelen generar una sacudida principal seguida por numerosos movimientos menores que disminuyen con el tiempo. En este caso, los registros muestran que los sismos continuaron durante años después de que las pruebas se detuvieran, lo que apunta a una alteración persistente de las tensiones y las fracturas dentro de la montaña.
El hallazgo ofrece una perspectiva geológica sobre las consecuencias de las detonaciones nucleares bajo tierra. También refuerza la importancia de mantener la vigilancia sísmica de los antiguos sitios de pruebas, incluso cuando no se registren nuevas explosiones.
Una red sísmica reveló cientos de eventos no catalogados
Los investigadores examinaron registros obtenidos por estaciones sísmicas situadas en China y Corea del Sur. El análisis permitió reconocer movimientos pequeños que podían pasar inadvertidos en los catálogos convencionales debido a su baja magnitud y a la dificultad de estudiar directamente una zona de acceso restringido.
La serie comenzó en 2008, después de la primera prueba norcoreana de 2006, y se extendió hasta 2025. En ese intervalo fueron detectados 1.399 terremotos locales alrededor del complejo de pruebas de Punggye-ri y el monte Mantap. La distribución temporal mostró una actividad mucho mayor tras la detonación del 3 de septiembre de 2017.
Identificar numerosos movimientos de baja intensidad es esencial para distinguir un episodio aislado de una secuencia prolongada. El fenómeno guarda semejanzas metodológicas con el seguimiento de un enjambre sísmico compuesto por cientos de eventos cercanos, aunque el origen y las condiciones geológicas de cada caso son diferentes.
Los científicos compararon las formas de onda y la ubicación relativa de los eventos para estudiar su relación con las explosiones. Esta información permite reconstruir cambios dentro de la corteza sin acceder físicamente al interior de la montaña.
La explosión de 2017 modificó el interior del monte Mantap
La sexta prueba nuclear fue la más potente de las realizadas por Corea del Norte. La detonación produjo una señal sísmica de gran magnitud, deformó el terreno y estuvo seguida por movimientos asociados al reajuste y al colapso parcial de materiales dentro de la montaña.
Una explosión de esa escala libera energía de manera repentina y genera ondas que fracturan o reactivan discontinuidades en la roca. La redistribución de esfuerzos puede dejar sectores cercanos más próximos a romperse, permitiendo que pequeños terremotos continúen mucho después del impulso inicial.
Los investigadores sostienen que la secuencia posterior no corresponde únicamente a las réplicas inmediatas de una explosión. La persistencia observada indica que las pruebas sucesivas habrían acumulado daños y modificado el estado de tensión de un volumen amplio de la corteza alrededor del sitio.
Este comportamiento ayuda a comprender por qué algunas perturbaciones humanas pueden producir respuestas sísmicas difíciles de anticipar. Estudios sobre sismos inducidos y ausencia de señales precursoras claras también muestran que la respuesta de las fallas depende de la estructura geológica, las presiones existentes y el tipo de intervención.
Los terremotos se desplazaron más allá del punto de detonación
Los movimientos no permanecieron concentrados exclusivamente bajo las instalaciones nucleares. El patrón espacial indica que la perturbación pudo extenderse por sistemas de fracturas situados alrededor y por debajo del monte Mantap.
La energía de cada detonación no crea necesariamente todas las fallas desde cero. Algunas discontinuidades pueden existir previamente y permanecer estables hasta que un cambio de presión o tensión facilita su deslizamiento. Por ello, incluso estructuras consideradas poco activas pueden responder cuando cambia el equilibrio mecánico del subsuelo.
La posibilidad de que fallas aparentemente inactivas conserven potencial sísmico es relevante para interpretar estos registros. En el caso norcoreano, los científicos deben separar los terremotos provocados o favorecidos por las pruebas de la actividad tectónica natural de la región.
El estudio no establece que cada uno de los 1.399 eventos haya sido causado directamente por una detonación concreta. La proximidad espacial, la evolución temporal y las características de las señales respaldan una relación con los cambios geológicos producidos por el conjunto de pruebas, pero la atribución individual mantiene incertidumbres.
El monitoreo puede revelar pruebas clandestinas y daños geológicos
Las estaciones sísmicas cumplen una doble función en este tipo de investigaciones. Permiten detectar explosiones nucleares clandestinas mediante sus ondas características y, al mismo tiempo, vigilar los terremotos y reajustes posteriores dentro de la corteza.
Diferenciar una explosión de un terremoto natural exige analizar la profundidad, la forma de las ondas y la relación entre distintos tipos de energía sísmica. El problema se vuelve más complejo cuando una detonación activa posteriormente fracturas naturales, porque las señales tardías pueden parecerse a las de pequeños terremotos tectónicos.
La experiencia internacional demuestra que los efectos ambientales y geológicos de los ensayos pueden mantenerse durante décadas. La revisión de las pruebas nucleares francesas en el Pacífico Sur ilustra la necesidad de evaluar sus consecuencias mucho después de que finalicen las detonaciones.
En Corea del Norte, la falta de acceso directo obliga a depender de mediciones remotas, imágenes satelitales y redes de vigilancia instaladas fuera del país. La nueva cronología sísmica muestra que suspender las pruebas no implica una recuperación geológica inmediata: el subsuelo puede continuar ajustándose durante años.
Los resultados respaldan el seguimiento prolongado de antiguos campos de pruebas nucleares y de otras zonas sometidas a explosiones subterráneas intensas. Ese monitoreo permite evaluar la evolución de las fracturas, mejorar la identificación de eventos futuros y comprender cómo las intervenciones humanas alteran el comportamiento de la corteza terrestre.
Fuente referencial:
Phys.org: actividad sísmica posterior a las pruebas nucleares de Corea del Norte




