Icebergs remodelan el fondo marino del Ártico


El retroceso de glaciares en Groenlandia y el Ártico ruso aumenta la llegada de rocas al lecho marino profundo


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


El aumento de icebergs en el Ártico está transformando lentamente el fondo marino profundo. Desde la década de 2000, el número de icebergs observados en la región ha crecido con fuerza debido a la desestabilización de grandes glaciares en el noreste de Groenlandia y en zonas del Ártico ruso, además de una mayor movilidad del hielo marino.

La consecuencia ambiental es visible en el lecho marino: al derretirse, los icebergs liberan piedras que caen sobre fondos blandos y crean nuevos hábitats de sustrato duro. Allí pueden asentarse organismos que no prosperan fácilmente sobre sedimentos finos, como esponjas, corales y otras formas de vida marina adaptadas a superficies firmes.

El estudio, desarrollado por investigadores del Instituto Alfred Wegener, el Centro Helmholtz de Investigación Polar y Marina, y publicado en Nature Climate Change, muestra que el cambio climático no solo altera el hielo, la temperatura o la circulación oceánica. También está modificando físicamente el paisaje submarino del Ártico.

Este proceso se suma a otros cambios observados en los ecosistemas del océano Ártico, donde temperatura, salinidad, hielo marino y presión humana están reconfigurando comunidades que evolucionaron bajo condiciones extremas y relativamente estables.

Rocas que caen desde el hielo

Los icebergs no están formados únicamente por agua congelada. Muchos arrastran sedimentos y rocas incorporados durante el avance de los glaciares sobre tierra firme. Cuando esos bloques de hielo se desprenden, flotan hacia el océano y recorren largas distancias antes de derretirse.

Durante ese derretimiento, las piedras atrapadas en el hielo caen hacia el fondo marino. En zonas donde el lecho está dominado por sedimentos blandos, cada roca puede convertirse en un pequeño punto de anclaje para especies que necesitan superficies duras para fijarse, crecer o refugiarse.

Estas rocas, conocidas como dropstones o clastos caídos desde icebergs, pueden actuar como “islas” de hábitat en fondos profundos. Aunque el fenómeno existe desde hace miles de años, el estudio advierte que su frecuencia está cambiando por el retroceso acelerado de glaciares y la mayor presencia de icebergs móviles.

El estrecho de Fram como zona clave

El trabajo se centró en el estrecho de Fram, el paso oceánico situado entre Groenlandia y Svalbard. Esta región funciona como una puerta de intercambio entre el océano Ártico y el Atlántico Norte, por lo que concentra señales importantes de cambios en hielo, corrientes y ecosistemas profundos.

Los investigadores analizaron datos recogidos durante varias expediciones científicas y observaron un aumento marcado en la presencia de icebergs desde principios de los años 2000. La señal coincide con la desestabilización de glaciares en el noreste de Groenlandia y con cambios en el hielo marino que facilitan el desplazamiento de los icebergs.

El Ártico ya atraviesa una transformación acelerada de su criosfera. En años recientes, varios estudios han mostrado que el deshielo del Ártico mantiene una tendencia de largo plazo, incluso cuando algunas fases muestran desaceleraciones temporales.

Nuevos hábitats en un fondo blando

La llegada de rocas al fondo marino puede modificar las comunidades biológicas locales. En un lecho dominado por sedimentos blandos, la presencia de sustrato duro permite que se establezcan organismos filtradores, colonias incrustantes y especies que dependen de superficies firmes para desarrollarse.

Los investigadores encontraron que estas piedras pueden convertirse en nuevos núcleos de vida en el fondo profundo. Sin embargo, el cambio no debe leerse únicamente como una buena noticia. La aparición de nuevos hábitats también implica una reorganización de comunidades preexistentes y puede favorecer a algunas especies mientras desplaza o altera a otras.

El fondo marino profundo suele cambiar lentamente. Por eso, una mayor lluvia de rocas desde icebergs derretidos puede representar una presión física y ecológica adicional. La transformación no ocurre de golpe, pero puede acumularse con el tiempo y modificar la estructura del ecosistema.

Glaciares inestables y más icebergs

La investigación vincula el aumento de icebergs con la inestabilidad de glaciares en el noreste de Groenlandia y en partes del Ártico ruso. Cuando los glaciares pierden estabilidad, liberan más hielo hacia el océano. Si además el hielo marino se vuelve más móvil, esos icebergs pueden desplazarse con mayor facilidad.

Groenlandia ocupa un lugar central en esta dinámica porque sus glaciares conectan la capa de hielo continental con el océano. La pérdida de masa, el calentamiento costero y el desprendimiento de hielo están cambiando la forma en que el sistema glaciar interactúa con mares y fiordos.

Estos procesos se relacionan con investigaciones recientes sobre cómo la caída de hielo y los cambios del fondo marino ayudan a comprender el retroceso de glaciares en Groenlandia, una región clave para estudiar la conexión entre criosfera, océano y nivel del mar.

El hielo marino también cambia el movimiento

El estudio no atribuye el fenómeno solo a los glaciares. La mayor movilidad del hielo marino también permite que los icebergs se desplacen de manera diferente por el Ártico. Cuando el hielo marino pierde extensión, grosor o rigidez, puede dejar corredores más abiertos para el transporte de icebergs.

La reducción del hielo marino tiene consecuencias complejas sobre la luz, la productividad oceánica y las cadenas tróficas. En el Ártico, la pérdida de hielo no solo modifica el hábitat de especies asociadas a la superficie congelada, sino también la dinámica física que controla el movimiento de materiales hacia el océano profundo.

La relación entre hielo, productividad y ecosistemas ya ha sido descrita en estudios sobre cómo menos hielo marino afecta los ecosistemas del Ártico, con efectos que no siempre son lineales ni fáciles de anticipar.

Una transformación lenta pero persistente

Los nuevos hábitats creados por piedras liberadas desde icebergs pueden parecer pequeños frente a la escala del océano Ártico, pero su importancia está en la persistencia. Cada roca puede permanecer durante mucho tiempo en el fondo marino y convertirse en soporte para comunidades que alteran la estructura ecológica local.

El fenómeno también funciona como una señal física de los cambios que ocurren en la superficie. El retroceso de glaciares y la movilidad del hielo dejan una huella material en zonas profundas, conectando procesos atmosféricos, glaciares, oceánicos y biológicos.

La investigación recuerda que el cambio climático no solo se expresa en temperaturas o extensión de hielo. También puede modificar la textura del fondo marino, la distribución de hábitats y las oportunidades de colonización para distintas especies.

Un Ártico más dinámico y menos predecible

El aumento de icebergs y de rocas depositadas en el fondo profundo muestra que el Ártico se está volviendo más dinámico. El paisaje submarino, que durante largos periodos pudo parecer estable, recibe ahora una influencia creciente de glaciares inestables y hielo marino más móvil.

Este tipo de cambio plantea preguntas para la investigación futura. Será necesario comprender qué especies colonizan esos nuevos sustratos, cuánto tiempo permanecen activas esas comunidades y cómo interactúan con organismos ya presentes en los fondos blandos.

También será importante evaluar si este patrón se repite en otras regiones polares. En un mundo con glaciares en retroceso, los icebergs pueden convertirse en agentes de transformación ecológica no solo en la superficie del mar, sino también en los fondos profundos donde sus rocas finalmente se depositan.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Retreating glaciers increase iceberg sightings and reshape deep-sea habitats