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2 de octubre de 2026

🌍 Panorama Planetario

Estado del sistema Tierra: indicadores globales, ciclos físicos y perspectiva de vigilancia.

Resumen ejecutivo

Un sistema cálido con respuestas desiguales

El inicio de octubre encuentra al sistema climático con señales de calentamiento persistente y una evolución oceánica que puede reorganizar las lluvias. La lectura conjunta exige distinguir temperatura, concentración de gases, disponibilidad de agua y cobertura de hielo: sus ritmos son diferentes. Un episodio lluvioso puede aliviar una superficie sin recuperar las reservas profundas; una recuperación estacional del hielo tampoco revierte por sí sola su pérdida prolongada. Este panel reúne observaciones publicadas y contexto físico, indicando el período de cada cifra para evitar confundir la fecha de actualización editorial con la fecha de medición.

Temperatura global

Persistencia del calor en el balance mensual

Agosto: máximo para ese mes

El boletín de Copernicus publicado el 10 de septiembre identifica agosto de 2026 como el agosto más cálido del registro y empatado con julio de 2023 entre todos los meses. Es una observación mensual, no una temperatura del 2 de octubre. Su importancia está en el contexto térmico acumulado, que condiciona evaporación, demanda de refrigeración y exposición de los ecosistemas.

Océanos

El Pacífico aporta una señal de reorganización

La perspectiva estacional de la OMM para septiembre–noviembre anticipa un fortalecimiento de El Niño. El calentamiento del Pacífico ecuatorial modifica intercambios de energía y circulación atmosférica, pero sus efectos no son uniformes. La temperatura superficial permite seguir esta evolución; para valorar sus consecuencias también importan el calor subsuperficial, los vientos y la respuesta de las lluvias.

CO₂ atmosférico

La señal de fondo continúa elevada

427,55 ppm

NOAA publica esta media para Mauna Loa en agosto de 2026, frente a 425,48 ppm en agosto de 2025. Corresponde a una estación de referencia y no equivale a la media mundial. La comparación del mismo mes ayuda a reducir la confusión con el ciclo estacional. Los datos recientes conservan carácter preliminar y pueden revisarse mediante controles de calidad.

Hielo polar

Dos extremos estacionales bajo observación

NSIDC informó el 23 de septiembre de un mínimo ártico probable de 4,60 millones de kilómetros cuadrados, alcanzado el 12 de septiembre. Para la Antártida señaló un máximo probable de 17,59 millones el 14 de septiembre. Son extremos de estaciones opuestas. La extensión describe superficie con hielo; no expresa directamente su espesor, volumen ni estabilidad futura.

Incendios

Combustible seco y circulación del humo

La vigilancia planetaria del fuego combina focos térmicos, potencia radiativa y emisiones estimadas. Ninguna de estas variables sustituye automáticamente a la superficie quemada. El estado del combustible y el viento pueden modificar rápidamente la propagación. Además, el humo prolonga el alcance ambiental del incendio: las partículas viajan y pueden afectar lugares alejados de la zona donde se produce la combustión.

Sequías

La recuperación depende de varias reservas

El déficit de precipitación inicia algunos episodios, pero la sequía también se manifiesta en humedad del suelo, caudales y aguas subterráneas. Estas reservas no se recuperan simultáneamente. Un aguacero puede generar escorrentía sin aportar suficiente infiltración. Para interpretar el estado hídrico conviene observar la duración del déficit y la demanda evaporativa, además de la cantidad de lluvia recibida.

Tormentas y fenómenos extremos

El impacto depende de la combinación de procesos

La lluvia intensa, el viento y el oleaje pueden coincidir y amplificar daños. La intensidad meteorológica por sí sola no determina el resultado: intervienen la exposición, el drenaje y el estado previo del terreno. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, aunque la formación de cada tormenta requiere condiciones específicas de humedad, estabilidad y circulación.

Señal planetaria destacada

Las variables deben leerse conectadas

El calor favorece evaporación; la pérdida de humedad puede aumentar el estrés de la vegetación; el fuego altera cobertura y composición atmosférica. Estas relaciones explican por qué un indicador aislado ofrece una visión incompleta. La señal relevante es la interacción entre procesos, con respuestas que pueden prolongarse después de que termine el episodio meteorológico que los desencadenó.

Perspectiva · 2–16 de octubre

Próximos 7–14 días: seguimiento, actualización y escala correcta

La perspectiva editorial prioriza comprobar la evolución oceánica, la recuperación estacional del hielo y los indicadores de humedad. El pronóstico estacional aporta probabilidades para varios meses, pero no permite anticipar por sí solo una tormenta o un incendio en una fecha concreta. En esta ventana, las previsiones meteorológicas actualizadas y los avisos de los servicios nacionales deben guiar las decisiones locales. La comparación de sucesivas observaciones permitirá distinguir oscilaciones breves de cambios persistentes.

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La menor inclinación del eje de la Tierra provocó en el pasado el secamiento del nordeste brasileño

La extensión de la estación seca redundó en una disminución de la cobertura arbórea y en una expansión de la vegetación de sabana o de pastizal en el Cerrado


AGENCIA FAPESP/DICYT – La cuenca hidrográfica del río São Francisco, en la región nordeste de Brasil, alberga una parte sustancial del Cerrado, la sabana brasileña, aparte de amplias áreas del bioma del semiárido nordestino conocido con el nombre de Caatinga, y en menor proporción, extensiones de Bosque Atlántico. El Cerrado ocupa la fracción central de la cuenca y su complejo bioma presenta diversas fisonomías, que varían desde la vegetación abierta, sin árboles y con un significativo extracto herbáceo y pequeños arbustos, hasta el dosel cerrado, con una frondosa extensión de árboles.

La densidad de la cobertura arbórea posee una profunda importancia ecológica en ese bioma, al ejercer un gran influjo sobre factores tales como la propagación del fuego, la fauna local, el ciclo hidrológico y balance de carbono. Las reconstrucciones precisas de la vegetación del pasado son fundamentales para entender la distribución y la diversidad actual de la flora del Cerrado, y para proyectar escenarios futuros.

Un estudio publicado recientemente en el periódico científico Quaternary Science Reviews por científicos brasileños muestra que la densidad de árboles en el Cerrado ha permanecido controlada mayoritariamente por la duración de la estación seca durante los últimos 45 mil años.

Este trabajo forma parte de la tesina de maestría de Jaqueline Quirino Ferreira y estuvo coordinado por Cristiano Mazur Chiessi, docente de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la Universidad de São Paulo (EACH-USP). Contó con el apoyo de la FAPESP mediante dos proyectos (18/15123-4 y 19/24349-9), uno de ellos vinculado al Programa de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG) y el otro al Programa de Investigaciones en Caracterización, Conservación, Recuperación y Uso Sostenible de la Biodiversidad del Estado de São Paulo (BIOTA).

“Para correlacionar la variación del clima con la densidad de los árboles, utilizamos indicadores independientes de precipitaciones y de vegetación registrados en sedimentos recolectados a lo largo de la desembocadura del río São Francisco. Más específicamente, analizamos las composiciones de isótopos de hidrógeno y carbono en ceras de plantas proveniente de la cuenca del São Francisco y depositadas en sedimentos marinos”, dice Quirino Ferreira.

Según la investigadora, esas ceras son lípidos que se forman sobre las hojas y controlan el proceso de evapotranspiración de las plantas, al tiempo que las protegen contra la radiación ultravioleta. La composición de los isótopos de hidrógeno indica el patrón de lluvias en la época en que dichas ceras se produjeron. En tanto, la composición de los isótopos de carbono registra la extensión de la cobertura arbórea.

“Estos datos, junto a los análisis geoestadísticos y los resultados de un modelo climático numérico, sugieren que los cambios en la duración de la estación seca de esa región estarían relacionados con alteraciones en la radiación proveniente del Sol. Y estas, a su vez, fueron inducidas por las variaciones en la inclinación del eje de rotación de la Tierra”, explica Mazur Chiessi.

Con inclinación variable

Tal como se sabe, el eje de rotación de la Tierra no es ortogonal al plano en el cual se mueve el planeta alrededor del Sol. Dicho eje exhibe una pequeña inclinación que fue probablemente producto de un impacto de otro cuerpo celeste que el globo sufrió en un pasado remoto. Actualmente, la inclinación axial de la Tierra es de aproximadamente 23° 26’ (veintitrés grados, 26 minutos de arco). Con todo, ese valor no es fijo. Debido a la atracción gravitatoria de los otros planetas del Sistema Solar, fundamentalmente de Júpiter y Saturno, el mismo oscila cíclicamente entre un mínimo de 22° 00’ y un máximo de 24° 30’. El ciclo completo dura alrededor de 41 mil años.

“Durante el período de máxima inclinación del eje, el calentamiento anómalo del hemisferio de verano provocó una reorganización de la circulación atmosférica tropical, lo que generó en la cuenca del São Francisco una extensión de la duración de la estación húmeda. Esto hizo posible la expansión de la vegetación arbórea. Por otra parte, durante el período de mínima inclinación, el aumento de la duración de la estación seca redundó en una disminución de la cantidad de árboles y en la expansión de la vegetación de sabana o de pastizal en la región”, informa Mazur Chiessi.

Alteraciones similares a las que sucedieron en la circulación atmosférica tropical durante los períodos de mínima inclinación del eje de la Tierra se proyectan en las simulaciones de calentamiento global para el final del siglo XXI. Al igual que en las variaciones inducidas por modificaciones en la inclinación del eje de la Terra, los cambios climáticos antrópicos pueden alterar la duración de la estación seca en diversas zonas del globo. “En la mayor parte de la cuenca del río São Francisco, las proyecciones indican un aumento de la duración y de la intensidad de la estación seca. Tal como se lo ha registrado en el pasado geológico, este escenario puede derivar en una significativa disminución de la cobertura arbórea del Cerrado”, enfatiza Mazur Chiessi.

La compresión de la adaptación de los ecosistemas a las variaciones del pasado suministra una perspectiva a largo plazo referente a la magnitud y a los aspectos espaciales y temporales de los cambios ecológicos en curso.