Una encuesta de la Universidad de Pensilvania recoge la preocupación por los efectos del calor, los problemas respiratorios y las enfermedades transmitidas por insectos.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
En Estados Unidos, el 65 % de los adultos considera que el cambio climático está aumentando el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor, afecciones respiratorias y enfermedades transmitidas por insectos. El dato procede de una encuesta del Annenberg Public Policy Center de la Universidad de Pensilvania, realizada entre el 4 y el 17 de agosto de 2026 a 1.904 personas. Sus respuestas muestran cómo se perciben los riesgos ambientales después de un verano marcado por las altas temperaturas.
La proporción es similar a la registrada en 2024 y 2025, pero supera el 58 % observado en noviembre de 2023. La encuesta recoge opiniones sobre el riesgo; no mide cuántas personas enfermaron ni atribuye casos individuales al cambio climático. Como contexto sobre los distintos efectos que puede tener el calentamiento, un análisis publicado en este medio examina los riesgos sanitarios del cambio climático en ciudades europeas, incluidos el calor y las condiciones favorables para ciertos insectos.
El calor extremo altera las actividades cotidianas
El 76 % de los encuestados afirmó que el calor extremo al aire libre afectó sus actividades al menos en alguna ocasión durante el último año. Al preguntar por efectos concretos, el 82 % señaló repercusiones en la factura eléctrica, el 75 % en las actividades exteriores y el 56 % tanto en el ejercicio como en el sueño.
Estas respuestas describen experiencias de alcance nacional, aunque la exposición puede variar mucho dentro de una misma ciudad. Una investigación sobre un mapa del calor barrio por barrio en Atlanta ilustra por qué la temperatura, la humedad y el entorno construido deben observarse a escala local.
El humo de los incendios también aparece en la encuesta
El 38 % declaró que la mala calidad del aire causada por humo de incendios forestales afectó sus actividades cotidianas al menos alguna vez durante el último año. Además, el 60 % dijo que en los tres meses anteriores las autoridades locales habían comunicado días con aire insalubre en su zona, frente al 48 % registrado en la encuesta de agosto de 2025. Se trata de dos preguntas distintas: una aborda efectos en la rutina y la otra, avisos sobre la calidad del aire.
El alcance del humo puede extenderse lejos de las llamas y continuar dentro de las viviendas. El artículo sobre cómo mantener limpio el aire del hogar durante los incendios explica esa vía de exposición y las medidas destinadas a reducirla.
Reconocer el riesgo no siempre significa saber dónde protegerse
El 65 % de los participantes respondió que no sabía dónde encontrar un centro de enfriamiento al que acudir durante un episodio de calor extremo. La encuesta también detectó diferencias en el reconocimiento de síntomas: el 88 % identificó el mareo como posible señal de una enfermedad por calor, mientras que el 47 % reconoció la piel fría, pálida y húmeda.
La distancia entre percibir una amenaza y saber cómo responder sitúa las alertas y los servicios locales en el centro de la adaptación. Este medio ha abordado la necesidad de planes frente a las olas de calor que protejan a la población. En el caso de esta encuesta, sus resultados permiten identificar conocimientos y experiencias declaradas por los adultos estadounidenses, pero no sustituyen las mediciones de exposición ni los registros clínicos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Annenberg Public Policy Center de la Universidad de Pensilvania




