La Organización Meteorológica Mundial constató condiciones inferiores a lo normal en el 36% de las cuencas, mientras los glaciares perdieron 408 gigatoneladas de hielo
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Los ríos del planeta atravesaron en 2025 uno de sus años más secos en más de tres décadas, según el informe sobre el estado de los recursos hídricos mundiales publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los caudales estuvieron por debajo de lo normal en el 36% de la superficie global de las cuencas, en un contexto de reducción prolongada de las reservas de agua dulce y retroceso generalizado de los glaciares.
El estudio describe un ciclo hidrológico cada vez más irregular, capaz de alternar déficits persistentes con lluvias e inundaciones extremas. Durante los últimos siete años, las cuencas con caudales considerados normales representaron una minoría, una situación que afecta la disponibilidad de agua para la población, los ecosistemas, la agricultura, la energía y diferentes actividades económicas.
La evaluación integra información sobre caudal fluvial, aguas subterráneas, evapotranspiración, almacenamiento terrestre, nieve, hielo y fenómenos de alto impacto. Para estimar las condiciones de los ríos en 2025, la OMM utilizó simulaciones de 13 modelos hidrológicos globales alimentados con datos meteorológicos observados.
Solo una minoría de las cuencas mantuvo caudales normales
El informe indica que únicamente entre el 34% y el 38% de las cuencas presentó condiciones normales durante cada uno de los últimos siete años. El promedio registrado entre 1991 y 2020 había sido del 46%, lo que muestra una reducción sostenida de los sistemas fluviales situados dentro de sus rangos históricos.
Durante 2025 se observaron caudales inferiores o muy inferiores a lo normal en buena parte de América del Norte, las cuencas sudamericanas de los ríos de la Plata y São Francisco, Europa oriental, Oriente Medio y Asia Central. En África, los déficits más notorios afectaron a las cuencas del Nilo, el Congo y el Zambeze.
Estos resultados coinciden con señales regionales como la caída de grandes ríos europeos hasta niveles excepcionalmente bajos. Un caudal reducido limita la navegación, la generación hidroeléctrica, el abastecimiento urbano y la capacidad del río para sostener hábitats acuáticos.
Las condiciones no fueron secas en todo el planeta. El sur y el sudeste de Asia, así como sectores del norte de América del Sur, registraron caudales superiores o muy superiores a lo habitual. En África también hubo niveles elevados en las cuencas del Senegal, Níger, lago Chad, Orange y Limpopo.
El agua no responde únicamente a la lluvia del momento
Las diferencias entre regiones muestran que las precipitaciones de una temporada no explican por sí solas el comportamiento de los ríos. La humedad previa del suelo, la nieve acumulada, el estado de los acuíferos, la vegetación, las represas y las extracciones humanas influyen en la cantidad de agua que termina llegando a los cauces.
Por esa razón, una misma cantidad de lluvia puede generar caudales muy diferentes entre cuencas. Un suelo seco puede absorber parte del agua antes de que alcance el río, mientras que un terreno saturado favorece una escorrentía rápida y puede aumentar el riesgo de inundaciones.
El informe relaciona la distribución de las lluvias de 2025 con unas condiciones inicialmente neutrales en el Pacífico, la aparición de una débil La Niña hacia finales de año y una fase predominantemente negativa del dipolo del océano Índico. Estos patrones influyeron en la ubicación y la intensidad de las precipitaciones.
La OMM advierte que las oscilaciones entre escasez y exceso de agua dificultan la planificación basada exclusivamente en promedios históricos. Algunas regiones pasaron de la sequía a inundaciones intensas sin disponer de tiempo suficiente para recuperar sus reservas o reparar los daños del episodio anterior.
Las reservas terrestres mantienen una tendencia descendente
El almacenamiento de agua terrestre incluye el líquido contenido en acuíferos, lagos, ríos, suelos y vegetación, además de la nieve y el hielo. Ese conjunto funciona como una reserva que permite amortiguar una temporada seca, pero mantiene una tendencia negativa desde mediados de la década de 2010.
En 2025 se registraron niveles inferiores a lo normal en amplias zonas de América del Norte, Patagonia, Europa oriental, Oriente Medio, Asia Central, el este de Brasil, el norte de India, China, África del Norte y partes del norte europeo y de Rusia. La cuenca del Plata mostró indicios de recuperación parcial después de una sequía prolongada.
La disminución coincide con otros análisis que advierten que las reservas mundiales de agua dulce están retrocediendo. Cuando el almacenamiento terrestre disminuye durante varios años consecutivos, una nueva sequía puede comenzar con ríos, suelos y acuíferos ya debilitados.
Las aguas subterráneas tampoco mostraron una recuperación uniforme. Cerca de dos tercios de los pozos monitoreados presentaron condiciones fuera de sus rangos históricos, con una mayor inclinación hacia el déficit que en 2024. Europa central y oriental, el centro de Estados Unidos, zonas de México, Chile, Brasil, India, Sudáfrica y Australia mantuvieron niveles persistentemente bajos.
Todos los grandes territorios glaciares perdieron hielo
El año hidrológico 2025 fue el cuarto consecutivo en el que todas las grandes regiones glaciares registraron una pérdida neta de masa. La reducción alcanzó 408 gigatoneladas, con un margen de incertidumbre de 132 gigatoneladas, y contribuyó aproximadamente 1,1 milímetros al aumento del nivel del mar.
Entre 2023 y 2025, la pérdida acumulada llegó a 1.400 gigatoneladas de agua. Esa cantidad equivale aproximadamente a un tercio de las extracciones mundiales de agua dulce de un año, una comparación que permite dimensionar la velocidad con la que se reduce esta reserva de largo plazo.
El retroceso genera riesgos diferentes según el momento. A corto plazo, el deshielo acelerado puede alimentar inundaciones y aumentar la inestabilidad de los lagos glaciares. A largo plazo, la pérdida de hielo reduce el agua disponible durante las estaciones secas para poblaciones situadas río abajo. Esta amenaza ya resulta visible en los Andes, donde la reducción de los glaciares compromete el suministro de millones de personas.
Algunas regiones dominadas por glaciares pequeños, entre ellas Europa central, el Cáucaso, el oeste de Canadá y Estados Unidos, podrían haber alcanzado el denominado máximo hídrico. Ese punto se produce cuando el aumento temporal del deshielo deja de incrementar los caudales y comienza una disminución conforme queda menos hielo disponible.
Asia y África concentran los mayores impactos humanos
Asia y África reunieron al menos la mitad de los fenómenos extremos relacionados con el agua documentados durante los últimos cinco años y más del 80% de las muertes asociadas que fueron notificadas. La exposición de la población, la vulnerabilidad de las infraestructuras y las limitaciones de los sistemas de alerta agravan los efectos de sequías, inundaciones, ciclones y lluvias monzónicas.
Entre 2021 y 2025 persistieron sequías multianuales en las cuencas del Amazonas y del Plata, Oriente Medio y el Gran Cuerno de África. Al mismo tiempo, África occidental y central y el sudeste asiático sufrieron inundaciones severas de manera repetida.
La combinación confirma que los daños provocados por inundaciones y sequías están aumentando. En 2025, los ciclones tropicales y un monzón intenso causaron hasta 3.600 muertes en países del sur y sudeste de Asia, aunque la cuantificación económica de los desastres continúa siendo incompleta en numerosas regiones.
La OMM señala que la gestión de este escenario requiere observaciones continuas, intercambio internacional de información, estándares comunes y sistemas de alerta temprana. La cobertura de datos ha mejorado desde la primera edición del informe en 2021, pero África y Asia siguen estando entre las regiones con menos mediciones hidrológicas, pese a concentrar algunos de los impactos más graves.
Fuentes referenciales:
Phys.org: informe global sobre ríos y variabilidad del agua
Organización Meteorológica Mundial: Estado de los Recursos Hídricos Mundiales 2025




