Microplásticos ingeridos por lombrices no salen del tracto digestivo


Una nueva técnica de rayos X permitió rastrear partículas diminutas sin diseccionar los organismos y aporta datos clave para evaluar riesgos ambientales


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


La producción mundial de plástico alcanza ya unos 450 millones de toneladas al año. Envases de alimentos y bebidas, empaques cosméticos, tuberías, marcos de ventanas y ropa de poliéster forman parte de una cadena de uso cotidiano que deja una huella persistente en el ambiente. Casi una cuarta parte de esos materiales termina fuera de los sistemas de gestión y, con el tiempo, se degrada en fragmentos microscópicos.

Esas partículas, conocidas como microplásticos, han sido detectadas en océanos profundos, cumbres montañosas, regiones polares y también dentro del cuerpo humano. El problema científico no es solo saber dónde están, sino qué ocurre cuando un organismo las ingiere: si atraviesan el revestimiento del tracto digestivo o si permanecen en el intestino hasta ser expulsadas.

Un equipo integrado por Ryan Prosser y Nicholas Letwin desarrolló una técnica para localizar microplásticos dentro de un organismo sin necesidad de diseccionarlo. El trabajo, difundido por The Conversation y publicado en Phys.org, se probó en lombrices de tierra y encontró que partículas de entre 5 y 53 micrómetros no cruzaron fácilmente el revestimiento intestinal hacia otros tejidos.

Por qué las lombrices son clave para estudiar el suelo

Las lombrices de tierra fueron elegidas porque cumplen una función esencial en la salud del suelo. Se desplazan, excavan, ingieren materia orgánica y están en contacto permanente con partículas presentes en ambientes donde los microplásticos pueden acumularse. Por esa razón, son un organismo útil para entender cómo la contaminación plástica interactúa con la vida subterránea.

El hallazgo se conecta con una preocupación creciente sobre los microplásticos en fertilizantes y suelos, donde las partículas pueden llegar por residuos urbanos, lodos, compost, plásticos agrícolas o materiales degradados. En esos sistemas, los organismos del suelo son una primera línea de exposición.

Para el experimento, las lombrices fueron alimentadas con suelo que contenía micropartículas de dos rangos de tamaño: de 5 a 22 micrómetros y de 45 a 53 micrómetros. Las partículas fueron recubiertas con sales de bario, un detalle clave porque permite que aparezcan como puntos blancos brillantes en las imágenes de rayos X.

Una técnica para ver sin contaminar las muestras

Hasta ahora, estudiar si los microplásticos atravesaban el intestino era difícil porque las partículas son extremadamente pequeñas. Para cruzar el revestimiento digestivo tendrían que medir menos de 83 micrómetros, unas diez veces menos que la cabeza de un alfiler. El método tradicional exigía diseccionar tejidos, pero eso aumentaba el riesgo de contaminar las muestras con microplásticos externos.

Para evitar ese problema, el equipo colaboró con el Canadian Light Source, en Saskatoon, Canadá. Allí utilizó una técnica de imagen llamada microtomografía computarizada basada en sincrotrón, capaz de generar una reconstrucción tridimensional de alta resolución del cuerpo de la lombriz sin abrir el organismo.

La importancia de mejorar los métodos de detección también aparece en investigaciones recientes sobre herramientas para identificar nanoplásticos y microplásticos en el medio ambiente. En ambos casos, el avance técnico permite medir mejor dónde están las partículas y reducir errores de interpretación.

2.779 partículas dentro del intestino

Las imágenes permitieron contar 2.779 microplásticos individuales dentro del tracto digestivo de las lombrices alimentadas con suelo contaminado. El dato más relevante fue que no se detectaron microplásticos fuera del intestino de esos organismos.

El resultado aporta evidencia directa de que las partículas estudiadas, con tamaños de 5 a 53 micrómetros, no pasaron fácilmente hacia otros tejidos de las lombrices. No significa que todos los microplásticos se comporten igual en todas las especies, pero sí ofrece una medición concreta en un organismo central para los suelos.

La investigación también marca la primera vez que se utiliza microtomografía computarizada basada en sincrotrón para seguir el movimiento de microplásticos dentro de un organismo. Esa posibilidad reduce la dependencia de disecciones y abre una vía para evaluar riesgos con menos contaminación de laboratorio.

Una barrera digestiva más importante de lo previsto

Los autores advierten que los resultados obtenidos en lombrices no deben extrapolarse de forma automática a seres humanos u otras especies. Sin embargo, el estudio sugiere que el tracto digestivo puede actuar como una barrera más eficaz de lo que se pensaba frente a ciertos componentes no digeribles presentes en el alimento o el suelo ingerido.

La pregunta sigue siendo importante porque los microplásticos están ampliamente distribuidos en sistemas terrestres y acuáticos. También se han documentado casos en los que los microplásticos transportados por el aire llegan a las hojas de las plantas, lo que muestra que las rutas de exposición no se limitan al agua o al suelo.

En este caso, la evidencia apunta a una permanencia dentro del tracto digestivo de las lombrices, no a una acumulación en tejidos. Esa distinción es relevante para construir evaluaciones de riesgo más precisas, especialmente en ecosistemas donde las partículas plásticas pueden ser ingeridas repetidamente por organismos pequeños.

Un problema ambiental que sigue creciendo

El estudio no reduce la gravedad de la contaminación plástica. La producción global continúa aumentando y una fracción considerable de los residuos termina fragmentándose lentamente en el ambiente. Lo que aporta es una herramienta más precisa para entender el destino de esas partículas una vez que son ingeridas.

La contaminación por plásticos ya se considera parte de una crisis ambiental más amplia, conectada con pérdida de biodiversidad, contaminación química y cambios en los ecosistemas. Esa relación ha sido analizada en estudios sobre cómo los plásticos agravan la triple crisis planetaria.

La utilidad principal del nuevo trabajo está en mejorar la evaluación científica del riesgo. Saber si las partículas atraviesan tejidos, permanecen en el intestino o son expulsadas permite diferenciar escenarios de exposición y evitar conclusiones basadas únicamente en presencia ambiental.

Lo que aporta este estudio

La investigación muestra tres avances concretos: una técnica no destructiva para ubicar microplásticos dentro de organismos, una medición directa en lombrices de tierra y evidencia de que las partículas analizadas no salieron del tracto digestivo.

En suelos donde los microplásticos se acumulan lentamente, entender esa ruta es esencial. Las lombrices no son solo organismos de laboratorio: forman parte de la estructura viva que permite airear, mezclar y sostener la fertilidad de los suelos. Lo que ocurre dentro de ellas ayuda a comprender mejor la escala real de la contaminación plástica terrestre.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / The Conversation: What happens to microplastics when swallowed? In earthworms, they do not leave the digestive tract