Una investigación basada en más de seis décadas de registros y datos satelitales detectó cambios en hábitats pelágicos del Atlántico nororiental asociados al calentamiento del agua, la caída del pH y alteraciones en nutrientes.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El plancton del Atlántico nororiental está disminuyendo y ninguna zona de mar abierto evaluada en esa región alcanzó un buen estado ambiental. La investigación relacionó el deterioro con el calentamiento del mar, cambios en los nutrientes, la caída del pH y alteraciones en la mezcla de las aguas.
El análisis reunió 23 conjuntos de datos de plancton aportados por 13 instituciones de investigación, junto con observaciones satelitales. La evaluación cubrió una franja que va desde Portugal hasta Noruega e incluye el Mar del Norte, una de las áreas marinas más estudiadas y presionadas de Europa occidental.
Una evaluación de seis décadas en el Atlántico nororiental
El trabajo, publicado en Ecological Indicators, fue liderado por la Universidad de Plymouth con participación de un consorcio de universidades europeas, organizaciones científicas y agencias ambientales. Los investigadores aplicaron el marco de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina de la Unión Europea y del Reino Unido para evaluar hábitats pelágicos.
Estos hábitats corresponden a regiones de aguas abiertas dominadas por el plancton. Su estado es decisivo para comprender la salud del océano, porque el plancton sostiene redes alimentarias marinas, participa en el ciclo del carbono y alimenta a especies de importancia ecológica y pesquera.
La presión sobre los océanos frente al cambio climático se expresa en procesos físicos, químicos y biológicos que actúan de forma combinada, desde el calentamiento hasta la acidificación y la pérdida de oxígeno.
Ninguna zona evaluada alcanzó buen estado ambiental
El estudio clasificó seis combinaciones de hábitat y región como “No buenas”, tres como “Inciertas” y una como “Sin evaluar” por falta de datos. A escala regional, los mares celtas, el golfo de Vizcaya y la costa ibérica recibieron la calificación de “No buenos”, mientras que el Gran Mar del Norte quedó en la categoría de “Incierto”.
El peor panorama apareció en los hábitats de la plataforma continental. Allí se detectaron con mayor claridad cambios en las comunidades planctónicas, descensos en la biomasa de fitoplancton y reducción de la abundancia de zooplancton.
El fitoplancton produce aproximadamente la mitad del oxígeno que respiran las personas. Además, el plancton en conjunto sostiene la alimentación de numerosas especies, desde peces hasta ballenas y tiburones peregrinos, y participa en procesos de captura y regulación del carbono oceánico.
Calentamiento, nutrientes y caída del pH
Los investigadores identificaron varios factores asociados con el deterioro observado: aumento de la temperatura de la superficie del mar, modificaciones en las condiciones de nutrientes, disminución del pH y cambios en la mezcla oceánica.
La caída del pH refleja un proceso de acidificación que puede afectar a organismos sensibles y alterar interacciones dentro de la red trófica marina. Este fenómeno ya ha sido vinculado con cambios en el fitoplancton y en el ciclo global del carbono, como muestran investigaciones sobre fitoplancton y acidificación oceánica.
La alteración de la mezcla de las aguas también puede modificar la disponibilidad de nutrientes en la superficie. Si cambia la forma en que el océano transporta calor, nutrientes y gases, se alteran las condiciones que permiten sostener comunidades planctónicas estables.
Un indicador clave para la salud marina
La autora principal, Abigail McQuatters-Gollop, profesora de Conservación Marina en la Universidad de Plymouth, subrayó la importancia del plancton para la vida oceánica y para el ciclo del carbono. Su evaluación muestra que estos organismos microscópicos siguen infravalorados pese a su papel central en el funcionamiento del planeta.
El trabajo también se apoyó en el marco de OSPAR, el Convenio sobre los Mares Regionales del Atlántico Nororiental, y en el Informe sobre el Estado de Calidad de OSPAR 2023. En total, la investigación reunió aportes de unos 40 expertos en plancton.
La necesidad de observar mejor el océano coincide con otros llamados científicos a reforzar la investigación oceánica, especialmente ante cambios rápidos que afectan ecosistemas, pesca, costas y estabilidad climática.
Los investigadores piden reducir emisiones y mejorar el monitoreo
El estudio sostiene que la medida más importante para proteger el funcionamiento de los hábitats pelágicos es mitigar el cambio climático mediante la reducción global de emisiones de carbono. También reclama acciones más enérgicas para disminuir la contaminación por nutrientes, especialmente por nitrógeno.
Los autores proponen que futuras evaluaciones incorporen series de datos de plancton a largo plazo más completas, mayor cobertura de zonas costeras y estuarinas, y nuevas tecnologías como imágenes automatizadas y ADN ambiental.
La información de largo plazo es clave porque el océano ha absorbido una parte sustancial del exceso de calor y del dióxido de carbono generado por las actividades humanas. Esa función climática, sin embargo, tiene límites y puede debilitarse si los ecosistemas marinos pierden estabilidad, como advierten estudios sobre el sumidero de carbono oceánico.
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