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24 DE OCTUBRE DE 2026

🌍 Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra | Indicadores climáticos, oceánicos y ambientales

El sistema climático continúa condicionado por el calentamiento acumulado de la atmósfera y los océanos, los cambios en la criosfera y la intensificación de determinados extremos hidrometeorológicos. Este panel diferencia las tendencias científicas consolidadas de las condiciones operativas que requieren observaciones actualizadas.

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Temperatura global

Calentamiento persistente

La temperatura media mundial mantiene una tendencia ascendente a escala de décadas. El aumento no es uniforme: continentes, océanos y regiones polares responden con intensidades distintas, y las anomalías mensuales pueden fluctuar por variabilidad natural.

Una lectura rigurosa debe comparar las temperaturas observadas con un periodo de referencia explícito. Un mes excepcionalmente cálido no equivale por sí solo a superar permanentemente el umbral de 1,5 °C del Acuerdo de París.

Para establecer el valor exacto de octubre se requiere el cierre y procesamiento de los registros mensuales correspondientes.

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Océanos

Reserva térmica planetaria

El océano absorbe la mayor parte del exceso de energía acumulado por el sistema climático. Esta función amortigua parcialmente el calentamiento atmosférico, pero contribuye al aumento de la temperatura marina, la expansión térmica del agua y el ascenso del nivel del mar.

Las temperaturas superficiales pueden variar considerablemente entre cuencas y estaciones. Las olas de calor marinas deben evaluarse mediante anomalías regionales, duración e intensidad, no únicamente mediante promedios globales.

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CO₂ atmosférico

Concentración elevada

El dióxido de carbono continúa siendo uno de los principales factores del forzamiento climático antropogénico. Su concentración responde a emisiones, absorción terrestre y oceánica y variaciones estacionales del ciclo del carbono.

Las mediciones de estaciones como Mauna Loa permiten estudiar la evolución de este gas, pero sus valores locales no deben presentarse automáticamente como promedios globales.

La cifra diaria exacta requiere consultar la serie observacional correspondiente y comprobar su fecha de actualización.

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Hielo polar

Vigilancia de la criosfera

El hielo marino del Ártico y de la Antártida presenta ciclos estacionales opuestos. En octubre, el Ártico suele encontrarse en una fase de recuperación de extensión tras el mínimo estival, mientras la Antártida atraviesa la etapa final de su expansión austral.

La extensión, el espesor y la edad del hielo aportan información complementaria. No debe confundirse el hielo marino flotante con los mantos de hielo continentales, cuya pérdida contribuye directamente al aumento del nivel del mar.

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Incendios

Combustible y meteorología

El peligro de incendio depende de la sequedad de la vegetación, el viento, la humedad, la temperatura y las condiciones locales de ignición. La estación de incendios no coincide necesariamente entre continentes y ecosistemas.

Los satélites permiten detectar anomalías térmicas, aunque una señal de calor no confirma por sí sola la superficie quemada ni la gravedad de un incendio. Para evaluar el riesgo operativo deben combinarse observaciones, pronósticos y avisos oficiales.

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Sequías

Presión hidrológica

La sequía meteorológica, agrícola e hidrológica puede evolucionar a ritmos diferentes. Un episodio de lluvia puede mejorar temporalmente la humedad superficial sin recuperar embalses, acuíferos o caudales fluviales.

El seguimiento debe integrar precipitación acumulada, evapotranspiración, humedad del suelo y almacenamiento de agua. También es fundamental distinguir la escasez estructural de recursos hídricos de una anomalía climática temporal.

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Tormentas y extremos

Riesgos diferenciados

Los extremos de precipitación, las tormentas intensas, las inundaciones repentinas y los ciclones tropicales requieren vigilancia según sus respectivas regiones y temporadas.

Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, lo que favorece precipitaciones intensas cuando existen condiciones dinámicas apropiadas. Sin embargo, atribuir un episodio concreto al cambio climático exige un análisis específico.

Los avisos de protección civil y meteorología nacional prevalecen sobre cualquier evaluación general de este panel.

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Los humedales en el árido, tan vitales como el agua: Argentina

Son ecosistemas de relevancia para la conservación, pero también son el soporte de las actividades humanas desde tiempos remotos. En La Rioja, los manantiales asociados a fallas fueron utilizados por pueblos originarios y permitieron el desarrollo de comunidades asociadas a la producción agrícola. El INTA confecciona un Protocolo de Buenas Prácticas en Humedales (BPH) para ofrecer información y herramientas para la toma de decisiones.



En el árido, el agua es un recurso vital. Allí donde el agua “surge de la tierra” los pueblos originarios y posteriormente los primeros colonos se asentaron para el desarrollo de su vida. Inicialmente a través de producciones de subsistencia y luego para su intercambio o comercialización. A pesar del paso de los años, estos oasis del árido continúan siendo el soporte de actividades humanas y de ecosistemas.

En la provincia de La Rioja se observan unos sistemas particulares, los humedales asociados a fallas, donde “el agua subterránea emerge o se encuentra tan cerca de la superficie, que con obras simples es posible captarla y conducirla para el uso humano”, comentó Roberto Esteban Miguel, investigador especialista en recursos hídricos de INTA EEA Chilecito.

Los manantiales de Aimogasta -localizados en Arauco y Talacán- así como los manantiales de Vichigasta son dos de las áreas más representativas de este tipo de sistemas en la provincia de La Rioja. “El término “gasta”, que significa “pueblo” en la lengua kakán -hablada por los originarios Diaguitas- evidencia la fuerte relación del hombre con estas áreas”, aclara el investigador.

El recurso hídrico erogado por estos manantiales está fuertemente asociado a la actividad agrícola tradicional, principalmente de vid, olivo, otros frutales y hortalizas, haciendo uso de importantes volúmenes de agua para riego.  “Para explicar por qué el agua está allí y no en otro lugar es necesario conocer lo que ocurre en el subsuelo. La explicación tiene su vinculación con la geología estructural y las fallas que han permitido almacenar importantes volúmenes de agua sobre una base impermeable que, a su vez, debido a su inclinación hace de dique al flujo de agua subterránea”, detalló Miguel explicando con palabras simples la complejidad de lo que ocurre en el subsuelo.

En ese sentido, “este almacenamiento, junto con las pendientes del terreno, generan en áreas específicas la surgencia del agua y la posibilidad de su aprovechamiento, incluso a través de obras de arte de la hidráulica, como los Qanats, similares a los existentes en Irán y Marruecos, pero desconocidos y, consecuentemente, no valorados en nuestro país”.

Si estos frágiles sistemas no se estudian convenientemente, es posible que se efectúen intervenciones que los afecten negativamente. De acuerdo con Miguel, “el establecimiento de actividades productivas y públicas fuertemente extractivas aguas arriba (pozos de bombeo) y en inmediaciones de estos manantiales están poniendo en riesgo su integridad y la posibilidad de desarrollo de las comunidades tradicionales que basan sus producciones y formas de vida en estos humedales, como la cría de animales, la producción vitícola, olivícola y hortícola, mayormente asociada a la “agricultura familiar”.

En las buenas prácticas está la clave

“Desde INTA, y en el marco del Proyecto de Humedales, se realizan esfuerzos en comprender el funcionamiento de estos delicados sistemas y se está confeccionando un Protocolo de Buenas Prácticas en Humedales (BPH) con el fin de ofrecer, tanto a las autoridades de aplicación como a productores (aguas arriba y aguas debajo de los manantiales) y usuarios de campos comuneros, información y herramientas para la toma de decisiones en materia ambiental, productiva e hídrica” afirmó María Fabiana Navarro, investigadora del Instituto de Suelos y coordinadora del Proyecto “Producción y uso sostenible de humedales” del organismo.

Esta iniciativa de INTA complementa y contribuye con otros esfuerzos desarrollados por la Secretaria de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, la Universidad Nacional de Chilecito e instituciones gubernamentales del Estado Nacional y Provincial. “Es necesaria una visión global e integradora, al tiempo que una gestión y planificación del uso de este recurso que incluya a los distintos actores involucrados”, precisó Navarro.

De acuerdo con Navarro, “debemos alcanzar un balance entre la producción, la conservación de estos ecosistemas, promoviendo como instrumento para su alcance y seguimiento el uso de BPH”. Para ello resulta importante promover y apoyar las actividades productivas tradicionales e innovadoras. “No hay producción sin conservación, no hay producción sin productores, ni seguridad alimentaria sin producción”, puntualizó.

Miguel, por su parte, especificó que “en el área de Vichigasta se cuenta hoy con una Ley Provincial que declara el área aguas arriba de los humedales como zona de reserva de usos múltiples y tiene por objetivo proteger los recursos naturales de los campos comuneros y en particular, el área que almacena el agua que surge por los manantiales”. No obstante, “resulta perentorio delimitar legalmente el área de la reserva y definir los usos múltiples a mantener, desarrollar, evitar y restituir en pos de lograr el objetivo que la ley pretende”. Esto último no sólo es visibilizado por el profesional de INTA, sino por técnicos de otras instituciones y en particular por la comunidad que observa como el avance de algunas actividades amenaza la disponibilidad de agua en los manantiales, su calidad y por lo tanto la sostenibilidad del territorio.

Para concluir, los especialistas indicaron que “desde INTA estamos convencidos de que el esfuerzo interinstitucional junto con los saberes de los actores locales es clave para lograr la sostenibilidad de estos delicados sistemas y evitar su degradación o desaparición”. En ese marco, las BPH resultan una importante herramienta para mejorar la calidad de vida de los productores, hacer más eficiente la producción y proteger a los consumidores y al ambiente.