Un estudio publicado en Nature Cities analizó movimientos del terreno entre 2014 y 2023 en 107 países. Ciudad de México presenta sectores con descensos extremos, mientras varias ciudades de Indonesia e Irán registran algunas de las mayores tasas medianas de subsidencia.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación internacional ha elaborado una evaluación comparativa del hundimiento del terreno en 465 ciudades de 107 países mediante observaciones satelitales de alta resolución. El estudio, publicado el 12 de octubre de 2026 en la revista científica Nature Cities, identifica diferencias considerables entre grandes áreas urbanas y revela que algunos sectores de Ciudad de México experimentan descensos de aproximadamente 217 milímetros anuales.
El trabajo, encabezado por Shengli Tao y desarrollado junto con Xie Hu y otros investigadores, examinó movimientos de la superficie terrestre registrados entre 2014 y 2023. Su objetivo fue construir una perspectiva internacional más comparable sobre la subsidencia urbana, un fenómeno que puede comprometer edificios, carreteras, redes de drenaje y otras infraestructuras.
Los resultados muestran que el hundimiento no sigue un patrón uniforme. Mientras algunas ciudades presentan desplazamientos relativamente pequeños, otras registran descensos persistentes y sectores donde el terreno pierde altura con mucha mayor rapidez.
La investigación también permite distinguir entre las tasas medianas de una ciudad y los valores extremos registrados en zonas específicas, una diferencia fundamental para interpretar correctamente los riesgos.
Una evaluación satelital de ciudades en 107 países
El estudio, titulado A global view of urban land subsidence and its changing trajectories, aborda una dificultad que ha limitado durante años las comparaciones internacionales sobre el hundimiento del suelo.
Numerosas investigaciones anteriores se concentraban en ciudades individuales o utilizaban períodos de observación y metodologías diferentes. Aunque esos trabajos proporcionaban información valiosa, sus resultados no siempre podían compararse directamente.
Para reducir esa limitación, los investigadores analizaron datos satelitales de alta resolución correspondientes a un período de nueve años.
La observación desde el espacio permite detectar deformaciones de la superficie terrestre que resultan difíciles de identificar mediante inspecciones convencionales.
En particular, las técnicas de interferometría de radar permiten estudiar desplazamientos del terreno mediante la comparación de señales captadas en diferentes momentos.
Estos métodos pueden revelar movimientos pequeños y ayudar a reconstruir su evolución temporal, aunque los resultados dependen de las condiciones de observación y de los procedimientos utilizados para procesar los datos.
La amplitud geográfica del nuevo análisis proporciona una referencia para identificar ciudades donde las tasas de subsidencia requieren una vigilancia más detallada.
Ciudad de México presenta hundimientos locales de 217 milímetros al año
Uno de los resultados más llamativos corresponde a Ciudad de México, donde determinados sectores registraron descensos aproximados de 217 milímetros anuales.
Esta cifra equivale a 21,7 centímetros por año y representa un valor localizado, no el hundimiento uniforme de toda la capital mexicana.
La tasa mediana calculada para la ciudad fue considerablemente menor: aproximadamente ocho milímetros anuales.
La diferencia demuestra por qué los promedios o las medianas urbanas no describen completamente la situación de todos los barrios.
Una ciudad puede presentar un descenso moderado en términos generales y, simultáneamente, contener sectores donde la deformación del terreno alcanza valores extraordinarios.
Estas diferencias son relevantes para la planificación de infraestructuras, ya que los movimientos desiguales pueden generar esfuerzos sobre cimentaciones, tuberías y pavimentos.
En el caso de Ciudad de México, la subsidencia constituye un fenómeno estudiado desde hace décadas y relacionado, entre otros factores, con las características geológicas del antiguo sistema lacustre y la explotación histórica de aguas subterráneas.
Sin embargo, las causas específicas de los valores registrados en cada sector requieren información hidrogeológica y geotécnica adicional.
Torreón también aparece entre las ciudades mexicanas afectadas
El análisis identifica asimismo a Torreón, en el estado mexicano de Coahuila, con una tasa aproximada de hundimiento de 17 milímetros anuales.
La cifra representa un descenso superior al doble de la mediana comunicada para Ciudad de México.
No obstante, comparar estos valores exige recordar que se refieren a medidas representativas de ciudades diferentes y no necesariamente a sus sectores más afectados.
La subsidencia puede responder a combinaciones de procesos naturales y actividades humanas.
Entre los mecanismos conocidos se encuentran la compactación de sedimentos, los cambios en la presión del agua subterránea y determinados procesos geológicos.
La identificación de una tasa elevada mediante satélites permite localizar una anomalía, pero no demuestra automáticamente cuál es su causa.
Para establecer esa relación es necesario integrar observaciones del terreno, características de los acuíferos, antecedentes de extracción de agua y otros registros ambientales.
Indonesia e Irán registran algunas de las mayores tasas medianas
El estudio sitúa en Asia algunas de las ciudades con mayores velocidades medianas de hundimiento.
Medan, en Indonesia, presenta una tasa aproximada de 33 milímetros anuales, equivalente a 3,3 centímetros por año.
Bandung, también en Indonesia, registra alrededor de 22 milímetros anuales.
En Isfahán, Irán, los investigadores identificaron una tasa mediana cercana a 11 milímetros anuales.
Estas cifras indican que el hundimiento del terreno no constituye un problema exclusivo de las ciudades costeras.
También puede afectar a grandes centros urbanos situados tierra adentro, donde la pérdida de elevación puede comprometer edificios, infraestructuras y sistemas de gestión del agua.
La distribución geográfica de los resultados refuerza la necesidad de estudiar la subsidencia como un fenómeno territorial amplio, con manifestaciones diferentes según las condiciones locales.
Grandes ciudades muestran movimientos relativamente pequeños
No todas las metrópolis incluidas en la investigación presentan tasas elevadas de hundimiento.
Los autores identificaron movimientos anuales relativamente pequeños en ciudades como Boston, Nueva York, Londres, Pekín, Tokio, Seúl, Sídney, Montevideo y Nápoles.
Las estimaciones comunicadas para estos casos se situaron entre aproximadamente 0,1 y 1,9 milímetros anuales, considerando movimientos de descenso y elevación.
Los investigadores advierten que valores de esta magnitud deben interpretarse con cautela debido a la incertidumbre de las mediciones.
Una tasa pequeña tampoco significa necesariamente que todos los sectores de una ciudad permanezcan estables.
Las diferencias locales pueden quedar parcialmente ocultas cuando se utilizan indicadores representativos de áreas urbanas extensas.
Por esta razón, los datos generales resultan útiles para establecer comparaciones internacionales, mientras que la evaluación de infraestructuras concretas requiere observaciones de mayor detalle.
La extracción de agua subterránea puede provocar subsidencia
Uno de los mecanismos más conocidos del hundimiento del terreno está relacionado con la explotación de acuíferos.
En determinados sistemas geológicos, el agua subterránea contribuye a mantener la presión dentro de los poros de los sedimentos.
Cuando se extraen grandes volúmenes de agua y disminuye esa presión, algunas capas pueden compactarse.
La compactación reduce el espesor de los materiales y puede provocar un descenso progresivo de la superficie.
En ciertos tipos de sedimentos, parte de esta deformación puede ser irreversible.
Sin embargo, no todas las ciudades que se hunden presentan el mismo mecanismo dominante.
La subsidencia también puede estar asociada con procesos tectónicos, consolidación natural de sedimentos, extracción de hidrocarburos y otras transformaciones del subsuelo.
La magnitud de cada contribución debe establecerse mediante estudios específicos.
Una investigación anterior, publicada por Noticias de la Tierra, ya había documentado cómo el bombeo de aguas subterráneas influye en el hundimiento de grandes ciudades de Estados Unidos.
Ese trabajo identificó movimientos descendentes en las principales áreas urbanas estadounidenses y destacó la importancia de incorporar la subsidencia a la gestión de infraestructuras.
El hundimiento desigual puede dañar edificios y redes urbanas
La subsidencia no siempre provoca daños inmediatos o visibles.
Cuando una superficie desciende lentamente y de manera relativamente uniforme, algunas estructuras pueden experimentar movimientos sin presentar necesariamente deterioros importantes.
El problema puede agravarse cuando diferentes partes del terreno se desplazan a velocidades distintas.
Este fenómeno, conocido como subsidencia diferencial, puede producir deformaciones en cimentaciones y esfuerzos adicionales sobre los elementos estructurales.
Las tuberías enterradas, las redes de alcantarillado y los pavimentos también pueden verse afectados.
Una variación en las pendientes de los sistemas de drenaje puede modificar la circulación del agua y favorecer acumulaciones en determinados puntos.
Los riesgos dependen de la velocidad del movimiento, su distribución espacial, las características geotécnicas y el diseño de las construcciones.
Por ello, una medición satelital de hundimiento constituye una señal que puede justificar inspecciones y evaluaciones técnicas, pero no permite determinar por sí sola el estado de seguridad de un edificio.
Las ciudades costeras enfrentan una amenaza adicional
Cuando el terreno desciende en una ciudad costera, la superficie urbana puede perder elevación respecto del océano.
Este proceso contribuye al aumento relativo del nivel del mar, incluso cuando el ascenso absoluto del agua oceánica es menor.
La combinación de ambos movimientos puede incrementar la exposición a inundaciones durante mareas altas y episodios de tormenta.
También puede reducir la capacidad de drenaje por gravedad en determinados sectores urbanos.
En agosto de 2026, Noticias de la Tierra publicó una investigación sobre cómo el hundimiento del suelo acelera el aumento relativo del nivel del mar en ciudades costeras.
Aquel análisis examinó principalmente la interacción entre subsidencia y nivel del mar en regiones litorales densamente pobladas.
El nuevo estudio de Nature Cities tiene un alcance diferente: compara movimientos del terreno en 465 ciudades de distintos continentes, incluidas numerosas áreas urbanas alejadas de las costas.
Ambas investigaciones ofrecen perspectivas complementarias sobre un problema que afecta tanto a la estabilidad del territorio como a la adaptación frente a inundaciones.
Los satélites permiten detectar cambios antes de que sean evidentes
Una de las principales ventajas de la observación satelital es la posibilidad de examinar grandes extensiones territoriales mediante procedimientos sistemáticos.
Los instrumentos de radar pueden obtener información sobre la superficie terrestre durante el día y la noche, sin depender de la iluminación solar.
Además, determinadas técnicas permiten realizar mediciones incluso cuando existen nubes.
La comparación de observaciones repetidas ayuda a identificar sectores donde el terreno cambia de posición a lo largo del tiempo.
Sin embargo, las mediciones presentan limitaciones relacionadas con la geometría de observación, la estabilidad de las señales y la disponibilidad de referencias terrestres.
Los desplazamientos detectados mediante radar tampoco deben confundirse automáticamente con movimientos verticales puros, ya que la señal observada depende de la dirección del sensor.
La interpretación requiere procedimientos específicos y, cuando es posible, validación mediante estaciones geodésicas u otras mediciones.
La importancia de estos sistemas ha quedado demostrada también en investigaciones sobre ciudades estadounidenses. Noticias de la Tierra abordó el seguimiento satelital del hundimiento del terreno en la Bahía de San Francisco y sus implicaciones para el riesgo de inundación.
La combinación de diferentes técnicas permite mejorar el conocimiento sobre la evolución de zonas urbanas vulnerables.
La escala del estudio permite comparar regiones, pero tiene límites
Los autores advierten que la investigación presenta restricciones metodológicas importantes.
El período analizado comprende los años 2014 a 2023, por lo que los resultados describen la evolución observada durante esa etapa y no garantizan que las mismas tasas continúen indefinidamente.
Además, el análisis se concentra en la subsidencia local relativa de grandes ciudades.
Algunas zonas situadas fuera de los límites administrativos considerados pueden no estar representadas.
Esta circunstancia es relevante en regiones metropolitanas extensas, donde los procesos geológicos e hidrológicos no necesariamente coinciden con las divisiones administrativas.
Los investigadores también reconocen mayores incertidumbres en territorios donde existen pocas estaciones terrestres disponibles para complementar o validar las observaciones satelitales.
Por estas razones, los resultados deben utilizarse como una referencia comparativa y no como un diagnóstico geotécnico definitivo de cada ciudad.
El seguimiento continuo permitirá comprobar si las tendencias identificadas se mantienen, se intensifican o disminuyen durante los próximos años.
El riesgo urbano depende también de la exposición y la vulnerabilidad
Una ciudad con una tasa elevada de subsidencia no necesariamente experimentará los mismos daños que otra con un movimiento semejante.
Las consecuencias dependen de la distribución de la población, las características de las edificaciones y el estado de las infraestructuras.
También influyen la profundidad de los acuíferos, la composición del terreno y la existencia de medidas de control y vigilancia.
En áreas densamente urbanizadas, pequeñas deformaciones diferenciales pueden afectar redes esenciales que prestan servicio a numerosos habitantes.
Los sistemas de abastecimiento de agua, saneamiento y transporte pueden requerir inspecciones adicionales cuando existen movimientos persistentes del terreno.
En determinadas circunstancias, la subsidencia puede agravar riesgos asociados con precipitaciones extremas al modificar la topografía local y favorecer acumulaciones de agua.
Un ejemplo de la interacción entre diferentes amenazas urbanas aparece en el análisis de las inundaciones recientes en Bangkok, donde el hundimiento del terreno se combina con lluvias intensas y limitaciones del drenaje.
La planificación debe considerar estos factores de manera conjunta para evitar que la evaluación de un único peligro oculte vulnerabilidades adicionales.
La gestión de acuíferos puede formar parte de las soluciones
Cuando el descenso del terreno está relacionado con la extracción de aguas subterráneas, las políticas de gestión hídrica pueden contribuir a reducir su velocidad.
Entre las medidas posibles se encuentran el control del bombeo, la diversificación de fuentes de abastecimiento y la recarga de acuíferos cuando las condiciones técnicas y ambientales lo permiten.
La eficacia depende de la estructura geológica y del estado de compactación de los sedimentos.
Reducir las extracciones no garantiza que un terreno previamente compactado recupere su elevación original.
Por esta razón, la prevención resulta especialmente importante en sistemas donde la deformación puede ser irreversible.
Las autoridades también pueden utilizar información satelital para identificar zonas prioritarias de seguimiento y orientar nuevas investigaciones hidrogeológicas.
La integración de estos datos con registros de consumo de agua, niveles piezométricos y características de los sedimentos puede ayudar a comprender mejor los mecanismos responsables de la subsidencia.
La vigilancia prolongada será esencial para las ciudades
La investigación publicada en Nature Cities proporciona una referencia internacional para estudiar un fenómeno que puede desarrollarse durante años sin llamar la atención de la población.
Los resultados muestran contrastes importantes entre ciudades y revelan que los valores extremos de hundimiento pueden concentrarse en sectores relativamente limitados.
También ponen de manifiesto la necesidad de distinguir entre mediciones locales y tasas representativas de áreas urbanas completas.
El seguimiento satelital ofrece una herramienta para detectar cambios, comparar su evolución y orientar evaluaciones más detalladas.
Sin embargo, la protección de las ciudades requiere complementar estas observaciones con estudios del subsuelo, gestión de recursos hídricos, inspección de infraestructuras y planificación territorial.
Los investigadores consideran que mantener las observaciones permitirá comprobar la persistencia de las tendencias identificadas y facilitar respuestas dirigidas a los lugares donde los riesgos se intensifican.
La posibilidad de observar movimientos milimétricos desde el espacio amplía la capacidad científica para estudiar la estabilidad de las ciudades, pero su utilidad práctica dependerá de que los resultados se incorporen a decisiones de gestión y prevención.
Fuentes referenciales:
Nature Cities — A global view of urban land subsidence and its changing trajectories, Shengli Tao y colaboradores (2026)
Phys.org — Major cities worldwide are sinking, satellite data reveal, 12 de octubre de 2026




