Una investigación internacional calcula que las poblaciones de litorales densamente habitados experimentan un aumento relativo de unos seis milímetros anuales, casi tres veces el promedio mundial de las costas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Las ciudades costeras enfrentan una amenaza que procede simultáneamente del océano y del terreno sobre el que fueron construidas. Un estudio de la Universidad Técnica de Múnich y la Universidad de Tulane determinó que el hundimiento del suelo está amplificando el aumento relativo del nivel del mar en regiones habitadas por cientos de millones de personas.
La investigación, publicada en Nature Communications, calcula que las poblaciones de las costas más densamente ocupadas experimentaron entre 1995 y 2020 un ascenso relativo medio de aproximadamente seis milímetros por año. La cifra casi triplica el promedio mundial ponderado por longitud de costa, estimado en 2,1 milímetros anuales, y prácticamente duplica el aumento absoluto de 3,15 milímetros asociado al clima.
Más de 500 millones de personas viven en zonas costeras bajas. Para ellas, el peligro no depende solamente del volumen que ganan los océanos por el calentamiento y la pérdida de hielo: también importa cuánto desciende la superficie terrestre respecto del agua.
El nivel relativo combina un océano que sube y una tierra que baja
El nivel relativo del mar describe la posición del agua respecto de la superficie continental en un lugar concreto. Si el océano asciende mientras el suelo permanece estable, el litoral recibe el efecto de la subida marina. Cuando el terreno también se hunde, ambos movimientos se acumulan y el agua gana altura con mayor rapidez frente a edificios, carreteras, puertos y sistemas de drenaje.
El equipo combinó diferentes mediciones del movimiento vertical del terreno, incluidos datos satelitales de radar, observaciones geodésicas y estimaciones de procesos geológicos. La información disponible permitió cubrir cerca del 65% de la población costera mundial y mejorar la representación de ciudades y deltas de Asia oriental, meridional y sudoriental que estaban insuficientemente reflejados en evaluaciones anteriores.
Los resultados indican que el 71% de la población costera mundial analizada vive en regiones donde el terreno desciende. Este patrón coincide con investigaciones que documentaron cómo la subsidencia supera el ascenso del mar en numerosos deltas fluviales, espacios especialmente vulnerables por su baja elevación y elevada concentración humana.
Extracción de agua y expansión urbana agravan la subsidencia
La subsidencia puede responder a varias causas que no actúan con igual intensidad en todos los territorios. Entre las principales se encuentran la extracción excesiva de aguas subterráneas, la explotación de petróleo y gas, la compactación de sedimentos jóvenes en los deltas, la carga de las construcciones y determinados procesos tectónicos.
Cuando se bombea agua de un acuífero con mayor rapidez de la que este puede recuperarla, disminuye la presión que sostenía los sedimentos y algunas capas pueden compactarse. Parte de esa deformación puede ser irreversible, como también muestran los estudios sobre la exposición mundial al hundimiento de tierras.
Los investigadores advierten que no siempre es posible atribuir la subsidencia de una ciudad a una única causa. La urbanización, el peso de la infraestructura, la geología local y el aprovechamiento de recursos subterráneos pueden superponerse, por lo que cada litoral requiere observaciones específicas del océano y del suelo.
Jakarta, Tianjin y Bangkok figuran entre los puntos críticos
Los promedios ponderados por población alcanzan entre siete y diez milímetros anuales en las costas de Tailandia, Bangladesh, Nigeria, Egipto, China e Indonesia. Estados Unidos, Países Bajos e Italia también registran valores elevados, de aproximadamente cuatro a cinco milímetros por año.
Entre las ciudades estudiadas, Jakarta presenta un hundimiento medio de 13,7 milímetros anuales; Tianjin, 13,5; Bangkok, 8,5; Lagos, 6,7; y Alejandría, cuatro milímetros. Las diferencias pueden ser considerables dentro de una misma área urbana: algunos sectores de Jakarta descienden hasta 42 milímetros al año, mientras otros muestran elevación.
El comportamiento opuesto ocurre en partes de Suecia y Finlandia, donde la superficie continúa elevándose como respuesta al retroceso de las capas de hielo desde la última glaciación. Este rebote posglacial puede superar localmente el ascenso oceánico y producir una disminución relativa del nivel del mar.
Las inundaciones dependen de condiciones locales
Los promedios planetarios no describen por sí solos la amenaza que recibe cada comunidad. La subsidencia se combina con mareas, tormentas, corrientes, erosión y variaciones regionales del océano. Otros trabajos han mostrado que la gravedad y la deformación de la corteza también modifican las proyecciones costeras.
Una tasa relativa mayor eleva la línea de base desde la cual actúan las marejadas y facilita que las inundaciones alcancen zonas más alejadas de la orilla. Este cambio obliga a revisar mapas de amenaza, normas de construcción, redes de drenaje y defensas litorales diseñadas con registros históricos. La preocupación aumenta porque las inundaciones costeras extremas ya son más frecuentes a medida que asciende el nivel medio del agua.
La gestión de los acuíferos puede reducir el hundimiento
A diferencia de la subida oceánica global, algunos componentes de la subsidencia pueden abordarse mediante decisiones locales. El control de las extracciones, el suministro de agua desde fuentes alternativas y la recarga planificada de acuíferos pueden desacelerar o detener el descenso del terreno cuando el bombeo subterráneo constituye el factor dominante.
La Universidad Técnica de Múnich señala los casos de Tokio y la región metropolitana de Houston como ejemplos de reducción mediante políticas hídricas. En Tokio, donde determinadas áreas llegaron a hundirse cerca de 24 centímetros por año, la regulación y el desarrollo de fuentes alternativas disminuyeron de manera sustancial las tasas de subsidencia.
El estudio sostiene que las evaluaciones costeras deben integrar sistemáticamente las mediciones del movimiento vertical de la tierra. Observar únicamente el océano puede subestimar el nivel relativo que experimentan las comunidades y conducir a planes de adaptación insuficientes para las condiciones reales de cada territorio.
Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad Técnica de Múnich
Nature Communications
