Un nuevo mapa mundial, elaborado con más de siete millones de mediciones, estima que los glaciares almacenan unos 150.000 kilómetros cúbicos de hielo
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y del Instituto de Ciencias Polares del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR-ISP) desarrollaron una nueva estimación mundial del volumen de los glaciares mediante inteligencia artificial. El trabajo ofrece una representación actualizada de cuánto hielo permanece almacenado y dónde se concentra, dos datos esenciales para estudiar el aumento del nivel del mar y la disponibilidad futura de agua dulce.
El análisis, publicado en la revista científica Scientific Data, calcula que los glaciares incluidos en el inventario mundial RGI 6.0 contienen aproximadamente 150.000 kilómetros cúbicos de hielo. La estimación presenta un margen de incertidumbre de unos 38.000 kilómetros cúbicos y equivale potencialmente a 323 milímetros de aumento del nivel medio del mar.
Esta equivalencia, cercana a 32,3 centímetros, describe la cantidad de agua almacenada en el hielo y no constituye una predicción sobre cuánto ni cuándo subirá el océano. La velocidad y magnitud de cualquier contribución futura dependerán de la evolución de las temperaturas, las precipitaciones, la dinámica de cada glaciar y la proporción del hielo que llegue efectivamente al mar.
Más de siete millones de mediciones para entrenar el modelo
El equipo utilizó IceBoost v2.0, una versión actualizada de un sistema de aprendizaje automático entrenado con más de siete millones de mediciones del espesor del hielo obtenidas en glaciares de diferentes regiones. El investigador Niccolò Maffezzoli, de Ca’ Foscari y vinculado al CNR-ISP, encabezó el estudio junto con especialistas de ambas instituciones.
Determinar el volumen de un glaciar exige conocer no solo la superficie visible, sino también la profundidad del hielo y la forma del terreno oculto bajo él. Los satélites permiten delimitar la extensión y seguir los cambios superficiales, pero la medición directa del espesor requiere radares, perforaciones u otras campañas de campo que solo cubren una fracción de los glaciares del planeta.
IceBoost busca reducir esas lagunas mediante relaciones aprendidas a partir de las observaciones disponibles y de las características físicas de los glaciares. La investigación amplía el primer modelo mundial de aprendizaje automático para calcular su volumen, presentado en 2025.
Según la evaluación publicada, IceBoost v2.0 redujo entre un 20 % y un 45 % el error cuadrático medio frente a otros modelos en zonas del alto Ártico. En las demás regiones mostró un desempeño comparable, aunque los autores mantienen intervalos amplios de incertidumbre debido a la distribución desigual de las mediciones de campo.
Un tercer cálculo global y el primero para el inventario RGI 7.0
La nueva estimación representa el tercer cálculo global disponible para el inventario Randolph Glacier Inventory 6.0. Su resultado se sitúa dentro del rango de trabajos anteriores, que habían calculado aproximadamente 141.000 y 158.000 kilómetros cúbicos, ambos con márgenes de incertidumbre superiores a 40.000 kilómetros cúbicos.
Los investigadores también aplicaron el sistema al inventario RGI 7.0, una versión más reciente de la delimitación mundial de glaciares. Para este conjunto obtuvieron un volumen aproximado de 149.000 kilómetros cúbicos, con una incertidumbre de 38.000 kilómetros cúbicos y una equivalencia de 323 milímetros del nivel del mar. Se trata de la primera estimación global de volumen elaborada para esa versión del inventario.
La coincidencia entre los resultados generales no elimina las diferencias regionales. Dos modelos pueden calcular cantidades mundiales semejantes y, al mismo tiempo, distribuir el hielo de manera distinta entre cordilleras y cuencas. Esa ubicación es fundamental porque cada masa glaciar responde de forma particular a la topografía, el clima y las condiciones locales.
El estudio se suma a otros esfuerzos científicos para construir modelos capaces de representar el comportamiento de los glaciares a largo plazo. Contar con una geometría inicial más precisa permite mejorar las simulaciones, aunque no elimina las incertidumbres asociadas a las futuras emisiones de gases de efecto invernadero.
Por qué importa conocer dónde está almacenado el hielo
El espesor determina cuánto tiempo puede sobrevivir un glaciar bajo determinadas condiciones climáticas. Una masa extensa pero poco profunda puede perder una proporción considerable de su volumen con rapidez, mientras que las zonas de gran espesor pueden conservar hielo durante más tiempo, aun cuando su superficie retroceda.
La distribución del volumen también afecta a las proyecciones del nivel del mar. Los glaciares de montaña, excluidas las grandes capas de hielo continentales de Groenlandia y la Antártida, constituyen una reserva mucho menor que esas enormes masas polares, pero responden con mayor rapidez al calentamiento y ya contribuyen al aumento oceánico.
Las observaciones regionales muestran la velocidad que pueden alcanzar esas transformaciones. Un análisis sobre la reducción del volumen de los glaciares suizos documentó pérdidas considerables durante la última década, una tendencia asociada a veranos cálidos y temporadas con escasa acumulación de nieve.
En algunas regiones, además, el hielo cumple una función hidrológica directa. Su fusión estacional sostiene caudales durante los meses secos y abastece a ecosistemas, agricultura, generación hidroeléctrica y poblaciones. Una estimación más detallada permite identificar las cuencas donde el almacenamiento glaciar es mayor y evaluar con mejores datos su posible disminución.
La incertidumbre sigue siendo una parte central del mapa
Los autores presentan los resultados acompañados de intervalos de incertidumbre porque el aprendizaje automático no sustituye las mediciones directas. Las regiones con pocos datos, geometrías complejas o glaciares cubiertos por escombros continúan siendo especialmente difíciles de representar.
El modelo tampoco calcula por sí solo la evolución futura del hielo. Para proyectar pérdidas es necesario combinar el volumen y el espesor iniciales con escenarios climáticos y modelos que describan la acumulación de nieve, la fusión superficial, el movimiento del hielo y la interacción con lagos u océanos.
La investigación permite, sin embargo, establecer una base homogénea para comparar regiones y actualizar simulaciones. La publicación abierta del conjunto de datos facilita que otros equipos revisen los cálculos, los contrasten con nuevas campañas de radar y mejoren las estimaciones en zonas todavía poco observadas.
La desaparición del hielo también modifica hábitats y paisajes de montaña. En ese contexto, los glaciares de roca pueden funcionar como refugios climáticos para determinadas especies, lo que muestra que el seguimiento de la criosfera tiene implicaciones que van más allá del nivel del mar.
IceBoost v2.0 aporta así un inventario volumétrico más detallado, pero sus responsables subrayan mediante los propios márgenes estadísticos que la precisión dependerá de ampliar las observaciones. Incorporar nuevas mediciones permitirá comprobar dónde acierta el modelo, identificar sesgos regionales y seguir ajustando el mapa mundial del hielo glaciar.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Scientific Data
