Las observaciones satelitales muestran un Pacífico más cálido, alteraciones del nivel del mar y una reducción del fitoplancton, mientras aumenta la vigilancia sobre los efectos climáticos del fenómeno.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA) presentó el 15 de octubre de 2026 una nueva evaluación del fenómeno de El Niño, basada en observaciones satelitales que revelan importantes transformaciones físicas y biológicas en el océano Pacífico. Los registros muestran un calentamiento considerable de las aguas ecuatoriales, diferencias regionales en la altura de la superficie marina y cambios en la concentración de fitoplancton, tres indicadores que permiten seguir la evolución de uno de los episodios climáticos más intensos de las últimas décadas.
La actualización científica aporta nuevas evidencias sobre un fenómeno que comenzó a manifestarse durante los primeros meses del año y que continúa fortaleciéndose. Según la NASA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha estimado una probabilidad del 83 % de que el episodio actualmente en desarrollo llegue a convertirse en el más intenso desde 1950.
La relevancia de estas observaciones no reside únicamente en la magnitud del calentamiento. Los instrumentos espaciales están permitiendo identificar cómo se redistribuye el calor en el Pacífico, de qué manera cambia la circulación oceánica y cuáles son las primeras respuestas de los organismos microscópicos que sostienen buena parte de las cadenas alimentarias marinas.
El seguimiento también resulta importante para comprender las posibles alteraciones de las precipitaciones y temperaturas en diferentes regiones del planeta. Aunque El Niño es un fenómeno natural recurrente, su intensidad y sus consecuencias varían entre episodios, por lo que cada nueva medición contribuye a mejorar las previsiones climáticas.
Un calentamiento oceánico que continúa intensificándose
Las mediciones más recientes muestran que la temperatura superficial del Pacífico oriental se encuentra aproximadamente 1,7 grados Celsius por encima de su promedio de largo plazo. Esta anomalía corresponde a una extensa región de aguas cálidas que se prolonga desde el Pacífico central hasta las proximidades de las costas sudamericanas.
Los científicos de la NASA consideran que el calentamiento podría aumentar algunas décimas adicionales durante los próximos meses. La evolución dependerá de la interacción entre las temperaturas oceánicas, los vientos alisios y la circulación atmosférica tropical.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también ha advertido sobre la intensidad excepcional del episodio. En su actualización del 8 de octubre, el organismo informó que el índice Niño 3.4, utilizado para evaluar las anomalías térmicas del Pacífico ecuatorial central y oriental, pasó de aproximadamente 1,6 grados Celsius sobre el promedio en junio a 2,5 grados en agosto.
Las proyecciones internacionales apuntan a que la anomalía media estacional podría alcanzar alrededor de 3,7 grados Celsius durante el trimestre octubre-diciembre, con un máximo previsto hacia diciembre. De confirmarse, superaría los valores registrados durante algunos de los episodios históricos más intensos.
Es importante distinguir entre las mediciones de la NASA y las estimaciones de la OMM: el calentamiento de 1,7 grados corresponde a las condiciones superficiales observadas en una región del Pacífico oriental, mientras que el índice Niño 3.4 utiliza una zona de referencia y un procedimiento de cálculo específicos. Por tanto, ambas cifras describen aspectos diferentes de la evolución oceánica.
Los satélites detectan grandes desplazamientos de agua en el Pacífico
Una de las novedades más significativas de la actualización de octubre es la información sobre las variaciones de altura de la superficie marina. Los satélites Sentinel-6 han identificado sectores del Pacífico oriental donde el nivel del océano se encuentra entre 30 y 40 centímetros por encima de sus condiciones habituales.
En contraste, alrededor de Indonesia y el norte de Australia se registran niveles aproximadamente entre 15 y 20 centímetros inferiores a los normales. Esta distribución refleja la reorganización de grandes masas de agua provocada por las alteraciones de los vientos y la circulación oceánica.
Las observaciones confirman la evolución de un proceso identificado meses atrás, cuando una extensa onda de agua cálida atravesaba el Pacífico ecuatorial y comenzaba a elevar la superficie marina frente a Sudamérica.
Las llamadas ondas Kelvin desempeñan una función central en este mecanismo. Se trata de perturbaciones oceánicas capaces de transportar calor desde el Pacífico occidental hacia el oriental a lo largo de miles de kilómetros.
Cuando el agua cálida avanza hacia el este, modifica las condiciones térmicas de la superficie y favorece cambios en la presión atmosférica. Estos procesos pueden debilitar los vientos alisios, que normalmente impulsan las aguas superficiales hacia el oeste, y reforzar las condiciones características de El Niño.
Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y especialista en misiones de medición del nivel del mar, destacó la importancia de estas ondas como indicadores de la evolución del fenómeno. Los satélites permiten seguir su desplazamiento y reconocer cómo se modifica la estructura térmica del océano antes de que algunos efectos se manifiesten en la atmósfera.
Los altímetros de radar de Sentinel-6 realizan mediciones globales de la altura oceánica aproximadamente cada diez días. Esta capacidad forma parte de una serie de observaciones satelitales iniciada en 1993, fundamental para estudiar la variabilidad del nivel del mar y comparar episodios climáticos separados por varias décadas.
El océano se vuelve más azul y disminuye el fitoplancton
La actualización de la NASA incorpora un indicador especialmente novedoso: el cambio de color registrado en amplias zonas del Pacífico ecuatorial. Las observaciones muestran que algunas regiones habitualmente caracterizadas por tonalidades verdosas están adquiriendo una apariencia más azulada.
Este cambio está relacionado con la reducción de la abundancia de fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos que realizan fotosíntesis y constituyen la base de numerosas redes alimentarias marinas.
La información procede del satélite PACE, lanzado en 2024, que utiliza el instrumento Ocean Color Instrument para analizar la luz reflejada por el océano en cientos de longitudes de onda. Esta tecnología permite reconocer variaciones sutiles en las propiedades ópticas del agua y obtener información sobre la distribución de comunidades microscópicas.
Durante condiciones oceánicas normales, los vientos alisios favorecen el ascenso de aguas profundas relativamente frías y ricas en nutrientes hacia la superficie del Pacífico ecuatorial. Este proceso, conocido como afloramiento, proporciona sustancias esenciales para el crecimiento del fitoplancton.
Cuando se desarrolla El Niño, el debilitamiento de los vientos puede reducir ese suministro de nutrientes. La menor disponibilidad de recursos limita el crecimiento de determinados organismos fotosintéticos y modifica la composición biológica de las aguas superficiales.
Los mapas elaborados con información de PACE muestran que la franja de coloración verde presente cerca del ecuador se ha reducido durante 2026, mientras se expanden tonalidades más azules. En comparación, las observaciones de 2025, cuando predominaban condiciones débiles de La Niña, mostraban una distribución más estable de esa región.
Matthew Kehrli, investigador principal del equipo científico de PACE en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, explicó que las mediciones permiten observar directamente cambios en las propiedades ópticas del océano asociados a la evolución del fenómeno climático.
La disminución del fitoplancton puede tener consecuencias para el zooplancton, los peces y otros organismos que dependen directa o indirectamente de esta producción biológica. Sin embargo, la magnitud de los efectos ecológicos varía según la región y requiere un seguimiento específico.
Este comportamiento también demuestra la importancia de investigar cómo las condiciones ambientales y la disponibilidad de nutrientes afectan al fitoplancton oceánico, aunque los mecanismos asociados a la acidificación marina son distintos de los que provoca El Niño.
Por qué estas observaciones representan un avance científico
El episodio de 2026 es el primero de El Niño que puede ser estudiado mediante el satélite PACE desde su lanzamiento. Esto permite incorporar observaciones detalladas del color oceánico a las mediciones tradicionales de temperatura superficial y altura del mar.
La combinación de estos tres indicadores ofrece una visión más completa del comportamiento del Pacífico tropical. Mientras la temperatura muestra dónde se concentra el calentamiento, las variaciones del nivel del mar permiten identificar desplazamientos de agua y las mediciones ópticas revelan cambios relacionados con la actividad biológica.
La información también permite comparar la evolución de 2026 con la de 2025, un período caracterizado por condiciones oceánicas diferentes. Estas comparaciones ayudan a distinguir las señales asociadas a El Niño de otras fluctuaciones naturales.
Los registros espaciales se complementan con las mediciones de boyas, embarcaciones y sensores submarinos de la NOAA. La integración de diferentes sistemas de observación es fundamental para mejorar los modelos que describen la interacción entre el océano y la atmósfera.
Además, los datos permiten estudiar la relación entre la intensidad del calentamiento y las respuestas de los ecosistemas, un aspecto especialmente importante para comprender los efectos del fenómeno sobre la productividad biológica marina.
Las consecuencias climáticas podrían extenderse a diferentes continentes
El Niño modifica la distribución del calor y la humedad en la atmósfera tropical, alterando los patrones de circulación que influyen sobre las precipitaciones y temperaturas en numerosas regiones del planeta.
El calentamiento del Pacífico central y oriental puede desplazar las áreas donde se forman grandes sistemas de nubosidad y lluvias tropicales. Estas modificaciones influyen sobre la circulación atmosférica a gran escala y pueden cambiar las probabilidades de sequías, inundaciones y temperaturas extremas.
En Sudamérica, la evolución del episodio mantiene bajo vigilancia a diferentes territorios debido a los contrastes regionales de precipitación. El fortalecimiento de El Niño puede favorecer lluvias superiores a lo normal en algunas zonas y condiciones más secas en otras, como se ha examinado en los análisis sobre el aumento de los riesgos climáticos asociados a El Niño en Sudamérica.
En otras regiones del mundo, los efectos pueden manifestarse mediante alteraciones de las temporadas lluviosas, cambios en la disponibilidad de agua y modificaciones en las condiciones que favorecen determinados fenómenos meteorológicos extremos.
Sin embargo, la intensidad oceánica de El Niño no permite anticipar por sí sola la gravedad de los daños. Las consecuencias dependen también de la época del año, las condiciones atmosféricas regionales, la influencia de otros océanos y la vulnerabilidad de las comunidades expuestas.
Por esta razón, los organismos meteorológicos utilizan las observaciones de El Niño para elaborar pronósticos probabilísticos, no para afirmar que una determinada inundación, sequía o tormenta ocurrirá necesariamente.
El Niño de 2026 se desarrolla sobre un planeta más cálido
El carácter excepcional del episodio actual también debe analizarse dentro del contexto del calentamiento global. El Niño es un fenómeno natural de variabilidad climática que aparece aproximadamente cada dos a siete años, pero sus efectos se producen actualmente sobre una atmósfera y unos océanos que acumulan más energía térmica debido al incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero.
La OMM ha señalado que los episodios intensos pueden contribuir temporalmente al aumento de la temperatura media mundial mediante la transferencia hacia la atmósfera de parte del calor almacenado en el océano.
Este proceso no debe confundirse con el calentamiento global de origen humano. El Niño redistribuye el calor dentro del sistema climático, mientras que el incremento sostenido de gases de efecto invernadero modifica el balance energético del planeta a largo plazo.
La distinción resulta esencial para interpretar correctamente las temperaturas extremas y las anomalías oceánicas. Un episodio intenso puede amplificar temporalmente determinadas condiciones, pero no explica por sí solo la tendencia de calentamiento registrada durante las últimas décadas.
El funcionamiento de este sistema natural y su influencia sobre las precipitaciones mundiales también ha sido abordado al explicar cómo se forma El Niño y por qué altera el clima a escala mundial.
La vigilancia científica se concentra ahora en el máximo previsto para diciembre
Las previsiones de la OMM apuntan a que el episodio podría alcanzar su mayor intensidad hacia diciembre de 2026. Durante los próximos meses, la evolución de las temperaturas oceánicas y de los vientos tropicales será determinante para evaluar si se mantienen las condiciones extraordinarias previstas por los modelos.
La NASA continuará utilizando su flota de satélites de observación terrestre para seguir los cambios en la altura del mar, la temperatura superficial y el color del océano. Estas mediciones permitirán documentar tanto la evolución física del fenómeno como las respuestas de los ecosistemas marinos.
Los especialistas también observarán la posible propagación de las anomalías climáticas hacia otras regiones y la persistencia de los cambios en la circulación atmosférica durante el cierre de 2026 y los primeros meses de 2027.
Para los servicios meteorológicos y las autoridades responsables de la gestión del riesgo, disponer de información actualizada permite ajustar los pronósticos estacionales y preparar medidas frente a posibles alteraciones de las lluvias, temperaturas y condiciones costeras.
La actualización del 15 de octubre representa así una nueva etapa en el seguimiento científico de El Niño 2026. A diferencia de los primeros meses del año, cuando la atención se concentraba en las ondas cálidas que atravesaban el Pacífico, los satélites muestran ahora un fenómeno consolidado que está modificando simultáneamente la estructura física del océano y algunos de sus procesos biológicos.
Las próximas observaciones serán decisivas para determinar hasta dónde llegará el calentamiento, cómo evolucionará la productividad marina y qué regiones experimentarán las principales alteraciones climáticas asociadas a este episodio.
Fuentes referenciales:
NASA Science — NASA Satellites Observe Historic 2026 El Niño (15 de octubre de 2026)
Organización Meteorológica Mundial — Las temperaturas de la superficie del mar indican el fortalecimiento de El Niño (8 de octubre de 2026)
NASA Science — International Sea Level Satellite Observes El Niño Precursor
Infobae — Los satélites de la NASA siguen el avance de El Niño (19 de octubre de 2026)




