Las mediciones más recientes reducen las antiguas estimaciones sobre la cantidad de plástico suspendido en la atmósfera, pero confirman una exposición cotidiana procedente de neumáticos, textiles sintéticos, polvo urbano y objetos domésticos.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Millones de personas respiran diariamente partículas microscópicas de plástico que permanecen suspendidas en el aire. Sin embargo, la ciencia todavía no puede establecer con precisión cuántos microplásticos ingresan al organismo humano durante una jornada ni cuáles son las consecuencias biológicas de una exposición prolongada.
Durante años, diferentes modelos matemáticos estimaron que hasta 10 millones de toneladas de microplásticos podían estar circulando anualmente por la atmósfera. Mediciones directas más recientes redujeron de forma considerable esa proyección y situaron la cantidad global en aproximadamente 4.500 toneladas al año.
La diferencia entre ambas cifras no significa que el problema haya desaparecido. Refleja las limitaciones de los primeros cálculos y las dificultades técnicas para medir partículas extremadamente pequeñas, identificar sus fuentes y determinar cuánto tiempo permanecen en suspensión.
Ria Devereux y Karina Corada-Pérez, investigadoras del Sustainability Research Institute de la University of East London, explicaron que los modelos iniciales sobreestimaron las emisiones procedentes de fuentes terrestres, como el desgaste de los neumáticos y los textiles sintéticos.
La comunidad científica reconoce actualmente que los microplásticos presentes en el aire forman parte de una contaminación global, aunque todavía no existe una metodología internacional capaz de cuantificarlos de manera uniforme.
No existe una cifra exacta sobre la exposición diaria
La cantidad de partículas que una persona respira depende del lugar donde vive, el tránsito vehicular, la ventilación de los espacios, los materiales utilizados en la vivienda, la ropa que usa y el tiempo que permanece en ambientes interiores o exteriores.
Las diferencias entre ciudades, viviendas y condiciones climáticas hacen que una cifra única de exposición diaria resulte difícil de calcular.
Algunos estudios utilizan bombas de aire para capturar partículas suspendidas. Otros recogen el polvo depositado sobre superficies y posteriormente analizan las muestras mediante microscopía y técnicas químicas.
Estos métodos no siempre detectan los mismos tamaños de partículas. Los fragmentos más pequeños, especialmente los nanoplásticos, pueden escapar a los equipos convencionales y provocar una subestimación de la contaminación real.
La ausencia de un protocolo universal también impide comparar directamente los resultados obtenidos por distintos laboratorios. Una medición realizada en una ciudad puede utilizar equipos, filtros y rangos de tamaño diferentes a los empleados en otra investigación.
Los neumáticos son una fuente importante en las ciudades
El roce continuo de los neumáticos contra el pavimento desprende partículas compuestas por caucho sintético, polímeros y otros materiales. Estos fragmentos se mezclan con el polvo urbano y pueden permanecer suspendidos o ser levantados nuevamente por el tránsito y el viento.
Una investigación realizada en Leipzig, Alemania, encontró que alrededor del 4 % de las partículas suspendidas analizadas correspondían a materiales plásticos. Aproximadamente el 65 % de ese volumen procedía de la abrasión de neumáticos.
El estudio estimó que una persona expuesta de forma permanente a las condiciones del punto urbano analizado podía inhalar cerca de 2,1 microgramos de plástico al día. Los investigadores advirtieron que esta cifra corresponde a un lugar específico con tránsito intenso y no puede extrapolarse directamente a toda la población mundial.
La investigación sobre los microplásticos generados por la abrasión de neumáticos muestra que la transición hacia los vehículos eléctricos no elimina completamente este tipo de contaminación, debido a que todos los automóviles continúan desgastando sus ruedas durante la circulación.
Otras fuentes urbanas incluyen los sistemas de frenado, las superficies pintadas, los materiales de construcción, el deterioro de objetos plásticos y la resuspensión del polvo acumulado en calles y balcones.
La ropa sintética libera fibras dentro del hogar
En los ambientes cerrados, una de las principales fuentes de exposición son las prendas y los textiles fabricados con poliéster, nailon, acrílico y otros materiales sintéticos.
Las prendas pueden liberar fibras durante el uso cotidiano, el lavado, el secado y la manipulación. Estas partículas se incorporan al polvo doméstico y permanecen en el aire de dormitorios, salas, oficinas y otros espacios interiores.
Las secadoras de ropa pueden emitir cantidades significativas de fibras, especialmente cuando funcionan con prendas sintéticas. La ventilación deficiente favorece su acumulación dentro de las viviendas.
Alfombras, cortinas, muebles tapizados y ropa de cama también pueden contribuir a la presencia de fibras artificiales en el aire interior.
La exposición no se limita a las viviendas. Escuelas, oficinas, hospitales, vehículos y edificios públicos contienen textiles y materiales plásticos capaces de liberar fragmentos microscópicos con el desgaste.
Los microplásticos también circulan por ambientes naturales
Las partículas plásticas pueden desplazarse grandes distancias impulsadas por las corrientes atmosféricas. Han sido detectadas en zonas urbanas, regiones rurales, montañas, áreas polares y otros lugares alejados de los centros de producción y consumo.
Parte de estos materiales procede de la erosión de suelos agrícolas, el polvo levantado por el viento y la fragmentación de residuos plásticos abandonados en el ambiente.
Las investigaciones también estudian el intercambio entre océanos y atmósfera. Un modelo global publicado en 2025 planteó que el océano funcionaría principalmente como un sumidero donde se deposita cerca del 15 % de los microplásticos transportados por el aire, y no como la fuente atmosférica masiva que sugerían algunos cálculos anteriores.
Una vez depositadas, las partículas pueden incorporarse al agua, los suelos y los organismos. También pueden volver a suspenderse y comenzar un nuevo ciclo de transporte.
Los microplásticos atmosféricos incluso pueden ingresar en la vegetación. Investigaciones experimentales encontraron que las hojas de las plantas absorben partículas plásticas a través de los estomas y pueden trasladarlas hacia tejidos internos.
Se han encontrado partículas en tejidos humanos
Estudios científicos han identificado microplásticos en pulmones, sangre y otros tejidos humanos. Algunos análisis también comunicaron su presencia en placenta, riñones y bazo.
La detección confirma que determinadas partículas pueden ingresar al organismo mediante la inhalación, la alimentación o el consumo de agua. Sin embargo, encontrar plástico dentro del cuerpo no demuestra automáticamente que provoque una enfermedad.
Los estudios de laboratorio han relacionado algunas partículas con inflamación, estrés oxidativo y daño celular. Estas pruebas suelen emplear concentraciones, tamaños o condiciones que no siempre reproducen la exposición cotidiana de la población.
La información disponible tampoco permite establecer todavía una dosis segura ni definir qué polímeros representan un riesgo mayor.
El tamaño parece ser un factor importante. Las partículas más pequeñas pueden penetrar más profundamente en las vías respiratorias y, potencialmente, atravesar barreras biológicas con mayor facilidad.
La presencia de microplásticos en órganos y tejidos humanos mantiene abierto un campo de investigación sobre sus posibles efectos acumulativos a lo largo de los años.
Las mediciones pueden confundirse con otros materiales
El análisis de microplásticos en tejidos biológicos presenta importantes riesgos de contaminación y errores de identificación.
Las fibras presentes en la ropa del personal de laboratorio, el aire de las salas, los recipientes y los instrumentos pueden incorporarse accidentalmente a las muestras.
La química ambiental Cassandra Rauert explicó que algunos lípidos presentes en los tejidos humanos pueden producir señales similares a las del polietileno en determinados instrumentos.
Este fenómeno puede generar falsos positivos o inflar las cifras cuando los análisis no incluyen suficientes controles y procedimientos de confirmación.
Por esta razón, los especialistas reclaman técnicas capaces de distinguir con mayor precisión entre materiales biológicos, plásticos y contaminantes introducidos durante el procesamiento de las muestras.
La afirmación de la tarjeta de crédito perdió respaldo
Durante varios años se difundió la afirmación de que una persona ingería o inhalaba cada semana una cantidad de plástico equivalente al peso de una tarjeta de crédito.
Las revisiones más recientes cuestionaron esa estimación debido a las limitaciones de los datos y los supuestos utilizados para calcularla.
Los especialistas consideran que la exposición real podría ser mucho menor, aunque esto no significa que sea irrelevante. La inhalación y el consumo continuos durante décadas pueden representar un problema distinto al de una exposición puntual.
La incertidumbre científica exige evitar tanto las afirmaciones alarmistas como la minimización de una contaminación que ya está presente en el aire, los ecosistemas y el cuerpo humano.
Utensilios y objetos domésticos también liberan partículas
Los utensilios de cocina fabricados con plástico pueden liberar fragmentos cuando son cortados, raspados, calentados o sometidos a un uso prolongado.
Tablas de cortar, recipientes deteriorados y otros objetos pueden transferir partículas a los alimentos o incorporarlas al polvo doméstico.
Los expertos sugieren utilizar materiales como madera, metal, vidrio o bambú cuando resulte posible y sustituir los objetos plásticos visiblemente deteriorados.
Ventilar los espacios, limpiar el polvo con métodos húmedos y reducir el uso de secadoras para ropa sintética también puede disminuir parcialmente la concentración de fibras en ambientes interiores.
Estas medidas no eliminan completamente la exposición, debido a que los microplásticos llegan desde numerosas fuentes y circulan por toda la atmósfera.
La ciencia reclama métodos internacionales comparables
Las investigadoras de la University of East London consideran necesario establecer estándares internacionales para recolectar, analizar y comunicar los datos sobre microplásticos atmosféricos.
Un protocolo común debería definir los tamaños que serán estudiados, los tipos de filtros, los métodos de muestreo, las técnicas de identificación química y los controles destinados a evitar la contaminación de las muestras.
También hacen falta investigaciones de larga duración que permitan seguir a grupos humanos durante años y determinar si la exposición se relaciona con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, metabólicas o neurológicas.
Los estudios deberán considerar simultáneamente la concentración, el tamaño, la forma y la composición química de las partículas. No todos los microplásticos tienen las mismas propiedades ni transportan los mismos aditivos y contaminantes.
Las antiguas estimaciones globales fueron corregidas de forma drástica, pero la presencia de estas partículas sigue confirmada. La pregunta sobre cuántos microplásticos respira realmente una persona cada día permanece sin una respuesta universal.
Fuente(s) referenciales
Infobae: Microplásticos en el aire, cuántos respiramos realmente al día
