Un estudio en viviendas afectadas por los huracanes Ida e Ian identificó la antigüedad del techo, las esporas interiores y la profundidad del agua como factores decisivos
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Las inundaciones provocadas por huracanes pueden deteriorar la calidad del aire dentro de las viviendas y favorecer la aparición de síntomas respiratorios varios meses después de que el agua se haya retirado, según una investigación de la Facultad de Ingeniería FAMU-FSU y el Centro de Infraestructura Resiliente y Respuesta a Desastres de la Universidad Estatal de Florida.
El estudio identificó tres factores especialmente asociados con nuevos problemas respiratorios entre los habitantes de las casas analizadas: la antigüedad del techo, la concentración de esporas de moho en el interior y la profundidad máxima alcanzada por la inundación.
También influyeron la capacidad de extracción de los ventiladores de los baños, la frecuencia con que los residentes abrían las persianas y el grado de hermeticidad de los edificios. Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Cleaner Production.
El análisis siguió viviendas afectadas por dos huracanes
Los investigadores estudiaron edificios residenciales dañados por el huracán Ida, que tocó tierra cerca de Nueva Orleans en 2021 y posteriormente avanzó hacia el noreste de Estados Unidos, y por el huracán Ian, que atravesó el sur de Florida en 2022.
La información fue dividida en tres áreas geográficas: Luisiana, el noreste estadounidense y el centro y sur de Florida. Esta distribución permitió comparar viviendas expuestas a diferentes condiciones meteorológicas, niveles de inundación y características constructivas.
Los equipos realizaron encuestas sanitarias y recogieron muestras de moho entre cinco y siete meses después del paso de los huracanes. Ese intervalo permitió evaluar efectos que pueden permanecer ocultos durante las primeras etapas de la recuperación.
La investigación muestra que los daños ambientales no terminan necesariamente cuando desaparece el agua visible. La humedad puede permanecer en paredes, techos, aislamiento, pisos y espacios cerrados, creando condiciones favorables para el crecimiento de microorganismos.
Las esporas interiores estuvieron entre los principales factores
El moho libera esporas microscópicas que pueden permanecer suspendidas en el aire y ser inhaladas por los ocupantes. En ambientes húmedos y poco ventilados, su concentración puede aumentar y deteriorar las condiciones interiores.
Los científicos ya conocían la relación entre el moho y determinados trastornos respiratorios, pero el nuevo trabajo examinó de manera conjunta las características del edificio, el comportamiento de sus habitantes, la presencia de esporas y la magnitud de la inundación.
La contaminación en espacios cerrados sigue siendo una amenaza infravalorada. Un análisis previo explicó que la calidad del aire interior puede verse afectada por una combinación de humedad, partículas y ventilación insuficiente, incluso cuando el peligro no resulta evidente para los residentes.
El nuevo estudio no plantea que una sola variable determine por sí misma la aparición de síntomas. Los resultados muestran una combinación de condiciones ambientales y constructivas que puede elevar el riesgo después de una inundación.
La profundidad del agua condicionó los daños posteriores
La profundidad máxima alcanzada por la inundación fue uno de los indicadores más relacionados con los problemas respiratorios registrados. Cuanto más sube el agua dentro de una vivienda, mayor es la cantidad de materiales que puede quedar húmeda o contaminada.
Los tableros de yeso, la madera, los revestimientos, el aislamiento y otros componentes porosos pueden absorber agua y conservarla durante periodos prolongados. Si el secado y la retirada de materiales dañados se retrasan, el moho dispone de más tiempo para desarrollarse.
El agua de una inundación también puede transportar sedimentos, aguas residuales, productos químicos y materia orgánica. Aunque el estudio se concentró en las condiciones respiratorias y el moho, estos contaminantes pueden complicar la limpieza y aumentar la necesidad de intervenciones profesionales.
Las lluvias extremas y las inundaciones urbanas forman parte de un riesgo climático cada vez más relevante para viviendas e infraestructuras. Los territorios con drenaje deficiente, superficies impermeables y edificaciones vulnerables pueden sufrir daños incluso durante episodios que no alcanzan la categoría de grandes desastres.
Los techos antiguos favorecieron condiciones más peligrosas
La antigüedad del techo apareció como otro de los factores más importantes. Las cubiertas envejecidas pueden presentar filtraciones, daños acumulados, materiales degradados o menor resistencia frente al viento y la lluvia impulsada por un huracán.
Una vivienda puede resultar afectada tanto por el agua que entra desde el nivel del suelo como por la humedad que penetra desde la parte superior. Esta combinación dificulta el secado completo y puede dejar zonas mojadas ocultas en áticos, cielos rasos y paredes.
El hallazgo sugiere que la prevención no debe limitarse a levantar barreras contra el agua. El mantenimiento del techo, los sellados, el drenaje y la revisión de los sistemas de ventilación pueden reducir la probabilidad de daños interiores persistentes.
Los autores consideran que identificar estas variables permite orientar recursos limitados hacia las viviendas con mayor necesidad de inspección y reparación después de una tormenta.
La ventilación modificó la calidad del ambiente interior
El caudal de los extractores de los baños, la hermeticidad del edificio y determinados hábitos de los residentes también estuvieron relacionados con los resultados respiratorios.
Los baños y otras áreas húmedas necesitan una extracción eficaz para eliminar vapor y reducir la condensación. Un ventilador insuficiente o mal instalado puede mantener elevados los niveles de humedad y favorecer la proliferación de moho.
La hermeticidad tiene un efecto más complejo. Una construcción muy sellada puede reducir la entrada de aire contaminado del exterior, pero también puede retener humedad y contaminantes si no dispone de ventilación controlada suficiente.
Durante episodios de contaminación atmosférica, mantener cerradas las aberturas puede ser beneficioso. Por ejemplo, los sistemas de filtración y la creación de espacios con aire más limpio ayudan a limitar la exposición al humo. Después de una inundación, sin embargo, la estrategia debe equilibrar filtración, ventilación y secado para evitar que la humedad permanezca atrapada.
Las inspecciones combinaron salud, edificios y modelos de inundación
El equipo integró encuestas realizadas a los residentes, inspecciones físicas de las viviendas, análisis de laboratorio de esporas interiores y exteriores y modelos destinados a reconstruir las características de cada inundación.
Con esta información creó una base de datos a escala de edificio que incluía propiedades constructivas, actividades realizadas dentro de la vivienda, presencia de moho y profundidad del agua.
La combinación permitió analizar el problema como un sistema completo y no únicamente como una exposición aislada. Una casa puede presentar una elevada humedad, pero el riesgo final también depende de sus materiales, ventilación, daños previos y tiempo de ocupación.
El estudio se centró en la aparición de nuevos síntomas respiratorios comunicados por los participantes. Sus resultados identifican asociaciones y factores prioritarios, pero no significan que todas las personas expuestas desarrollarán necesariamente una enfermedad.
Los efectos pueden aparecer meses después del desastre
Las consecuencias sanitarias posteriores a una inundación pueden desarrollarse gradualmente. La tos, las dificultades respiratorias, la irritación de las vías aéreas y el agravamiento de problemas previos no siempre comienzan durante los primeros días.
Ebrahim Ahmadisharaf, profesor asistente y coautor del trabajo, destacó que las condiciones peligrosas pueden continuar después de que el agua retrocede. La intervención temprana ofrece mayores posibilidades de reducir la exposición antes de que se consoliden los daños.
Esta persistencia también se observa con otros contaminantes ambientales. El humo de los incendios, por ejemplo, puede infiltrarse y permanecer dentro de las construcciones, como mostró una investigación sobre la exposición prolongada al humo en el interior de los hogares.
Las familias que regresan rápidamente a una vivienda inundada pueden exponerse sin saberlo a zonas húmedas ocultas. La ausencia de manchas visibles u olores intensos no garantiza que todos los materiales estén secos.
Las inundaciones menores también pueden producir moho
Aunque la investigación analizó daños relacionados con huracanes, sus autores señalan que el mismo proceso puede comenzar durante inundaciones menos espectaculares.
El agua que ingresa repetidamente en sótanos, garajes o plantas bajas puede crear condiciones favorables para el moho sin provocar pérdidas estructurales evidentes ni una evacuación generalizada.
Estas inundaciones recurrentes, en ocasiones asociadas con mareas, drenajes saturados o lluvias intensas, pueden acumular daños a lo largo del tiempo. Cada episodio añade humedad a materiales que quizá no se secaron por completo después del anterior.
Por esta razón, el riesgo sanitario debe incorporarse a los planes de adaptación frente a inundaciones. La respuesta no puede limitarse a retirar el agua, sino que debe incluir evaluación de humedad, ventilación, limpieza y seguimiento de la calidad ambiental.
Los resultados permiten priorizar las reparaciones
Yassir AbdelRazig, profesor y coautor del estudio, señaló que conocer los factores más relacionados con la salud permite determinar dónde una intervención puede producir mayor beneficio.
Los propietarios, aseguradoras, autoridades sanitarias y gestores de emergencias suelen disponer de recursos limitados después de un huracán. Un sistema de priorización puede dirigir primero las inspecciones hacia viviendas con techos antiguos, agua profunda y concentraciones elevadas de esporas.
La información también puede incorporarse a protocolos de recuperación, programas de ayuda y normas de rehabilitación. Las reparaciones cosméticas no resultan suficientes cuando persisten materiales húmedos o contaminados detrás de las superficies visibles.
Los investigadores consideran que la ingeniería desempeña un papel directo en la protección de la salud, porque las personas pasan gran parte del día dentro de edificios cuyas condiciones pueden aumentar o reducir su exposición.
La contaminación doméstica exige respuestas específicas
La calidad del aire en el hogar depende de la fuente de contaminación. Durante incendios forestales, la prioridad puede ser limitar la entrada de humo y filtrar partículas. Después de una inundación, el objetivo central es retirar materiales dañados, controlar la humedad y conseguir una ventilación adecuada.
También deben considerarse otros contaminantes que pueden acumularse en ambientes cerrados. Estudios sobre la exposición diaria a microplásticos transportados por el aire han señalado que una ventilación deficiente favorece la permanencia de partículas procedentes de textiles y materiales domésticos.
Estas diferencias impiden recomendar una única estrategia para todas las emergencias ambientales. Abrir ventanas puede acelerar el secado en determinadas circunstancias, pero puede resultar contraproducente cuando el aire exterior contiene humo, polvo, humedad elevada u otros contaminantes.
Las decisiones deben basarse en las condiciones meteorológicas, el tipo de daño, la calidad del aire exterior y el estado real de los materiales interiores.
La investigación continuará con más viviendas
Los autores plantean ampliar el número de edificios estudiados para fortalecer el análisis de los factores asociados con los síntomas respiratorios.
También proponen utilizar una construcción de control sin residentes para observar de manera continua cómo evoluciona la intrusión de agua, cuánto tarda en desarrollarse el moho y cómo cambia la calidad del aire a medida que pasan las semanas.
Ese enfoque permitiría separar mejor los efectos del edificio y los hábitos humanos, además de establecer cuándo resulta más eficaz cada intervención.
El estudio fue encabezado por Maryam Pakdehi, egresada doctoral, con Ahmed Suliman como coautor. La investigación recibió apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el programa Danfoss Faculty and Graduate Student Fellows y el Gulf Research Program de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Estatal de Florida
Journal of Cleaner Production
