Una revisión histórica del geógrafo Thomas J. Bassett revela que buena parte de la información utilizada por cartógrafos europeos durante el siglo XIX procedía de guías, comerciantes y exploradores africanos. En un mapa de 1896, las fuentes locales aportaron el 65 % de la extensión total de las rutas representadas.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Los mapas que contribuyeron a la expansión colonial europea en África durante el siglo XIX no fueron elaborados exclusivamente a partir de observaciones de exploradores y cartógrafos europeos. Una revisión histórica presentada el 29 de octubre de 2026 por Thomas J. Bassett, profesor emérito de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, muestra que una parte considerable de la información geográfica utilizada en aquellos documentos procedía de conocimientos transmitidos por habitantes del continente africano.
El análisis recupera testimonios, itinerarios, representaciones del terreno y documentos cartográficos que permiten identificar la participación de guías, intérpretes, comerciantes y exploradores africanos en la construcción de mapas posteriormente atribuidos a europeos.
Uno de los hallazgos más significativos aparece en un mapa de África occidental elaborado por el oficial francés Jean-Baptiste Marchand en 1896. Según el examen histórico de sus rutas, las informaciones proporcionadas por fuentes africanas representaban el 65 % de la extensión total de los recorridos dibujados.
La evidencia cuestiona una interpretación tradicional de la historia cartográfica según la cual los europeos habrían producido prácticamente por sí solos el conocimiento geográfico utilizado durante la expansión colonial.
También revela una contradicción histórica: los conocimientos territoriales de poblaciones africanas contribuyeron a elaborar documentos que posteriormente facilitaron la ocupación y división colonial de sus propios territorios.
Los mapas africanos existían mucho antes de la llegada de los exploradores europeos
Las sociedades africanas desarrollaron distintas formas de representar el territorio, transmitir conocimientos geográficos y orientar desplazamientos antes de la expansión colonial europea.
Muchas de esas prácticas no quedaron registradas en documentos conservados hasta la actualidad. Algunas se basaban en descripciones orales, mientras que otras consistían en dibujos temporales realizados directamente sobre el suelo.
Los habitantes conocían caminos, cursos de agua, asentamientos, zonas de comercio y relaciones espaciales entre diferentes lugares.
Este conocimiento resultaba esencial para desplazarse por regiones extensas, establecer intercambios comerciales y mantener conexiones entre comunidades.
Los exploradores europeos que llegaron al continente dependieron frecuentemente de esas informaciones para planificar sus recorridos.
Cuando necesitaban conocer la ubicación de una población o identificar una ruta comercial, recurrían a guías e intérpretes capaces de describir el territorio y representar los caminos.
En ocasiones, los habitantes dibujaban los trayectos sobre la arena utilizando un palo. Aunque estas representaciones no respondían necesariamente a las convenciones de la cartografía europea, proporcionaban información espacial útil para orientarse.
La investigación de Bassett destaca que esas prácticas constituían formas de conocimiento geográfico, aunque su carácter oral o temporal dificultó que fueran reconocidas posteriormente como contribuciones cartográficas.
Un mapa del Sahara de 1861 incorporó conocimientos de guías locales
Uno de los ejemplos examinados corresponde al explorador francés Henri Duveyrier, quien elaboró un mapa del Sahara en 1861 junto con Édouard de Desbuisson.
La representación incluía rutas que no habían sido recorridas directamente por los europeos responsables del documento.
Parte de esa información procedía de habitantes de la región, entre ellos el guía Cheikh-‘Othmàn, quien utilizó representaciones dibujadas sobre la arena para transmitir conocimientos del territorio.
De acuerdo con el análisis histórico, más de un tercio del mapa de Duveyrier se apoyaba en información proporcionada por fuentes locales.
La distinción entre recorridos observados directamente por europeos y rutas conocidas mediante testimonios africanos aparece reflejada en la simbología de determinados mapas de la época.
Este detalle permite reconstruir el origen de los datos y demuestra que los cartógrafos europeos incorporaban información territorial que no habían obtenido mediante sus propias expediciones.
La cartografía del Sahara también ilustra las dificultades de representar espacios extensos mediante exploraciones limitadas, especialmente cuando el acceso dependía de rutas conocidas por comunidades locales.
Fofana Diawé dibujó una ciudad que un explorador francés no podía visitar
Otro episodio documentado ocurrió en la región de Niellé, situada en el actual norte de Costa de Marfil.
El oficial de la Marina francesa Louis-Gustave Binger intentaba reunir información sobre el territorio durante sus exploraciones de África occidental.
Sin embargo, el jefe de Niellé le prohibió entrar en la localidad.
Ante esa restricción, su intérprete y guía africano Fofana Diawé elaboró un plano de la población directamente sobre el suelo.
La representación permitió transmitir información sobre un lugar al que el explorador europeo no había tenido acceso.
Binger reprodujo posteriormente aquel dibujo en sus documentos, dejando un testimonio excepcional de una práctica cartográfica africana que, en otras circunstancias, probablemente habría desaparecido sin registro.
El explorador también describió otro procedimiento utilizado por un intermediario africano en la región de Kong.
En aquella ocasión, el informante colocó fragmentos de paja de distintas longitudes sobre el suelo para expresar las distancias relativas entre localidades.
Estos ejemplos muestran que la representación geográfica no dependía exclusivamente de instrumentos europeos de medición. También podía construirse mediante materiales sencillos y conocimientos acumulados sobre el territorio.
El 65 % de las rutas de un mapa francés procedía de fuentes africanas
La investigación destaca especialmente el trabajo cartográfico de Jean-Baptiste Marchand, oficial francés que exploró regiones comprendidas entre el río Níger y el golfo de Guinea durante la década de 1890.
Marchand recopiló información sobre caminos y localidades a partir de testimonios de habitantes africanos, incluso cuando no podía recorrer personalmente determinadas zonas.
En su mapa de 1896 distinguió entre rutas exploradas directamente y trayectos descritos por informantes locales.
Las primeras aparecían representadas mediante líneas continuas, mientras que las rutas procedentes de información africana se identificaban con líneas discontinuas.
El análisis de la extensión acumulada de esos recorridos reveló que el 65 % correspondía a información aportada por fuentes africanas.
La cifra no significa que el 65 % de toda la superficie cartografiada fuera dibujada directamente por africanos. Se refiere específicamente a la proporción de la longitud total de las rutas representadas en aquel documento.
Esta precisión es importante porque permite comprender el alcance real del hallazgo sin extenderlo a otros mapas o regiones que no fueron evaluados mediante el mismo procedimiento.
La participación africana fue, por tanto, fundamental para construir una representación territorial que posteriormente quedó asociada principalmente al nombre del oficial europeo.
Los habitantes locales ayudaron a desmontar el mito de las montañas de Kong
La información transmitida por habitantes africanos también permitió corregir errores que habían permanecido durante décadas en mapas europeos.
Uno de los casos más conocidos fue el de las supuestas montañas de Kong, una cadena montañosa que aparecía representada en numerosos mapas del siglo XIX como si atravesara una extensa región de África occidental.
La cordillera no existía en la forma descrita por aquellos documentos.
Los conocimientos proporcionados por intermediarios africanos contribuyeron a que Binger identificara el error y descartara aquella representación geográfica.
La eliminación de las montañas imaginarias permitió modificar la interpretación europea del relieve y de las posibilidades de desplazamiento por la región.
Marchand también obtuvo información que mostraba que la sabana penetraba más profundamente de lo que se creía en las zonas de bosque tropical del centro-sur de la actual Costa de Marfil.
Estos datos contribuyeron a identificar trayectos más cortos a través de regiones consideradas difíciles de atravesar.
El conocimiento geográfico africano tuvo así una doble consecuencia: permitió mejorar la precisión de determinados mapas y, al mismo tiempo, facilitó movimientos vinculados con la expansión colonial francesa.
Las líneas discontinuas revelan una jerarquía del conocimiento geográfico
Los mapas históricos examinados por Bassett muestran que los cartógrafos europeos no siempre valoraban de la misma manera la información obtenida mediante observaciones propias y los conocimientos transmitidos por habitantes africanos.
Algunos geógrafos consideraban que las rutas descritas oralmente no cumplían los criterios de medición que asociaban con la cartografía científica.
Por esa razón, utilizaban líneas discontinuas para representar trayectos que no habían sido verificados directamente mediante procedimientos europeos.
Otros responsables, especialmente oficiales militares interesados en ampliar las fronteras coloniales, reconocían el valor práctico de los mapas locales.
La diferencia no era únicamente técnica.
Según la interpretación histórica presentada por Bassett, también reflejaba las ideas de superioridad del conocimiento europeo que acompañaron a la expansión colonial.
Las rutas obtenidas de informantes africanos podían considerarse provisionales, mientras que las mediciones europeas recibían una condición de mayor autoridad.
Sin embargo, el hecho de que una ruta procediera de testimonios locales no implicaba necesariamente que fuera incorrecta.
Los ejemplos recuperados muestran que esa información permitió identificar caminos reales y corregir errores importantes en mapas europeos.
Los espacios vacíos de los mapas no siempre eran territorios desconocidos
La investigación también revisa el significado de las zonas sin información que aparecían en los mapas coloniales.
Tradicionalmente, esos espacios podían interpretarse como regiones que todavía no habían sido exploradas o estudiadas suficientemente.
Sin embargo, los relatos de expediciones indican que algunos vacíos se debían a restricciones impuestas por autoridades africanas a los visitantes europeos.
Los gobernantes locales podían impedir el acceso a determinadas poblaciones o territorios, limitando así la capacidad de los exploradores para reunir información.
En sus memorias, Binger relacionó los espacios sin datos de uno de sus mapas con la imposibilidad de conseguir guías adecuados y autorizaciones para desplazarse.
La ausencia de información europea no significaba, por tanto, que aquellas regiones carecieran de habitantes, conocimientos territoriales o estructuras políticas.
También podía reflejar decisiones deliberadas de comunidades y autoridades que controlaban el acceso a sus territorios.
Este aspecto modifica la interpretación histórica de los mapas coloniales, porque permite distinguir entre un territorio desconocido para los cartógrafos europeos y un territorio conocido por sus habitantes, pero inaccesible para determinados visitantes.
Exploradores africanos también recorrieron y cartografiaron grandes regiones
La participación africana no se limitó a proporcionar información a expediciones dirigidas por europeos.
Algunos exploradores africanos realizaron sus propios recorridos y contribuyeron a reunir datos geográficos que posteriormente fueron incorporados a mapas de gran extensión.
Entre ellos figuran los senegaleses Roger Panet, cuyo itinerario corresponde a 1850, y Bou El Mogdad Seck, que realizó recorridos aproximadamente una década después.
Sus rutas aparecen representadas en un mapa de África compuesto por diez hojas y publicado por Hermann Habenicht entre 1885 y 1886.
También se documenta la contribución de Pedro João Baptista y Amaro José, dos africanos que trabajaron como agentes comerciales portugueses y cuyos desplazamientos por África central fueron incorporados a la cartografía de Régnauld de Lannoy de Bissy.
El mapa de Lannoy estaba integrado por 63 hojas y reunía información procedente de diferentes exploraciones y fuentes.
En algunos casos, los recorridos de exploradores africanos aparecían mediante líneas continuas, al igual que los de sus contemporáneos europeos.
El análisis de una de sus hojas, correspondiente a Segou-Sikoro y fechada en 1882, indica que más de dos tercios de la información sobre rutas procedía de prácticas cartográficas africanas.
Estos registros permiten recuperar nombres y contribuciones que quedaron parcialmente relegados en las narraciones tradicionales sobre la exploración del continente.
Los mapas elaborados con conocimientos africanos fueron utilizados en Berlín
La relación entre cartografía y colonización adquiere especial importancia al examinar la Conferencia de Berlín de 1884-1885.
Durante aquel encuentro, las potencias europeas negociaron reglas y condiciones relacionadas con su expansión en África.
Los mapas elaborados por Habenicht y Lannoy fueron utilizados para determinar los límites de zonas de libre comercio en las cuencas de los ríos Congo y Níger.
Ambos documentos incorporaban información obtenida mediante exploraciones y conocimientos geográficos africanos.
De esta manera, datos producidos o transmitidos por habitantes del continente terminaron integrados en instrumentos utilizados por potencias europeas para organizar intereses territoriales y comerciales.
La Conferencia de Berlín no trazó por sí sola todas las fronteras actuales de África, pero formó parte de un proceso de expansión colonial que continuó durante las décadas siguientes.
La investigación subraya la paradoja de que conocimientos locales, desarrollados para orientarse, comerciar y relacionarse con otros territorios, acabaran siendo aprovechados en procesos de dominación colonial.
El debate sobre los mapas actuales también afecta la percepción de África
La revisión histórica aparece en un contexto de renovada atención internacional sobre la representación cartográfica del continente africano.
En septiembre de 2026, Naciones Unidas respaldó una resolución relacionada con la utilización de representaciones del mundo que reflejen de manera más equilibrada el tamaño relativo de las masas continentales.
La discusión está vinculada con las distorsiones que producen algunas proyecciones cartográficas cuando se representa la superficie curva de la Tierra sobre un plano.
La proyección de Mercator, ampliamente utilizada en mapas mundiales, agranda visualmente las regiones situadas en latitudes elevadas en comparación con las próximas al ecuador.
Como consecuencia, África puede parecer mucho más pequeña en relación con territorios del hemisferio norte de lo que indican sus superficies reales.
La iniciativa Correct the Map ha promovido una revisión de esas representaciones y de sus efectos sobre la percepción pública de los continentes.
La periodista y autora Moky Makura, vinculada a Africa No Filter, planteó que el debate también debería extenderse a otros aspectos de África que han sido históricamente subestimados.
El análisis de Bassett conecta ambas cuestiones: por una parte, la forma en que los mapas representan el tamaño del continente y, por otra, el reconocimiento de las personas cuyos conocimientos hicieron posible su representación geográfica.
Se trata de problemas diferentes, pero ambos muestran que los mapas son documentos técnicos que también pueden transmitir determinadas perspectivas históricas y culturales.
La cartografía colonial fue resultado de intercambios de conocimiento
Los documentos recuperados en archivos históricos permiten comprender que muchos mapas atribuidos a exploradores europeos fueron construidos mediante la combinación de observaciones, testimonios y conocimientos de diferentes procedencias.
Las líneas continuas, los trazos discontinuos, los itinerarios y las zonas sin información ofrecen pistas sobre cómo se reunió y clasificó el conocimiento geográfico.
La investigación no sostiene que todos los mapas europeos de África fueran elaborados principalmente por africanos ni que las mediciones europeas carecieran de importancia.
Su aportación consiste en documentar que la participación local fue sustancial en determinados trabajos cartográficos y que esa contribución no siempre recibió reconocimiento proporcional.
El examen de las fuentes históricas también permite recuperar prácticas de representación espacial que no necesariamente dejaron mapas permanentes.
En ese sentido, el trabajo amplía la comprensión de la historia de la cartografía y de la relación entre conocimiento territorial, poder político y expansión colonial.
Los mapas conservados en bibliotecas y archivos muestran que el conocimiento geográfico africano estaba presente en numerosos documentos del siglo XIX, aunque durante mucho tiempo su contribución permaneció oculta detrás de los nombres de los cartógrafos europeos.
Fuentes referenciales:
Phys.org / The Conversation – Who mapped Africa? Debunking the myth that Europeans alone plotted the continent, 29 de octubre de 2026
University of Chicago Press – Publicaciones académicas sobre historia de la cartografía y geografía africana
Afriterra – The Cartographic Free Library, colección de cartografía histórica africana




